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Impactos ambientales/Central termoeléctrica nuclear

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Hasta el inicio de la década de los años 70, los proveedores de las plantas nucleares eran limitados y había créditos de fuentes bilaterales. Dada la cantidad limitada de proveedores, es difícil efectuar la adquisición en base a una Licitación Internacional.

Vista general de una planta termoeléctrica nuclear con las bóvecas de sus dos reactores y la torre de refrigeración (Francia)

Durante este tiempo, las preocupaciones mundiales acerca de los costos y la seguridad de estos reactores ha aumentado. No se ha exportado bien esta tecnología. Los costos finales ha sido, generalmente, dos o tres veces mayores que los estimados originalmente, los retrasos han sido grandes, y como resultado de los problemas con la producción, la potencia generada ha sido mucho menor que la capacidad. Fue una tecnología que, al utilizarse con cuidado, requeriría normas rigurosas de construcción, mantenimiento y operación; éstas son las áreas de mayor dificultad para los países en desarrollo. Aunque algunos de los países en vías de desarrollo (Corea, Taiwán, Hungría, etc.) han obtenido resultados satisfactorios con respecto al período de construcción, los costos de capital y las operaciones, a otros les ha ido mal, por motivos técnicos, financieros o institucionales. Asimismo, las características especiales de los desechos nucleares crean problemas que todavía no encuentran solución en muchos países.

Los gobiernos militares han sido proponentes importantes de la adquisición de la tecnología nuclear, con implicaciones obvias para la futura capacidad de sus países, para producir armas nucleares. Muchos de los programas tuvieron vínculos estrechos con los militares, y no era posible tener acceso a la información necesaria para evaluar la tecnología. Esto hizo surgir preocupaciones en cuanto a su seguridad, tanto en los países vecinos, como entre el grupo internacional, cada vez más vociferante. Esta oposición se fortaleció cuando algunos países decidieron la no observancia del Tratado de la No Proliferación Nuclear, que representó el esfuerzo de la comunidad mundial para separar los usos civiles y militares.

Algunos de los países no utilizaran los argumentos militares para proponer la energía nuclear, sino que enfatizaron, más bien, los vínculos de esta opción para la producción con su industria doméstica, con el motivo de especializarse en lo que consideraban la industria moderna de alta tecnología. Al reconocer que, tal vez, no sea la forma más económica de generar electricidad en la actualidad, presumían que su papel en el futuro sería competitivo. Por eso, se consideraba necesario, para los intereses nacionales, adquirir la experiencia nuclear, oportunamente, y obtener esta forma de energía como opción para el futuro.

Acontecimientos recientes

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Primero, la industria nuclear ha crecido. A fines de la década del 90, existen más de 430 reactores nucleares que producen energía eléctrica en 26 países. El número de proveedores ha aumentado y existe una gran cantidad de conocimiento y experiencia en cuanto a la construcción, diseño y operación de estas plantas (más de 4.000 años / reactor). La mayoría de los países desarrollados generan porciones modestas de su energía eléctrica con reactores nucleares. El dieciséis por ciento de la producción energética del mundo, es nuclear, y esto representa una porción casi tan grande como la energía hidroeléctrica (18%).

Segundo, son pocos, relativamente, los países que tienen fabricas de reactores nucleares y que son capaces de exportarlos (los Estados Unidos, algunos países de la ex Unión Soviética, Francia, Italia, Canadá, Alemania Occidental, Japón y, posiblemente, unos pocos más que tienen componentes y sistemas). Es poco probable que los gobiernos están dispuestos, actualmente, a subsidiar la exportación de la tecnología nuclear, a no ser que sea para investigación y desarrollo.

Tercero, el aumento de los precios de la energía durante los años 70 hizo que la energía nuclear sea una opción atractiva, especialmente cuando llegará a ser una importante preocupación la seguridad del suministro de petróleo. Muchos de los países en desarrollo miraron a la energía nuclear como una opción cada vez más atractiva a largo plazo, y estuvieron dispuestos a pagar el costo de la adquisición de la tecnología. La reducción subsiguiente de los precios del petróleo redujo la atracción de la energía nuclear, pero la crisis del Golfo estimuló los esfuerzos de la industria para promover la opción nuclear.

