Impactos ambientales/Contaminación atmosférica

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Contaminación atmosférica[editar]

La contaminación atmosférica comprende diversas alteraciones físicas y químicas de la atmósfera, incluyendo las naturales, como las emisiones volcánicas de material pulverizado, y las antropogénicas (producidas por el hombre), como:

  • el recalentamiento climático (el "efecto de invernadero"),
  • la disminución de la capa de ozono,
  • la lluvia ácida, y
  • la liberación de contaminantes tóxicos en el aire.

Este capítulo analizará dos fenómenos de importancia global el recalentamiento del clima y la disminución del ozono, conocidos en conjunto como "cambios globales". Además considerará la lluvia ácida, que puede tener significativos impactos internacionales.

El efecto de invernadero es un aspecto natural del clima del planeta, mediante el cual ciertos gases atmosféricos (conocidos como los gases de invernadero) absorben un poco del calor radiante que emite la tierra, luego de recibir la energía solar. Este fenómeno es esencial para la vida sobre la tierra, como la conocemos nosotros, puesto que sin él, la tierra estaría unos 300ºC más fría. Sin embargo, ciertas actividades antropogénicas tienen el potencial de amplificar este efecto al emitir en el atmósfera dichos gases (primordialmente dióxido de carbono, metano, óxido nitroso, cibroflourocarburos y halones, y el ozono troposférico), ocasionando un incremento en sus concentraciones. El resultado es un aumento en la temperatura global media, es decir, el recalentamiento del clima.

El ozono (O3) es un gas que se da en reducidas proporciones en toda la atmósfera del planeta, aunque la mayoría reside en los estratos superiores, o estratosfera (comprendida aproximadamente entre 10 y 50 km sobre la superficie de la tierra), donde actúa como un escudo protector, evitando la penetración de la peligrosa radiación ultravioleta hasta la superficie del planeta. El ozono es constantemente formado y destruido en la atmósfera, logrando un equilibrio entre el O3, O2 y O. Sin embargo, las especies reactivas de cloro y bromo, que se originan, principalmente, del empleo de los cloroflourocarburos (CFCs) y halones, facilitan la destrucción del ozono y alteran dicho equilibrio. Es la estabilidad química de los CFCs y halones, y su consecuente duración atmosférica, extremadamente larga, de hasta un siglo o más, lo que los permite llegar hasta la estratosfera. Una vez que entra en la estratosfera, la radiación ultravioleta ocasiona la liberación de los átomos de cloro y bromo, que sirven como catalizadores en la destrucción del ozono. Mediante este proceso, los CFCs y halones contribuyen a la disminución general del ozono, así como los agujeros de temporada localizados sobre la Antártica y, posiblemente, también en el Ártico.

Las actividades antropogénicas que contribuyen al recalentamiento climático y la disminución del ozono, son parte integral de la vida humana y del desarrollo económico. El aumento antropogénico en la concentración de bióxido de carbono (CO2), responsable de casi la mitad de los cambios climáticos que ocurrieron durante los años 1980, se origina principalmente en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) y en la deforestación tropical. La fabricación de cemento produce una pequeña cantidad de CO2. La emisión antropogénica de metano (CH4), responsable de un 15 por ciento de los cambios climáticos ocurridos durante la década de los 80, resulta de las actividades agrícolas (la descomposición anaerobia de material orgánico en los arrozales inundados y en las tripas de los animales domésticos, la quema de tierras para el manejo de pastos y cultivos, y la quema de desechos agrícolas como la paja de arroz), la producción de combustibles fósiles (la liberación del metano de los lechos carboníferos al ser minados, y la ventilación y fuga del gas natural durante su producción y traslado), y la descomposición anaerobia en los basureros. La emisión antropogénica del óxido nitroso (N2O), responsable de un 5 por ciento de los cambios climáticos que se dieron durante los años 1980, se produce, primordialmente, en las actividades agrícolas (empleo de fertilizantes con nitrógeno, desmonte de tierras, quema de la biomasa). Una pequeña porción indeterminada de las emisiones de N2O, surge a raíz de la quema de los combustibles fósiles. El ozono troposférico, responsable de una porción pequeña y muy indeterminada de los cambios climáticos ocurridos durante la década de los 80, no es emitida directamente por la actividad humana. Sin embargo, su concentración depende, primordialmente, de las emisiones de gases menores que resultan de la actividad industrial y del transporte.

