Psiología Social de la Comunicación/N4a

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IDEOLOGÍA

Puntos destacados[editar]

· Objetivos del texto.

· Guerrilla de la comunicación: origen, definición y utilidad.

· Gramática cultural y subversión

· Poder, dominio y hegemonía

· Estrategia y táctica: cambios sociales como obra de las acciones de todos los individuos.

· Lugares y espacios: significación de los sitios públicos.

· Nombres múltiples.

· Gramática paradójica


Desarrollo del tema[editar]

Objetivos del texto

Las autoras dejan clara su postura desde un inicio: están en contra del capitalismo, de las estructuras de poder y las formas de socialización vigentes, ya que dejan al ser humano en un segundo plano. Muestran su descontento con la política actual de izquierdas, por considerar que es dogmática, además de excesivamente seria, y que se debate entre la militancia estricta, la política realista pragmática y la pura crítica ideológica. Tienen en cuenta este malestar creciente respecto a la política de izquierdas y discuten caminos y condiciones para conseguir una visión alternativa de dicha postura, haciendo una crítica solidaria y dirigida también a nosotros mismos. Se posicionan en el ámbito intermedio entre lo que ellas denominan política esclarecedora, y la intervención simbólico cultural.

Uno de los objetivos del texto es ofrecer palabras, metáforas e imágenes, que animen a reflexionar sobre posibilidades similares en la propia práctica, lo cual puede ser una buena contribución a una futura teoría de la subversión.


Guerrilla de la comunicación: origen, definición y utilidad.

La guerrilla de la comunicación no facilita una concepción teórica impermeable ni unas reglas fijas y exactas para el desarrollo concreto de una práctica política. La noción surge como resultado de unir en la reflexión las distintas prácticas políticas y su teoría de la crítica social, de interrelacionarlas y de hacer que los dos procedimientos se estimularan mutuamente.

El concepto habla de un proceso donde se critican las relaciones sociales de dominio, como el nacionalismo, el sexismo o el racismo; estudia como éstas se normalizan en los discursos sociales y en las formas de gramática cultural, y propone cómo cuestionarlas. Tiene la intención de quebrantar la normalidad y la pretendida naturalidad del orden imperante mientras cuestiona la legitimidad del poder abriendo el espacio para las utopías. Al mismo tiempo que critica esa no-cuestionabilidad de lo existente, pretende transformar los discursos cerrados dominantes en situaciones abiertas, cuestionando la normalidad mediante un inesperado factor de confusión. De este modo, cada acción contemplada por sí misma constituye una forma momentánea de trasgresión y, a medida que los grupos políticas van abriendo espacios en vez de cerrarlos o fijarlos, se pueden ir formando nuevas alternativas a la sociedad actual.

Las autoras subrayan la importante relación que guardan el poder, el lenguaje y la subversión, así como entre el arte, la técnica y la política. Para analizar esos factores, toman como antecedentes la Internacional Situacionista, el movimiento del 77 de Italia, la Comuna I de la República Federal Alemana, los yippies, etc. Esos grupos nos llevan a nuevas reflexiones teóricas, que tienen como resultado la teorización de principios, métodos y técnicas de la guerrilla de comunicación, y que no pretende aplicar una forma correcta de una determinada práctica, sino defender la idea de esta guerrilla como una forma de enfrentamiento político.

Si tenemos en cuenta que recoge las contradicciones y las experiencias de sus propias vidas e invita a reflexionar y actuar de otra manera a partir de ellas, su carácter democrático se hace evidente. Unas acciones concretas pueden hacer tambalear el consenso hegemónico por unos instantes y dividir a la opinión pública burguesa en constelaciones cambiantes, no siempre previsibles, de personas atacadas, participantes y espectadores. Las personas atacadas se ven confrontadas con unas formas de resistencia que las llevan a situaciones inesperadas y poco controladas, mientras que los participantes involuntarias, los espectadoras y los indiferentes, se encuentran con una práctica social que no tienen que entender como un ataque frontal a su propia identidad, sino como una posibilidad de apertura a nuevos horizontes de reflexión. Así pues, no hace falta definir quién es el que actúa y qué proclamas y conceptos se encuentran detrás de cada una de las acciones: la crítica resulta de la propia situación.


¿Por qué “comunicación”?

Se habla de guerrilla de comunicación porque todos los conceptos y todas las formas de acción a las que se refieren las autoras están relacionados con procesos de comunicación social, ya sea por parte de los medios, como la comunicación en el espacio público o social, etc. Cobran importancia las formas cotidianas de comunicación cara a cara y las estructuras sociales de comunicación en las cuales se producen y reproducen continuamente las relaciones de poder. Actuar de forma diferente a lo previsto dentro de estas estructuras de poder de la comunicación, sustraerse a determinadas formas de comunicación y de diálogo, puede constituir una crítica clara y eficaz de estas estructuras de poder ficticiamente normales. En algunas situaciones, el intercambio aparentemente razonable de argumentos puede ser expresión de aceptación de dichas estructuras, al articular una crítica dentro del margen de las estructuras de comunicación preestablecidas solo se ayuda a estabilizar y legitimar, precisamente, las estructuras que se quiere criticar. Lo importante no sólo es lo que se critica, sino también el cómo se critica.


¿Por qué “guerrilla”?