Cuarto, los sistemas energéticos de varios de los países en desarrollo son suficientemente grandes, actualmente, para que pueden emplear plantas nucleares. Durante muchos años las plantas nucleares más pequeñas eran tan grandes en comparación con los sistemas energéticos de los países en desarrollo, que éstas eran excluidas por razones del costo y la seguridad del sistema. Actualmente, están disponibles las plantas de 600 MW que podrían ser consideradas para las redes de 4.000 MW de capacidad instalada.

Quinto, la existencia del Tratado de la No Proliferación Nuclear, con sus disposiciones de seguridad para el uso e inspección de los materiales nucleares, no las ha eliminado por completo, más bien ha aliviado las preocupaciones sobre la diversidad de estos materiales para usos militares. La disposición de algunos países de la ex URSS para recibir, nuevamente, y procesar sus desechos, más el acuerdo limitado de Francia, de volver a recibir estos materiales, han moderado estas preocupaciones.

Sexto, la inquietud creciente acerca de los impactos atmosféricos causados por el uso de los combustibles fósiles, ha impulsado a la industria nuclear a promover la energía nuclear como una alternativa más benigna.

Séptimo, los accidentes de Three Mile Island (1979) y Chernobyl (1986), y las dificultades creadas por la falta de eliminación segura de los desechos radioactivos, han aumentado la preocupación del público sobre la seguridad de la tecnología y han generado fuerte oposición a las inversiones en plantas nucleares.

Octavo, el financiamiento internacional a un proyecto energético específico deberá tomar en cuenta la estructura de costos del sector global. Debido al número creciente de plantas nucleares, el Banco está siendo obligado a considerar, cómo estas instalaciones costosas, deben ser tratadas en la evaluación económica y financiera de los sistemas energéticos. Al participar como miembros los países de Europa Oriental, con sus grandes instalaciones nucleares (p.ej. Hungría, 39%), se ha acrecentado la necesidad de examinar estos temas.

Revisión de los temas principales

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Temas económicos y financieros

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Los bancos internacionales justifican sus préstamos para inversión en energía eléctrica, demostrando que representan la manera más económica de satisfacer una necesidad especifica de energía. Hasta los años recientes, las pocas plantas nucleares que existían no se consideraban como parte del sistema energético, porque usualmente, eran la propiedad de otra agencia y tengan muchos objetivos (investigación, desarrollo de tecnología, etc.), y su producción de energía no era sino un subproducto. Se vende la energía al sistema según las tarifas fijadas por las fuentes más convencionales, y la agencia nuclear paga el subsidio, no el consumidor de la energía eléctrica.

El retorno financiero de un proyecto energético y el precio que se cobra por su producto, depende usualmente, de las tarifas y costos del sistema global. Como los costos de las plantas de generación nuclear son tan elevados, tienen impactos importantes sobre los costos totales del sistema y, por lo tanto, pueden afectar la retribución obtenida sobre cualquier inversión convencional en el sistema.

Es difícil obtener cifras precisas del costo de los reactores nucleares debido a las circunstancias especiales de su construcción y uso, tanto en los países desarrollados, como en los que están en vías de desarrollo. Esto se complica por las dificultades que se encuentran al comparar diferentes tipos de estaciones, como agua liviana y pesada, y el uso de recipientes de contención o no. Los estimados más bajos de los países desarrollados vienen de Francia, donde la información publicada sugiere que los costos varían de US$1.500 a US$2.000 por kW. Estos costos pueden incluir el capital y otros subsidios que son difíciles de cuantificar. En los Estados Unidos, los costos van de US$3.000 a US$5.000 por kW. En Argentina y Brasil, son de US$5.000 a US$8.000 por kW. El costo de las tecnologías convencionales es de US$500 o US$600 por kW, para las plantas a gas de ciclo combinado, y de US$1.300 a US$1.600 para las instalaciones a gasificación de carbón, de ciclo combinado, y un poco menos para la tecnología que utiliza carbón en una cama fluidificada. Las turbinas de vapor a carbón o petróleo cuestan entre US$800 y US$1.500 por kW. Se deberá sumar los gastos de operación al costo de capital, para obtener el valor definitivo de la electricidad. Aunque los costos de operación sean bajos, los altos costos de capital de las plantas nucleares imposibilitan su selección como la alternativa de menor costo, bajo cualquier hipótesis razonable, con respecto al precio del petróleo o carbón.

