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Resiliencia: Factor Integral de Desarrollo Humano

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El hablar sobre resiliencia implica una labor compleja, más de lo que significaría el abordar cualquier otro concepto dentro de la Psicología, ya que es un concepto nuevo en el área que se encuentra en construcción, además de que en México el proceso de asimilación sobre el tema es lento y se da de acuerdo al interés de investigaciones que tienen en generar propuestas de intervención con base en la resiliencia desde una perspectiva psicológica.

Lo anterior además de que nos sitúa en un terreno innovador nos exige el conocer cuales son los antecedentes y las diferentes formas de conceptuar a la resiliencia, así como el saber cuales son los modelos que han permitido su evolución.

1.1 Antecedentes

Debido a que la resiliencia es un concepto en desarrollo, la revisión histórica se hará bajo consideración de los siguientes puntos que permitan un estudio más preciso sobre el tema. Primero: todos los antecedentes de la resiliencia apuntan a trabajos realizados fuera de México, salvo algunas recopilaciones, y pequeñas participaciones en programas de tipo internacional. Segundo: en la mayoría de los antecedentes sobre resiliencia, no existen límites claros sobre el origen de la resiliencia y su construcción conceptual, dado que la resiliencia es un término nuevo, lo que resulta en retransmitir lo que unos pocos han estudiado y desarrollado sobre resiliencia. Tercero: La resiliencia es un concepto que nuevo y como lo mencionan Melillo y Suárez (2004) de moda, sin embargo, se debe ser precavido, debido a que la resiliencia como concepto dentro del campo social y psicológico es reciente, no así su significado. Cuarto: de acuerdo a lo anterior es necesario, contar con una noción de lo que es la resiliencia antes de pretender adentrarse a su estudio, por lo que se tendrá en cuenta el concepto retomado por Combariza (2001), que define a la resiliencia humana, como la capacidad de un individuo o de un sistema social de vivir bien a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún de salir fortalecidos y ser transformados por ellas (p. 4); esto con el fin de no confundir al lector, en el estudio de los antecedentes y definición conceptual de la resiliencia, no obstante que ésta definición se retomará en el siguiente apartado: Definición Conceptual.

Con base en los puntos arriba mencionados, podemos hacer una delimitación del estudio histórico de la resiliencia, que nos permita, conocer a la resiliencia desde diferentes ópticas enriqueciendo nuestro conocimiento sobre el tema.

Esta delimitación se propone dentro de este capítulo y además se plantea como propuesta historiográfica de la resiliencia a futuro. La idea es delimitar los antecedentes de la resiliencia en tres líneas de estudio, que son: La resiliencia como facultad o estado en el ser humano; La resiliencia como palabra y significado; y Como concepto social y psicológico, la cuál es la línea de uso corriente en investigación sobre resiliencia, dado que engloba a las otras líneas, es por tanto, la línea de interés para nosotros.

Se debe considerar que desde esta delimitación, las tres líneas de estudio, son en todo momento incluyentes, y que sólo al lograr esta identificación se puede llegar a un análisis más profundo de la resiliencia como concepto social y psicológico. Por lo que ésta delimitación se plantea no de forma gráfica, sino en un sentido abstracto, de forma crítica y analítica, en el cuál el estudioso de la resiliencia pueda al momento de realizar una lectura, segmentar e identificar como es que se construye la resiliencia a través de su historia u origen.

Algunos autores que han pretendido esta división del análisis histórico de la resiliencia son: Caritas Argentina (2000), Combariza (2001), Manciaux (2003), Werner (1992), Fundación PANIAMOR (2002), Kotliarenko (2004), Grotberg (1995b) y, Melillo y Suaréz (2004), por citar algunos.

Hecha la aclaración, podemos entonces adentrarnos en los antecedentes de la resiliencia, desde las tres líneas planteadas.

1.1.1 La resiliencia como estado o facultad en el ser humano

Está línea de estudio considera a la resiliencia, no como resiliencia en el sentido del concepto actual de ésta, sino simplemente como un estado o facultad humana característico del hombre. En donde lo único que se conoce de ella es que está ahí en algún lugar. Siguiendo con la idea de Gianfrancesco (1999) que considera que la resiliencia ha estado presente siempre, desde mitos, relatos, historias y hasta cuentos de ciencia ficción, siempre se ha promovido aunque no con uso de conciencia.