La metáfora de la guerrilla no está elegida al azar. Ésta no opera desde una posición visible como un ejército oficial, sino desde las sendas accidentadas y perdidas, alejadas de los grandes espacios. La guerrilla no necesita de muchas personas, aunque sí que depende de la complicidad o, por lo menos, de la tolerancia de la población. Su táctica se basa en el conocimiento del terreno, actúa de manera local y en momentos puntuales. Las guerrillas operan desde la clandestinidad y para evitar su captura se trasladan de sitio; no se prestan a la lucha abierta, puesto que tendrían pocas posibilidades contra la superioridad de las tropas ordinarias. Trasladado al proceso de comunicación, eso significa que se escapan del margen preestablecido de estructuras de argumentación y tienen sus propias ideas de lo que es o no es conveniente. Cuando la guerrilla vence, deja de ser guerrilla, es decir, en ese momento deja de ser aplicable la metáfora, ya que el concepto no sirve para imponerse en un sentido militar, sino para preparar el camino a una utopía del estado perfecto o el no-estado. De hecho fue Umberto Eco el primero en acuñar el término, cuando hablaba de unos intentos de crítica de los discursos dominantes no basados en la argumentación y en la agitación. De manera parecida a esa guerrilla semiológica que él propone, la guerrilla de la comunicación representa un uso e interpretación discordante de los signos.

En los ambientes culturales y políticos tanto dominantes como subculturales se encuentra actividades y posturas parecidas. El término alemán Spassguerrilla, verbigracia, sirve de influencia para las autoras aunque cuestionan la importancia ese divertimento del nombre, tan en boga últimamente. Aún así, no creen que sea del todo inútil para la política de izquierdas.

Esta subversividad se adopta en muchas facetas de la vida. Las expresiones “terrorismo cultural” o “terrorismo artístico”, por ejemplo, juegan con la paradoja de mezclar campos de acción como el arte y la cultura con el concepto de terrorismo. En EEUU y Canadá se habla de culture jamming o interferencia cultural y de monkey wrenching (o llave ingles) para hablar de actos de sabotaje materiales a veces combinados con intervenciones de la guerrilla de la comunicación.

Mientras que la militancia militar y el sabotaje apuntan a una interrupción del canal de comunicación, la guerrilla de la comunicación entiende las formas mismas de la comunicación como prácticas de dominio; utiliza las estructuras del poder tergiversando y apropiándose de sus signos y códigos. Las autoras del texto se intentan separar los actos de sabotaje (daños materiales) y de una política emancipatoria de contrainformación, pero son conscientes de que ambos juegan de una u otra manera en muchas de las acciones relacionadas.


Gramática cultural y subversión

Las autoras se preguntan cómo es posible que la gente acepte con tanta naturalidad las múltiples relaciones de poder y de dominio y porque nadie las cuestiona.

Desde diversas instituciones se intenta que desde pequeños aprendamos como integrarnos y someternos a las relaciones de poder y dominio. La escuela es un buen ejemplo. Muchos conceptos de la ideología dominante ya están presentes en las materias que se tratan. Se enseña la teoría dominante respecto a la historia, los conocimientos generales necesarios, el sistema social de valores y normas… Más allá de estos contenidos, se guía en un sentido mucho más amplio a los alumnos cómo integrarse en la normalidad de las relaciones de poder y dominio. Las autoras ponen ejemplos aún más concretos: aunque se pueda cambiar de vez en cuando el orden de cómo se sientan en clase, tienen que respetar las normas vigentes en cada momento. Se pueden poner las mesas en forma circular, pero la autoridad seguirá recayendo sobre el profesor, lo que se demuestra por el hecho de que él puede levantarse, pasear y hablar con los alumnos cuando quiera, mientras que la libertad de acción de los alumnos en el espacio escolar está mucho más limitada. Se trata de un orden de comunicación frontal y unilateral que determina quién decide la manera de aprender (la profesora) y quién tiene que adaptarse (alumnos). Además las señales acústicas indican la secuencia exacta de las horas de clase. La conformación arquitectónica del centro también enseña muchas cosas: existen aulas de clase, sala de profesores, aulas prohibidas a los alumnos, sala de gimnasia, se divide a los alumnos por edad y conocimientos mediante exámenes y notas… La enseñanza está mediada por relaciones de poder muy definidas entre profesor y alumno. De este modo, no solo se restablece cada vez la autoridad del que manda sino también el mantenimiento del sistema de autoridad y subordinación como único camino posible para organizar las relaciones sociales. En el marco de las reglas y de las convenciones escritas y no escritas de la escuela, los que aprenden y los que enseñan practican diariamente unas conductas que sirven también en otros ámbitos sociales para mantener un orden basado en relaciones de poder. La totalidad de tales reglas se llama “gramática cultural”; ésta produce y reproduce el poder y el dominio y normaliza formas de comunicación jerárquicas. En la sociedad, al contrario que en el colegio, ésta no se respeta sólo por imposición externa, sino también por interés propio.

Otro ejemplo son las reuniones de asociaciones. El presidente dirige el orden del día, lo que pone de manifiesto que tiene una posición destacada frente a los demás. Así pues, se hacen aceptables unas estructuras sociales jerárquicas, puesto que ésta es una manera normal de organizarse. En una conferencia, todos los participantes tienen claro que el/la ponente posee un nivel de autoridad que determina los temas a discutir y al/a que corresponde el derecho a hablar en solitario en la primera mitad del acto. Además, solo se considerará que los espectadores actúan de manera correcta si están sentadas en dirección hacia la ponente, están calladas y prestan atención.

