Petróleo/Historia/En el siglo XIX

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Petróleo



El petróleo en el siglo XIX[editar]

1859-1870[editar]

La moderna historia del petróleo empieza en torno a 1855. El año anterior, un grupo empresarial encargó a Benjamin Silliman, un prominente científico de la Universidad de Yale, que estudiara las propiedades del “aceite de piedra”, unas emanaciones naturales que se daban en ciertos lugares, utilizadas como medicamento frente a todo tipo de males, y del que se sabía que era inflamable. Por aquel entonces, se recogía empapando toallas en los restos que emanaban y escurriéndolas a continuación. Y era vendido por charlatanes que ponderaban sus virtudes curativas. La idea partió de George Bisell, al que hay que atribuirle el mérito de haber hecho nacer una industria con una importancia sin precedentes. Otros nombres fundamentales de este inicio son el de James Townsed, banquero y principal inversor, y Edwin L. Drake, quien, tras el informe favorable de Silliman acerca de las propiedades del petróleo, fue enviado para perforar la tierra con la esperanza de encontrarlo en mayor cantidad bajo la superficie. ¿Qué interés tenía, por aquel entonces, ese producto novedoso? El interés procedía de su condición de inflamable. George Bisell creyó que podría ser sustituto del aceite de carbón y del de ballena, que se utilizaban por aquel entonces para iluminar, y para lo que existía un gran mercado en expansión con el desarrollo de las ciudades. El estudio preliminar demostró que las propiedades del “aceite de piedra” eran excelentes para tal fin, y por ello se constituyó la Pennsylvania Rock Oil Company, destindada a la explotación del descubrimiento. Era una compañía pequeña y con pocos fondos, que a punto estuvo de cerrar. Pero quince días antes de hacerlo, en agosto de 1859, las excavaciones dieron resultado. Fueron hechas en un pueblo llamado Titusville (unos 150 Km al norte de Pittsburg), en unas colinas (Oil Creek) en las que se producían unas pequeñas filtraciones de forma natural. Como resultado, se obtuvo por primera vez “aceite de roca”, es decir, petróleo, en cantidades abundantes. La noticia se extendió con rapidez y la colina se llenó rápidamente de nuevos pozos. Quince meses después, en Noviembre de 1860, había 75 pozos funcionando en Oil Creek. La fiebre del petróleo había comenzado.

El resto de técnicas necesarias (refino para obtener keroseno, lámparas para quemarlo...) ya se habían inventado para los aceites del carbón, y eran directamente aplicables. La nueva industria lo aprovechó y se extendió rápidamente, pasando a conocerse la zona como “las Regiones Petrolíferas”. Los primeros pozos tenían que bombearse a mano, y el primer pozo surgente (que expulsa petróleo por sí mismo) no apareció hasta 1861. En esos primeros meses, tanto la producción como los precios fluctuaron de forma brutal: de unos 450000 barriles en 1860 a 3 millones en 1862; 10$ por barril en enero de 1861, 50 centavos en Junio y unos diez centavos a finales del año; 4 dólares a finales de 1862 y 7,25 en Septiembre de 1863. Las Regiones del Petróleo se convirtieron en una fuente de riqueza donde miles de personas marcharon en busca de fortuna, y donde la especulación alcanzó cotas insospechadas. La década de 1860 fueron unos años de desarrollo brutal, en el que los pioneros hacían inmensas fortunas casi con la misma velocidad que las perdían. Todo fue caótico, vendiéndose un poco al azar. No fue hasta la década de los 70 cuando empezaron a organizarse lonjas de ventas. Por aquel entonces, el petróleo ya se había convertido en una industria de mediana importancia, suministrando iluminación a más y más gente.

Nacimiento de la Standard Oil[editar]

Es esos primeros años heroicos apareció una figura mítica para el negocio del petróleo, que ha traspasado los límites de la industria para convertirse en una especie de “leyenda”, conocida por todos. Era John David Rockefeller, el magnate de la Standard Oil. Dedicado a los negocios ya desde los 16 años, Rockefeller había montado una refinería junto a Maurice Clark en 1863. En febrero de 1865 Rockefeller compró a su socio su parte, pasando a poseer la mayor refinería de las treinta que había en Cleveland. J. D. R. era ya por aquel entonces un hombre rico, gracias a sus negocios anteriores. La Guerra Civil, con su necesidad de suministros, lo hizo aún más, lo que le permitió construir una segunda refinería. Rápidamente fue destinando todos los beneficios y el dinero que conseguía al nuevo negocio. En 1866 montaba una empresa en Nueva York para gestionar la distribución y exportación de su queroseno. Comenzaba así la que sería su arma del éxito empresarial: la integración vertical de las distintas actividades. Siguiendo esto, adquirió terrenos en los que obtener la madera para fabricar barriles, vagones cisterna para el transporte por ferrocarril, almacenes en Nueva York para guardar el producto y barcazas para su transporte por el río Hudson. Además, apoyado en una fuerte posición de tesorería, se mantuvo aislado de las presiones de los bancos. En 1867 se asoció con Henry Flagler, quien fue quien ideó el sistema de transporte. Realizado con el mayor secreto, obtuvo sustanciosos beneficios por parte de las compañías, lo que le reportaba una situación de privilegio respecto a los competidores. De hecho, consiguió que las compañías de transporte les abonaran una cantidad cada vez que alguien distinto a ellos las utilizaba para el transporte de petróleo. La crisis de finales de los 60 debida a la sobrecapacidad, les llevó la idea de la necesidad de controlar la producción total de queroseno. Para ello, junto a otros tres hombres aumentaron capital, y fundaron el 10 de enero de 1870 la “Standard Oil” (Standard hacía referencia a que se garantizaba la calidad del petróleo proporcionado). Así, comenzaron la compra secreta de las refinerías de las Regiones Petrolíferas. El procedimiento a seguir, normalmente, era el siguiente: instalaban una refinería en teoría “independiente”, en la que bajaban los precios, llevando a la ruina a los competidores. Entonces iban adquiriendo en secreto a las demás. Con esta manera de funcionar, para 1879 la Standard Oil controlaba el 90% de la capacidad refinadora de EEUU. Aunque esto se realizaba en secreto (de hecho, la Standard no era oficialmente propietaria de la mayoría de las refinerías), el malestar fue en aumento, y se iniciaron varios procesos legales en diversos estados contra la entidad. No tuvieron éxito, o al menos no en un primer momento.