Así tenemos que el antecedente inmediato de la resiliencia desde esta línea de abordaje histórico, se da simultáneamente en espacio y tiempo con la aparición del hombre como especie, ya que desde que pobló la tierra se ha enfrentado a una serie de eventos y fenómenos que le han exigido la utilización de todos sus recursos para poder continuar con su evolución y desarrollo. Encontrándose entonces la particularidad de que algunos hombres sobresalen de otros, adaptándose, resistiéndose o transformándose. Por lo que el tiempo transcurrido desde esos primeros momentos de vida del ser humano, hasta nuestros días, deja en claro que el hombre como especie, se encuentra en constante evolución, y que la transición de lo que era, se construye de acuerdo a lo que es en un tiempo presente, es entonces cuando el saber de lo que será, se delimita gracias a su pasado y su presente, y la forma exacta en la que ambos se conjugan en la construcción de su futuro.

Se puede decir que el papel de la resiliencia en el desarrollo del ser humano, ha existido entonces siempre, sin embargo se ha transformado, ha evolucionado y cambiado, de acuerdo al nuevo presente que este viviendo la gente, adecuándose al nivel de desarrollo en que se encuentra el hombre (Restrepo, 2003).

Estamos hablando de que la resiliencia existe a la par que las personas ya que es una característica intrínseca al ser humano, sin embargo se transforma de acuerdo a la evolución de las personas, ya que gracias a esto le permite continuar con su crecimiento como especie. Siendo esto una relación recíproca de desarrollo. Por lo que la resiliencia es y será en todo momento una facultad o estado del ser humano antes de ser un objeto de estudio de una ciencia o una disciplina.

1.1.2 La resiliencia como palabra y significado

Dentro de ésta línea se tiene que considerar a la resiliencia desde una postura de lenguaje y comunicación, en donde se le asignan a la palabra ciertos valores y referentes de acuerdo a la situación, espacio y tiempo (contexto). La palabra resiliencia no ha sido exclusiva de los estudios sociales actuales, ni ha tenido la misma conformación conceptual, los griegos ya la utilizaban para referirse a una acción, de retracción o arrepentimiento, y no como una capacidad de resistir o volver hacia atrás, interpretación aceptada y sobre difundida en cuanto a su uso antiguo (Girard, 2004).

Asimismo el estado o facultad que ahora puede ser definido como resiliencia, antes se identifico con otro código de letras, de acuerdo al contexto histórico, lo cuál no quiere decir que la resiliencia no existiera, y apareciera sino hasta ahora. Existía en diferentes condiciones y con diferentes nombres. Como por ejemplo carácter, temperamento, etcétera (Manciaux, 2003, p. 64) Sin embargo es preciso identificar este proceso en la construcción del concepto. Basta saber que la resiliencia como palabra tiene sus antecedentes de forma independiente, pero más importante, es no olvidar que a eso que ahora llamamos resiliencia, se le nombró de otra manera, encerrando con esto los usos y costumbres de entonces.

Esto podrá parecer obvio, pero no lo es, si tenemos en cuenta que la evolución por separado de esa facultad o estado humano y de esa palabra resiliencia, conjugan una construcción conceptual, que logra hacer visible un estado o facultad que se consideraba de unos pocos; lo que permite el diseño de modelos y la creación de propuestas de trabajo en beneficio de aquellos que parecían no tener otra alternativa en su desarrollo y en su vida. Y es que a partir del momento en que el término se hace visible, el concepto gana una especificidad que lo desliga de ser simplemente un mito, y permite que disciplinas ahora específicas como la psicología o sociología enfoquen sus recursos con el objetivo de obtener información y medios que permitan proveer y satisfacer las necesidades de la gente partiendo desde un sentido básico de desarrollo humano; cuando se logra este avance se puede rastrear ahora a la resiliencia desde el abordaje que la psicología ha hecho de ella.

1.1.3 La resiliencia como concepto social y psicológico

Dentro de esta línea de rastreo histórico, se estudia a la resiliencia a partir de la definición conceptual que existe actualmente de ella. La diferencia en está revisión, es que existe el antecedente de una diferenciación clara de la resiliencia como facultad humana y como palabra, logrando un avance significativo en su estudio, en donde se encuentra ahora delimitado el campo de trabajo e investigación sobre resiliencia para los profesionales de la psicología.