Los CFCS y halones son sustancias químicas fabricadas por el hombre, responsables de un 17 por ciento de los actuales cambios climáticos, que al parecer constituyen la causa principal de la disminución del ozono observada hasta la fecha. Los CFCs son empleados como propulsores para los aerosoles, refrigerantes, disolventes electrónicos, y en la fabricación de esponjas y la producción química; los halones son empleados en los extintores. Dos sustancias químicas artificiales adicionales de larga duración, el tetracloruro de carbono, empleado en la producción química como disolvente y sustancia fumigatoria para granos, y el cloroformo de metilo, empleado en el desengrasado industrial, la limpieza en frío, y como disolvente, son otros importantes gases de invernadero que también disminuyen el ozono. La Tabla que sigue presenta la emisión antropogénica de los principales gases de invernadero, según la actividad que les corresponde, y el efecto de dichas emisiones sobre los cambios climáticos ocurridos durante la última década.

La emisión antropogénica de gases de invernadero durante el último siglo, ya ha sometido a la tierra a un recalentamiento de 1 - 20ºC. Se predice que una duplicación efectiva de CO2 (un aumento en la concentración atmosférica de todos los gases de invernadero que en total equivale a una duplicación de la concentración pre-industrial de CO2, que se anticipa ocurrirá cerca de la mitad del siglo XXI, resultaría en un recalentamiento de 1.5 - 4.5ºC. A modo de comparación, desde el último clímax glacial (hace unos 18.000 años), la temperatura promedio global ha subido unos 50ºC. Aun durante los últimos 700.000 años, la máxima variación global de temperatura no fue más que 50ºC.

Lo que alarma no es sólo la magnitud del potencial recalentamiento, sino también la velocidad del cambio climático anticipado. Los ecosistemas naturales que podrían migrar o adaptarse en un mundo en cambio menos rápido, posiblemente no puedan ajustarse con suficiente rapidez como para sobrevivir.


Tabla - Gases de Invernadero

Emisión Antropogénica, contribución al Cambio Climático y Duración en la Atmósfera (datos de 1985)

Gas Emisiones (millón toneladas/año) Contribución aproximada al cambio climático durante los 1980 (%) Duración atmosférica (años)
Bióxido de carbono (CO2)
  • Quema de combustible fósiles
  • Deforestación
  • Producción de cemento
  • Total CO2
(C)
  • 5208
  • 400-2600
  • 130
  • 5800-8000
50 50-200
Metano (CH4)
  • Arrozales
  • Animales Domésticos
  • Quema del Biomasa
  • Producción y Traslado de Gas natural
  • Minería de Carbón
  • Basura
  • Total CH4
(CH4)
  • 60-170
  • 65-100
  • 50-100
  • 25-50


  • 25-45
  • 30-70
  • 250-500
20 8-12
Oxido Nitroso (N2O)
  • Fertilizantes de Nitrógeno
  • Acuíferos Contaminados
  • Modificación del uso de la tierra
  • Quema de combustibles Fósiles
  • Total (N2O)
(N)
  • 0.2 - 2.4
  • 0.8 - 1.7
  • 1.0 - 1.


  • <1


  • 3.6
5 120-150
CFC y halones - 17 25-200+

Nota: Los rangos representan lo indeterminado en los cálculos de las emisiones. Los totales de los gases no son sumas de las fuentes individuales, puesto que los totales de los gastos menores no son sumas de las fuentes individuales, puesto que los totales son mejor restringidos que las fuentes individuales. No constan los cálculos de las emisiones para los CFC y halones debido a la falta de datos sobre las emisiones de estas sustancias química.