La Standard se organizó oficialmente como un trust a principios de los 80, con el fin de proteger los intereses familiares en caso de muerte. Esto fue así, porque hasta entonces eran los dueños de la Standard los que a título personal poseían las distintas compañías. A partir de entonces, comenzaron a integrarlas en la Standard Oil. Es importante observar que el éxito de la compañía no se debió al uso de la extorsión y el espionaje (o, al menos, no “solamente”). Uno de los principios básicos era ser el productor de más bajo coste, lo que les ponía en una situación de ventaja. También hay que destacar el eficaz modelo de gestión de una compañía que, por enorme, presentaba grandes dificultades para ello. El queroseno refinado por la Standard iluminaba gran parte de los EEUU y empezó a extenderse por el mundo, debido a la necesidad continua de ampliar mercados, surgida de la creciente producción norteamericana. Entró también en el negocio comercializador, controlando a mediados de los 80 alrededor del 80% de la comercialización del queroseno en EEUU. Y aunque en un principio se había visto la producción directa como un negocio excesivamente especulativo, la compañía también entró en él a finales de los 80, controlando en 1891 el 25% de la producción de todo el país. Sin embargo, este apabullante dominio creó muchas tensiones en la sociedad, y empezaron a lanzarse cada vez mayores acusaciones de actuaciones ilegales contra la Standard.

La industria en Europa[editar]

En las décadas de 1870 y 1880, la mitad de la producción americana se destinaba a la exportación, representando el queroseno un 25% del total de las exportaciones. El petróleo americano dominaba el mercado mundial, y estaba controlado además por una sola empresa. Pero eso iba a acabar a finales de siglo. En Europa había de hecho una pequeñísima industria del petróleo en Rumanía, donde éste se extraía de pequeños pozos excavados a mano. Pero esto nunca representó más que un pequeño comercio a escala local. El boom del petróleo tuvo lugar en Rusia, en la región de Bacú (situada en la actual Azerbaiyán). En la puesta en explotación de los recursos petroleros rusos fueron una pieza fundamental los hermanos Nobel (Ludwig y Robert, los hermanos de Alfred, fundador de los premios). Con negocios en el Imperio Ruso, en 1873 encontraron la pequeña industria de petróleo de Bacú, y comenzaron sus inversiones en la zona. La producción de la región al año siguiente no superó los 600000 barriles; una década más tarde, la producción anual ascendió a 10,8 millones. La intervención de Ludwig y Robert cambió la ciudad. A principios de 1880 había casi 200 refinerías, y Bacú era conocida como “la ciudad negra”. Los Nobel eran en 1876 los refinadores más importantes de Bacú, y la producción rusa de petróleo superó incluso durante un tiempo a la estadounidense. El principal problema era que había una gran distancia entre las zonas productoras y las consumidoras. Para ello, los Nobel idearon barcos-cisterna que atravesaran el Caspio, precursores de los petroleros. Por aquel entonces, en 1886, entraron también en el petróleo ruso los Rothschild. El petróleo ruso poco a poco, y de la mano de estos dos grupos, fue ganando posiciones en el mercado europeo, y la Standard Oil se enfrentó por primera vez a un enemigo de mediana envergadura. La respuesta de la industria ante la nueva situación, fue la de abrir filiales. La Standard se convirtió en una auténtica multinacional, asociándose con los distribuidores locales más importantes. Por su parte, tanto los Nobel como los Rothschild crearon sociedades de distribución en las distintas zonas, convirtiéndose en compañías integradas competidoras, a precios competitivos, de la Standard.

Otro de los grandes del negocio apareció por aquel entonces. Los hermanos Samuel (Marcus y Samuel) tenían una compañía que comerciaba con distintos productos del Lejano Oriente. Aprovechando sus contactos con las casas comerciales de los distintos países, decidieron comerciar parte del petróleo ruso en aquella zona. Para ello era necesario hacerlo con el máximo secreto, ya que la Standard podría arruinar el negocio utilizando distintas medidas de presión, como bajar los precios de la zona hasta hacerlo no rentable económicamente. Y en 1892 partió el primer petrolero de la nueva compañía, bautizada como Shell, que atravesando el Canal de Suez y con petróleo procedente de los campos de los Rothschild, supuso la primera amenaza seria del dominio internacional de la Standard Oil. Tras muchas dificultades, la Shell, apoyada por las casas comerciales de Oriente, se fue afirmando hasta convertirse en la única compañía capaz de enfrentarse a la líder.

La Royal Dutch empezó a funcionar a partir de unos pozos localizados en Sumatra, lo que, debido al ahorro en el transporte, le permitió también suministrar petróleo competitivo a la zona. Poco a poco fue creciendo, y tuvo varios intentos de fusión, tanto con la Standard como con la Shell, que en un primer momento no fructificaron.

Bibliografía[editar]

  • Yergin, Daniel (1992): “La Historia del Petróleo”. Traducción de Aparicio Aldazábal, María Elena. Ed. Plaza & Janes, Barcelona.