Usuario discusión:Francisco de Sales
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Existen muchas acepciones del término Globalización ó Universalización. Consideramos la más apropiada la que se define como: "La tendencia Mundial hacia una mayor apertura e integración de las actividades económicas, la utilización de los bienes, recursos y servicios de los países entre sí para satisfacer sus necesidades a través de modelos de libre mercado, en competencia, contando con la actividad privada, el apoyo de los gobiernos respectivos y con determinadas reglas que norman la competencia”.
Este concepto debe ser matizado y entendido en su real significación. Para ello extraemos las apreciaciones y comentarios del Dr. Guillermo de la Dehesa .
La cuestión que merece respuesta y que explica el interés de Europa, especialmente en los últimos años en España, en los Programas de Cooperación Empresarial en Ibero América es:
¿A qué personas afecta el proceso de Globalización, negativa o positivamente?
El Dr. de la Dehesa analiza si las protestas que se vienen produciendo en el entorno de Organismos e Instituciones como Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional e incluso la Organización Mundial de Comercio responden a intereses legítimos o a percepciones erróneas.
Agrupa en dos grandes bloques muy esquemáticos a Países Desarrollados y Países en Desarrollo, y a personas capitalistas (que viven predominantemente de sus rentas del capital propio invertido), y a los trabajadores (que viven fundamentalmente de las remuneraciones que perciben por su trabajo), considerando que existen muchos trabajadores que apoyan su remuneración con diversas rentas originadas por la inversión de su propio capital, es decir que la división es evidentemente esquemática.
De igual forma, distingue dentro de los trabajadores, a los más cualificados, por su mayor nivel de estudios y capacitación, de los no cualificados, con niveles de estudios bajos o casi inexistentes. Naturalmente existe una graduación más suave, pero a efectos de la tesis del Dr., de la Dehesa, basta esta clasificación.
La Globalización, fundamentalmente, obliga a las Naciones, y por tanto a las Empresas, a un elevado incremento de la competencia a través de la mayor movilidad de bienes y servicios, capital y nuevas tecnologías, que permiten competir con otras empresas de muchos países a la vez, que se extiende a los capitales, bien financiando internamente u obteniendo inversiones externas, e igualmente los trabajadores que trabajan en ellas, bien como empleados directos o como suministradores externos de bienes y servicios profesionales.
Los Países que tengan instituciones democráticas más consolidadas y solventes, es decir Instituciones judiciales y legales que sean justas y eficientes, que reconozcan y defiendan la propiedad privada, la libertad económica, la seguridad jurídica ciudadana, que primen la capacitación, la educación y la formación, más abiertas al negocio internacional y más estables, obtendrán mayores flujos de capital del exterior, mayor tecnología y capital humano extranjero, se encontrarán en ventaja frente a los que no lo tienen.
El Dr. de la Dehesa no se refiere, en este caso, a tendencias económicas neoliberales, proteccionistas o de otra índole. Se ocupa de clasificar a las personas de las diferentes naciones por el papel que desempeñan en la sociedad, en los destinos de su trabajo y por ende en cómo obtienen sus fuentes de ingresos.
Con estas premisas generales y, en principio, con creciente globalización y un fuerte incremento de la competencia los primeros beneficiarios serán los consumidores del mundo: los precios de los bienes y servicios tenderán a caer, aumentará su capacidad de compra, es decir, sus rentas reales, pues el nivel de precios será menor.
De ahí, que en términos generales la Inflación mundial tiende a reducirse en todos los países, en unos más que en otros, según se encuentren preparados para afrontar la Globalización.
De igual forma con el capital, como consecuencia del mismo efecto: mayor volumen de comercio, mayor competencia, precios de bienes y servicios más bajos, calidad y capacidad de elección mayor, y a mayor flujo de capital el coste del capital será menor, permitirá mayor endeudamiento para invertir y consumir.
Ese es el aspecto más beneficioso y universal de la Globalización.
Lógicamente saldrán más beneficiados los consumidores de los países más desarrollados, con niveles de competencia mayor, que los países menos desarrollados.
