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Historia del Partido Comunista Paraguayo (1928-1990)/Era Moriniguista/Moriniguismo

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LA DICTADURA DEL GENERAL HIGINIO MORINIGO

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A la muerte de Estigarribia, el 7 de septiembre de 1940, en un accidente aéreo, le sucede el ministro del Interior de su gabinete, general Higinio Morínigo, de conocida simpatía nazi-fascista. Su designación contó con el decisivo aval del Comando de la División de Caballería teniente coronel Dámaso Sosa Váldez, y el director de la Escuela Militar, coronel Ramón L. Paredes.

Por entonces la II Guerra Mundial había comenzado con la agresión hitleriana contra Polonia, en septiembre de 1940, aunque antes se había producido ya la anexión de Austria y Checoslovaquia, con acuerdo y complicidad de Inglaterra y Norteamérica. Sir Nevüle Chamberlain, primer ministro inglés, fue el entregador de Checoslovaquia a Hitler, en un intento de apaciguamiento de la furia agresora de éste y para que, en todo caso, la próxima agresión se dirigiera contra la Unión Soviética, como era un viejo plan de las potencias capitalistas.

A la «tregua política» heredada de Estigarribia, Morínigo sumó la «tregua sindical» como soporte de su política antiobrera. La CTP había declarado una huelga general, en apoyo de reclamos de la Liga de Obreros Marítimos (LOM), contra la Resolución n.° 19 de la Prefectura General de Puertos, que le otorgaba la arbitraria facultad de intervenir en sus asuntos internos. La medida fue activamente apoyada por los gremios adheridos. Uno de los primeros fue el de los ferroviarios. Ni un solo tren se movía sobre las vías desiertas. El secretario general del Sindica :o de Obreros Ferroviarios, Saturnino Abelardo Abadíe, militante del Partido Comunista, fue apresado y remitido a «Peña Hermosa», junto con leí plana dirigente de la CTP. El Ministerio del Interior invocó en apoyo de la medida la «tregua sindical».

En esta situación se produce una grave crisis en la conducción de la CTP. Sus integrantes no comunistas atribuían a éstos actitudes sectarias en la dirección del movimiento obrero. Acusaban a los comunistas de instrumentar a la causa gremial a los fines del partido.

Es interesante observar lo que la socióloga Muda Rivarola -citada por Seiferheld- en su libro «Cronología del movimiento obrero bajo los gobiernos de Estigarribia y Morínigo», anota sobre la huelga general que comentamos. Dice: «Aquella no fue una huelga sindical en sentido estricto, sino una huelga política, que, como tal, no tuvo apoyo. Su peor consecuencia -subraya- fue la desconfianza y las divisiones internas que se dieron en sus sindicatos» (ob. cit. T. II. pág. 126).

La descabezada dirección de la CTP se reorganizó -en la misma línea sectaria ya cuestionada por los aliados- incorporándose nuevos miembros, todos comunistas, corno: A. Gamarra, Pablo Franco, Berardo Leiva, Federico Martínez, Timoteo Ojeda, Gilberto Torres y oíros. Francisco Gaona, tal vez el único no comunista, se hallaba en el exilio desde 1939 y fue ratificado en su cargo de secretario general.

El evidente sectarismo en la actuación de los comunistas en el movimiento obrero, así como en otras esferas, digamos como la estudiantil, se producía a pesar de la línea política partidaria que siempre se pronunció y puso el acento en la necesidad de desarrollar una actividad caracterizada por la amplitud y el respeto a las opiniones de los demás, a fin de poder forjar la unidad de acción para la mejor defensa de los intereses obreros, populares y de todo el pueblo. Este error fatal, y más la incesante represión moriniguista, se unieron para hacer desaparecer de la escena nacional a la CTP.


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