Chile y Latinoamérica en el siglo XX/Transformaciones culturales en el siglo XIX

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Chile y Latinoamérica en el siglo XX


El siguiente ensayo tratará sobre las transformaciones culturales ocurridas en Chile durante el siglo XIX. Estas transformaciones dieron paso a un proceso de avance nunca antes visto en el país. Desarrollaremos así tres ideas principales para su mejor comprensión. Comenzaremos con la educación, seguiremos con la literatura y finalmente nos referiremos a los avances ocurridos en este siglo, como por ejemplo el alumbrado público.

Sobre la educación denotaremos que tuvo su mayor desarrollo principalmente en los gobiernos conservadores de Prieto, Bulnes y Montt. A pesar que en esos años el país constituía un estado pobre debido a las guerras de la independencia; estos presidentes se preocuparon de otorgar los implementos necesarios para lograr un cambio significativo. En 1842 el Presidente Bulnes dictó una ley que creó la Universidad de Chile, lo que le dio al país un gran apoyo para el futuro desarrollo educativo en todos los ámbitos. Hasta ese momento era obligación que cada academia de las facultades existentes entregaran una Memoria Anual, lo que generó un fuerte movimiento de investigación que hizo crecer al país culturalmente. Durante este mismo año el país comenzó a sufrir una carencia de profesores, por lo que el Presidente Bulnes tuvo que crear la Escuela Normal de Preceptores, dirigida por el Argentino Domingo Faustino Sarmiento y en 1849 se creó la Escuela de Artes y Oficios, actual Universidad de Chile. Sorpresivamente Chile se benefició de las variadas situaciones políticas ocurridas en esos años en toda América Latina, ya que por la paz y la estabilidad que predominaba en la república comenzaron a llegar un gran número de inmigrantes de diversos países, los cuales se quedaron en Santiago y Valparaíso principalmente dedicándose a promover el oficio de las letras aportando en diarios o revistas publicadas por jóvenes intelectuales chilenos.

Durante este período se generó un conflicto al introducir las Ciencias Naturales en la educación ya que contradecían a la postura que proponía la Iglesia sobre el origen del hombre. Ante estas eventuales diferencias, el ministro de justicia de la época se vio en la obligación de liberar de su cargo al rector del Instituto Nacional, Diego Barros Arana. En 1872 el Ministro Abdón Cifuentes dictó un decreto el cual autorizaba el funcionamiento de los colegios particulares de los cuales la mayoría pertenecían a la Iglesia Católica, además se les autorizó para tomar sus propios exámenes, preparar sus propios programas y a presentar certificados de estudios válidos ante la Universidad, medidas que desequilibraron el sistema educacional por completo, generando muchas y duras críticas contra el ministro, exigiendo su renuncia.

A finales del siglo XIX la enseñanza primaria se impartía en colegios particulares y escuelas fiscales. En 1865 se había fundado la Sociedad de Instrucción Primaria. Algo similar ocurría con la enseñanza universitaria, a la Universidad de Chile se le sumaron en 1888, la Universidad Católica y un año más tarde, el Instituto Pedagógico, que se especializaba en preparar a los profesores de los liceos. Mientras que en Valparaíso se impartía un curso de leyes por los padres franceses que sería tomado como base de la Universidad Católica de esa ciudad. En 1877 se les otorgó a las mujeres el derecho de continuar con los estudios superiores, permitiéndoles a Eloisa Díaz y Ernestina Pérez recibir el título de Médico Cirujano. Dentro de este contexto no podemos dejar de destacar al venezolano Andrés Bello López. Durante treinta años el intelectual otorgó a su segunda patria su inteligencia y sus logros. Sus obras aportaron en varios aspectos como literatura, gramática, ciencias políticas, poesía, economía, historia y retórica entre otros. También ejerció labores de periodista, consejero del gobierno, asesor y parlamentario. Se dio el trabajo de dar clases sobre el que hacer nacional desde las páginas de El Araucano. Podemos mencionar, como parte final de esta primera idea, el aporte de los intelectuales contratados por el gobierno como: El naturista francés Claudio Gay, los médicos Guillermo Blest (inglés) y Lorenzo Sazié (francés), los naturistas Rodulfo A. Phillippi (alemán) e Ignacio Domeyko (polaco), el geólogo francés Armando Pissis, el español matemático Antonio de Gorbea entre otros…