Debe aseverarse, igualmente, que los capitalistas de los países más desarrollados saldrán más beneficiados que los no desarrollados. Tendrán dos ventajas:
a) la libre movilidad de los capitales les llevará a inversiones en lugares más rentables, reduciendo el riesgo a través de una adecuada diversificación.
b) Con la Globalización e Internet, es más difícil gravar fiscalmente al capital que al trabajo, pues el primero es más intangible y móvil que el segundo. Los trabajadores más cualificados de los países desarrollados saldrán igualmente más favorecidos, se podrán adaptar más a la revolución tecnológica y a la internacionalización, aumentando su nivel de vida y sus salarios.
Los trabajadores no cualificados de estos países tendrán que aceptar trabajo menos remunerado y de menor productividad o podrán quedar desempleados pues en ese caso tendrán que competir con trabajadores no cualificados de países menos desarrollados cuya exigencia salarial es menor, trabajando mayor número de horas y una productividad igual o superior.
Los que obtienen sus rentas a través de la colocación de su capital en los países en desarrollo saldrán menos favorecidos que la de los países desarrollados, pues actúan en entornos con escasa competencia, de escasas regulaciones y alta corrupción en algunos casos, y a pesar de obtener inicialmente márgenes muy elevados, los mismos se irán reduciendo a medida que entren capitales extranjeros que obtengan mejores calidades y precios, a la vez de recibir importaciones más baratas de terceros países.
Los trabajadores de los países en desarrollo con libertad de mercados, promoción de inversiones nacionales y extranjeras, saldrán beneficiados con la Globalización: con las inversiones internas y las procedentes del exterior muchos de ellos dejarán de estar parados o subempleados, y los que están trabajando verán sus salarios mejorar, pues se exportarán mayores volúmenes de bienes y servicios a los países desarrollados, mayor aumento de la producción y la exportación, mayor demanda de empleo.
Se recibirá mayor inversión directa extranjera que también aumentará la demanda de trabajo, y aportará formación y tecnología.
Resumiendo la tesis del Doctor De la Dehesa: “La Globalización implica que son más numerosos los que ganan que los que pierden. Casi todos ganan como consumidores y son pocos los que pierden como productores.”. El reto del siglo XXI es buscar formas e Instituciones que aumenten la solidaridad mundial y que superen las situaciones de fuerte agravio comparativo, con las que existen actualmente, evitando que haya perdedores netos, evitando las crisis de 1914 y 1945 con dos guerras mundiales y una gran depresión.
Pero esta tesis del Dr. De la Dehesa será válida si en el País en Vías de Desarrollo se mantienen las reglas del juego de los países más desarrollados: Libertad de Mercado, Libertad y Promoción de Inversiones Extranjeras, Igualdad jurídica y económica acerca de los Capitales invertidos nacionales o del exterior, inexistencia de corrupción administrativa, adecuada competitividad, etc. y eso no ocurre en la mayoría de los países en vías de desarrollo, y en el caso de igualdad jurídica e inesistencia de corrupción tampoco en los países desarrollados.
Por otra parte, el número de habitantes de los países no desarrollados donde no existe libertad de mercado, promoción de inversiones extranjeras etc. puede ser igual ó mayor que los de países desarrollados. Pensemos en el continente africano y varios países de América del Sur, Centroamérica y Asia. Es decir, el Dr. De la Dehesa, en su tesis, no homogeneiza la población mundial.
Sin hablar de cantidad de países sino de población, existen millones y millones de habitantes en Países Subdesarrollados, que, viviendo o no en régimen de pobreza, no se benefician de la Globalización.
¿Cuantos miles de millones de habitantes representa el 85% de países no desarrollados y el 20% de los países desarrollados? Eso no lo explica el Dr. De la Dehesa.
De acuerdo a datos estadísticos elaborados por las Naciones Unidas para el año 2012 y sus proyecciones referidos a los 243 países que componen la población mundial, en relación con sus números de habitantes, 7.028,5 millones, hemos calculado que el 61% de la población mundial no está cualificada, ( 4.258,5 millones) y el 39 % sí lo está, ( 2.770 millones).
Puede, quizás, existir un error del 10% en más ó menos, considerando el índice de libertades de cada país que afectan a su desarrollo comercial,como Igualdad jurídica y económica acerca de los Capitales invertidos nacionales o del exterior, inexistencia de corrupción administrativa, adecuada competitividad, etc
En el libro “Estrategia Corporativa” el autor hace referencia al Mercado Invisible. Con la Globalización, las Multinacionales tienen claro que deben llegar a 5.000 millones de “nuevos clientes” ,sumidos en la pobreza ó con salarios muy escasos, pobladores de países en vías de desarrollo, con técnicas de marketing agresivo, no para aliviarles en su pobreza mediante la cesión de nuevas tecnologías, alianzas estratégicas ó fomentando la inversión directa hacia dichos países.