En los actos electorales con políticos de diferentes partidos pasa casi lo mismo y muestran lo que para las autoras es un elemento central de dominio democrático-burgués, y es que su potestad no se basa sobretodo en la utilización abierta de la fuerza por parte del estado, si no en la producción de consenso. Con un número muy grande de acciones, se mantiene la ficción de que el consenso es producto de una comunicación de igualdad (o de diálogo con los ciudadanos) entre los gobernantes y los gobernados. Al mismo tiempo se asegura el funcionamiento sin sobresaltos de esta dominación por el modo en el que se produce esta supuesta comunicación. El acto electoral sería equivalente a la rueda de prensa si no se eliminara el turno de preguntas. Eso se da porque, en el fondo, el contenido de esa conferencia política no tiene gran importancia para mantener esa ficción sobre el mantenimiento de consenso entre iguales. En el fondo, el mensaje que se intenta dar es que vivimos en una democracia parlamentaria donde todos tienen el derecho a expresarse libremente mientras lo hagan de una manera acordes con las reglas vigentes en este tipo de actos, y siempre que en lo referente al tema y la elección de sus palabras se atengan a las convenciones socialmente aceptas. Esto pero, no sirve de nada, ya que al estar los temas de discusión predeterminados y limitados por el marco formal en el que se dan, el derecho a la libre expresión ha quedado sin efecto. Las autoras sugieren, que en lugar de intentar, de un modo ridículo, demostrar que estos actos son una posibilidad de comunicación, se tomen como una escenificación de autoafirmación y demostración de poder, ya que es lo que son.

Es importante saber que los espectadores de estos actos no viven estos hechos inconscientemente. La mayoría saben perfectamente que se trata de afirmar la gramática cultural, es decir, se trata de ver y ser visto, de actuar. En este marco preestablecido se trata de ponerse en escena de la forma más favorable para desempeñar tanto el papel beneficiario como el de espectador en el espectáculo del poder. La participación en este ritual, regulado por la gramática cultural, le permite al público no sólo reparar en su vigencia, sino también participar en las relaciones de poder


¿Qué es la gramática cultural?

Utilizando la metáfora de la gramática, que es un sistema de reglas que se aprende inconscientemente y determina el uso y la interrelación de los elementos de los enunciados lingüísticos. Se llama gramática cultural al sistema de reglas que estructura las relaciones e interacciones sociales. Se refiere a la totalidad de códigos estéticos y reglas de comportamiento que determinan la representación de los objetos y el transcurso normal de situación de un modo socialmente conveniente. El concepto sirve para ordenar los rituales que se dan constantemente en todos los niveles de una sociedad. Comprende las divisiones sociales del espacio y del tiempo, que determinan las formas de movimiento y las posibilidades de comunicación. Mientras que la gramática “lingüística” no está cerrada a que ciertas expresiones coloquiales, palabras de argot, etc., ocurre lo mismo en esta gramática, que es capaz de cambiar. Aparte del consenso acerca del buen comportamiento en la vida privada y en el espacio público, existen formas de autorrepresentación, de escenificación, subculturales y específicas de determinadas clases sociales que no dejan de influirse mutuamente.


Gramática cultural y poder

Que la gramática sea flexible no implica que sea neutral, ni transformable, un utilizable, ni accesible. Es una expresión de las relaciones sociales de poder y dominio, por lo tanto sus reglas juegan un papel fundamente en su producción y reproducción. Como estructura interior penetra todo el espacio social y cultural, tanto público como privado. Le da al ser humano la posibilidad de orientarse en el espacio social: facilita indicaciones para actuar, pone a su disposición tipos de interpretaciones de situaciones, lugares, textos… Aún así, estos no son fijos, ya que cambian según el contexto, y será necesario comprender los diferentes contextos para comportarse de un modo “normal”.

El semiólogo Roland Barthes expresa muy bien como la gramática se ha convertido en un hecho aparentemente. Para él, la diferenciación entre significante y significado es importante para hablar de signos y gramática cultural. Para que esta funcione se tienen que distinguir dos sistemas semiológicos: en el primero, los significantes tienen una significación manifiesta expresada a través del lenguaje, o sea un significado. De la relación entre ese significado y el significante se extraerá un sentido. En este primer sistema, la reunión de una asociación tendría el objetivo de regular de modo racional y efectivo los asuntos de dicha asociación. En el segundo sistema, la reunión se convierte en pura y mera forma, o sea en un significante. Lo único que importa es que la reunión transcurra de manera ordenada siguiendo las reglas de la gramática cultural, es decir, que la gente asista con vestimenta apropiada, que todos se comporten según el estatus, etc. En este segundo sistema semiológico (sistema del mito), la reunión de la asociación equivale a la necesidad de aceptar el poder y de regular los procesos sociales de forma jerárquica. Los significantes del sistema mítico expresan la normalidad de las relaciones imperantes, y, por lo tanto, la legitimidad del poder y del dominio.

Resumiendo, la gramática cultural forma parte de una mitología de la cotidianidad donde el poder y el dominio son presentados como normales. Esta mitología está integrada en la vida humana, tanto que casi nunca se cuestiona. Es difícil pensar alternativas a las jerarquías y las relaciones de poder existentes en las formas de comportamiento cotidianos, ya que la gramática no sólo somete a los seres humanos a las relaciones imperantes, si no que también les ofrece propuestas de identificación. Aceptar esas propuestas nos abre la posibilidad de ejercer el poder por lo menos un instante.


Breve digresión sobre el poder, el dominio y la hegemonía

En una sociedad capitalista compleja, coexisten relaciones manifiestas de dominio y formas de ejercer el “poder del pequeño” que se dan a todos los niveles de la sociedad. Ambas se contradicen y se estabilizan mutuamente.