Cuando la resiliencia hace su aparición como concepto, dentro del campo social y posteriormente psicológico, se muestra de forma drástica, al adscribirse una propuesta innovadora e interesante, que de inicio se propone explicar el porqué algunas personas son más resistentes a los diferentes retos que se le presentan como especie. Pero aunque innovador y revolucionario el concepto encuentra sus raíces y fundamentos desde la aparición de la especie humana, tal y como se menciona arriba.

Es entonces que se voltea la mirada al pasado, debido a que en la mayoría de culturas, ha existido la creencia de que algunas personas tienen un don especial, una estrella, un ángel, o, como lo menciona Manciaux (2003), una constitución especial, que les permite salir adelante y sobreponerse a situaciones extraordinarias, de las cuales además salen fortalecidos (p. 13). Pero esté don especial o constitución especial es la forma más sencilla de comprender, explicar y aceptar un fenómeno que no está del todo claro, tenemos así que se acepta entonces la existencia de un algo, que tienen determinadas personas especiales, que les permite el resistir, sobreponerse y salir adelante de una situación compleja y nada ordinaria; donde el resto de la gente no comparte estos algos tan particulares.

Donas (1995) y Jollien (2001) señalan que una de las formas comunes a las que se recurre para poder interpretar esté fenómeno, son las explicaciones populares, que en su momento sirven para engrandecer situaciones tales como condiciones religiosas, políticas o sociales, puntos de donde son retomadas y aplicadas en el lenguaje y sentido común, como por ejemplo: “sacar fuerzas de flaqueza”, “no hay mal que por bien no venga”, o “hacer de tripas corazón”.

Lo que deja en claro, que el desarrollo humano al igual que su conocimiento, nunca es estático, por el contrario se muestra como un proceso dinámico que, algunas veces se reinventa y en otras permite actualizar, profundizar y perfeccionar las explicaciones que hacemos de la realidad, y de nosotros inmersos en ella. Por lo que el concepto de resiliencia aunque aceptado, conocido o identificado con otro nombre y sentido, se refiere actualmente a una explicación seria y precisa de esos algos, que tienen ciertas personas o grupos de personas para resistir y sobreponerse a la adversidad.

De esta forma, los primeros intentos realizados por explicar de forma seria y precisa, la existencia de ese algo en ciertas personas consideradas como especiales, se logra a través de las primeras investigaciones, en las cuales el término resiliencia transita de un plano mítico o popular, a un concepto descriptivo dentro de las áreas sociales. Convirtiéndose con esto en el antecedente mediato de la resiliencia, (Gianfrancesco, 1999). Al respecto la Fundación PANIAMOR (2002) menciona, que dentro de los antecedentes más recientes de la resiliencia se encuentran los estudios como el de Werner (1982), y demás investigaciones que se comenzaron a llevar a cabo a partir de la necesidad de descubrir la facultad o estado especial de ciertas personas; menciona también que en Latinoamérica se despierta el interés gracias a las instituciones extranjeras principalmente europeas, que se interesan por fomentar en las personas estas facultades o estados.

Lo anterior nos permite situar el momento aproximado en el que la resiliencia, nace como concepto social, y el momento en el que éste se vincula con esa facultad que, a algunas personas les permite salir adelante. Varios autores concuerdan en señalar el estudio de Werner como pionero, por ejemplo Manciaux (2003), Serisola (2003) y Rutter (1993). Esta investigadora, es la primera en utilizar el concepto, retomándolo de Bowlby (1992), a quién se debe la adaptación del término, que ya era utilizado en la física.

Sin embargo, Melillo y Suárez (2004) señalan que a lo largo del estudio de la resiliencia, han existido dos tipos de investigadores: los que se preocupan por conocer, que es lo que distingue a ciertas personas que logran sobresalir de condiciones de riesgo, como Masten, Best y Garmezy (1990) y Werner (1982); y los investigadores que se interesan en los procesos que hacen posible que una persona logre sobreponerse, como Cyrulnik, Tomkiewicz, Guénard, Vanistendael y Manciaux, (2003), y Kotliarenko (2004); éste segundo grupo, interesado en los procesos resilientes, nace forzosamente a partir del trabajo que los primeros investigadores realizaron, no antes. Lo cuál supone un desarrollo y crecimiento en el trabajo e investigación sobre resiliencia, a pesar de ser relativamente nueva.