Se trata de que las empresas vendedoras les concedan préstamos a muy largo plazo, con el apoyo de las Instituciones Financieras locales, de forma que en lugar de pagar cuotas mensuales de 30$ paguen 3$ al mes. Han estudiado perfectamente bien que los pobres son los mejores pagadores del mundo, y ellos venden y los pobres consumen, restando sus escasas ganancias en obtener bienes de consumo y no para capacitarse y educar a sus hijos. En el fondo, jamás saldrán de la pobreza.
Para ello, con el argumento de los mayores costos de administración de sus carteras de préstamos, los Bancos especializados en los minicréditos a las micro pymes y pymes, en créditos para inversión y financiación de circulante, imponen unos tipos de interés leoninos, de hasta el 16%, cuando a los depositantes les ofrecen intereses en un rango del 0% al 3% anual. Los acreditados pagan sin morosidad pues sus cuotas mensuales, a medio plazo son muy bajas.
Las Multinacionales que producen bienes de consumo, (Electrodomésticos, vehículos, mobiliario etc..) y no de capital, ofrecen, a través igualmente de las Entidades Financieras, créditos al consumo, a altos tipos de interés, que no añaden en los países en vías de desarrollo ningún valor añadido a su crecimiento y desarrollo económico, y tan solo endeudan masiva y eternamente a las familias de escasos recursos.
Poniendo ejemplos: Casas Bahía en Brasil. Cemex en Méjico. Nokia, Motorola. Coca Cola en la India redujo el tamaño de la botella, y por tanto su consumo fue asequible a mayor número de habitantes, pero ofreciendo menor producto.
Es el real concepto de los países desarrollados en relación con la globalización.
La verdadera concepción de la Globalización.
“...En la época de la Globalización, la economía refleja modelos competitivos vinculados a culturas muy diversas entre sí. El comportamiento económico y empresarial que se desprende tiene en común principalmente el respeto de la justicia conmutativa. Indudablemente, la vida económica tiene necesidad del contrato para regular las relaciones de intercambio entre valores equivalentes. Pero necesita igualmente leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don. La economía globalizada parece privilegiar la primera lógica, la del intercambio contractual, pero directa o indirectamente demuestra que necesita a las otras dos, la lógica de la política y la lógica del don sin contrapartida....” “....En la época de la globalización, la actividad económica no puede prescindir de la gratuidad, que fomenta y extiende la solidaridad y la responsabilidad por la justicia y el bien común en sus diversas instancias y agentes”. ................./ .......... “Se trata, en definitiva, de una forma concreta y profunda de democracia económica. La solidaridad es en primer lugar que todos se sientan responsables de todos; por tanto no se la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se podía pensar que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía después como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia. Se requiere, por tanto, un mercado en el cual puedan operar libremente, con igualdad de oportunidades, empresas que persiguen fines institucionales diversos. Junto a la empresa privada, orientada al beneficio, y los diferentes tipos de empresa pública, deben poderse establecer y desenvolver aquellas organizaciones productivas que persiguen fines mutualistas y sociales. De su recíproca interacción en el mercado se puede esperar una especie de combinación entre los comportamientos de empresa y, con ella, una atención más sensible a una civilización de la economía. En este caso, caridad en la verdad significa la necesidad de dar forma y organización a las iniciativas económicas que, sin renunciar al beneficio, quieren ir más allá de la lógica del intercambio de cosas equivalentes y del lucro como fin en sí mismo.” ……/…… “A veces se perciben actitudes fatalistas ante la globalización, como si las dinámicas que la producen procedieran de fuerzas anónimas e impersonales o de estructuras independientes de la voluntad humana. A este respecto, es bueno recordar que la globalización ha de entenderse ciertamente como un proceso socioeconómico, pero no es ésta su única dimensión. Tras este proceso más visible hay realmente una humanidad cada vez más interrelacionada; hay personas y pueblos para los que el proceso debe ser de utilidad y desarrollo, gracias a que tanto los individuos como la colectividad asumen sus respectivas responsabilidades. La superación de las fronteras no es sólo un hecho material, sino