El poder no sólo funciona por la aplicación de la fuerza sino también mediante ofertas de identificación. Cada uno ayuda a mantener este poder a partir de intentar ascender en su posición con respecto a aquellas personas que se encuentran en una situación peor. El concepto de “hegemonía” de Gramsci puede aplicarse a la manera en que se ejerce y se mantiene el poder en las sociedades burguesas desarrolladas.

El dominio de la clase dominante no se basa exclusivamente en su acceso a los medios de producción, sino que se produce y se reproduce esencialmente al nivel de la superestructura, de la ideología.

La capacidad de integrar contradicciones sociales y culturales pone de manifiesto lo que Gramsci denomina “hegemonía de la clase dominante”. La hegemonía no sólo se produce en el nivel verbal-discursivo sino también a través de cómo las normas sociales determinan la vida cotidiana de la gente, en el nivel de la gramática cultural. Las formas culturales constituyen unos elementos es enciales de la reproducción de las relaciones sociales imperantes y son muy importantes para su mantenimiento.


¿De qué cultura hablamos?

La idea de que la cultura se desarrolla en segmentos sociales delimitados no es sino ideología (burguesa). La cultura abarca todas las formas de expresión humanas, las atribuciones de significación, las acciones y los productos de la vida cotidiana. El concepto de cultura tal y como lo vemos aquí describe una determinada visión del modo en como la gente aplica, utiliza e interpreta las normas, exigencias y posibilidades dentro de un espacio social.

Si suponemos que la cultura atraviesa la sociedad, ya no es posible considerar la cultura y la política como ámbitos separados. Un cambio de las formas culturales comporta también implicaciones políticas. Por tanto esto significa que toda la acción política está dentro de los ámbitos culturales.

La política está presente en todos los ámbitos donde se negocia la reproducción y la estabilidad de las relaciones de dominio. Por ejemplo, sería un desplazamiento de la gramática cultural cuando una secretaria le preguntara de forma terminante a su jefe la razón por la que llegó tarde; este desplazamiento no sería solo a nivel cultural sino que también lo sería a nivel político.


¿De qué subversión hablamos?

Quién utiliza las ideas de la gramática cultural de una forma creativa puede usarlas para sus propios fines, puede tergiversarlas o incluso tomar la voz del poder para conseguir cambios. Cada acción requiere un punto de conexión con las personas a las que se dirige para tener la opción de que el público quiera dejarse convencer o informar.

Para poder criticar o atacar las dimensiones políticas de la gramática cultural de los dominantes primero hace falta descifrarlas. Las acciones de guerrilla de la comunicación sólo funcionan si vienen precedidas por la comprensión de las estructuras del poder. Por ejemplo, una manifestación en contra de la xenofobia convocada por el gobierno puede verse como una forma de consenso entre “pueblo” y “poder”.

En esta guerrilla del poder apuestan por acciones que destruyan los momentos estéticos del poder y que alteren las reglas de la gramática cultural. Puede ser que estas acciones se entiendan como puro espectáculo, pero ese no es el objetivo. Unos buenos conocimientos de la gramática cultural protegen de caer en la trampa de la arbitrariedad.

La lucha social y política debería ser una lucha “por otra realidad en la que se puede experimentar y sentir algo por lo cuál aún mañana valga la pena seguir luchando”.


Estrategia y táctica

Las reflexiones acerca de la guerrilla de la comunicación se basan en un concepto político que parte de que los cambios sociales son obra de las acciones de todos los individuos.

¿Cómo manejan los sujetos las normas sociales? Certeau analiza esta relación entre sociedad e individuo con los conceptos de “estrategia” y “táctica”, considera la cultura como un campo de tensiones a menudo violentas donde se legitima, se desplaza o se controla el derecho del más fuerte.

La estrategia del poder consistiría en dirigir las relaciones de fuerza y determinar y ocupar los espacios sociales y sería el modo utilizado por los grupos hegemónicos, vinculados al poder.

La táctica sería el cálculo que no parte de una base fija sino que sólo dispone del terreno del otro para actuar. Este sería el plan de acción de los grupos minoritarios, oprimidos que quieren cambiar el funcionamiento del poder. Esta tergiversación o reinterpretación de los presupuestos estratégicos mediante tácticas cotidianas es un principio fundamental de la guerrilla de la comunicación.

La “estrategia de las tácticas” subversiva se trata de valerse de las tácticas que los individuos utilizan para sobrevivir cotidianamente, hacerlas conscientes y articularlas de manera políticamente efectiva.


Lugares y espacios

Según lo planteado por las autoras, la gramática cultural también encuentra un terreno idóneo para su expresión e implantación en los lugares y espacios. Los edificios e instituciones cuentan con una significación concreta (dependiente de la utilidad que se les adjudica) y una función simbólica (poder político, valores culturales, publicidad…).

Los edificios representativos constituyen una ocupación simbólica del espacio público que, además, es percibida como tal. En casos como la llamada “Zona cero” de Nueva York, la ausencia de los edificios derribados, el propio espacio (en su dimensión más literal) posee un apabullante simbolismo, alentado, utilizado y aprovechado por el poder establecido. La arquitectura, en concreto, se ve mediada por el Principio de estetización del poder, guiado durante la edad moderna por un afán de intimidación (los grandes edificios públicos debían ser fieles representaciones de ese poder institucional) y derivado en un intento de armonización en la arquitectura posmoderna. Las nuevas construcciones, lejos de negarse a sí mismas como instrumentos del poder, suavizan sus aristas y tratan de integrarse en el paisaje (habitualmente urbano). Espejos de un poder inocuo aunque inevitable. De nuevo, regresando al ejemplo antes mencionado, los proyectos diseñados para reemplazar a las Torres Gemelas, contrastan claramente con aquellas en ese punto.

