Historia contemporánea de España/La guerra civil española/La insurrección de octubre de 1934

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En Cataluña, las elecciones autonómicas de enero de 1934 dieron la victoria a Esquerra. Macià había muerto pocos días antes y al frente de la Generalitat le sucedió Lluis Companys, quien se vio sometido a la presión separatista del partido. En abril el parlamento catalán aprobó una ley de contratos de cultivo muy favorable para los arrendatarios, pero la constitución atribuía esta legislación al Estado Central y el Tribunal de Garantías Constitucionales decretó la inconstitucionalidad. Tras ello el parlamento catalán volvió a aprobarla, poniendo en cuestión el ordenamiento jurídico de la República. Toda la izquierda y el PNV respaldaron a los catalanes, pero al final se iniciaron contactos para buscar una solución al conflicto.

Las posibilidades de que España se encaminara hacia una democracia estable recibieron un golpe devastador en octubre de 1934. En Europa se empezaban a establecer dictaduras de derecha. Y creyendo que el momento de la acción había llegado Lerroux formó gobierno que incluía 3 ministros de la CEDA. Companys proclamó entonces el “Estado Catalán, en la República Federal Española”, situándose así al margen de la constitución y los socialistas se lanzaron a una insurrección armada con la colaboración de las fuerzas obreras.

La decisión de Companys surgió en parte por su convicción, compartida con toda la izquierda española, de que la República no consistía en un ordenamiento concretado en una constitución y unas leyes, sino en un espíritu incompatible con el gobierno de las derechas. Pero su pronunciamiento no dio lugar a una movilización popular masiva y el ejército tuvo escasas dificultades para dominar la rebelión en Barcelona en menos de 24 horas.

La insurrección obrera fue mucho más grave: su gestación se había iniciado meses atrás, con la participación no sólo de los socialistas sino de otras fuerzas. La CNT rechazó cualquier acuerdo a nivel nacional, pero la gran autonomía de que gozaban sus secciones hizo que en Asturias se llegara a un acuerdo CNT-UGT, con el objetivo de implantar un régimen igualitario basado en los principios socialistas y federales.

El partido Comunista se incorporó a la alianza en septiembre. Pero cuando en octubre comenzó la insurrección, apenas había planes ni recursos que no fueran la huelga general. De hecho, la huelga fue efectiva en bastantes áreas en las que los socialistas eran fuertes.

La contraofensiva gubernamental, cuya coordinación desde Madrid fue encomendada al general Francisco Franco, incluyó el recurso a unidades del Ejército de África, que fueron trasladadas a Gijón. Tras 2 semanas de combate los insurrectos se rindieron.

En conjunto la insurrección causó unas 1.500 muertes, la mayor parte en Asturias y engendró odios intensos. Los insurrectos asesinaron a varias decenas de civiles, entre ellos 34 eclesiásticos, que serían las primeras víctimas de la violencia anticlerical que se produjo en España desde 1835. A su vez, en la represión se cometieron numerosos abusos (torturas, asesinatos, etc).