Orígenes del Neolítico en Andalucía/Texto completo

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Orígenes del Neolítico en Andalucía
por es.wikibooks.org


Introducción

La revolución que Internet en la mayoría de hogares de las sociedades que cuentan con tal medio ha multiplicado el intercambio de opiniones y divulgación de la información a una escala inimaginable. Así, el presente trabajo sobre los orígenes del Neolítico en Andalucía pretende, por un lado, explicar tal fenómeno en esa zona, y, por otro, realizar una crítica sobre la información de libre acceso sobre tal fenómeno.

Una definición genérica del concepto de Neolítico extraída de la RAE indica que se trata del “último período de la Edad de Piedra, que supuso una revolución en muchos aspectos de la vida del hombre”, o bien que se refiere a aquello “perteneciente o relativo a este período prehistórico”. Como se puede observar esta primera definición del concepto dista bastante de lo que es, ha supuesto y significa la noción de Neolítico. Así, cabe reconocer que en el estado actual de la investigación conceptos como el citado “Edad de Piedra” están obsoletos, no solo en este caso por los caracteres peyorativos de salvajismo y tosquedad a los que está asociado, ni por la referencia errónea a la piedra como único y más característico elemento en la vida del hombre desde sus orígenes, sino porque su uso no abarcar solamente el Paleolítico y el Neolítico sino que se extiende mucho más dependiendo del lugar. Por otro lado, cabe decir que resulta incorrecto el concepto de “revolución”, pues hoy en día se sabe que ni en la zona peninsular ni en otros lugares donde tuviera extensión, ni el Neolítico ni cualquier otro fenómeno similar, tuvo una expansión repentina, radical, ni muchos menos violenta, es decir, caracteres presentes en revoluciones propiamente dichas, que nada tienen que ver con la lentitud y diversidad que están presentes en el fenómeno que se explica en este trabajo. Por último, hay que recordar que las consecuencias del proceso de neolitización no abarcan solamente la vida del hombre, también de la mujer, de niños y ancianos, es decir, tuvieron secuelas en la vida del ser humano.

En líneas generales actualmente se sabe que el Neolítico es mucho más que un periodo de la humanidad, y que tuvo una trascendencia de gran profundidad. Así, en primer lugar, produjo cambios en el abastecimiento de los recursos de subsistencia del ser humano, que pasó de obtenerlos directamente de la naturaleza a producirlos por sí mismo, lo que a su vez requirió un instrumental especializado, nuevas formas de organización y métodos alternativos de gestión de los recursos. Por otro lado, la domesticación tanto de plantas como de animales alteró el modo de vida de las antiguas comunidades cazadoras-recolectoras, que, habituadas al cambio constante de territorio, pasó a reducir cada vez más su movilidad hasta una implantación casi definitiva en el mismo, que bien podía prolongarse hasta el agotamiento del suelo. Mientras que otros caracteres más genéricos, apuntan por otro lado, al surgimiento de diferencias tanto sociales como sexuales, que inciden, de una parte, en la especialización y división del trabajo, y de otro, a los inicios de la exclusión de la mujer al ámbito doméstico.

Igualmente es sabido que los caracteres neolíticos más tempranos se dieron en zonas de Oriente Próximo en torno al 15.000-10.000 a.e, distinguiéndose varias fases que comprenden momentos de familiarización y experimentación, hasta otros de consolidación de las actividades agrarias que muestran ya un conocimiento pleno y completo de las especies vegetales y animales. Tanto en el caso oriental como en el de Península Ibérica subsiste el debate sobre los orígenes de la neolitización. Y aunque el presente trabajo se ocupara de este proceso en la zona andaluza, cabe decir que las principales tesis genéricas sobre sus orígenes y extensión son tres: difusionistas, poligenistas o autoctonistas, y aculturacionistas.

Tradicionalmente el Neolítico en Andalucia se ha definido en función de la cerámica, así podemos encontrar la presencia del Neolítico Inicial, que va desde comienzos del sexto milenios hasta mediados del V milenio a.e, aproximadamente del 6000 al 4500 a.e, siendo característica esa fase por el uso de la denominada cerámica impresa, vasijas decoradas impresiones de diverso tipo. Además existe la cerámica cardial, así llamada porque la impresión se ha realizado empleando la concha de un molusco llamado Cardium edule (berberecho). Para el Neolítico Medio y Final, desde mediados del V mileno hasta el III milenio, entre 4.500 al 3.000 a.e. e incluso con alguna mayor pervivencia en determinadas zonas. (Durante esa fase predomino la cerámica a la almagra, con incisiones efectuadas cuando el barro está seco. La decoración a la almagra se consigue recubriendo el exterior de la vasija con un baño de óxido de hierro que le da, una vez seco, su típico color rojizo, localizándose este proceso también en cerámica del periodo anterior.

Teorías sobre el origen del Neolítico en la Península Ibérica

A través de la red podemos llegar a obtener información acerca de teorías de neolitización de la penísnsula Ibérica, pero en relación con páginas divulgativas como es el caso de wikipedia, observamos la ausencia de una explicación previa en torno a los inicios del Neolítico, describiendo en pocas líneas las características que ofrece el Neolítico con una economía productora basada en la agricultura y la ganadería, así como los avances en relación con la cultura material, definido por la piedra pulimentada y la cerámica, pero vemos como se ofrece en dicha página una información escaza.

También acudimos con la ayuda del buscador google a una página llamada Los Primeros okupas de Andalucía, siendo un espacio orientado a estudiantes tanto de educación Primaria, E.S.O o el bachiller, así como personas que tengan intereses en relación con esos temas que se abordan en el mencionado espacio web, ofreciendo contenido sobre los primeros habitantes de Andalucía, así como abordando temas en relación con el neolítico y también el fenómeno megalítico.

Si seguimos buscando información en la red también podemos destacar, el enlace que nos lleva a conocer el Parque Prehistórico de Málaga (Cueva de La Araña), en relación con la explicación que realizan sobre el Neolítico se continúa atendiendo principalmente a la <<revolución humana>> que supuso dicha etapa, con la aparición de la ganadería, la agricultura y la cerámica.

A través de los blogs se ofrecer una explicación a el proceso de introducción del Neolítico en la Península Ibérica, tal es el caso de Gonzálo Antonio Gil del Aguíla (abogado de Granada), quien muestra en su blog diversas teorías difusionistas, siendo el caso del modelo “ola de avance”, así como el “modelo dual”, en el cual comenta que se produce por la llegada de gentes de otras áreas del Mediterráneo mezcladas con la población indígena como origen de un modelo de neolitización mixto, en el cual los primeros establecimientos neolíticos se ubicaron en las costas. También en el mencionado blog se destaca la presencia del denominado modelo percolativo como teoría que intenta explicar que los intercambios entre poblaciones fueron el principal vehículo que permitió la propagación de la agricultura sin necesidad de desplazamientos de población.

En la conocida página web llamada ARTEHISTORIA, podemos encontrar también información sobre los orígenes del Neolítico en la Península Ibérica, planteándose que el modelo ola de avance ha sido aceptado como forma de explicar la expansión neolítica, aclarándose que es un modelo teórico, que ofrece distorsiones y variaciones locales y donde además se presupones que el nuevo sistema económico se fue extendiendo lenta pero ininterrumpidamente hacia Occidente a partir de los centros próximos-orientales, a razón de 1km por año, teniéndose en cuenta el crecimiento progresivo de la población y los movimientos que puede realizar tanto a larga como a corta distancia.