Por eso, las plantas nucleares son antieconómicas, porque existe poca probabilidad que sea la alternativa más económica, según los costos actuales y proyectados. Además, existe evidencia que demuestra que los costos que citan, usualmente, los proveedores los desestiman considerablemente; y a menudo, dejan de considerar adecuadamente, la eliminación de los desechos, el retiro de servicio de la planta, y otros costos ambientales. Asimismo, el gran tamaño de muchas de las plantas nucleares en relación con los sistemas de los países en desarrollo, significa el riesgo que pueda haber mucha capacidad sin uso, si la demanda deja de crecer según los pronósticos. La estrategia de inversión nuclear carece de la flexibilidad necesaria para adaptar a las circunstancias cambiantes. Los costos altos requerirían grandes aumentos en las tarifas y esto podría minar la viabilidad económica de los sistemas, si la energía nuclear forma una parte importante del total; sin embargo, su viabilidad económica no se vería amenazada, necesariamente, si la contribución nuclear fuera relativamente pequeña.

Las plantas nucleares también significan importantes riesgos financieros y técnicos. Cada planta representa una inversión de US$1.500 - 2.000 millones. De no terminar la construcción a tiempo, se suman los costos financieros de US$150 a US$200 millones por año. No es raro que se produzcan retrasos de varios años, y esto, sumado a las dificultades que los países en desarrollo experimentan al tratar de operar las instalaciones a su capacidad nominal durante períodos prolongados, significa costos financieros substanciales para la mayoría de las empresas de servicio público.

Temas ambientales

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El tema ambiental más importante se relaciona con la pregunta si las plantas nucleares (incluyendo la producción del combustible, los sistemas de enfriamiento y de eliminación de los desechos) pueden ser operadas dentro de las normas de seguridad aceptables, expresadas principalmente en términos de las fugas de radioactividad. Hay grandes diferencias de opinión en cuanto a lo aceptable con respecto, tanto a los costos, como a la probabilidad de sufrir accidentes, particularmente los que son catastróficos.

Fallas Catastróficas: Tanto las plantas nucleares, como las hidroeléctricas, tienen solamente una pequeña probabilidad de sufrir una falla catastrófica, pero algunos expertos señalan las fallas de los sistemas de las instalaciones nucleares, en las que el riesgo es mucho mayor que el de las represas hidroeléctricas (donde el peligro es estructural). El caso más catastrófico es mucho peor para una planta nuclear que para una instalación hidroeléctrica, debido a los impactos a largo plazo para la salud (como en Chernobyl). En ambos casos, es una población involuntaria que soporta las consecuencias. Constituye un criterio de valor político muy complejo, el grado en que el gobierno está dispuesto a exponer sus ciudadanos al riesgo de estos eventos. En el caso de la energía nuclear, la falta de antecedentes históricos significativos complica estas decisiones.

Radiación de Bajo Nivel: es difícil estudiar los efectos a largo plazo de la exposición a la radiación de bajo nivel, porque los ocultan otros efectos (químicos, fumar, dieta, etc.) y, por lo tanto, no pueden ser detectados.

