Usuario:Tlilectic~eswikibooks/Egipto/La conformación de la religión egipcia

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El dios Horus, identificado con la nobleza unificadora de Egipto.

La religión egipcia tiene su origen en las deidades particulares de cada una de las tribus que conformarían los principales nucleos urbanos del periodo arcaico. De hecho, la extensión de determinados nucleos urbanos y la dominación de los enclaves vecinos va aparejado a la extensión de culto de determinadas deidades, que acabó configurándose en las figuras de Seth en el Alto Egipto y de Horus en el Bajo. El proceso de unificación de Egipto se vinculará a la lucha entre estas dos divinidades, quedando como vencedor la figura de Horus y, por lo tanto, los soberanos del Alto Egipto. De hecho se puede hacer un seguimiento de las luchas de poder entre las clases dirigentes de ambas regiones a través de la extensión del culto a Seth, el cual será igualado en culto a Horus tras la unificación definitiva al final del Periodo Arcaico, y repudiado oficialmente tras la expulsión de los hicsos, que habían tomado su figura como deidad protectora. La diversidad de cultos, por lo tanto, aflorará en los momentos de crisis del poder central y será un reflejo de las pretensiones anticentralistas y secesionistas de determinadas regiones y su nobleza local.

Ello nos muestra la religión egipcia como el principal elemento ideológico de dominación por parte de las clases dirigentes desde el inicio del estado egipcio. La imagen del faraón tendrá un carácter doble, tanto político como religioso. El origen de este sistema data de las primeras sociedades agrarias asentadas en el valle del Nilo, en los que la figura principal era la del rey-hechicero capaz de atraer la lluvia y fertilizar las tierras, evolucionando posteriormente a rey-hechicero (o sacerdote)-dios. Según el mito, Osiris, un antiguo rey divinizado, salvo la muerte ascendiendo a los cielos y coronándose como juez y rey del Más Allá, engendrando a su hijo Horus para que ocupara el cargo de rey en la tierra. Desde este momento, los soberanos de Egipto serán considerados como encarnaciones de Horus, como muestra la iconografía de la época. Este rey-dios estará, pues, vinculado al proceso de unificación egipcia y coformará la cúspide de un estado que podría ser considerado teocrático.

La diversidad de centros urbanos con su propia nobleza, legitimada en torno a una deidad determinada, hace que no exista una única teología egipcia, sino que diversos relatos sirvan para explicar un mismo hecho religioso, los cuales surgirán en distintos momentos dependiendo del periodo político concreto (preeminencia de un distrito, una ciudad o un grupo sacerdotal). La gran complejidad de la religión egipcia provocó que en su sistematización se crearan las figuras de dioses grandes y pequeños, una división que será variable también según el momento político. Así, por ejemplo, durante el Imperio Antiguo se le dará el epíteto de "rey de los Dioses" a Horus o a Re, el Dios Sol que junto con su ministro Tot (el Dios escriba), se identifican con la realeza y el aparato administrativo egipcio.