Manual de LaTeX/Datos preliminares/Introducción a LaTeX

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En primer lugar hay que señalar que LATEX no es un procesador de textos, como lo es Kword, Abiword o Writter de la suite ofimática Openoffice.org. Sino más bien es un lenguaje de programación que en vez de presentarnos en pantalla una interfaz gráfica produce textos para ser leídos o impresos de una gran calidad tipográfica. Para hacernos una idea de lo que puede ser LATEX pensemos que este es algo similar a lo que sucede con el código fuente de las páginas web. La página es escrita según unas reglas que entiende el navegador y que nos permite visualizar dichas páginas de un modo intuitivo. Puede comprobarse esto fácilmente pidiéndole al navegador web que muestre el código fuente de esta página. Como se ve lo escrito y lo visualizado no coinciden. LATEX procede de modo similar. Lo que se escribe no es lo que se ve en pantalla. ¿Puede esto tener alguna ventaja práctica? ¿Hay alguna razón para abandonar los procesadores de texto que usamos todos los días para realizar nuestros trabajos? Lo que sigue intentará mostrar bajo qué circunstancias LATEX puede representar una ventaja frente a otros modos más amigables para trabajar los documentos escritos.

Imagine usted lo siguiente: Tiene que escribir un largo trabajo de investigación. Todo lleno de fórmulas matemáticas, de citas a pie de página y muchos libros de referencia. Imagine que tiene que editar un enorme documento de casi mil páginas y que está dividido en 70 pequeños archivos. ¿Cómo hacer un índice a partir de 70 archivos? ¿Cómo evitar que haya cambios de fuentes o de formato indeseables y que todas las páginas tengan los mismos márgenes? ¿Cómo proceder para que el programa editor no haga cosas extrañas e irreversibles? ¿Cómo saber si todas las comillas que he abierto han sido cerradas? Estos ejemplos no son casos aislados, ni hipotéticos, sino que se refieren al uso cotidiano de los procesadores de textos en entornos académicos y universitarios. Para estos usos los procesadores de textos pensados para las oficinas se quedan un tanto cortos en cuanto al respeto de las más elementales normas tipográficas. Ahora bien, como cada uno de nosotros no es siempre un profesional de la tipografía es conveniente que alguien haga por nosotros dicho trabajo tipográfico. Aquí es donde hace su aparición el entorno LATEX.

Para hacerlo más comprensible esta aparición sigamos con los actos de imaginación. Imagine ahora que dispone usted de un programa al cual sólo hay que darle las ordenes y este las realiza por usted. Por ejemplo, le dice usted que esto que escribe es un libro o una obra de teatro o un artículo de astronomía o una carta. Como verá cada una de estas obras tiene una estructura propia que LATEX de antemano sabe y maneja según plantillas que respetan a cabalidad las normas tipográficas. Imagine también que dentro de un libro usted le señala a LATEX que este es el título, este el autor y la fecha. Con estos elementos LATEX compondrá la portada. Además, puedo indicarle que esto es un capítulo (no sé si acabará siendo el primero o el vigésimoquinto), aquí una sección (no sé cuál es su número exacto), esto una nota al margen que siempre debe estar a la altura de tal línea (aunque introduzca cientos de líneas más después), aquí una nota al pie; quiero además que en el encabezado de cada página vaya el número del capítulo y el nombre de la sección, etc. El usuario da las órdenes y LATEX se encargará por usted de formatear el documento según las instrucciones que le ha dado. El usuario sólo se dedica a escribir el texto, de la maquetación se encarga LATEX. Los resultados finales de esta maquetación son en la mayoría de los casos muy superiores a los que el usuario obtiene manualmente con procesadores de texto WYSIWYG[1].

En general los usuarios que utilizan los procesadores de textos lo hacen como si fuesen máquinas de escribir sofisticadas. Sin embargo, un texto es un producto que debe respetar un mínimo de normas para su legibilidad. La belleza estética de un texto no es criterio suficiente para establecer su comprensibilidad, lo que importa más bien es su estructura lógica. Un escrito lógicamente estructurado es mucho más legible que un texto solo estéticamente agradable. En este aspecto el uso de LATEX representa para el autor una enorme ventaja, ya que al escribir los textos pensando que hay que estructurarlos en vista de su legibilidad, se logra que lo escrito se le presente al lector lo que se quería decir. Desde este punto de vista LATEX es un entorno de trabajo casi insuperable por poder de edición de documentos con alta legibilidad.