En buscadores como yahoo, nos encontramos con artículos como el denominado la clasificación cultural, periodización y problemas de compartimentación en el Neolítico de la Alta Andalucía, en el cual se refleja el estado del conocimiento actual sobre ese tema, partiendo de la discusión que se ha generado en relación con la clasificación que se puede realizar para las diversas etapas del Neolítico en ese lugar así como los yacimientos representativos para cada una de ellas.

En la red también podemos acceder a información que ofrecen diversos enlaces, así podemos acudir a los fondos de revistas, tales como: exponiéndose en las siguientes páginas el resultado que hemos obtenido de las mismas.

Uno de los aspectos que quizá llamen más la atención sobre el estudio del Neolítico en la Península Ibérica es la cuestión, aún abierta, sobre sus orígenes en esta zona. A pesar de los problemas que presentan la conservación de algunos materiales clave para el conocimiento profundo de las comunidades neolíticas, se han llevado a cabo numerosos trabajos a lo largo de todo el territorio, aunque destacando especialmente los llevados a cabo en las zonas valenciana y andaluza. A pesar de ello siguen existiendo numerosas reservas a la hora de llegar a un acuerdo; tampoco hay que olvidar que aunque los restos de esas sociedades puedan transmitir los hechos que han acontecido, en gran parte de los casos no explican el por qué.

Así, para la región peninsular se han barajado diversas teorías, pero ha sido el difusionismo la forma aceptada por gran parte de los investigadores para explicar la llegada de grupos neolíticos, defendiéndose ese enfoque a falta de pruebas que permitan establecer con seguridad un autoctonísmo. Respecto a ese último aspecto sólo un reducido grupo de investigadores/as planteado tesis autoctonistas, por ejemplo el caso de Pilar Acosta y Manuel Pellicer (1990), quienes se manifiestan decididamente autoctonistas, proponiendo para Andalucía Occidental un Neolítico no cardial, con predominio de cerámicas a la almagra, cuyo foco de origen sitúan en las sierras gaditanas a partir de las altas fechas radiocarbónicas obtenidas en las cuevas de Dehesilla, en Cádiz, y Chica de Santiago, en Sevilla, que se remonta a finales del VII milenio y comienzos del VI cal a.C. (Beatriz Gavilán Ceballos, Reflexiones sobre el Neolítico Andaluz, spal 6, 1997, página 24), el autoctonísmo en el marco a estudiar se podría definir pues como la capacidad de los grupos existentes en la Península Ibérica para desarrollar por sí mismos, sin influencia externa, la domesticación de especies vegetales y animales. Sin embargo esta idea ha perdido fuerza en la medida en que las plantas que fueron trabajadas no crecían de forma natural en la zona peninsular, por lo que forzosamente hubieron de ser traídas del exterior.

Son muchos los autores, entre ellos JAVIER FORTEA PÉREZ y BERNARDO MARTÍ OLIVER, que rechazan la existencia de un Neolítico Andaluz autóctono, pero es que la tesis de una autoctonía completa para el Neolítico de la Península Ibérica (y para el europeo) en sentido estricto no parece ser considerada firmemente por ningún investigador, a pesar del caso señalado anteriormente de Acosta y Pellicer.

El difusionismo ha sido utilizado como explicación en los estudios del Neolítico peninsular de forma prácticamente continuada a partir de los inicios de la investigación en el siglo XIX. En el caso de fenómenos como el megalitismo tuvo un rotundo éxito las explicaciones difusionistas hasta que las dataciones absolutas invalidaron ese proceso, algo que no ha ocurrido con el Neolítico europeo y desde luego con el peninsular.(Isabel Rubio, El paradigma difusionista y la neolitización de la Península Ibérica: una explicación recurrente, 1997). Las excavaciones de Arene Candide por L.Bernabó Brea en 1946 supuso un hito importante para los investigadores del Neolítico Mediterráneo. El autor italiano situaba el origen de éste en el Próximo Oriente desde donde se habría difundido por vía marítima, lo que representaría también los inicios de la navegación en esta área. En un principio Bernabó Brea aceptaba la dispersión por el norte de África, en 1956 descarta esta vía para ratificarse en la marítima, por lo que la neolitización llega a las costas de ambas márgenes del Mediterráneo central y occidental y desde donde se expandirá hacia el interior. (Isabel Rubio, El paradigma difusionista y la neolitización de la Península Ibérica: una explicación recurrente, páginas 7-8, 1997)

En el año 1984, Ammerman y Cavalli-Sforza (1986) publicaron su conocido modelo del “frente u ola de avance” (recordemos que ambos autores vendrían a recuperar las tesis difusionistas planteadas a principio de siglo, reforzadas por el trabajo de Bernabó en el yacimiento ligur de Arene Candide) para explicar la neolitización de Europa que presuponía la migración de gentes oriundas del Próximo Oriente a un ritmo determinado (25 km por generación) y significaba de algún modo, la revalorización de las tesis difusionistas. Es decir, con la expansión de una <<onda expansiva demográfica>> con el objetivo de interpretar la evolución de la variación demográfica de frecuencias genéticas actuales, de acuerdo con planteamientos conformados por el uniformismo metodológico sobre la tasa de mutaciónes genéticas. (Michael J.Walker, ¿Eran indoeuropeos o preindoeuropeos los primeros neolíticos en la península, Universidad de Murcia, página 8). Según este modelo la neolitización de Europa va acompañada de un flujo genético entre las poblaciones neolíticas próximo-orientales y las postpaleolíticas europeas. Se produce bajo la determinación de la difusión de las técnicas de producción de alimentos.

El modelo “ola de avance” ha conocido un mayor éxito en los momentos actuales que en el de su formulación. Se generó en el año 1984 y evidentemente, el panorama ha variado desde entonces, tanto en el Próximo Oriente como en Europa. Pero ni siquiera en aquel momento tal explicación se correspondía con lo estrictamente observado en el registro arqueológico. Tanto Cavalli Sforza como Bertranpetir admiten la perduración de indígenas desde el Epipaleolítico o Mesolítico en el contexto de las determinaciones de carbono-14 realizadas en el área del Levante, Murcia y Andalucía. (Michael J.Walker. ¿Eran indoeuropeos o preindoeuropeos los primeros neolíticos en la península?).

Un modelo que también ha tenido una notable influencia en los investigadores españoles, ha sido el modo de transición propuesto por Zvelebil y Rowley-Conwy, en el cual se plantea la existencia de tres fases para explicar esa colonización que recibirían los grupos mesolíticos a través de 3 maneras, tales como la disponibilidad, la de sustititución que reviste de dos formas (externa e interna) y la de consolidación que supone la etapa final de la transición, (Isabel Rubio de Miguel, 1997).

Otro modelo de colonización, es el planteado por J. Zilhao, quien defiende una colonización marítima, basado en la firma convicción de que la llegada de modo de vida agro-pecuario al Mediterráneo se produce de la mano de un contingente poblacional externo (los pioneros) que llegan con ellos todo “el paquete neolítico” –cerámica, piedra pulida, agricultura cerealística, ganadería y, quizás, alguna forma de arquitectura-. (Joan Bernabeu Auran y otros, Mas d Is (Penáguila, Alicante): Aldeas y Recintos monumentales del Neolítico Inicial en el valle de Serpis, página 14). La aceptación de una colonización, marítima en este caso, implicaría de nuevo la dualidad que parece ponerse de manifiesto en la diferenciación que se hace también aquí entre neolíticos y mesolíticos que explotan los recursos acuáticos en Portugal. Faltaría por constatar esta situación de una manera fiable, ya que el Neolítico portugués adolece de una falta acuciante de estratigrafías y en mi opinión de prospecciones sistemáticas que realmente aportasen la verdadera dimensión de la ocupación del territorio tanto en el Epipaleolítico como en el Neolítico.