Es a partir de este segundo grupo de investigadores, que nace la idea de hacer una reconstrucción de antecedentes de la resiliencia y su formación conceptual, dado que así se pueden comprender de forma más precisa, esos procesos envueltos en la posibilidad de la persona para sobreponerse. Es también que a partir del trabajo de estos investigadores, se hace la propuesta de análisis histórico, empleada en este capítulo.

Lo anterior nos exige conocer que es la resiliencia actualmente, y cuál ha sido el proceso de transformación del concepto después de dos generaciones de investigadores dedicados a su delimitación y a su aplicación.

1.2 Definición Conceptual

Ya Manciaux (2003), Vanistendael y Lecomte (2003), hablaban de que no existía un consenso que permitiera decidir si era un mito o una realidad el hecho de que existen en las personas, características particulares que les permiten sobreponerse a las adversidades de la vida, y mucho menos se tenía contemplada la idea de identificar esas características, para después, poder llevarlas a personas no resilientes.

El mismo Manciaux (2003) reconoce que ése hecho no es un mito, y que es una realidad a la que se le han dado diferentes nombres, identifica al temperamento y sus humores: la sangre, la bilis negra, la amarilla y la flema, por lo que el temperamento de una persona, podía ser sanguíneo, colérico, melancólico o flemático, como uno de los primeros intentos por definir conceptualmente esa condición humana; recuerda también al carácter, que se decía de algunas personas que eran capaces de cosas impensables, por el simple hecho de tener ese carácter.

En la misma idea, Aldwin (1994) hace una aclaración básica y muy importante, al mencionar que, una de las vertientes que permitió la aparición del concepto de resiliencia, fue que los conceptos de stress y afrontamiento (conceptos ya desarrollados y estudiados en las áreas sociales y de la salud), anteriores al de resiliencia, y posteriores a los de temperamento y carácter, no podían explicar por sí mismos el proceso que una persona resiliente presenta en su desarrollo, lo cuál vino a cambiar la dinámica dentro del estudio de los procesos del desarrollo humano, en cuanto a las variables que explican el desarrollo de habilidades en ciertas personas. Es de esta forma, que en líneas generales aparece y se justifica la aparición del concepto de resiliencia.

Ahora, si consideramos la existencia de dos generaciones de investigadores sobre resiliencia, debemos ubicar dos momentos conceptuales de la misma, uno que permite su aparición, y otro que permite su evolución.

1.2.1 Primer Momento Conceptual

Serisola (2003), señala que el termino resiliencia tiene su origen en el latín resilio, que significa saltar hacia atrás, rebotar, volver atrás; pero además remarca que el termino fue tomado de la física a la psicología, esto por analogía, ya que en la física el termino resiliencia, sirve para describir la capacidad que tiene un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones (p. 5).

Bowlby (1992) fue la persona que se encargó de tomar de la física el término y llevarlo a la psicología, al definirlo, como un resorte moral, cualidad de una persona que no se desanima, y que no se deja abatir (p. 34). Sin embargo, fue Werner (1992) la primera persona que detecto y relaciono esta definición a una población, esto en un estudio longitudinal, que no tenía como objetivo el estudio de la resiliencia, sin embargo su estudio permitió identificar la resiliencia en una población de 698 niños en Kauai, con los cuales trabajo durante treinta años, tiempo en el que encontró que la mayoría de los niños a pesar de vivir en condiciones de riesgo y no contar con apoyo terapéutico, lograron convertirse en adultos bien integrados.

No hay que olvidar como lo menciona (Bydlowski, 1995), que es en el intercambio recíproco entre la reflexión y la observación, entre conceptos y aplicación en donde nace la teoría.

Lo realizado por Bowlby y Werner, dejó el precedente a lo que Brofenbrenner (2002) resaltaría e impulsaría, el que los investigadores sean capaces de prestar mayor atención a recursos que se hacen evidentes y a menudo latentes en el adulto, pero principalmente en el niño. Hay que decir que Brofenbrenner, fue guía y copartícipe, en el trabajo realizado por los pioneros de esa primera generación de investigadores sobre resiliencia.