La significación de un espacio público tiene también sus efectos concretos sobre las posibilidades de la gente de moverse dentro de dicho espacio. Existen espacios diseñados para permitir reuniones numerosas y otros cuya propia naturaleza las dificulta. Lugares destinados a actividades, en principio, políticamente inocuas, como los palacios de deportes, son capaces de acoger, con el beneplácito del poder, a millares de individuos. Sin embargo existen emplazamientos, normalmente relacionados con ese mismo poder, que parecen concebidos para alejar posibles concentraciones.

La guerrilla de la comunicación pretende romper con la estetización de los lugares públicos y repolitizar los espacios sociales y culturales, haciéndola visible y atacándola a nivel de la forma exterior, para evidenciar y convertir en objeto de reflexión las estrategias de conservación del poder.

En definitiva, las acciones de la guerrilla de la comunicación tratan de dar a entender algo en el espacio público y de cambiar este espacio “ocupado y escenificado” llenándolo con nuevas asociaciones.


Nombres múltiples

Un nombre múltiple es aquel que cualquiera puede utilizar. Se asocia con el cuerpo de una persona, en principio, imaginaria. Se convierte así en un significante con fuerza (Buda) al vincularse con una práctica determinada, reconocible y limitable (budismo).

La práctica de los individuos singulares cobra fuerza a través del mito colectivo y al mismo tiempo lo reproduce. El individuo, al utilizarlo, participa del cuerpo colectivo y de la fuerza de una masa invisible.

Otras formas de organización más recientes (proletariado) siguen la separación burguesa entre individuo y práctica colectiva. El colectivo se vuelve abstracto y jerárquicamente administrado, residiendo la fuerza en unos pocos, que ofician de líderes (organizaciones sindicales).

En definitiva, el nombre múltiple supone un ataque a los conceptos modernos de subjetividad e identidad burguesas, demostrando que son ilusiones ajenas a la naturaleza del ser humano.

Un ejemplo ilustrativo de nombre múltiple es el del “Subcomandante Marcos”. Se trata de la reconstrucción del principio de líder revolucionario (partiendo del propio rango y fundamentalmente sustentado en su imagen indiferenciada). No es más que un signo vacío, no posee identidad ni imagen reconocida, lo que permite que su lugar pueda ser llenado con innumerables historias y leyendas. En manifestaciones por las calles de Ciudad de México, decenas de miles de personas han coreado en alguna ocasión la frase “Nosotros también somos Marcos”.


Aportaciones recibidas[editar]

Aportación Nº 1

Hegemonía y resistencia

Distinción entre Dirección política y dirección intelectual

Gramsci utiliza el concepto de hegemonía para referirse a un orden social estratificado en el cual los miembros de la sociedad acatan normas mediante la interiorización de sus valores y de la aceptación de estos como naturales. Para explicar esta idea Gramsci hace una distinción entre la dirección política y la dirección intelectual y moral;

La dirección política representa el momento de la fuerza, el momento de la coerción (denominada función de dominación)

· La dirección intelectual y moral representa el momento del consenso o de la aceptación ( denominada función de dirección)

La diferencia entre la función de dirección y la función de dominación está en la diferencia entre dominación y hegemonía; En algunos momentos predomina la fuerza, sobre todo en tiempos de crisis, lo que significa que se ha debilitado el consenso; y en otros, predomina el consenso, lo que significa el debilitamiento de la fuerza.

En la relación hegemónica encontramos acciones coercitivas, pero predomina la dirección sobre la dominación.


El papel de los medios de comunicación: Entre la expansión hegemónica y la resistencia.

En las culturas occidentales, muchas personas consideran que la tecnología esta borrando las diferencias culturales ya que nos propone cada ves más productos y valores homogéneos, relacionados con el sistema capitalista y la sociedad de consumo. Sin embargo, si bien las sociedades con mayor poder imponen normas, nos muestran una “realidad” y utilizan los medios de comunicación masiva como forma de interiorización de normas y valores. Hay que considerar que las tecnologías permiten que otros grupos sociales puedan expresarse y organizarse. Asimismo, permite conocer “otros mundo y otras realidades a la occidental”, pero la visión positiva de los medios de comunicación se encuentra mermada porque no todas las personas pueden acceder a las nuevas tecnologías de la información y porque los medios de comunicación masiva normalmente están controlados por el poder hegemónico, reduciendo el poder de actuación de la oposición a actos y/ o espacios puntuales.

Como hemos visto en la exposición sobre el tema, la hegemonía tiene diferentes modos de resistencia activa,(como las guerrillas de la comunicación), a continuación detallaré otros modos “sutiles” de resistencia;

· Las llamadas “armas de los débiles” consiste en la utilización de estrategias indirectas de resistencia, que se basa en pequeñas acciones de oposición, un ejemplo: los viajes en trenes, los valores hegemónicos indican que hemos de pagar por el servicio un precio determinado, en general la gente acepta esta norma y paga, asimismo podemos ver campañas publicitarias que promueven el “civismo”( apelando a la dirección ) y si las medidas no son acatadas encontramos los medios coercitivos ( dominación) como las multas . No obstante, el no pagar el transporte (o pagar menos) podría constituir una forma indirecta de resistencia a la norma hegemónica.