Según Alday (2009), los inicios del neolítico en la Península Ibérica deben situarse en el segundo cuarto del sexto milenio AE, coincidiendo con el del Laugedoc o el italiano de Arene Candide, lo que se contrapone al modelo de ola de avance (Renfrew 1990), con 1200 años de diferencia. En estos primeros momentos no se habrían encontrado cerámicas, sino elementos asociados a ellas. Sin embargo comienza a haber una transformación de la industria lítica, del mesolítico geométrico se pasa a los segmentos desarrollándose el retoque en doble bisel. Los restos de animales domésticos y cereales aparecerán poco antes del 6600 BP, y no se han documentado para periodos anteriores. Durante estos primeros años el hábitat sería en cuevas y abrigos, será a partir del 6500 BP cuando se desarrolle ya la economía de producción, proceso que durará tan sólo 200 años y en el que aparecerán los poblados consolidados, será a partir de entonces cuando las transformaciones sociales y economicas debidas a ese nuevo sistema productivo se consoliden, se creen estrategias de almacenamiento a largo plazo que requieran de planificación, así como la gestión del superhabit producido y el comercio con otras regiones.

Para Almudena Hernando, es posible que algun día se demuestre que las principales especies domésticas llegaron de fuera. así plantea que aquellos que han defendido el "modelo percolativo", como alternativa al modelo dual, los antropólogos y cada vez más preshistoriadores dedicados a estudiar el Neolítico de la Península Ibérica, van poniéndose de acuerdo en que los mismos cazadores-recolectores parecen haberse hecho cargo de su propia historia, haber generado sus propios cambios y haber puesto en práctica estrategias de asentamiento, movilidad, especialización económica y organización social tan distintos como los ritmos de transformación a que pudieron estar sometidos. (Almudena Hernando Gonzalo. El Neolítico como clave de la identidad moderna: la difícil interpretación de los cambios y los desarrollos regionales, Sanguntum, 1999).

La hipótesis de partida del modelo dual, creada a partir de J. Fortea (1973), sobre los grupos epipaleolíticos de la fachada mediterránea peninsular, siendo tal vez la interpretación que más éxito ha tenido hasta el momento, en la cual se admite la presencia en el registro arqueológico de dos tradiciones culturales distintas en el momento de introducción de la economía de producción. De un lado unos yacimientos que comparten una tradición enraizada en el epipaleolítico geométrico de base económia caza-recoletora. De otro aquellos que, ligados a una economía con domesticación, aportan junto a las novedades económicas , una cultura material que incluye la cerámica, la piedra pulida, y una industria lítica y ósea con importantes elementos de contraste respecto a los conjuntos geométricos. Si la cultura material ofrece suficientes puntos divergentes, la base subsistencial agrícola-ganadera sólo puede explicarse mediante el recurso a una introducción foránea, dada la ausencia en la península de los agriotipos domesticables (El proceso de neolitización en la fachada mediterránea en la península Ibérica, Oreto García Puchel,página4,2005. En el modelo dual, se pone de manifiesto el papel jugado por los cazadores-recolectores epipaleolíticos en la neolitización, si bien será éste un papel pasivo, fundamentalmente receptivo, además la industria lítica ha constituido la base fundamental del modelo y para ciertos investigadores (Rubio, 1989, 25 y 33 y 1993, 32-33) no se perciben diferencias tan nítidas entre los rasgos de los grupos indígenas y los de las gentes foráneas (Isabel Rubio de Miguel, 1997). Durante la década de los 90 se continuaría defendiendo el modelo dual, ya que para Bernabéu, Aura y Badal, 1993, 245-256, creen que el modelo dual puede ser una respuesta adecuada a determinadas cuestiones que se derivan de la aceptación del modelo mixto de “frente de avance”.

Es por ello que la teoría que mayor fuerza ha cobrado recientemente es el modelo percolativo o capilar, desarrollado en los años 90 por J. Vincent, según el cual habría un desplazamiento que en este caso estaría protagonizado más que por grupos que se desplazan con técnicas y caracteres neolíticos, por ideas que difunden estos conocimientos y que se extienden a partir de las redes de intercambio ya presentes en fases paleolíticas para la obtención de productos como obsidiana. Esta teoría se apoya en la forma de organización de los grupos humanos de entonces, en pequeñas bandas unidas por relaciones de reciprocidad que favorecería no solo el intercambio de técnicas e ideas, sino las especies domesticables. Creemos importante recordar algunos puntos que se plantean para el modelo percolativo, así podemos observar que los autores del mismo parten del modelo de Ammerman y Cavalli-Sforza, además parte de la inexistencia de los anecestros salvajes de las especies domésticas en la Europa preneolítica, además de habla de sociedades de cazadores-recolectores estáticas. (Rodríguez Alcalde, A; La difusión occidental de las especies domésticas: una alternativa a la <<ola de avance>>.)

En el "modelo percolativo o capilar" se concede protagonimso total a los grupos epipaleolíticos en el proceso de transformaciones que llamamos neolitización, siendo un modelo en el cual los autores también promueven que la estructura social de los grupos de cazadores-recolectores pospaleolíticos no sobrepasaría el nivel de banda, por lo que las relaciones de reciprocidad entre grupos locales debieron tener especial importancia. En consecuencia podría asumirse el establecimiento de redes supralocales en todo el Mediterráneo -a través de relaciones exogámicas-, que habrían servido de soporte a flujos materiales de distintinto tipo, como por ejemplo el de las especies domésticas o la cerámica. Los defensores del modelo percolativo proponen entender bajo la lógica de su modelo la pauta de aparición de la cerámica cardial, sobre la que existe un consenso generalizado en el sentido de que debió de tener un carácter no funcional, habida cuenta del alto grado de elaboración que implica. Si a ello unimos el reciente descubrimiento de motivos cardiales en el arte rupestre macro-esquemático. (Almudena Hernando, Los primeros Agricultores de la Península Ibérica, 1999, Editorial Síntesis).

