Patología de la edificación/Estructuras de hormigón/Lesiones/Corrosión de armaduras

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Archivo:Corrosion de armadura.jpg
corrosión de armaduras

En primer lugar, hemos de distinguir entre oxidación y corrosión electroquímica. La oxidación se presenta en toda la superficie del acero, mientras que la corrosión se localiza en un principio en puntos que actúan como ánodos, dando lugar a la corrosión localizada aunque luego llegue a extenderse a toda la superficie formando la corrosión generalizada. Si la corrosión se presenta de forma puntual en la superficie del metal se denomina corrosión por picadura.

Los procesos de corrosión se caracterizan por la presencia de hidróxido de hierro, de una tonalidad rojiza y denominada herrumbre.

La corrosión generalizada se produce como un proceso que abarca a todo el metal que sufre el efecto corrosivo de forma homogénea y en toda su superficie, dando lugar a la formación de herrumbre con un incremento importante de volumen que se traduce en fuertes tensiones en el hormigón, ocasionando fisuración, disgregaciones y pérdida de adherencia del hormigón con las barras de acero.

Es importante señalar la influencia de la fisuración en el proceso de corrosión. La fisura supone un camino de acceso a la armadura de los agentes agresivos, en particular del anhídrido carbónico y de los cloruros, mucho más rápido que la estructura porosa de recubrimiento. El ancho de fisura tiene importancia en la iniciación de la fisuración y en la rotura de la capa de pasivación. Después de la despasivación, en anchos hasta 0,4 mm, el ancho de fisura tiene poca importancia en la velocidad de corrosión.

En líneas generales, para anchos pequeños de fisuras, es más importante para la velocidad de corrosión la reducción del recubrimiento que el ancho de la fisura.

En las fisuras transversales se dan a veces problemas de ‘cicatrización’ por relleno con polvo del ambiente. En otras ocasiones se produce una ‘autocicatrización’ por los productos de la corrosión y depósitos cálcicos. Las fisuras longitudinales son, naturalmente, más peligrosas que las transversales, ya que afectan a superficies mucho mayores de la barra.