· Estrategias disimuladas de resistencia publica (trascripciones ocultas) : La resistencia a la norma social puede expresarse mediante rituales, y lenguajes públicos como las metáforas, eufemismos y cuentos populares. Las transcripciones ocultas suelen ser expresadas públicamente en momentos puntuales (como en festivales o carnavales) y en ciertos espacios (por ejemplo plazas).

Las estrategias disimuladas de resistencias publica suelen expresarse abiertamente cuando los oprimidos tienen la posibilidad de unirse, ya que los miembros del grupo oprimido pueden ver que el sentimiento de oposición a la norma hegemónica es compartido y actuar colectivamente. Dadas estas circunstancias, los grupos hegemónicos suelen intentar mantener separados o incomunicados a las personas con un pensamiento que no es acorde a la norma. A pesar de las medidas tomadas muchas veces los grupos se unen y mantienen la resistencia. En las sociedades actuales, las nuevas tecnologías han avanzado y son fácilmente asequibles y los intentos de la incomunicación se hace cada vez más difíciles puesto que el móvil e Internet pueden ser utilizados como medio de reunión , protesta o contra información.

· Carnavales como medio de expresión de discursos antihegemónicos (esto incluye habla, gestos, temas y acciones). Los carnavales pueden convertirse en una crítica poderosa de la dominación y la hegemonía debido al anonimato y su estructura de ritual. Recordemos que los carnavales suelen ser prohibidos en momentos de dictaduras como en España, en Argentina y Uruguay. En América del sur las “murgas” río platenses son grupos de personas que se reúnen se visten de colores con un traje (o “levita”) que representa a los trajes viejos que los señores feudales no usaban y se los regalaban a sus esclavos. Realizan canciones y actuaciones teatrales irónicas o con la utilización de metáforas, habitualmente criticando las normas establecidas y bailan de forma “ritualistica” totalmente contraria a los cánones de belleza del baile.


Nos ha parecido muy interesante esta aportación dónde se nos habla de dos buenos ejemplos de guerrilla de la comunicación o resistencia a las normas establecidas. Queda patente que cualquier acto que vaya en contra de la hegemonía dominante puede ser considerado como revolución contra el sistema impuesto. La guerrilla de la comunicación es partidaria de cometer este tipo de actos con el fin de desobedecer lo impuesto y para que la sociedad se haga eco de que las cosas no van tan bien como nos quieren hacer ver. Quieren provocar una conciencia colectiva de descontento con las normas para poder cambiarlas.


Aportación Nº 2

El poder y las guerrillas de comunicación

El poder se encuentra en todas las sociedades y se manifiesta en todos sus estratos sociales. Éste va asociado a una ideología que, tal y como la definió Marx, pasa a ser el sistema de ideas y representaciones que domina el espíritu del hombre o un grupo social.

Althusser destaca la implicación ideológica del poder en distintas instituciones como son la escuela, la familia, la religión, la política, la información, la cultura…

Otro autor que habla sobre ideología y poder es Thernborn que en su libro "La ideología del poder y el poder de la ideología" distingue seis tipos de ideologías que operan en las sociedades democrático-burguesas, estas formas son:

- Adaptación: aceptación permitiendo que los poseedores del poder sean obedecidos ya que los dominados piensan que ellos tienen otras cosas más importantes en las que pensar que en su subordinación y en la posibilidad de otra alternativa.

- Inevitabilidad: aceptación del poder ya que no tienen en cuenta que la situación puede cambiar.

- Representación: situación en la que los reprimidos creen que los opresores dominan a su favor considerando el contexto como favorable.

- Deferencia: creencia de que los dominadores son superiores a los dominados y que por tanto sólo ellos poseen cualidades para ejercer el poder.

- Miedo: surge en situaciones de fuerza y violencia. Provoca que la persona relacione la resistencia con la muerte y la obediencia con la vida, teniendo como consecuencia la elección de la segunda opción.

- Resignación: sumisión que proviene de las creencias de que una elección mejor no es posible. A pesar de que Thernborn nos habla de dominación política, a continuación intentaré hacer un símil entre los tipos de dominación política explicados anteriormente y el caso de una mujer maltratada por su marido:

- Adaptación: la mujer soportará la situación dando mayor importancia a otros aspectos de su vida como la relación con sus hijos, amigos…

- Inevitabilidad: la mujer no conoce otro tipo de alternativa como sus derechos legales y esto le conduce a una obediencia ciega ante su marido.

- Representación: la mujer piensa que si sufre maltrato es porque ha hecho algo malo creyendo que el marido sabe lo que hace.

- Deferencia: la mujer se siente inferior al hombre ya que es el sexo dominante. Por tanto, cree en su capacidad para dominarla.

- Miedo: el pensar que puede ser apalizada provoca que la mujer se subordine a las exigencias de su marido.

- Resignación: como la mujer cree que sin el marido no podrá tirar adelante (sobretodo en el caso de una dependencia económica) se resigna a seguir en la situación actual. Para corregir estas situaciones de mal uso del poder, tenemos elementos en los que apoyarnos. Uno de ellos es la guerrilla de comunicación que pretende cambiar lo ya establecido evidenciando, mediante diversas técnicas, los fallos existentes y así conseguir una nueva realidad.