Medio ambiente y morfología del terreno

Del mismo modo que el neolítico no cubre todos los lugares de la península por igual, tampoco lo hará en todas las regiones de Andalucía. El factor ambiental es por lo tanto fundamental para entender el tránsito a este nuevo sistema de producción. (((A partir de estudios polínicos, sedimentológicos y antracológicos para la región del SE peninsular durante el periodo atlántico (Gilman y Thornes, 1984, Chapman, 1990) no existe consenso. Los primeros defendían que el clima era muy parecido al actual, (Walker, 1986), defendía que eran más importantes los cambios ambientales que la acción antrópica y Champman que existían fluctuaciones importantes entre aridez y humedad. Se trataba, de todas maneras de un espacio abierto.)))NOTA: DATOS ANTIGUOS (ISABEL RUBIO DE MIGUEL 1989 CONTRASTAR ESTUDIOS MÁS MODERNOS) A continuación, expondré de manera general las diferentes formaciones geológicas importantes que aparecen en el contexto de Andalucía (veáse plegamientos alpinos, origen de las cordilleras, etc)y su configuración en contexto neolítico.(Augusto Pérez Alberti, Juan López Bedoya, 2006). Morfología del relieve Andaluz. Antes de proceder a explicar las diferentes formaciones geológicas que comprenden el territorio andaluz, es necesario introducir, mediante un esquema general de ideas, las diferentes morfoestructuras y los materiales que encontramos conviviendo en el sur peninsular. Andalucía está delimitada al norte por la cordillera de Sierra Morena, que actúa casi de forntera natural con las comunidades septentrionales. Al sur, el propio océano Atlántico y el mar Mediterráneo actúan como el límite del sur peninsular, delimitado por unas costas bajas y extensas. Al oeste, es el Guadiana el que separa las fronteras administrativas entre Portugal y España, mientras que al este son las cordilleras béticas las que separan el territorio levantino. Claro está que esta descripción puramente administrativa-política no se corresponde en absoluto con la realidad, tanto climática, vegetal, animal y morfoestructural que encontramos de manera muy diversificada. A continuación pasaremos a explicar brevemente las tres unidades de relieve básicas que encontramos en el territorio andaluz. Por un lado tenemos en la zona mas septentrional de Andalucía, la cordillera de Sierra Morena que comprende la parte más meridional del zócalo herciniano andaluz. A finales del Paleozoico es cuando tuvo lugar la orogenia herciniana. De los mares emergieron montañas que formaron una gran cordillera, el Macizo Ibérico o Hespérico que es el núcleo de la Meseta Central. Por lo tanto la parte sur de este macizo herciniano se hunde en territorio del norte andaluz, conformando lo que hoy día conocemos como Sierra Morena. Las otras dos unidades de relieve básicas en este territorio son producto los plegamientos alpinos, que se originan al comienzo del Terciario , con la colisión entre placas, que provocó la llamada “orogenia alpina”. Se levantaron los Pirineos y los Sistemas Béticos. La presión de la orogenia alpina sobre los materiales antiguos dio lugar a la formación (en el sur peninsular) de las cordilleras Béticas, acompañado por formaciones de de prefosas alpinas, que conocemos a día de hoy como depresión bética. Por lo tanto el resultado final es un triple paisaje morfoestructural, al norte Sierra Morena, borde sur de la península herciniana, al suroeste la depresión bética, con forma triangular y rellena de sedimentos terciarios y cuaternarios. Y por último el complejo orográfico que se extiende a lo largo del mediterráneo y que conocemos como cordilleras béticas. A continuación pasaremos a analizar de manera general, la evolución climática a partir del pleistoceno superior y los cambios en la corteza vegetal hasta la actualidad, basándonos en resultados de estudios palinológicos. Andalucía se ubica entre los meridianos 3º50’ W y 0º34’ E, ocupando la fachada suroccidental del continente europeo o, lo que es lo mismo, la fachada occidental de la cuenca mediterránea y, como consecuencia de ello, se inscribe en el dominio de los climas subtropicales de costa occidental o mediterráneos. Ello implica dos hechos fundamentales: por un lado, el establecimiento en la región de mecanismos subtropicales en estado puro y, en ese sentido, la existencia de una distinción neta entre un invierno húmedo, lluvioso y suave en términos térmicos, alternando con un verano seco y marcadamente caluroso. Tales condiciones se derivan, efectivamente, de esta posición costera occidental dentro de la franja subtropical, dado que a ella los vientos del oeste llegan particularmente húmedos e inestables después del recorrido oceánico, produciendo así las características lluvias invernales, que en ámbitos más continentales u orientales llegarían ya más desnaturalizadas. (www.juntadeandalucia.es - Consejería de Medio Ambiente) Interglaciar Emiense. En el suroeste de la Península Ibérica. En diversas secuencias se muestra la existencia de cuatro eventos cálidos (Quercus, Carpinus, Olea, Phillyrea, Pistacia, Ericaceae) correlacionables con el Eemiens. Asimismo, se observa que la deglaciación pre-eemiense aconteció en dos etapas incluyendo una fase fría de naturaleza similar al Dryas reciente. Se muestra también el predominio de Quercus tanto caducifolios como perennifolios durante las fases equivalentes al final del último interglacial y el aumento de Artemisia-Chenopodiaceae-Ephedra durante el pleniglacial wurmiense.

La evidencian una abundancia particular no sólo de Quercus sino también de Olea, de forma similar a lo que ocurre en otros puntos del Mediterráneo, donde este taxón alcanza valores más altos que durante el Holoceno, y de hecho es considerado como un marcador del máximo de insolación interglacial.

Pleniglacial e interestadios wurmienses. Los desarrollos de vegetación mediterránea y bosques mixtos coetáneos del estadio isotópico 3 han sido evidenciados en secuencias como Abric Romani en Barcelona, Cova Beneito en Alicante y Cueva Perneras en Murcia. Expansiones algo menos notables son apreciables en Padul y Banyoles. La mayor parte de estas oscilaciones han sido fechadas entre 50000 y 35000 BP, pero en algunos casos el fenómeno se prolonga en el tiempo. Aunque la incidencia de las glaciaciones tuvo gran incidencia a nivel global, en el contexto andaluz se puede apreciar mediante la vegetación, que el radio de incidencia no tuvo tanta trascendencia como en otros lugares de la Península Ibérica. El componente florístico actual del sur ibérico es una evidencia adicional del mantenimiento en el cuaternario de núcleos de vegetación terciaria donde, además de las especies mencionadas, habría que reseñar la de un innumerable cortejo de termófitos como Maytenus europaeus, Ziziphus lotus, Myrtus communis, Calicotome intermedia, Smilax aspera, Bupleurum gibraltaricum, Solanum sodomaeum, Lycium intricatum y Aristolochia baetica, entre otros (Sánchez-Gómez et al. 1998). En un sentido similar, cabe mencionar la supervivencia en algunos enclaves del suroeste peninsular de elementos ibero-norteafricanos o ibero-tingitanos como Quercus lusitanica, Q. canariensis, Rhododendron ponticum ssp. baeticum, Lonicera periclymenum ssp. hispanica, Ruscus hypophyllum, Cistus populifolius subsp. major, Genista tridentata, Genista triacanthos, Thymelaea villosa, Halimium alyssoides y Davallia canariensis. Propias todas ellas de climas más moderados. Cabe destacar que aunque la vegetación sea un indicador de paleoclimas, muchos expertos aseguran que las fluctuaciones climáticas no influyen de manera tan determinante en la diversidad, aumento o disminución de especies vegetales; asegurando que las acciones antrópicas son mas determinantes. (PALEOCLIMAS E HISTORIA DE LA VEGETACIÓN CUATERNARIA EN ESPAÑA A TRAVÉS DEL ANÁLISIS POLÍNICO VIEJAS FALACIAS Y NUEVOS PARADIGMAS,José Sebastián Carrión García,Manuel Munuera Giner,Cristina Navarro Camacho,Francisco Sáez Soto, Complutum,11,2000)

