Español/Morfología/Sufijo

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Se denomina sufijo al morfema derivativo de las lenguas o afijo que se agrega después del lexema, raíz o tema de una palabra y antes de los morfemas constitutivos para añadirle a este una información suplementaria. La palabra nueva así formada se denomina palabra derivada, y al mecanismo por el cual se hace derivación.

Características de los sufijos[editar]

Los sufijos en español poseen tres características:

1.ª Son en su mayoría tónicos: cargan con el acento de la palabra: Fruta / frutero.

2.ª Pueden cambiar el rango gramatical de una palabra: am-o (verbo), am-or (sustantivo), am-able (adjetivo), amable-mente (adverbio)

3.ª Pueden cambiar el género de un sustantivo: La casa / El cas-ón. La cabra / El cabrón

Clases de sufijos[editar]

Existen varias clases de sufijos según diferentes criterios. Por ejemplo, si nos atenemos a la categoría gramatical que suministran al lexema, hay sufijos que son:

  • Nominalizantes porque forman sustantivos, esto es, nombres (-anza, -encia, -ción, etc...);
  • Adjetivizantes o adjetivizadores porque crean adjetivos (-il, -oso, -ble etc...)
  • Verbalizantes porque crean verbos (-ear, -izar, -iguar, -ificar etc.)
  • Adverbializadores porque crean adverbios (-mente).

También se pueden clasificar por su talante afectivo-apreciativo-valorativo en aumentativos, diminutivos y despectivos, indicando respectivamente distanciamiento y asombro, proximidad y afecto y desprecio y alejamiento, de forma siempre afectiva y subjetiva, no objetiva (no expresan magnitudes que se puedan medir o comparar, como sí lo hacen por el contrario los grados comparativo y superlativo y sus sufijos correspondientes)

  • Diminutivos, que indican proximidad afectiva; muchos de ellos son de uso más bien local (-uc- es un sufijo asturiano; -et- catalanizante; -ic- se usa mucho en Aragón; -ill- proviene de Andalucía y es muy usado en Sevilla, y otros son -it-, el más usado; -ino, propio de Extremadura; -ín; -uel-, -ij-, -izn-): nenuco, torreta, pequeñico, pequenito, pequeñillo, pequeñín, neblina, plazuela, lagartija, llovizna. (Véase: diminutivo)
  • Aumentativos, que indican distanciamiento afectivo y un cierto asombro: -ón, -ot-, -az-, -at-, -ac-, -arrón: tontón, librote, golpazo, niñato, camionaco, tiarrón.
  • Despectivos, que degradan peyorativamente los lexemas que modifican: -astr-; -arr-; -uch-; -ach-; -aj-; -ej-; -urrr-; -orr-; -orrio; -ales; -uz-; -usco; -oide; -ang-; -eng-; -ing-; -ong-; -ung-, -etis; -atis; -olis: camastro, casucha, poblacho, hierbajo, tipejo, coscurro, tintorro, bodorrio, vivales, gentuza, pedrusco, sentimentaloide, señoringa, chulengo, facilongo, millonetis, locatis, finolis...

Sufijos superlativos para adjetivos son -ísim- y -érrim-; es el más usado el primero, modificando a veces la forma del lexema: cierto-certísimo, bueno-bonísimo, fuerte-fortísimo, nuevo-novísimo, etcétera. El segundo se usa para formar el superlativo de palabras como célebre (celebérrimo), agrio (acérrimo), pobre (paupérrimo), íntegro (integérrimo), salubre (salubérrimo), etcétera. Los sufijos aumentativos del español son -on, -ote, -azo, -aco, -ato y sus respectivos femeninos. (Véase: aumentativo)

Existen también otros sufijos especializados en diversas significaciones; sufijos colectivos como -ar, -al, -ío, -eda o -edo; que indican potencialidad, como -ble o "que está lleno de", como -oso; o cría de animal, como -ato, -ezno, etc...

Véase también[editar]