Los impactos potenciales incluyen la pérdida de bosques, tierras húmedas y otros ecosistemas, y el decaimiento y posible extinción de muchas especies. Los sistemas controlados podrían ser más resistentes, aunque también es probable que los impactos sean grandes, particularmente en los países menos equipados para adaptarse. Los cambios en la temperatura y precipitación afectarán a las prácticas agrícolas y al manejo de los recursos hidráulicos. La elevación del nivel del mar ocasionará la inundación de las áreas costaneras y un incremento en la intrusión del agua salada en las bahías y acuíferos costaneros, y destruirá valiosas tierras húmedas. Es probable que aumente la frecuencia de los eventos climáticos intensos (por ejemplo, olas de calor, huracanes), afectando la salud y propiedad humana y los ecosistemas naturales y controlados. Las temperaturas más elevadas podrían empeorar la contaminación atmosférica, especialmente el "smog".

El "agujero" en el ozono antártico fue reconocido, por vez primera, a fines de los años 1970, y su relación con el empleo de los CFCs y halones fue establecida, aproximadamente, una década después. En la década de los 80, se observó una disminución significativa del ozono en las latitudes centrales del Hemisferio Sur, y, más modesta, en las del norte, así como una disminución en la concentración global del ozono de unos cuantos por ciento entre 1969 y 1986. Se cree que esto también se debe, principalmente, al empleo de los CFCs y halones.

La continuada disminución del ozono estratosférico y el resultante aumento en la penetración de la radiación ultravioleta, biológicamente, dañina hasta la superficie de la tierra, tendrá efectos adversos sobre la salud humana y el medio ambiente. La radiación ultravioleta solar produce cáncer en la piel, cataratas en los ojos, supresión del sistema inmunológico humano, e indirectamente (mediante la inmunosupresión) el avance de algunas infecciones cutáneas, como los herpes. Es probable que los ecosistemas naturales y controlados sean afectados por tres mecanismos:

  • (a) daños generales en las funciones biológicas de las plantas, produciendo la disminución del crecimiento y una menor capacidad para competir;
  • (b) daños específicos en el DNA con efectos similares; y,
  • (c) daños específicos en las células germinales, que se manifiesta en un aumento en las mutaciones.

Es probable que disminuya la producción agrícola y que sea de menor calidad, aunque es posible que la reproducción selectiva en ingeniería genética produzca cultivos resistentes a los rayos ultravioletas. Sin embargo, es posible que los ecosistemas no controlados no tengan la misma suerte; las especies menos resistentes serán más vulnerables y, en consecuencia, podría peligrar el equilibrio ambiental. También es probable que la disminución del ozono ocasione la descomposición acelerada de los plásticos y pinturas expuestos a la intemperie, y que empeore el smog urbano.

Puesto que los gases responsables del recalentamiento climático y de la disminución del ozono, tienen una duración muy larga una vez introducidos en la atmósfera, las demoras en reducir su emisión significan un compromiso, relativamente más largo, con el cambio global (ver la Tabla). Aunque no hay certeza en cuanto a la magnitud de los efectos, son potencialmente graves y posiblemente irreversibles. Lo sabio parecería ser tomar acciones inmediatas, a la luz de los riesgos asociados con la demora, así como el hecho de que muchas de las acciones comúnmente propuestas tienen por sí solas sentido económico, social y ambiental:

  • el uso más eficiente de la energía derivada de los combustibles fósiles y el desarrollo de fuentes alternativas y renovables de energía;
  • la reducción de la tasa de deforestación y el aumento de la reforestación (p.ej., bosques en las depresiones de carbón);
  • la recolección y uso (como fuente de energía) del metano proveniente de los yacimientos de carbón y el metano generado en los sistemas anaerobios (basura, desechos animales, etc.);
  • prácticas agrícolas más eficientes (uso eficaz de los fertilizantes, y agricultura sustentable en vez de cambiante); y
  • el desarrollo y uso de reemplazos menos dañinos para los CFCs y halones.