En el área de Andalucía oriental parece haber sido más rápida y marcada que en el noreste de la Península Ibérica y el sur de Francia, posiblemente por la presencia de condiciones más xéricas. Efectivamente, en esta zona, al igual que en la región valenciana, ya se constata la presencia de taxones vegetales de tendencia árida en el Tardiglaciar, aunque aquí resaltan algunas peculiaridades, como por ejemplo, en lugar de pino negral y enebros, dominantes en el País Valenciano, en Andalucía las leguminosasestán representados con mayor frecuencia. Por otro lado en la Cueva de Nerja (Málaga) se observa como el cambio climático del Holoceno es debido más a un aumento de las temperaturas que a la ecasez de las precipitaciones. (II Congrés del Neolític a la Península IBÉRICA, SAGVNTVN, Extra-2 (1999): 25-30. Para llevar a cabo esta parte del trabajo, he necesitado bastantes recursos web, que he conseguido enlazar unos con otros, sobre todo en el caso del clima, el cual, sin duda, ha supuesto un problema, ya que la mayoría de estudios relacionados con el ambiente andaluz se centran en datos cuantitativos, más que cualitativos, lo que dificulta el trabajo a la hora de crear un discurso razonable. Quizás haya un exceso de datos en todos los artículos, que si bien ahondan a la hora de estudiar un problema, estos pueden llegar a confundir, ya que sus contantes actualizaciones y revisión de los datos (sobre todo de estudios palinológicos), hacen que se deban contrastar unos con otros. Por lo tanto la recopilación de una larga lista de estudios y artículos, pueden llevar a la confusión y en consecuencia a un mal despliegue de los diversos datos consultados. En el caso de páginas web de carácter divulgativo, como pueden ser Wikipedia (poco fiable) y demás enfocadas en los aspectos generales, no podemos encontrar gran información, salvo algunas generalidades como la diversas etapas geológicas de la península. La dificulta de este tipo de páginas radica en que su contenido, no se puede complementar con los otros datos obtenidos de estudios más precisos. Además de esto, se puede apreciar como en muchos casos la información que se expone es copiada y pegada de otras páginas, sin ningún tipo de cita, lo que dificulta aún más la crítica de las fuentes usadas. A pesar de ciertas dificultades, la búsqueda de fuentes online fiables se centran sobre todo en artículos de carácter científico, de manera que la búsqueda en internet se debe hacer de manera más precisa y buscando en todo momento resultados puntuales. Debido a esto, puede que los temas a desarrollar (como es el caso del clima), presenten una estructura un poco confusa, ya que el desarrollo del discurso bien encajado quizás necesita de datos más cualitativos y no la mera exposición de resultados registrados, algo que es muy común en un amplio abanico de revistas. Finalmente, para que el trabajo quede medianamente decente es necesario realizar una interpretación de las diversas fuentes usadas, su comparación, análisis, etc.

Economía

En el extenso devenir de la historia humana, ningún acontecimiento ha tenido mayores consecuencias que el de la introducción de la agricultura. Con ella se crearon las bases económicas y las situaciones sociales propicias para el surgimiento de las sociedades estatales. Durante el 99 por 100 de la existencia humana, la caza y la recolección han constituido los principales tipos de subsistencia. Los seres humanos se desenvolvían con astucia y éxito en su ecosistema natural. La capacidad de producir alimentos les permitio aumentar su control sobre la naturaleza y multiplicarse rápidamente. Además de incrementarl la población y las provisiones. (Charles Redman; Los orígenes de la civilización: desde los primeros agricultores hasta la sociedad urbana en el Próximo Oriente). Para Veren Gordon Childe la primera revolución que transformo la economía humana dio al hombre el control sobre su propio abastecimiento de alimentos. El hombre comenzó a sembrar, a cultivar y a mejorar por selección algunas yerbas, raíces y arbustos comestibles. Y también, logró domesticar y unir firmemente a su persona a ciertas especies de animales en correspondencia a los forrajes que les había podido ofrecer, a la protección que estaba en condiciones de depararles y a la providencia que representaba para ello (Vere Gordon Childe, EL origen de la Civilización).

En páginas web como antropología online, nos encontramos con la siguiente información para la economía del Neolítico en Andalucía: En los análisis de fauna y restos vegetales aparece tanto doméstica: bóvidos, óvidos, cápridos, cánidos, como fauna salvaje y malacofauna. Sorprende la presencia de cerdos y conejos domésticos en el horizonte de transición al Neolítico en la cueva de Nerja. Se observa un predominio de especies salvajes (que perdura hasta el Neo. Final) en lugares como la cueva de la Dehesilla y la cueva del Parralejo (ambas en Cádiz). No obstante, en la zona or., se documenta almacenaje de grano en cavidades naturales. Entre los restos vegetales aparecen cereales: cebada y trigo y, ocasionalmente restos de bellotas, piñones y aceitunas, que reflejan una interesante actividad recolectora.

La domesticación de las plantas es una respuesta genéticas a nivel de una población provocada por una selección, resultante ella misma de una manipulación por otra especie. La simbiosis entre dos especies favorece su multiplicación. La agricultura implica obligatoriamente la siembra. La agricultura predoméstica concierne a las plantas que presentan un estado morfológicamente silvestre, es decir, no doméstico. La condición previa para la domesticación vegetal sería la preadaptación de los atributos biológicos favorables a una coevolución entre el ser humano y ciertas plantas. (Ramón Buxó., Arqueología de las plantas, Crítica: 87). Uno de los aspectos que definen el complejo proceso de neolitización consite en la intensificación en el aprovechamiento de los recursos vegetales. El paso fundamental, pero no único, en este camino se dio con el inicio de la agricultura. Además, las nuevas necesidades de almacenamiento y transporte de alimentos y de construcción de viviendas estables, consecuencias de la sedentarización, también se satisficieron recurriendo al mundo vegetal. Prueba de ello son los restos de cestería, cordelería, tejidos, entramados constructivos, etc. que acompañan a los niveles de periodos neolíticos desde sus épocas más tempranas (Jesús Emilio González Urquijo, Juan José Ibáñez Estévez, Leonor Peña Chocarro, Beatriz Gavilán Ceballos, Juan Carlos Vera Rodríguez., 2000, El aprovechamieno de recursos vegetales en los niveles neolíticos del yacimiento de los murciélagos (Zuheros, Córdoba, Complutum, 11: 172).

En la Península Ibérica, las plantas cultivadas están presentes desde principios del Neolítico en las regiones de levante y noroeste, y posteriormente en el sureste. El trigo desnudo, la cebada desnuda y la cebada vestida son los cereales más importantes; los trigos vestidos están asimismo representados, pero en una posición secundaria en relación con otros cereales. Las leguminosas cultivadas también existen desde este período, siendo la guija, la lenteja, el guisante y el haba las especies representativas. (Ramón Buxó., 1997, Arqueología de las plantas, Crítica). En la Cueva de Nerja (Nerja, Málaga), a pocos metros de la actual línea de costa y a 158 m sobre el nivel del mar, el cambio climático del Holoceno apunta hacia un aumento mayor de las temperaturas que de las precipitaciones. Los análisis antracológicos señalan el dominio de las leguminosas junto con especies cálidas y secas como el acebuche, que es la dominante durante el Neolítico Antiguo, así como el lentisco, los romeros y los cistos. En la la Cueva de los Murciélagos de Zuheros, como ya hemos manifestado, ubicada en la zona meridional de la Península Ibérica, se han obtenido prubas de cultivo desde los comienzos del Neolítico (como ya dieran a conocer Vicent y Muñoz en sus excavaciones en ese lugar), así para los inicios del Neolítico se detecta (mediados del V milenio) la presencia de trigos desnudos (Triticum aestivum/durum) y cebada (Hordeum vulgare) cultivados.