Bonanno (2004) reconoce que la vinculación de la capacidad de resiliencia con los eventos traumáticos y con la perdida se hizo inherente a partir de este momento.

Rogers (1996) por su parte señala que la misma psicología como ciencia estaba evolucionando, ya que al principio dedicó poco tiempo a la corriente humanista, pero las condiciones actuales, han vuelto los ojos a está propuesta que ahora resulta innovadora.

Después de Bowlby (1992), de Werner (1992) y demás investigadores, Rutter (1993) define a la resiliencia como un fenómeno que manifiestan sujetos jóvenes que evolucionan favorablemente, aunque hayan experimentado una forma de estrés que en la población en general se estima que implica un grave riesgo de consecuencias desfavorables. Convirtiéndose en una de las definiciones más difundidas y aceptadas, en este primer momento conceptual. Posterior a esto, se comenzó a definir a la resiliencia, desde diferentes ópticas, remitiéndose siempre a la definición de Rutter, además de que en las diferentes propuestas conceptuales se pretendía además el incluir nuevos aspectos no considerados por otras definiciones.

Así la fundación Caritas Argentina (2000), definió a la resiliencia, como la capacidad que tiene una persona de hacer bien las cosas a pesar de las condiciones adversas, agregando que esta resiliencia frente a la destrucción, proporciona la capacidad de proteger la integridad ante las presiones y la capacidad de construir conductas vitales pese a circunstancias difíciles. Identificando a la resiliencia como una capacidad humana.

Combariza (2001) señala que la resiliencia humana es la capacidad de un individuo o de un sistema social de vivir bien a pesar de las difíciles condiciones de vida y más aún de salir fortalecidos y ser transformados por ellas. Además de que distingue dos elementos básicos: Resistencia frente a la destrucción, la superación de la crisis, el dolor, la muerte y la pobreza como situaciones limites a las que se resiste el ser humano. Reconstruir o construir su propia vida ante circunstancias difíciles. Esta definición, refleja los dos puntos que en su momento eran pilares del concepto: enfrentar una situación y salir transformado de ella; incorporando a la resistencia y la reconstrucción, como claves y fundamentales de la resiliencia.

De la Torre (2003) menciona a la resiliencia como: reconocer y acrecentar las propias capacidades para afrontar grandes problemas y conseguir sacar de la vida el mayor partido posible. Además de que señala que el desarrollo del enfoque de resiliencia, tiene connotaciones de tipo sociopolíticas, estrictamente en cuanto a la responsabilidad por parte de los gobiernos; sugiriendo que mejor se oriente hacia el ámbito educativo. Aquí el concepto se extiende a marcos de tipo macrosocial, en donde se reconoce ya, no sólo como capacidad humana, sino como una capacidad humana que tiene que ser desarrollada.

Cornellá, (2004) redondea la idea, al mencionar la importancia que tienen también, los factores de riesgo y protección en la presencia y fortalecimiento de la resiliencia. Tomando como factores de riesgo principales a la pobreza, las drogas o el alcoholismo, la desestructuración familiar, enfermedades, desastres, etcétera; como factores de protección se encuentran los personales que son la autoestima, la autonomía y la proyección social, los familiares que son cohesión, calidez y bajo nivel de discordia, y los sociales que son los estímulos adecuados y reconocimiento de los intentos de adaptación.

Así aunque el concepto en esencia era el mismo, y además era más completo, presentaba algunas ambigüedades o generalidades en su descripción y uso, lo que a la postre, generó un fenómeno social, en donde la resiliencia se puso en boca de todos, se puso de moda. Y exigía una transformación de acuerdo a las diferentes connotaciones que se hicieron del término.

1.2.2 Segundo Momento Conceptual

Lo que significo una revisión al concepto, sus modelos y propuestas, en vista de corregir y perfeccionar a la resiliencia. Algunos de los autores que representan este trabajo de análisis son, Masten, Best y Garmezy (1990) al mencionar que dentro del estudio de la resiliencia y su definición, no se encuentra clara la naturaleza del riesgo del que se habla.

