Historia de Al-Andalus/El Emirato Independiente de los Omeyas (756-929)

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En el año 750, la familia Abasí, descendiente del tío de Mahoma, Abbas, fomentó una revuelta en Irán y derrocó al Califato Omeya, desacreditado por gran parte de los mulsumanes. Solo un joven de 19 años, Abd al-Rahman (731-788), logró al norte de África. En el año 756 llegó a España, donde logró hacerse con el gobierno, proclamándose Emir independiente como Abd al-Rahman I (756-788), teniendo que hacer frente a numerosas revueltas e intentos secesionistas promovidos por los diferentes grupos árabes y bereberes. En 777 el gobernador de Zaragoza, Sulaimán, solicitó la intervención del rey de los francos, Carlomagno, para desligarse de la autoridad cordobesa, en lo que terminó en un rotundo fracaso, pues las tropas de Carlomagno no pudieron tomar la ciudad y en el retorno fueron aniquiladas por los vascones en el paso de Roncesvalles (778).

Abd al-Rahman I se mantuvo en el poder con el respaldo de un ejército de mercenarios bereberes. El emir organizó el gobierno de al-Ándalus según el modelo de la corte de Damasco. Durante su reinado se inició la construcción de la mezquita de Córdoba. A Abd al-Rahman I le sucedieron su hijo Hisam I (788-796), que frenó el avance cristiano en el norte, contra el que dirigió sucesivas campañas de castigo; Al-Hakam I (796-822), que afrontó el descontento de la población muladí por la política filo-árabe de los Omeyas, con rebeliones en Toledo (798) y Córdoba (818); y Abd al-Rahman II (822-852), que vivió en una época de paz que le permitió llevar a cabo una profunda reorganización del Estado de acuerdo con la administración Abasí.

Expansión y provincias del Emirato de Córdoba en 929.

Abd al-Rahman II favoreció el desarrollo de la industria y el comercio e impulsó el proceso de urbanización del territorio andalusí con la fundación de nuevas ciudades como Murcia, Madrid o Úbeda (Jaén). Durante su reinado, los normandos atacaron Lisboa y Sevilla (844). Abd al-Rahman fue sucedido por su hijo Muhammad I (852-886), quien tuvo que hacer frente a los movimientos separatistas de las marcas fronterizas. En 879 comenzó la rebelión de los muladíes andalusíes, dirigidos por Omar ibn Hafsun, que se prolongaría hasta comienzos del siglo X; Al-Mundir (886-888), que en su breve reinado logró la rendición de Omar ibn Hafsun, pero luego éste urdió un ardid para escapar; y Abd Allah (888-912), en cuyo reinado se agudizaron las tensiones existentes en al-Ándalus entre la nobleza árabe y los muladíes, sobre todo en Sevilla y Granada.

Pero el problema más grave que Abd Allah tuvo que enfrentar fue la rebelión de Omar ibn Hafsun, que desde Bobastro había extendido su dominio en Andalucía. La autoridad de Abd Allah sobre las marcas fronterizas era prácticamente inexistente. El Emir controlaba la capital y sus alrededores, pero el resto de al-Ándalus estaba fragmentado en dominios autónomos. La debilidad del Estado cordobés facilitó el avance cristiano, que había llegado hasta el río Duero. Abd Allah fue sucedido por su nieto Abd al-Rahman III (891-961).