también cultural, en sus causas y en sus efectos. Cuando se entiende la globalización de manera determinista, se pierden los criterios para valorarla y orientarla. Es una realidad humana y puede ser fruto de diversas corrientes culturales que han de ser sometidas a un discernimiento. La verdad de la globalización como proceso y su criterio ético fundamental vienen dados por la unidad de la familia humana y su crecimiento en el bien. Por tanto, hay que esforzarse incesantemente para favorecer una orientación cultural personalista y comunitaria, abierta a la trascendencia, del proceso de integración planetaria....” “.....A pesar de algunos aspectos estructurales innegables, pero que no se deben absolutizar, la globalización no es, a priori, ni buena ni mala. Será lo que la gente haga de ella. Debemos ser sus protagonistas, no las víctimas, procediendo razonablemente, guiados por la caridad y la verdad. Oponerse ciegamente a la globalización sería una actitud errónea, preconcebida, que acabaría por ignorar un proceso que tiene también aspectos positivos, con el riesgo de perder una gran ocasión para aprovechar las múltiples oportunidades de desarrollo que ofrece. El proceso de globalización, adecuadamente entendido y gestionado, ofrece la posibilidad de una gran redistribución de la riqueza a escala planetaria como nunca se ha visto antes; pero, si se gestiona mal, puede incrementar la pobreza y la desigualdad, contagiando además con una crisis a todo el mundo. Es necesario corregir las disfunciones, a veces graves, que causan nuevas divisiones entre los pueblos y en su interior, de modo que la redistribución de la riqueza no comporte una redistribución de la pobreza, e incluso la acentúe, como podría hacernos temer también una mala gestión de la situación actual. Durante mucho tiempo se ha pensado que los pueblos pobres deberían permanecer anclados en un estadio de desarrollo preestablecido o contentarse con la filantropía de los pueblos desarrollados. Los recursos materiales disponibles para sacar a estos pueblos de la miseria son hoy potencialmente mayores que antes, pero se han servido de ellos principalmente los países desarrollados, que han podido aprovechar mejor la liberalización de los movimientos de capitales y de trabajo. Por tanto, la difusión de ámbitos de bienestar en el mundo no debería ser obstaculizada con proyectos egoístas, proteccionistas o dictados por intereses particulares. En efecto, la participación de países emergentes o en vías de desarrollo permite hoy gestionar mejor la crisis. La transición que el proceso de globalización comporta, conlleva grandes dificultades y peligros, que sólo se podrán superar si se toma conciencia del espíritu antropológico y ético que en el fondo impulsa la globalización hacia metas de humanización solidaria. Desgraciadamente, este espíritu se ve con frecuencia marginado y entendido desde perspectivas ético-culturales de carácter individualista y utilitarista. La globalización es un fenómeno multidimensional y polivalente, que exige ser comprendido en la diversidad y en la unidad de todas sus dimensiones, incluida la teológica. Esto consentirá vivir y orientar la globalización de la humanidad en términos de racionalidad, comunión y participación.....” En relación con aspectos políticos puros, aunque el mismo viene subordinado a intereses económicos que han suplantado el concepto de “política”, los países llamados democráticos y como ejemplo crucial encontramos a los Estados Unidos de América, han procurado cercar a los países llamados comunistas donde, no solo se determina al Estado aconfesional del mismo, sino que en su mayor parte se denominan “ateos”, basando su hegemonía a través de conflictos bélicos. A través de lo propuesto como Globalización, en la Encíclica descrita, que implica la “Humanización Solidaria”, el término Comunismo, en su versión más estricta, no tendría razón de ser y el mismo desaparecería. Ante estas conclusiones, subordinadas al arquetipo de modelo de Política Económica y de los atributos que son precisos en cada País para “estar preparado” y adaptarse a la inevitable tendencia globalizadora, se ha procurado por parte del Gobierno español en Ibero América y en el resto de países menos desarrollados, modelos y programas de Cooperación, que por un lado faciliten a las empresas españolas el proceso de internacionalización, y por otro, coadyuven al fortalecimiento de los países menos desarrollados con Programas de Cooperación Empresarial y Social.
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