Posteriormente, durante el IV milenio, junto a las especies anteriores se han identificado también trigos vestidos (T. monococcum/dicoccum y T. dicoccum) tanto cariópsides como fragmentos de la paja (raquis). Existen diversos estudios como el elaborado por Pilar Acosta Martínez (1995), en el cual se ha tomado en cuenta el interés por estudios acerca de la flora y la fauna, así vemos como se manifiesta que la domesticación animal precede a la agricultura, exponiéndose el caso de la Cueva de Nerja (Málaga) en la cual se encontro cerdo en un contexto epipaleolítico, continuando en su articulo que de momento no existía constancia de agricultura en Andalucía hasta momentos avanzados, con diversas especies cultivadas. En la Cueva del Parralejo o de Dos Hermanas, (Arcos de la Frontera, Cádiz), se documenta la presencia de fauna doméstica desde el neolítico inicial con restos de buey, oveja, cabra, cerdo, perro y conejo y como problema el caballo. (Manuel Pellicer Catalán, El Neolítico Antiguo en Andalucía Occidental, 1982).

Es también en para los comienzos del Neolítico donde se obseva la presencia de agricultura en lugares como la Cueva del Toro (Antequera, Málaga), con evidencias de caprinos, frente a un número menor de suidos, asimismo se detecta una presencia mayor de ovejas sobre cabras en unos primeros momentos, mientras que el cerdo continuaría en importancia, también practicaban la caza de animales como la liebre o conejos. En una Fase Final observamos la presencia de ganadería en lugares como Nerja y Carihuela, apereciendo los cereales durante esa Fase Final. (Beatriz Gavilán Ceballos, Reflexiones sobre el Neolítico Andaluz, SPAL). Así pues se habla en la actualidad de que la cría de animales precedió a la agricultura, siendo especies como los ovicápridos, suidos y bóvidos los que más abundan en el registro arqueológico, alcanzando un punto de mayor importancia la ganaderia en la Fase Media, pero especialmente en la Fase Final. En el caso de la Cueva del Toro durante el Neolítico Pleno, fundamenta su subsitencia en una economía mixta, pero donde la ganadería adquiere un papel predominante frente a la agricultura.

Los resultados faunísticos demuestran que los ovicrapinos constituyen casi el 70% del total del conjunto, con un predominio absoluto de las ovejas sobre las cabras, pero también se documenta la presencia de cerdo con un 20%, y la representación de bóvidos con un 4%, siendo la industria lítica un buen indicador que viene a confirmar ese carácter eminentemente ganadero para esa fase del Neolítico Pleno. En el área de la Cueva del Toro será durante el Neolítico Reciente cuandose produce una mejora de las estructuras económicas respecto a la etapa anterior. Desde el punto de vista de la cabaña ganadera de ovicápridos no se conocen agriotopos, sin embargo existe la posibilidad de que se hayan domesticado perros, vacas y cerdos, ya que si existían el lobo, el uro y el jabalí. Con el trigo y la cebada sucede lo mismo que con los ovicápridos, siendo su origen próximo oriental. Se han encontrado evidencias de leguminosas, sin embargo, la información que tenemos de la flora autóctona no es la misma que para los animales, teniendo muy pocas evidencias. (Isabel Rubio de Miguel, 1989)

Sociedad

Asentamiento y hábitat

Los datos que se disponen en la actualidad acerca de los yacimientos peninsulares permiten precisar alguns cuestiones sobre el hábitat neolítico, siendo característica del neolítico peninsular el hábitat en cuevas que se suponía para las fases más antiguas, siendo por ejemplo utilizado el término de <<cultura de las cuevas>> designado por Bosch Gimpera en relación con ese horizonte cultural en relación con grupos neolíticos de la zona central. Para el área objeto de nuestro trabajo, es preciso indicar que Manuel Pelicer (Berlín, 1961), defendía para algunas áreas andaluzas un neolítico en cueva, y otro posterior de superficie, señalando además que el 90% de los yacimientos neolíticos se hallan en cuevas y abrigos y solamente una veintena se encuentran al aire libre. En realidad, el número es más elevado. (En torno a la problemática del hábitat al aire libre en el neolítico peninsular, Isabel Rubio de Miguel, UAM

Se constata una expansión del poblamiento, con una mayor densidad de asentamientos relacionados entre sí y con la ocupación progresiva de los valles y llanos con capacidad productiva agrícola y ganadera. El sedentarismo de la población y el surgimiento de la población y el surgimiento del poblado constituyen una de las novedades de este horizonte histórico. Las nuevas prácticas económicas son sin duda la causa de una mayor fijación en el territorio, y de la aparición y consolidación de unas estructuras de hábitats de morfología compleja, que requieren una inversión de trabajo cada vez mayor.

Durante los primeros años, una hipótes sostiene que el hábitat se situaba en cuevas y abrigos, no fue hasta el neolítico medio cuando aparecen los poblados consolidados al aire libre, sin embargo, es verdad que son los asentamientos más fáciles de detectar, sin embargo también hay yacimientos al aire libre de los periodos iniciales (aquí habría que contrastar las cronologías del artículo que cita Beatriz Galván (1997) con las de Alday (2009) que sigue sosteniendo que los primeros hábitats eran en cuevas).

No debemos caer en el error de identificar los poblados al aire libre, de entornos más costeros con comunidades que practican la agricultura con las que viven en cuevas como comunidades ganaderas y/o cazadoras recolectoras (Beatriz Galván 1997). Para empezar, muchos de los asentamientos en cuevas de los entornos serranos se encuentran rodeados de tierras potencialmente aptas para el cultivo, y que las excavaciones realizadas que llevaron a a Ramos (1988-9) a plantear esta hipótesis no habían llevado a cabo una metodología adecuada en la recuperación de los restos vegetales debido a que partían de dicha premisa. Sin embargo, si es cierto que algunos yacimientos no están en lugares aptos para la agricultura, pero no todos.

La fase del Neolítico Antiguo en Andalucía evoluciono hacia la <<cultura de las cuevas>>, que en las sistematizaciones de los investigadores andaluces pertenece ya al neolítico medio o pleno. Este horizonte es ampliamente reconocido en casi toda Andalucía, bien representado por los niveles superiores de las cuevas de la Cariguela, del Nacimientos (Pontones, Jaén) y de los Murciélagos (Zuheros, Córdoba), se caracterizan por producciones cerámicas decoradas con incisiones, acanaladas y, sobre todo, con decoraciones con engobe rojo llamadas <<a la almagra>>, características de esta región. La localización de los asentamientos, distribuidos en esencialmentes en abrigos y cuevas, y la orientación de los primeros trabajos sobre el registro, favorecieron la tesis del predominio de estas comunidades de formas económicas vinculadas con el pastoreo; pero investigaciones recientes proponen la existencia de prácticas agrícolas mixtas, dentro de las cuales la ganadería tendría un papel significativo, como en el caso de la cueva del Toro (Antequera, Málaga).