Es muy interesante la manera de ejercer el poder, y que tenga tanta continuidad en una sociedad como la nuestra. En el texto nos hablaba de cómo se enseña el poder ya desde la escuela, desde bien pequeños. En la escuela te educan en un sistema jerárquico, donde los de abajo (estudiantes) obedecen ciegamente a los de arriba (profesores, director...). Desde ese momento continuamos viviendo en pequeños submundos jerárquicamente organizados y con un gran control del poder. Tienen poder unos pocos, por lo general. Esta aportación que nos ha hecho un estudiante es muy interesante en cuanto que nos explica la manutención del poder y cuáles son las condiciones que nos llevan a asimilar y continuar con el poder que nos imponen. La guerrilla de la comunicación trata de que este poder no sea centralizado, que todos podamos cambiar la situación con actos contra el poder, como hemos explicado anteriormente.


Aportación Nº 3

Ideología, política y medios de comunicación.

“La democracia consiste en poner bajo control el poder político. Es esta su característica esencial. En una democracia no debería existir ningún poder no controlado. Ahora bien, sucede que la televisión se ha convertido en un poder político colosal, se podía decir que potencialmente, el más importante de todos, como si fuera Dios mismo quien habla. Y así será si continuamos consintiendo el abuso. Se ha convertido en un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna democracia sobrevivirá si no pone fin al abuso de ese poder... Creo que un nuevo Hitler tendría, con la televisión, un poder infinito”. Karl R. Popper.

La comunicación en la política implica hablar de ideología, por lo tanto exige remitirse a sistemas de creencias o sistemas de representación que tienen como función reproducir sistemas de dominación (de la dominación, que se ejerce para generar y mantener la desigualdad, las desigualdades). Ésta implica también hablar de procesos de significación que remiten a su construcción discursiva para poder constituirse socialmente.

La ideología pretende mantener unas determinadas dominaciones/ desigualdades y para ello se vale - en la elaboración del discurso - de estrategias de construcción simbólica que a su vez resultan funcionales para los modos de operar típicos de las ideologías, para sus exigencias estratégicas centrales. Defender una situación de dominación, de desigualdad, exige presentarla como legítima y para legitimarla es necesario describir esa realidad como racional, o como universal o como formando parte de una narración, de un gran relato histórico.

Damos por supuesto que existen personas, grupos o instituciones que, al estar interesados en mantener situaciones de dominación son emisores de discursos ideológicos que pretenden legitimarlas. Los canales por los que se produce la transmisión de esos discursos son diversos. Consideramos indiscutible que uno de los principales es el de los medios de comunicación o “mass-media”. La pregunta que nos hacemos aquí es cómo y qué se canaliza a través de los medios de comunicación en los procesos de transmisión ideológica.

Sin duda alguna los medios de comunicación masivos son hoy muy poderosos, tanto por las nuevas tecnologías empleadas, como por su fácil difusión y eficaz penetración en lo más íntimo de los hogares y de las conciencias. También, por el amplio tiempo que absorben la atención de los que los usan. Por todo ello, se han convertido en un instrumento no sólo de información sino también, les guste o no, lo acepten o les pese, en instrumentos preponderantes de formación de la gente. Casi todas las personas, sean niños, jóvenes o adultos, son receptáculo de la formación que imparten a veces, muy sutilmente, con toda la fuerza que les presta la imagen, el sonido, la música, el arte y la misma inteligencia de quienes los dirigen y originan. Incluso influyen en la cultura popular, los mismos espacios de anuncios y publicidad.

El desarrollo tecnológico de las comunicaciones ha hecho que vivamos una cultura mediática, tanto en las relaciones sociales como en las políticas. Los sistemas de comunicación e información han privilegiado a los medios, esto hace que en realidad los problemas comunicacionales respondan fundamentalmente a intereses concretos de sectores de poder político. El Estado, o quien tiene en sus manos los poderes del Estado, para desarrollar sus programas y políticas económicas, sociales, etc., en correspondencia a sus intereses han determinado un conjunto de orientaciones ideológicas que se difunden a través de los medios de comunicación. Este proceso antes se hacía a través de la escuela, la iglesia, la universidad, esos eran los centros más importantes por medio de los cuales se imponían las ideas al común de la sociedad; ahora todo es mucho más rápido, eficiente, y efectivo, según la perspectiva de los que imponen la ideología.

La imposición de ideas a través de los medios de comunicación (radio, vídeo, televisión, prensa, comunicación electrónica), realmente no responden a niveles de objetividad, no tratan de mostrar diversas posiciones y tendencias sobre determinados problemas, sino que tratan de imponer o transmitir sutilmente una ideología u orientación política bien definida. Este tipo de democracia consiste en la competencia de todos los partidos, gobiernos y actores políticos en capitalizar el poder y el lugar central de los medios, en especial la televisión.

La televisión ha asumido en muchos casos el lugar de las fuentes mas tradicionales de información, el de proveedor de la información sobre la política y el gobierno. Dada su influencia nacional y masiva, la televisión se convierte en una fuerza de configuración de la opinión publica y en un importante intermediario entre los dirigentes y líderes políticos y el publico en general. Actualmente podemos observar como el éxito de un gobierno y sus posturas ideológicas pueden medirse como en el caso de la televisión en términos de audiencia. Uno de los factores que causan este fenómeno es que como las audiencias masivas no están particularmente interesadas en las actividades de los políticos y el Gobierno, los medios han de construir sus noticias de tal forma que parezcan mas interesantes para la audiencia. Para conseguir este objetivo enfatizan dramas y conflictos, se concentran en actividades concretas y no abstractas, personalizan las noticias o reducen asuntos complejos a simples historias con moraleja.