Vera (2004) menciona, al respecto, que el trabajo de conceptuar una experiencia humana rebasa las barreras de lo real visible, lo que vuelve a la resiliencia un constructo tan abstracto como el amor. Puntualizando con esto, que si, la tarea de una definición conceptual de la resiliencia era algo complicada, no significaba que se pudiera negar su existencia.

Masten (2001) también señala que la resiliencia se muestra como una capacidad en espera de ser desarrollada, bajos situaciones cualquiera, sin aguardar a un evento específico, no obstante que son estos los que la hacen visible.

Por su parte Hernández (2000) menciona que una perspectiva ecológica de resiliencia se explica como la capacidad de los organismos para restituirse así mismos a su condición original después de estar expuestos a perturbaciones externas. Y hace la aclaración de que la resiliencia se describe como la velocidad con que una comunidad regresa a su estado original en el que estaba antes de que fuera perturbado y desplazado de ese estado; y la resistencia describe la capacidad de la comunidad para evitar ser desplazada de su estado original.

Así la resiliencia deja de ser un fenómeno que presentan algunas personas, en donde solo se relacionan factores de riesgo y protección. Es más una actitud, una filosofía de vida, es otra forma de ver las cosas, la resiliencia vuelve a las personas más conscientes, siendo que ésta no se encuentra ligada a la fortaleza o debilidad, sino a los estímulos que rodean a la persona y el como reacciona la misma. Ser resiliente es ser responsable y consciente (Domínguez, 2001).

Kotliarenko (2004), añade que salir adelante o sobreponerse no es cuestión de suerte o de personas especiales, es una condición y se pude fomentar desde los primeros años.

Esta visión ampliada de la resiliencia se puede aterrizar, dentro de esta evolución conceptual, con lo mencionado por Grotberg (1995b), quién señala que la construcción de un concepto actual y dinámico de la resiliencia exige la consideración de los siguientes puntos: La resiliencia esta ligada al desarrollo y el crecimiento humanos, incluyendo diferencias etarias y de género. Existen diferentes estrategias para promover los factores resilientes. El Nivel socio económico y la resiliencia no están relacionados. Los factores de protección y de riesgo no se encuentran directamente relacionados con la resiliencia. La resiliencia puede ser medida. Las diferencias culturales disminuyen cuando los adultos son capaces de valorar ideas nuevas y efectivas para el desarrollo humano. La prevención y la promoción son conceptos relacionados con la resiliencia. La resiliencia es un proceso.

Lo anterior, además de que nos sitúa en un plano actual del concepto resiliente, nos da pauta, para hacer una mención especial, sobre la relación de la resiliencia y la psicología. Son varios los autores, que a lo largo de estos dos momentos conceptuales, han destacado que la resiliencia, no solo significa un proceso real y de cambio en el desarrollo humano, sino que viene a revolucionar el quehacer psicológico, en cuanto al interés que tenía éste por ver a los procesos psicológicos, solo en relación directa con las psicopatologías. Olvidándose de las capacidades potenciales de las personas, en pro de su desarrollo humano, desde un enfoque positivo de la psicología, Manciaux (2003), Melillo y Suárez (2004), Cyrulnik, Tomkiewicz, Guénard, Vanistendael y Manciaux, (2003), Grotberg (1995b), Seligman y Csikszentmihalyi, (2000), etcétera.

Como se ha visto el concepto de resiliencia se ha visto transformado, no obstante que mantiene esa idea inicial planteada por Bowlby (1992), el resultado, es que en este proceso de construcción y estudio conceptual, se han elaborado modelos explicativos y de trabajo, que han culminado en el desarrollo de propuestas, reales y sustentables, en varios puntos del planeta; basados en la resiliencia.

Referencias

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Brofenbrenner, U. (2002). La ecología del desarrollo humano: experimentos en entornos naturales y diseñados. Barcelona: Paidós

Cyrulnik, B., Tomkiewicz, S, Guénard, T., Vanistendael, S., y Manciaux, M. (2003). El realismo de la esperanza. Barcelona: Gedisa.

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Frankl, V. (1979). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.

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Kotliarenko, M. A. (2004). Cómo generar fortaleza emocional en los niños desde pequeños. [Online]. 11 Párrafos. Disponible en: http://www.resiliencia.cl/ [5 enero 2005]

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