Por eso, los ambientalistas son fuertemente antinucleares. Enfatizan que el riesgo significa exponer a la gente, involuntariamente, y que los costos ambientales son tan elevados que excluirían la energía nuclear, aunque fuera más económica. Sin embargo, durante las consultas recientes sobre el efecto de invernadero, los proponentes de la energía nuclear han sugerido que ésta puede ser parte de la respuesta, siempre que se puedan diseñar plantas nucleares seguras y pasivas. Algunos ambientalistas están listos para revertir su criterio hasta que se compruebe que estas plantas sean positivamente seguras.

La percepción de ocultación y la falta de franqueza que caracteriza la operación de las plantas de energía nuclear complican más el tema. En los años recientes, algunos accidentes han sembrado dudas en la mente del público acerca de la aptitud de la industria y la seguridad del proceso. Muchos dudan de la credibilidad de la industria.

La industria y los gobiernos que la apoyan creen que si se opera la planta correctamente, los costos ambientales serán limitados y los riesgos serán aceptables. Sostienen que los antecedentes de seguridad de la industria nuclear se comparan favorablemente con las otras fuentes de energía, aun si se toma en cuenta a Chernobyl, que fue una tecnología, inherentemente inestable, que no está disponible en los países en desarrollo. La pérdida estimada de vidas en este desastre, según algunas fuentes, es menor que la que han causado las fallas de algunas grandes represas. Sin embargo, los efectos más permanentes de Chernobyl, si bien son inciertos todavía, están llegando a ser más conocidos, y aumentan mucho el costo. En comparación, el accidente de la represa Morvi que ocurrió en la India, en 1979, causó unas 15.000 muertes y los números de Chernobyl se están aproximando a esa cifra, o la superan ampliamente si se consideran las secuelas a mediano y largo plazo.

Ultimamente, ha aumentado la preocupación acerca del impacto sobre la atmósfera de la liberación de C02 como resultado del uso de los combustibles fósiles el efecto de invernadero. La industria nuclear ha sugerido que la ventaja de la energía nuclear sobre los combustibles fósiles a este respecto, podría justificar su costo más elevado. Los opositores sostienen que la conservación constituye la mejor alternativa, particularmente para los países desarrollados, porque reduce la necesidad de inversiones nuevas y grandes.

Los temas ambientales se han vuelto altamente emotivos y politizados. Los expertos de los dos lados son sospechados y, cada vez más, se resuelven las diferencias a un gran costo, a través de los procesos políticos y judiciales como, por ejemplo, en los Estados Unidos (Shoreham, Long Island), Suecia e Italia.

Temas políticos

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Cada vez más, la decisión de invertir en la energía nuclear es política. Los vínculos entre la energía nuclear y el desarrollo de las armas, siempre han sido prominentes en el debate público, particularmente en el caso de los países que desarrollan la capacidad de realizar todo el ciclo del combustible. La industria de la energía nuclear niega este vinculó, sosteniendo que los combustibles que se producen con los reactores modernos no son adecuados para producir armas. Sin embargo, no se puede negar el vinculó entre las tecnologías.

Fue la intención del Tratado de No Proliferación Nuclear resolver este problema. Los signatarios se comprometen a no transferir armas nucleares, ni recibirlas de ninguna parte. Los Estados que no disponen de armas nucleares se comprometen a no fabricar, ni adquirirlas, y se prohíbe toda prestación de ayuda a este respecto. La Autoridad Internacional de la Energía Atómica (IAEA) administra un sistema de salvaguardas para verificar el cumplimiento del Tratado. A cambio de este compromiso de parte de las naciones que no poseen las armas, el Tratado garantiza la "libre transferencia de la tecnología nuclear para los propósitos pacíficos, sin discriminación."

Algunos proveedores (p.ej., Canadá) insisten que quienes reciben la tecnología nuclear sean signatarios del Tratado. No todos los países en desarrollo son signatarios y algunos, notablemente, Argentina y Brasil, le han vuelto un tema político, a su negativa de firmar; sin embargo, esto no ha impedido que reciban la tecnología necesaria.

Referencias

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Véase también

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