La lluvia ácida resulta de la presencia de concentraciones atmosféricas anormalmente elevadas de sustancias que forman ácidos en reacción con el agua principalmente el bióxido sulfúrico (SO2) y, en menor grado, los óxidos de nitrógeno (NOx). Estos óxidos se forman en la naturaleza (p.ej. en los gases volcánicos y el rocío de mar), pero en las áreas altamente industrializadas o urbanizadas, las fuentes artificiales emiten cantidades que exceden a las naturales. Las plantas generadores a base de carbón y petróleo, son las fuentes más grandes de SO2, seguido por el uso del carbón y petróleo con alto contenido sulfúrico, para la calefacción doméstica e industrial. La generación de energía eléctrica y los motores de combustión interna, son las principales fuentes de los NOx, los datos señalan que la precipitación en grandes áreas de Europa y Norteamérica, es anormalmente acidógena.

La evidencia disponible no facilita la cabal evaluación del nivel de daño ocasionado por la lluvia ácida en ámbito global. Sin embargo, los lagos y ríos con un bajo nivel alcalino son susceptibles a los cambios en el pH, que puede ocasionar la lluvia ácida, y se ha demostrado que las cadenas alimenticias han sido afectadas en Norteamérica y en el norte de Europa. También son frágiles a la lluvia ácida ciertas especies de árboles, y los bosques en ambos continentes han sido afectados. Los edificios y monumentos de piedra, entre ellos muchos importantes patrimonios históricos y culturales, se deterioran más rápidamente donde la precipitación es ácida. En los casos de Canadá, Alemania, Yugoslavia y los países escandinavos, las principales fuentes del SO2 que da lugar a la lluvia ácida se encuentran en otros países.

Políticas, procedimientos y lineamientos recomendables[editar]

Aunque no existe una política universalmente aceptada para el recalentamiento climático y la disminución del ozono, las publicaciones del Banco Mundial (por elemplo) orientan sobre los problemas ambientales globales, y se acelera el trabajo en la Facilidad para el Medio Ambiente Global. [1] Aunque las evaluaciones ambientales deben reunir o mencionar todos los datos pertinentes, normalmente el Banco no considera que los problemas ambientales globales requieran de un análisis aparte en las evaluaciones ambientales para proyectos específicos. Sin embargo, tales inquietudes deben ser tratadas cuando sean pertinentes para el trabajo político y sectorial".

En 1989, un documento de política proveniente del Programa de Asistencia para el Manejo del Sector Energético (PAMSE), del Banco Mundial, subrayó los desafíos para el sector energético, planteados por los efectos potencialmente desastrosos del recalentamiento del clima. El documento enfatiza la necesidad de que los países en desarrollo aumenten su uso de energía sustentable y mejoren la eficiencia de su producción y distribución.

Una Ponencia del Banco Mundial sobre el recalentamiento climático bosqueja el estado actual de la ciencia al respecto, y analiza sus aplicaciones para el desarrollo económico (Anderson y Waltz, 1990). También resalta el hecho de que tiene sentido ambiental y económico crear políticas de eficiencia energética. Además, se reconoce la colaboración internacional como esencial para lograr una respuesta efectiva al recalentamiento climático

El Banco Mundial, a través de tales acciones como el auspicio del Grupo de Consulta sobre la Investigación Agrícola Internacional (GCIAI), participa en programas para mejorar nuestra comprensión de la ciencia del cambio climático. El GCIAR apoya al Instituto Internacional para la Investigación del Arroz, que se ocupa de los estudios tendientes a cuantificar y reducir las emisiones de metano en los arrozales.