Podemos decir que la “democracia” o ideología centrada en los medios de comunicación esta causando una personalización de la política. Los partidos sacan al frente a oradores o líderes especialmente atractivos en imagen. Con el tiempo, los votantes pueden llegar a considerar al partido como un conjunto de unos cuantos individuos atractivos, fenómeno que puede hacer cambiar a los partidos y sus ideologías al mismo tiempo que su relación con los votantes.

Sin duda, la comunicación y sus distintas orientaciones hoy han cobrado gran relevancia. Esto, porque nos encontramos insertos en un mundo global, donde el estar conectado es sinónimo de información y donde los medios de comunicación son nuestras principales herramientas.

También han ocurrido cambios importantes en el acontecer político, puesto que hoy las grandes ideologías han caído (gobiernos populares, con grandes movilizaciones, los sindicatos con llamativa representatividad), las convicciones acerca de ser capitalista o comunista hoy no tiene gran notoriedad y eso conlleva a que otras manifestaciones tengan más realce.

Es así como se ha dado hoy cabida a la comunicación política, al marketing político y a la imagen, en general, superponiendo a la televisión, como medio más importante para conocer la realidad política. Hoy, no da lo mismo como se visten los políticos, los colores que ocupan, los contenidos de los mensajes, su carisma.

Para terminar, queremos señalar que esta relación de los medios con la política, es un proceso inevitable, y debe vivirse como tal, sin excesos y sacando de cada información aquello que consideramos importante. Cada uno es responsable de su elección.


Esta última aportación nos hace ver cómo la política y los medios de comunicación tienen una relación tan amplia que es difícil ser objetivo. Tanto televisión como radio como prensa escrita, etc dan su visión de los hechos que pasan en el mundo, su propia visión de la realidad. Esto que hace que nos planteemos cuál de todas las versiones de una misma noticia es la correcta, cuál es más objetiva, cuál está tratada con más madurez periodística. Es difícil encontrar una visión objetiva en los medios de comunicación, ya que cada uno (cada cadena de televisión, por ejemplo) pertenece a una ideología distinta y aborda las noticias de la manera más conveniente para que encaje en ésta. Tenemos que tener una visión crítica y no creer exactamente lo que nos dicen los medios de comunicación, ya que están terriblemente manipulados y nos harán ver lo que quieren que veamos.


Opinión[editar]

Gramática paradójica

Un aspecto a tener en cuenta con respecto a lo planteado por las autoras es que todo su discurso se ve sometido a las mismas normas descritas para la gramática ejercida desde el poder. En relación a muchos de los lectores, el punto de vista de profesionales de la sociología, la antropología, la semiótica o la psicología constituye una afirmación del poder, en este caso intelectual. En la pugna sostenida por la gramática dominante y estas otras gramáticas, las estrategias utilizadas pueden llegar a converger. Desde la perspectiva de un profano o de un estudiante, por ejemplo, la autoridad de las autoras en tanto que “expertas” puede resultar coercitiva en cierto sentido, imponiéndose sin la resistencia debida y ganando así parte del espacio que trata de arrebatar al discurso predominante.

Llevando a cabo el ejercicio crítico alentado por el texto, se perciben elementos en cierta medida inconsistentes. Las acciones de la guerrilla de la comunicación, tal y como se encuentran descritas, parecen destinadas a ejercer un mayor efecto del que razonablemente podría pensarse. Hasta qué punto una pintada, sea cual sea su contenido, en la fachada de un edificio público lleva a las personas que la observan a reflexionar sobre la significación del mismo es algo difícil de determinar. En cualquier caso, tal vez existan herramientas más adecuadas para hacer patentes dichas funciones simbólicas de los espacios.

Por otro lado, aquellas gramáticas que se encuentran en posición de disputar cierta parcela de poder a la predominante, suelen lograrlo a través de mecanismos similares a los utilizados por ésta. Ligadas, además, a otro tipo de poder. A medida que el equilibrio de fuerzas se acentúa, las gramáticas que tratan de imponerse desde una u otra posición también comienzan a compartir la hegemonía. En definitiva, si el proceso se culmina, existen muchas probabilidades de que la nueva gramática dominante se corresponda con los intereses de las nuevas fuerzas dominantes, perpetuando la vinculación con el poder.

Sin embargo, poner en cuestión los planteamientos del texto, de conllevar su descarte (o relativización) por parte del lector, supondría precisamente asumirlo por completo. Se pone de manifiesto, por tanto, que un espíritu crítico activo llevará, casi inevitablemente, a numerosas paradojas irresolubles.


Bibliografía[editar]

Blisset, Luther y Brünzels, Sonja (2000). Manual de guerrilla de la comunicación (2ªed). Barcelona: VIRUS ensayo


Casarini, Luca (2001). Informe de los Monos Blancos ante la comisión de investigación sobre los acontecimientos de Génova. Rebelión. Extraído el 1 de junio de 2006, de http://www.rebelion.org/sociales/monos011201.htm.


León, Osvaldo (2005). Movimientos sociales y comunicación. Voltaire.net. Extraído el 25 de mayo de 2006, de http://www.voltairenet.org/article123584.html.


Ramírez Cuevas-Masiosar, Jesús (2000). Praga: El cuerpo como arma de la desobediencia civil. La haine. Extraído el 1 de junio de 2006, de http://www.lahaine.org/internacional/pragaelcuerpo.htm


VVAA (2005). F.A.Q. sobre guerrilla de la comunicación y arte público. Insumissia. Extraído el 20 de mayo de 2006, de http://www.antimilitaristas.org/article.php3?id_article=1499


Escrito por: Jordi Barquero Hernández, Jordi González Guerra y Noelia Lázaro Cagigal .