Los enterramientos y el mundo ritual

En cuanto a la religiosidad debemos de revisar e incluso rechazar lo que L. Siret propuso en 1908. Según Isabel Rubio, dentro del territorio peninsular no se señalan yacimientos que puedan presentar las características de un santuario, pero esto es discutible ya que sus publicaciones son anteriores a la de la cueva de Els Trocs en Bisauri, la Lampara en Ambrona y Mas d’Is en Penaguila. Por otro lado señala en que no se han encontrado pequeñas estatuillas femeninas y/o masculinas frecuentes en las regiones occidentales del continente, que no llegarán hasta el Megalitismo. Isabel Rubio de Miguel

Hasta los años 80 prácticamente no se conocían enterramientos al aire libre, debido a la mayor facilidad de prospección de las cuevas. Estos enterramientos eran parecidos a los del Epipaleolítico, siendo individuales o dobles, en posición encogida y rodeados de piedras. Uno de los mejores exponentes es la cueva de Nerja (Pellicer y Acosta, 1997:154-157). En los últimos tiempos se ha documentado un mayor número de yacimientos al aire libre, como el de Cerro Virtud. Se trata de un enterramiento en fosa, al aire libre del Neolítico Medio andaluz, entre el 5100 y el 4500 a.e. Si para enterramientos en cueva aparecen asociados a zonas de actividad, no suele ocurrir lo mismo para enterramientos al aire libre, donde hay algunos asociados a zonas de actividad y otros que no. Lo mismo ocurre con los elementos de ajuar, que tampoco constituyen una pauta común en todos los enterramientos del neolítico meridional. Será durante el Megalitismo cuando comienzan a generalizarse las pautas de enterramiento ya que según Isabel Rubio, se entiende que las pautas de comportamiento responden a otro tipo de estructuras sociales. El que no se imponga un modelo desde el Epialeolítico hasta el Megalitismo, indica que es poco probable la llegada de nuevas poblaciones según el modelo de Ammermann y Cavalli-Sforza, 1984, o el modelo dual de Bernabeu, 1996, rechazando la teoría de sustitución poblacional. Ignacio Montero Ruiz Precisiones Sobre el Enterramiento Colectivo Neolítico de Cerro Virtud, Trabajos De Prehistoria 1999

Según Pilar Acosta Martínez (Las culturas del neolítico y calcolítico en Andalucía Occidental,1995), para el Neolítico Antiguo de Andalucía Occidental, el enterramiento se practica en cueva, tanto sepulcral como de habitación. El hallazgo más importante se efectuó en la Dehesilia, donde se descubrieron varios enterramientos individuales y múltiples adultos e infantiles, en posición encogida y decúbito lateral, protegidos por piedras, con un ajuar de vasitos con ocre, laminitas de silex, fragmento de pectúnculo y caracoles, con indicios de cremación y algún cráneo pintado de ocre. En esa misma región para el Neolítico Medio establece que el enterramiento se practica en las mismas cuevas de habitación con inhumación individual, estando el cadáver encogido y protegido por piedras, sin detectarse ajuares, solamente con ocre y caracoles (Dehesilla). En otros casos, se entierra en simas, grietas y galerías estrechas (Hoyo de la Mina, Tesoro, simas de Benaocaz) con ajuares de vasos. Es frecuente la aparición, en las cuevas de habitación, de restos humanos dispersos. Para el Neolítico Final, siguiendo el anterior hábito, se entierra en cuevas de habitación (Dehesilla), donde predominan los enterramientos infantiles. Se iniciala tendencia al enterramiento múltiple, según se desprende de los primeros megalitos que emergen, al parecer en el neolítico final, posiblemente de origen portugués alentejano, si nos atenemos a las fechas radiocarbónicas. Las primeras muestras megalíticas estarían representadas por algunos dólmenes complejos afines a las galerías cubiertas de Huelva (Pozuelo, Gabrieles). El conjunto de estructuras ya megalíticas, de tendencia circular, rectangular y en fosa, con enterramientos dobles o individuales de Alcalá del Valle (Cádiz), según sus ajuares con elementos neolíticos, son claro exponente de la temprana aparición del nuevo rito.

Para el estudio de los restos funerarios existe una escasez de excavaciones sistemáticas, y muchos de los materiales proceden de excavaciones clandestinas del que se desconoce la forma original, lo que produce un sesgo de información. Para el yacimiento de La Molaina en Granada se han restos asociados a zonas de habitación, con individuos inhumados en posición fetal, con conchas perforadas con restos de almagra roja. En la Dehesilla, en Cádiz, siguen existiendo inhumaciones dentro de la misma área de ocupación, en fosas pequeñas cubiertas de piedras con ajuares escasos, atestiguándose el uso de ocre, también documentado en el Hoyo de la Mina. Por otro lado, en este mismo yacimiento, en fases del Neolítico Antiguo, hay evidencias de un hueso humano quemado, lo que podría señalar prácticas de cremación. También aparecen enterramientos infantiles sin protección y sin la posesión de ajuar. Por otro lado hay casos donde se han desarrollado prácticas rituales, todos en la provincia de Granada a excepción de Nerja. De ese modo, en la cueva de Malalmuerzo de Moclín, en los Mármoles, en la cueva de Las Tontas, en la cueva de las Azuelas, en Las Mayólicas y en la cueva de la Cariguela aparecen restos humanos con evidencias de descarnamiento intencional en un porcentaje pequeño del total de individuos encontrados, sin distinción de edad y sexo. Los autores consisten en calificarlas de “autopsias” post-mortem, aparecen cráneos en los que e han realizado trepanaciones, decapitaciones post mortem y, para el caso de la Carigüela, un cráneo-copa. Pero se trata de prácticas del Neolítico Reciente, al igual que los enterramientos tubulares de la cueva de Nerja. De estas prácticas pueden darse dos interpretaciones: ritual funerario o canibalismo. Para el primer caso surge el inconveniente de que los restos con estrías deberían ser mucho más abundantes, y en yacimientos como el de La Cueva del Malalmuerzo representan un 6,74% del total, en el caso de que las estrías sean contemporáneas a las inhumaciones, lo cual se ignora. El caso del canibalismo parece más aceptado, por la disposición ne la que aparecen los huesos y la presencia de cremaciones y huellas de cocción, así como el hecho de que se encuentren junto a otros desperdicios faunísticos. Jimenez Brobeil (1990) y Rubio de Miguel (1990)

Posibles intercambios entre grupos del interior y grupos de la costa

El estudio del proceso de neolitización en Andalucía es mucho menos confuso y evidente que en la zona catalana y valenciana. Se tienen datos de los primeros yacimientos neolíticos desde el 5940 a.E + - 170 años para Nerja y 5090+- 170 años para Dehesilla. Sin embargo hay un vacío durante el neolítico medio no apareciendo yacimientos del Neolítico final. Para el neolítico medio se podría utilizar el yacimiento de Los Murciélagos entre el 4300 y el 4075 a.E. y para el final se utilizará la cronología entre la cueva Chica de Santiago 4430+- 150 a.C y el de Nerja 3115 +- 40 a.E.ISABEL RUBIO DE MIGUEL 1989 CONTRASTAR ESTUDIOS MÁS MODERNOS

La diferencia en cronología con el C14 entre yacimientos interiores y costeros no indica que existan diferencias, lo que se contrapone al modelo de colonización marítima (Zilhao 2001). La cultura mesolítico anterior, habría dado tales niveles de transmisión cultural, que el tránsito habría sido bastante rápido. El hecho de que existiensen en los yacimientos serranos materias primas de lugares lejanos explica la gran fluidez comercial que existía.

Género

Quizás este punto sea uno de los más importantes del periodo en la zona que ocupan este trabajo. A pesar de que las evidencias que sirvan para elaborar estudios de género son escasas, es importante entender el valor de los mismos para el desarrollo de una arqueología social, es decir, que se encamine al conocimiento de todos y cada uno de los individuos que componen el grupo al que pertenecen. El motivo de justificar este aspecto se refleja de forma clara en palabra de Olga Sánchez Liranzo, ya que la utilidad de la historia de las mujeres es doble sirve a las mujeres, pero también sirve a la historia (y prehistoria) en general.

