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Grandes biografías/Ramsés el Grande

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Ramsés el Grande

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Egipto: tierra de pirámides, fortificaciones de arena, orillas ataviadas de campos fructíferos y con los más lejanos conocimientos sobre medicina, astronomía, matemática, astrología, metalurgia, arquitectura, ingeniería...; repleto, alguna vez el paisaje, de bestias enormes, extinguidas hoy, en esta parte del mundo, debido al primer gran imperio. Con estos datos reunidos, no es de extrañarse, de la magnificiencia del coloso Ramsés, quien coloreó las aristas del Nilo, con sus soberbios santuarios.

Ramsés II, el más grande de los faraones, aquí representando en una estatua del templo de Tebas.

El astuto joven líder

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Así era llamado Usermatraa Setepenra-Ramsés Meriamón, el más extraordinario faraón de todos los tiempos, en su juventud. Enemigo de los carros hititas, se adelantó siglos a su época en cuanto a tecnología militar se refiere. La historia le debe, la primera batalla registrada, acontecida en Qadest, en 1294 a.C. El armamento de las tropas egipcias en su reinado, consistía en ágiles carrozas, diseñadas especialmente para correr a una velocidad considerable, una no vista en aquel tiempo; cuentan las paredes, la cantidad de carruajes que se empleó para combatir a los invasores, tratándose de unas seis mil, aunque debe ser alguna exageración, como casi siempre se lee en las crónicas antiguas. Lo cierto es que, sorprende el tamaño del enorme ejército, que lo acompañó durante la legendaria batalla de Qadest, con soldados ataviados con una armadura lo suficientemente resistible a las flechas, quedando éstas atrapadas en las pestañas; escudos cuadrados de cuero, pues que cubrían casi todo el cuerpo y fascinantemente ligeros; espadas de extrañas formas que, más bien parecían herramientas agrícolas, tan bien afiladas que algunas lo siguen estando; y, además, arcos prácticos, listos para disparar, aproximadamente mil saetas por minuto (lo equivalente a un helicóptero, con mil doscientas balas, en esa misma duración). Realmente, sus guerreros se hallaban entre los mejores del mundo antiguo y de toda la historia soldadesca.

Al regresar de la batalla, Ramsés fue recibido calurosamente por el pueblo egipcio, prácticamente revestido de reputación heroica; sin embargo, los historiadores dudan del supuesto triunfo, ya que en los muros de Hittan, se narra el mismo cuento con el rey Muwatallis II. Aún así, viendo los destacados logros en el campo militarista de parte del emperador, sin duda la victoria se le podría designar a éste. Esta sería una de las muchas batallas peleadas por el imperio durante la guerra hitita-egipcia, prolongándose así el conflicto durante diecisiete años.

La razón de tanto desatino, apenas comenzando la era ramseniana, se debía al territorio imperial; parte de él, se redujo debidamente al obsesinado culto de Akenatón al dios Atón (quien no centró su atención en las demás provincias imperiales, a excepción de su capital, El Horizonte de Atón), conquistado por la ya mencionada falange hitita. Ramsés,entonces, se espabila a tal amenaza, adaptándose al conjunto de técnicas estrategas de su cronología, o mejor dicho, adelántandose. Acá, se denota la sagacidad del nuevo monarca, del cual quizá el hitita promedio creía algún gobernante distraído. Egipto, nunca necesitó de tales adelantos, por el simple hecho de sus fortalezas constituidas de granos arenísticos. El sobrenombre del faraón, le calza rotundamente, a causa de sus prodigiosas hazañas militares. No obstante, no se tratarían de las únicas.

II ejecutó otra victoria en el campo del combate, esta vez naval. Este derramamiento de sangre en las aguas del Delta, es también uno de los primeros en registrarse. El rival, se trataba de piratas, los denominado shardana. Ramsés, con su avandísima milicia derrotó definitavamente a éstos en un dos por tres. Los sobrantes fueron sometidos a prisión, aunque posteriormente los incorporó a su extensa guardia.

Además, antes de Qadest, en 1298 a.C., empezó campañas en Asia, planeando astutamente la humillación de los hititas en aquella escaramuza. También, conquistó Libia, formando colonias ahí mismo y murallas vigilantes desde Racotis (Alejandría) hasta El-Alamein. Ningún egipcio, pensó de esta manera, y probablemente ninguno luego. Todo esto lo realizó en tan solo sus primeros cinco años de gobierno monárquico. Ramsés II, habiéndose terminado la disputa bélica, firmó el primer tratado de paz de la historia con Hatussil III.

Ramsés y el imperio roedor

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El tercer soberano de la XIX dinastía, es celebrado inclusive por su camada de padre; su primera cónyuge, Nefertari, dio a luz al primógenito Amonherunefet. Paralelamente, II contrae matrimonio con Isetneref, procreando a Ramsés. Ambas esposas del mujeriego, engendran hijos e hijas para Su Majestad. Como tercera mujer, escoge a Hentmire, su propia hermana, debiéndose este matrimonio a una supersticiosa tradición faraónica de la purificación de la sangre; cuarta y quinta consorte: Meritamón y Bentanat, hijas suyas. Así, de esta manera, Ramsés aseguró una larguísima descedencia, fecundando un imperio, congenitado de sus entrañas, genes ocultos en el linaje de las generaciones del floreciente país de Egipto, hoy bajo el dominio árabe y la locura petrolera.