En relación al segundo tema a tratar destacaremos el llamado movimiento literario de 1842, entre los factores que desarrollaron este movimiento podemos destacar la tranquilidad política, las exportaciones de trigo a California y Australia, la victoria ante la guerra contra la confederación Perú-Boliviana y la obra política de Diego Portales. Obviamente, no podemos ignorar la importancia que tuvo la presencia de Andrés Bello, que siempre motivó a la juventud por el desarrollo de una tradición cultural y el amor a la literatura. Otro factor que impulsó este movimiento fue la llegada de extranjeros a Chile como mencionamos anteriormente, principalmente destacamos la llegada de los argentinos José Joaquín de Mora y Domingo Faustino Sarmiento. En los comienzos de este movimiento literario se producen una serie de discusiones, como la llamada “Controversia Filosófica”. En el año 1842 Pedro Fernández Garfías publicó en El Mercurio de Valparaíso, el artículo “Ejercicios populares de la Lengua Castellana”, exponiendo una secuencia o lista de palabras que encontraba incorrectas, más bien reprobables. La publicación de este artículo trajo consigo una reacción dividida, por un lado el argentino Domingo Faustino Sarmiento encontró que el artículo era correcto, mientras que otros dos artículos firmados con los seudónimos “un recoleto” y “T.R.E.S.”, lo rechazaban fuertemente. Sarmiento no demoró en responder a estos dos artículos, mientras que Andrés Bello le contestaba a Sarmiento firmando con el nombre de un “quidam”, a lo que Sarmiento responde con el artículo contestación a un quidam y segunda contestación a un quidam, acusándolo de impulsar la juventud a estudios sin futuro. Con la publicación de “Clasicismo y Romanticismo” de Vicente Fidel López se dio origen a una segunda discusión, esta publicación recibió de forma inmediata la réplica de Salvador Sanfuentes con su artículo “El Romanticismo”, a éste artículo respondió José Joaquín Vallejo, con una publicación que se mofaba del Romanticismo, así continuaron las repercusiones con nuevos artículos de Vicente Fidel López, Antonio García Reyes y Sarmiento. Estas discusiones tuvieron fin en agosto de 1842. Gracias a estas polémicas comenzó a funcionar la Sociedad Literaria, donde José Victorino Lastarria leyó el discurso de inauguración, el 3 de mayo de 1842. La sociedad literaria de 1842 surgió, de acuerdo con lo señalado por Jacinto Chacón, “gracias al espíritu de protesta contra los perseguidores y sus reaccionarios” que en esta generación nació debido a las persecuciones de los conservadores contra los intelectuales liberales tras la muerte de Diego Portales. Podemos afirmar que durante el siglo XIX el periodismo nacional pasó por su época de oro, ya que se concretaron varias publicaciones de revistas literarias o políticas, destacándose: El Semanario de Santiago, La Revista de Valparaíso, El Crepúsculo, El Mosaico, El Museo, La Revista del Pacífico, La Revista de Santiago, La Revista Católica y Los Anales de la Universidad de Chile. A estas publicaciones se suman algunos diarios de “corto tiraje” que eran creados para polemizar el ambiente. Durante fines del siglo XIX los literarios abandonaron la tendencia costumbrista y comenzaron a escribir sobre problemas sociales y económicos que afectaban al país y sobre los cuales las clases más altas no tomaban conciencia. Cabe destacar en este contexto al Francés Claudio Gay, autor de la Historia Física y Política de Chile, que constaba de veinte y cuatro tomos, que posteriormente fueron complementados por dos atlas con trescientos trece láminas, transformándose en la Enciclopedia más importante acerca de nuestro país. De acuerdo a la última idea planteada, podemos señalas que los avances culturales y tecnológicos fueron fundamentales para el desarrollo del país. En el presente ensayo se pretende destacar uno en cuestión, catalogado por algunos como uno de los más importantes avances de la época, El primer Ferrocarril de Chile: La Copiapó. Esta locomotora fue la primera en viajar por la vía férrea nacional de cuarenta y uno kilómetros de longitud, situada entre las ciudades de Caldera hasta Monte Amargo. Su creador fue el incansable ingeniero estadounidense William Wheelwright, iniciador de la compañía del Camino Ferro-Carril de Copiapó. Sin embargo la idea original de la construcción de una locomotora en Chile, fue de un relojero de Valparaíso llamado Juan Mouat, quien alcanzó a realizar algunos estudios destinados a la construcción e instalación del primer ferrocarril. El principal objetivo de este ferrocarril fue satisfacer las necesidades de una región minera. Con el descubrimiento del mineral de Chañarcillo comenzó un gran movimiento de pasajeros, víveres y minerales o materiales. Para la construcción del proyecto el ingeniero estadounidense contó con el apoyo “Grandes capitalistas chilenos de la época”, como Diego Carballo, Candelaria Goyenechea de Gallo y Agustín Edwards. Podemos afirmar, que el ferrocarril trajo consigo otros adelantos como la creación del Puerto de Caldera, se comenzaron a construir grandes máquinas destinadas a la destilación de agua, (que en el norte estaba cargada de cal) con el fin de dar agua potable a la población y a su vez no dañar las calderas del ferrocarril. Otro avance que trató de introducir el ingeniero estadounidense fue la instalación del alumbrado a gas. Pasado el tiempo los inversionistas chilenos que aportaron en la creación del ferrocarril fueron reemplazados por capitalistas extranjeros, lo que generó el aumento de inversionistas extranjeros, mayoritariamente europeos en Sudamérica. Otro avance que se puede rescatar algo fue en 1882 se autorizó a un empresario instalar en la Plaza de Armas dos faroles de cinco luces que funcionaban por tres motores a vapor y dínamos que distribuían la energía a las lámparas de la plaza y las tiendas entre las calles Huérfanos y Ahumada. Por último podemos concluir que las transformaciones culturales ocurridas durante el siglo XIX fueron de suma importancia para el desarrollo de nuestra nación. ¿Qué hubiera pasado si este desarrollo no se hubiera efectuado? ¿Qué nivel cultural tendríamos en este momento si ninguno de los intelectuales extranjeros que llegaron al país hubieran aportado a la cultura? Ante estas interrogantes sólo podemos imaginar y dar gracias por los aportes de aquellos extranjeros contratados por el gobierno y mayormente a los intelectuales chilenos que ayudaron y contribuyeron a este gran desarrollo.