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España es un país de relieve elevado y montañoso, con una altitud media de 660 metros sobre el nivel del mar. En el centro de la península se encuentra la Meseta Central, rodeada por diversas cordilleras como la Cantábrica, el Sistema Ibérico y Sierra Morena. Las montañas más altas son los Pirineos y el Sistema Bético. También destacan las depresiones de los ríos Ebro y Guadalquivir.
España cuenta además con los archipiélagos de las Islas Baleares y las Islas Canarias, así como con las ciudades de Ceuta y Melilla en el norte de África.
Sus costas, bañadas por el océano Atlántico y los mares Cantábrico y Mediterráneo, presentan una gran variedad de playas, acantilados, rías y calas.
La España peninsular
[editar]La España peninsular tiene una superficie de 493 458 km² (el 97,53 % del territorio nacional) y sus costas miden un total de 4600 km aproximadamente. La altitud media es de 660 metros sobre el nivel del mar, y la anchura máxima de la península es de 1094 km.
En el relieve destaca la abundancia de sistemas montañosos, puesto que casi la mitad de la superficie es accidentada. La Meseta Central es el elemento principal del relieve porque está situada en el centro del país, ocupa una gran extensión y en torno a ella se articulan las cordilleras y depresiones.
La España insular
[editar]A España pertenecen dos archipiélagos de islas. Uno de ellos es el de las islas Baleares, ubicado en el mar Mediterráneo y a 90 km al este del cabo de la Nao (Alicante). El otro es el de las islas Canarias, situado en el océano Atlántico, a 100 km al oeste de la costa africana.
Relieve de las plazas de soberanía
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Las plazas de soberanía es el conjunto de posesiones españolas en la costa norte de África: Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, peñón de Alhucemas y peñón de Vélez de la Gomera.
Influencia del relieve en la historia de España
[editar]El relieve montañoso y complejo de España ha influido en su historia, dificultando la conquista y el acceso a muchas regiones. Las cordilleras actuaron como barreras naturales que favorecieron la defensa del territorio y protegieron especialmente a las zonas montañosas. Por ello, España fue considerada un país difícil de conquistar.
Además, este relieve complicó durante mucho tiempo la construcción de vías de comunicación y ferrocarriles, lo que retrasó el desarrollo de la Revolución Industrial en el país.