Permítame usted otro ejemplo de como se procede con textos estructurados que no coinciden con lo que usted ve en pantalla o en forma impresa. Imagine usted que ha realizado usted la traducción de una obra medieval y la ha maquetado a dos columnas. En cada página la primera columna contiene el texto latino y enfrente la traducción castellana sincronizada con la versión original. La traducción consta de unas 600 páginas. Usted termina la traducción del texto, pero le dicen que este debe ser presentado ahora no en columnas sino que la página izquierda debe contener el texto original y la página derecha la traducción. Y debe entregarlo maquetado al día siguiente. ¿Qué hacer? ¿Cuántas horas perdidas? ¿Tendrá usted que dejar de dormir para cumplir con los plazos? En esta ocasión LATEX presenta todas sus ventajas. Que un texto esté organizado en dos columnas o en páginas enfrentadas no significa ningún problema. La lógica de la traducción es que a cada texto latino corresponda su traducción castellana. Eso se indica en cada párrafo: aquí el texto original y esta es su traducción. Para obtener aquello solicitado lo único que habría que decirle a LATEX es que ordene en columnas o en páginas. Para lograr esto solo basta con cambiar una instrucción de tres letras por otra de tres letras. Vale decir, entre dos o tres segundos. LATEX es el perfecto sirviente que cumple con las órdenes que le damos. Lo único que hay que aprender es precisamente las órdenes para que LATEX las cumpla por nosotros. Además estas instrucciones son las mismas desde hace años. Por lo que no hay que estar siempre aprendiendo nuevos comandos conforme aparezcan nuevas versiones más actualizadas. Lo que aprendí hace diez años sigue tan vigente hoy como dentro de viente años más.

En otros téminos, LATEX es una serie de instrucciones (macros) basado en el sistema de edición de bajo nivel TEX. En su origen fue especialmente diseñado para la composición de textos científicos, sobre todo para aquellos que deben incluir una gran cantidad de fórmulas matemáticas. Sin embargo, las posibilidades que LATEX ofrece hacen de él un programa idóneo para componer textos de cualquier índole, y más aún si estos son muy grandes. De hecho, puede afirmarse que si algo puede ser impreso se puede realizar con la combinación LATEX y TEX.

LATEX combina inigualablemente la sencillez de edición, la calidad tipográfica y la facilidad para garantizar una buena estructura y organización del documento, todo esto de manera casi automática. Así, uno no tiene que hacer más que concentrarse en el contenido del documento y en señalar unas cuantas instrucciones para que LATEX haga lo que las instrucciones le indiquen: hacer una portada, un índice de contenidos, poner las notas a pie de página, insertar una imagen, etc. Por ejemplo, en lugar de seleccionar manualmente el tipo de fuente que usaremos para el título de una sección, su tamaño y su estilo (y de recordar todo esto para cuando se llegue el momento de iniciar otra sección), en LATEX sólo tenemos que indicarle que dentro del documento que en un determinado lugar se inicia una sección, así basta con escribir \section{Nombre de la sección}, y con ello obtendremos un verdadero título de sección con todo y su numeración, con independencia de las secciones que podamos insertar antes o después de esta instrucción de estructura del texto.

No obstante, lo primero con lo que nos vamos a encontrar es que LATEX no es, por sí mismo, uno de esos programas que ofrecen una interfaz de usuario intuitiva, como lo hacen los programas de tipo WYSIWYG, sino que nuestra escritura en LATEX consiste en una serie de comandos cuyo efecto no será visible hasta después de una compilación. Desde este punto de vista, LATEX es menos "amigable" que otros editores de texto. Sin embargo, no cuesta realmente mucho trabajo aprender a usar LATEX e identificarse con él, —menos aún considerando la gran cantidad de documentación que a propósito existe—, y tomando en cuenta los resultados que pueden alcanzarse con este programa, LATEX termina siendo, en la mayoría de los casos, la mejor opción. Para que el lector se convenza de esto bastará que siga leyendo este libro, lleno de ejemplos de lo que se puede hacer con LATEX.

Para más detalles sobre algunos puntos de esta introducción es recomendable leer los apéndices al final de este wikilibro.

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  1. What You See Is What You Get (Lo que ve es lo que obtiene)
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