Los Lineamientos Ambientales del Banco Mundial recomiendan niveles para el SO2 y NOx provenientes de proyectos del sector industrial, y energético. Al cumplir con estos u otros niveles semejantes, mediante la selección de combustibles de bajo contenido sulfúrico e instalación de equipos de control de contaminación, importantes en el manejo de la calidad del aire regional, se aporta además para el control de la lluvia ácida. También ha apoyado el Banco numerosos proyectos urbanos que incluyen la conversión del carbón al gas, en los sistemas de calefacción. La Ciudad de Sarajevo en Yugoslavia es un ejemplo. Tales inversiones, realizadas primordialmente para aliviar la calidad insalubre del aire, sirven para reducir la formación de la lluvia ácida.

Relación con las inversiones del Banco Mundial[editar]

Numerosas actividades de desarrollo, como las siguientes, pueden influir en el cambio climático y la disminución del ozono:

  • proyectos energéticos que incluyan una mayor producción, transportación y consumo de combustibles fósiles;
  • proyectos forestales que comprendan el desmonte masivo o explotación forestal intensivo, construcción de caminos de acceso y establecimiento de industrias en base a productos forestales, que inducen al desarrollo y al mayor desmonte de los bosques;
  • proyectos agrícolas que incluyan la conversión de los bosques en pastos o cultivos, la siembra de arrozales, la cría de ganado, el uso de fertilizantes a base de nitrógeno, la quema de la sabana y otras tierras para pastos, la quema de desechos agrícolas; y,
  • proyectos de desarrollo industrial que comprendan el uso de CFCS, halones y similares sustancias químicas sintéticas; y la construcción de áreas de relleno con basura.

Actividades que pueden desacelerar la amenaza del cambio global son:

  • proyectos energéticos que incluyan un aumento en la eficiencia y conservación de los combustible fósiles, el desarrollo de fuentes alternativas de energía (p.ej., de biomasa, solar, de viento, hidroeléctrico, y de cogeneración), la recolección y uso del metano proveniente de los yacimientos de carbón como fuente de energía, los sistemas mejorados de traslado de gas para reducir fugas;
  • proyectos de desarrollo industrial que comprendan el uso de sustitutos para los CFCs, halones y similares sustancias químicas sintéticas; la recolección del metano proveniente de los basureros y demás fuentes de desechos y su empleo como fuente de energía;
  • proyectos forestales que incluyan un uso de leña y un desarrollo agroforestal sustentables, la conservación de los bosques y la forestación o reforestación;
  • proyectos agrícolas que incluyan el desarrollo de sistemas sustentables, la restauración de tierras degradadas y acumulación de carbón en su suelo, y una mayor eficiencia en la cría del ganado y el uso de los fertilizantes; y,
  • el desarrollo de reglamentos y organismos ambientales efectivos.

Las inversiones correspondientes a la energía, mencionadas en párrafos anteriores, también tienen aplicaciones para la lluvia ácida. Además, los siguientes proyectos o componentes pueden tener impactos positivos sobre el problema:

  • requerimientos de equipos para la eliminación de S02 en los proyectos industriales y energéticos;
  • conversión a fuentes de energía de bajo contenido sulfúrico en las áreas urbanas e industriales; y,
  • políticas para el sector de transporte, que enfaticen las alternativas para los automóviles.

El Banco financia proyectos en todos estos sectores, Puede por tanto influir en el potencial recalentamiento de invernadero, disminución del ozono y precipitación ácida mediante la selección y manejo de proyectos que minimicen la emisión de los gases que contribuyan a crear estos problemas, y mediante las recomendaciones sobre estrategias de desarrollo sectorial y nacional en los países prestatarios. De particular importancia son los proyectos que aumenten la generación y uso eficiente de energía y que reducen la dependencia en los CFCs, halones y combustibles fósiles.

El Banco ya se encuentra apoyando a programas diseñados para mejorar la eficiencia y conservación energética. Algunos ejemplos incluyen los proyectos para FY88 y FY89 en Argentina, Bangladesh, India, Malawi, Marruecos, Somalia, y Zimbabwe, los cuales trataron, específicamente, mejoras en la eficiencia de los servicios públicos.