Es importante, ante todo, realizar algunas matizaciones sobre la noción de género, objetivos y limitaciones. Género es el parámetro o variable de los estudios sobre el pasado que comprende todos los colectivos o categorías de una sociedad, ya sean mujeres, hombres, niños, ancianos, homosexuales o hermafroditas, y que por tanto se encarga de definir la identidad de cada uno, así como las relaciones que se establecen entre ellos. En este sentido, es importante no confundir este concepto con otros como feminismo y sexo. Respecto al primero de ellos, es verdad que históricamente los estudios de género han estado íntimamente ligados al feminismo, este entendía a la mujer como sujeto igual de activo que el hombre, con capacidad para actuar, dirigir o producir, y que por tanto requería de la misma atención analítica que la que se prestaba al hombre; el sexo, por el contrario, se refiere a los órganos sexuales de cada individuo, es decir, es un marcador que sirve para diferenciar entre masculino y femenino, pero no es el único, pues a este hay que añadir otros como gestos, vestimenta, ocupación, o caracterización de la interacción social, es decir, cómo es la relación de las mujeres con otras mujeres y con los hombres, y de los hombres con otros hombres y con las mujeres, por ejemplo. Por tanto, cuando se habla de género es un concepto cultural, y por tanto, no es inmutable y rígido, sino cambiante y flexible no solo entre distintos grupos sociales sino en la evolución de la dinámica interna de cada uno de ellos.

En este sentido, al tratar de tener en cuenta tanto los aportes del hombre como el de la mujer en las economías y el medio social de las diferentes comunidades del pasado, la arqueología de género pretende realizar una construcción más completa y aproximada de las sociedades que vivieron en tiempos pretéritos. No obstante, recordando siempre que en las épocas más remotas no hay vestigios de cómo eran las relaciones de género de ningún tipo, ni masculinos ni femeninos, como es el caso de la temática que se aborda en este trabajo, la arqueología de género no pretende tanto hacer una reconstrucción de este aspecto como en ser prudentes con ciertos presupuestos teóricos que tradicionalmente siempre se han aceptado sobre la función de la mujer y del hombre. Estos acostumbraban a asociar las tareas de recolección, trabajo de tejido o molienda, así como cuidado de niños y ancianos a la mujer, a las que además consideraban secundarias, es decir, de escasa importancia frente a las que se relacionaban con los hombres, caza, pesca, labores agrícolas y ganaderas o de construcción, consideradas las principales por el enorme sustento que proporcionaba al grupo y por el gran esfuerzo que requerían. Al mismo tiempo, estos estudios dejaban siempre al margen a niños y ancianos, a pesar del importante papel que podían desempeñar en la sociedad, sobre todo los primeros, debido al proceso de enculturación al que deben someterse, mediante el cual deben asimilar una ideología y una forma de comportamiento acorde a la sociedad en la que están insertos, así como labores que en el futuro deberán desempeñar, por lo que estudiar ese proceso supondría un gran avance para el conocimiento de los elementos sociales del grupo estudiado.

El origen de estos convencionalismos quizá constituya uno de los mejores ejemplos sobre cómo la situación y la condición social de los investigadores puede llegar a afectar a la teorización e interpretación del pasado, y no solo eso, sino de cuan lento es el proceso de cambio a partir de entonces. En este sentido, la propia historiografía de Andalucía, iniciada desde el siglo XIX, encabezada por hombres adinerados y de clase media-alta, encauzará el sentido de las primeras investigaciones, cuyos vestigios, marcados por la nula presencia no solo de mujeres, sino de niños o de ancianos, permanecerá hasta los momentos más inmediatos de la actualidad. No aparecerán mujeres en las actividades relacionadas con la historia hasta bien entrado el siglo XX, aunque hasta entonces y durante varias décadas más, imperará el historicismo cultural, una tendencia que si bien, dado su objetivo de simple medición y clasificación de los objetos arqueológicos, mantendrá relegados a hombres, mujeres, niños y ancianos por igual, seguirá teniendo marcados de androcentrismo, como la recurrente explicación de cambios, basados en acciones atribuidas al hombre (colonizaciones, guerras, invasiones, etc.). Aún así, las mujeres incorporadas a la investigación histórica, entre las que destacan Joaquina Eguarás, Felipa Niño y Encarnación Cabré, sobre todo en los campos de la archivística, museos y bibliotecas, seguirán priorizando su futura vida familiar por encima de los estudios, el mundo laboral y los ambientes universitarios para pasar a dedicarse a las labores domésticas y a la atención de la familia, como fue el caso de Encarnación Cabré. Así, en épocas posteriores al franquismo, y a pesar de la entrada de nuevos modelos teóricos como el marxismo, el materialismo cultural o el estructuralismo, la relegación de la mujer a un segundo plano, así como a acciones pasivas seguirá vigente, pues todas estas teorías caerán en la doble presunción de simplificar y generalizar las realidades sociales del pasado, así como de establecer leyes universales que expliquen los cambios de las mismas, e ignorando la complejidad que estas entrañan. En lo referente a los postulados del feminismo y el género hay que decir que no aparecerán hasta la década de los ochenta solamente en el campo de la historia, mientras que tardaría aún más en aplicarse en la prehistoria y la arqueología.

Estos presupuestos teóricos que en la actualidad se están sometiendo a estrecha crítica han dado como resultado una visión de los hechos más restrictiva de lo esperada, en tanto que excluye no solo a mujeres, sino a otros colectivos: todos aquellos que no formaran parte de la cultura occidental o que no coincidieran con el estándar de hombre blanco, adulto, de clase media, occidental y con valores afines. Con lo que el panorama resultante del pasado no solo es androcéntrica, sino etnocéntrica, egocéntrica y además dicotómica, en tanto que admite que todo lo diferente de esos parámetros equivale a ser opuesto a los mismos, lo que da lugar al establecimiento de desigualdades y jerarquizaciones que en realidad pueden no existir.

Todos estos rasgos se pueden apreciar en las imágenes que se exponen a continuación, y que inundan salas de museos, películas y libros escolares, contribuyendo a la transmisión de una parte del pasado distorsionada y que en realidad aún es desconocida. Así, las imágenes más recurrentes aluden sobre todo a escenas de poblados del neolítico en las que las mujeres suelen aparecer agachadas, junto a niños, o desempeñando alguna actividad, normalmente relacionada con el tejido o la molienda; al mismo tiempo hay que destacar que no se ha encontrado una sola imagen que aluda al trabajo de ancianos o de niños de forma autónoma, siendo los primeros prácticamente inexistente en las imágenes, mientras que los segundos solo aparecen al lado de mujeres. El protagonismo absoluto de las escenas lo tiene el hombre, que en la mayoría de los casos aparece en actitud triunfante, desempeñando actividades de caza, de construcción o en cualquier caso cargando con materiales pesados, y siempre de pie; además, este concentra el protagonismo de las imágenes que aluden a la evolución de la humanidad, a pesar de lo ya dicho de que humanidad se refiere no solo a hombres sino también a mujeres.

Cabe destacar igualmente que la mayor parte de la información utilizada para esta parte del trabajo procede de artículos especializados, pues las indagaciones llevadas a cabo en páginas web divulgativas indican que la información en este ámbito sobre el género es escasa o nula, no solo en el caso particular del neolítico andaluz, sino en toda la Península Ibérica. Ello, unido a la presencia aún continua de los prejuicios antes mencionados en estas páginas, indican el escaso eco que el género se ha hecho en este campo, uno de los más importantes dada su capacidad de informar por igual a toda persona no especializada, tanto adultos como niños, y el largo camino que aún tiene que recorrer.