El Banco ha emprendido una serie de discusiones bilaterales para evaluar el interés en el establecimiento de una Facilidad para el Medio Ambiente Global; un mecanismo mediante el cual se movilizaría y administraría fondos adicionales para los problemas ambientales globales. Tales fondos serían empleados para ayudar a los países en desarrollo a reducir el uso de sustancias que disminuyen el ozono (p.ej. hacer transferencias de tecnología para reducir la dependencia en los CFCs; adoptar combustibles y tecnologías más limpios en el sector energético; adecuar o diseñar plantas en los sectores de energía e industria, que reduzcan la emisión de los gases de invernadero; y mejorar el manejo y conservación forestal para aumentar la absorción del CO2 en la atmósfera).

Acciones que pueden reducir el riesgo asociado con el cambio global, incluyen:

  • la reducción en escala y/o la demora de proyectos de larga duración a favor de otros de corta duración hasta poder predecir con mayor precisión los futuros cambios climáticos regionales;
  • la evaluación cuidadosa de proyectos costaneros de desarrollo a la luz de la elevación relativa del nivel del mar, anticipada para el futuro (función de la elevación global debido al recalentamiento climático, más el movimiento local de la tierra, por la eliminación de aguas subterráneas, las fuerzas tectónicas, etc.);
  • la conservación de una adecuada reserva genética, para asegurar la posibilidad de desarrollar especies agrícolas capaces de soportar los extremos climáticos y una mayor radiación ultravioleta.

Orientación para las Evaluaciones Ambientales[editar]

Idealmente, las contribuciones al recalentamiento climático y/o disminución del ozono estarán entre los principales problemas identificados durante la selección de los proyectos propuestos. Durante el reconocimiento ambiental inicial, la importancia de dichas contribuciones debe ser determinada, y, otros problemas deben ser identificados. Aunque normalmente será difícil calcular la magnitud absoluta de la contribución al cambio global, es decir el grado de recalentamiento climático atribuible al proyecto por su duración anticipada, se debe evaluar la magnitud relativa de la contribución. [2]

Se debe evaluar las opciones para reducir la contribución de un proyecto al cambio global, sin afectar de manera adversa el costo del éxito del proyecto. Por ejemplo, es probable que la ampliación de las operaciones domésticas de minería de carbón fomente la emisión de metano. La recolección del metano de los yacimientos de carbón y su uso como fuente de energía, no sólo reduciría la contribución al recalentamiento del clima, sino que también podría ser económica. Asimismo, se debe alentar el desarrollo y empleo de alternativas para los CFC y halones cuando sea apropiado. Varios informes de la APMA estadounidense, contienen análisis detallados de opciones técnicas para reducir la emisión de los gases de invernadero (Gibbs y Lewis 1990).

Al evaluar varios proyectos alternativos, no sólo debe considerarse la potencial emisión total de gases, sino también los gases particulares liberados, puesto que no todos los gases son igualmente eficientes para funcionar como gases de invernadero y disminuir el ozono. Por ejemplo, aunque el gas natural emite aproximadamente el 30 por ciento menos CO2 que el petróleo (y más del 40 por ciento menos que el carbón) por unidad de energía producida, a menudo, la producción y distribución de gas natural aparece en la liberación de CH4 que, en materia de radiación, es un gas de invernadero mucho más efectivo que el CO2 - más de 20 veces más efectivo (kilogramo por kilogramo), durante un período de 100 años. Por lo tanto, al considerar el cambio del petróleo al gas natural, a fin de reducir la emisión de CO2, se debe considerar también su mayor potencial para la emisión de CH4 (Shine 1990).

También se debe evaluar las aplicaciones del proyecto propuesto para el recalentamiento climático y la disminución del ozono. Por ejemplo, al evaluar el diseño de un sistema costanero de drenaje y eliminación de aguas servidas, se debe considerar la proyectada elevación del nivel del mar y mayor inundación de la costa. [3]

Se debe examinar el efecto de las políticas e instituciones gubernamentales existentes, sobre las actividades que contribuyen al cambio global, e identificar aquellas que son disuasivas para la reducción de la emisión de los gases menores. Por ejemplo, ciertas políticas económicas (p.ej. concesiones tributarios, subsidios), pueden promover la deforestación o el uso ineficiente de la energía. La construcción de caminos y el desarrollo del talado industrial, puede dar acceso a bosques antes inaccesibles y contribuir indirectamente a la pérdida de las tierras forestales. Las tecnologías que emplean sustancias químicas que probablemente sean eliminadas, paulatinamente, durante la próxima década (es decir, ciertos CFCs) no deben ser autorizadas.

Entre los métodos innovadores para financiar la reducción de las emisiones de gases de invernadero y los que disminuyen el ozono, y/o para compensar los grupos locales afectados por los costos que incurren, se encuentran:

  • cobro de un impuesto sobre el carbón (o sobre el potencial para el recalentamiento de invernadero), en base a la emisión de gases de invernadero por parte de un país, medido en términos del impacto de los gases emitidos sobre el recalentamiento de invernadero;
  • establecimiento de un fondo de compensación mediante el cual los países pueden sustituir una acción nacional por otra más eficiente (es decir, más económica), en otro país;
  • la inversión privada, especialmente en energía renovable, conservación energética y manejo forestal sustentable; y
  • un recargo ambiental para todos los países en base a su PIB. [4]

En las evaluaciones ambientales para proyectos específicos, regionales y sectoriales en los sectores urbanos, de transporte, energético e industrial, se debe considerar las aplicaciones para la formación de la lluvia ácida. Donde se encuentre que la acidificación de la precipitación sea un efecto probable del proyecto, la evaluación debe proceder a identificar el área geográfica que podría ser afectada (que posiblemente exceda en gran medida los límites del área de estudio para otros impactos ambientales) y caracterizar los recursos que se encuentran en su interior, en términos de su susceptibilidad a ser dañados por la lluvia ácida. La presencia de lagos y ríos con un bajo nivel alcalino, patrimonios culturales construidos de piedra soluble por la acción del ácido (caliza, mármol y serpentina, por ejemplo) o especies de árboles frágiles (p.ej. el abeto rojo del norte), plantear interrogantes en cuanto al posible daño ambiental o al patrimonio cultural que debe ser considerado en la evaluación de los impactos y elaboración de medidas atenuantes.

Referencias[editar]

  1. La Directiva Operacional 4.00, Anexo A: "Evaluación Ambiental", afirma que el Banco "se mantiene plenamente informado acerca de los últimos descubrimientos de las investigaciones sobre los problemas ambientales globales, mayormente a través de su Asesor Principal para Ciencia y Tecnología, y utiliza las perspectivas prevalecientes al elaborar sus propias políticas ambientales, económicas y sectoriales a fin de minimizar los posibles impactos adversos sobre los sistemas globales, como son la atmósfera y los océanos.
  2. El borrador de un Informe al Congreso por parte de la Agencia Estadounidense para la Protección del Medio Ambiente (APMA), contiene extensa información sobre coeficientes de emisión de los gases de invernadero, que pueden ser empleados en este proceso, p.ej., gramos de C02 por gigajulio de energía producida por una turbina a gas de múltiples ciclos versus una turbina a gas de ciclo sencillo (USEPA 1990). También se dispone de estudios que cuantifican los efectos relativos de los CFCS, halones y potenciales reemplazos, sobre la disminución del ozono (Fisher 1990)
  3. El Informe del Grupo de Trabajo No. 1 del IPCC (1990) proporciona cálculos de la futura elevación del nivel del mar
  4. Estos y otros mecanismos de financiamiento son tratados con mayor detalle en la Ponencia del Banco Mundial Fundin for the Global Environment, mayo, 1990