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Manual del escritor/Didáctica/La biografía

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A todos se nos plantearía en nuestra vida profesional el escribir necesariamente la biografía de un compañero. Y por ello por diversos motivos; porque el compañero (o el superior jerárquico) ha fallecido, porque se distinguió de algún modo en la vida profesional, o porque se designó para ocupar un puesto de responsabilidad.

Normalmente, el problema se resuelve con una simple nota biográfica; pero también se exigiría una biografía, lo más completa posible, o una semblanza biográfica.

La nota biográfica

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La nota biográfica es la relación de los datos de una persona, ordenados cronológicamente.

La NOTA BIOGRÁFICA se reduce a una serie de datos escalonados, cronológicamente ordenados. Se le llama el “currículum vitae” de una persona, lugar y época de nacimiento; estudios y trabajos, méritos profesionales, etc. Es el “esqueleto”, el esquema biográfico, los hechos más destacados de la vida de un individuo.

La técnica es muy simple. Todo se reduce a exponer sucintamente y por orden cronológico la serie mencionada de datos biográficos. Es el procedimiento más sencillo, el menos comprometido. Pero la nota, por su esquematismo resulta el más flojo de los procedimientos biográficos; es fría y carece de calor humano. Por muy completos que sean los datos, siempre les faltará el eco cordial. La curiosidad del lector se satisfaría a medias.

La nota biográfica se haría debidamente cuando el personaje en cuestión no es popularmente famoso, o cuando, por premura del tiempo, no redactaríamos una biografía completa.

La biografía

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La biografía es la historia de la vida de una persona específica.

La BIOGRAFÍA es el estudio, lo más completo posible de un personaje. El esqueleto de una nota biográfica se reviste de músculos, de nervios y se le infunde alma, soplo vital. Los datos reflejarían debidamente el temperamento, carácter y modo de ser del biografiado. No basta, por ejemplo, con decir que Fulano de tal “se distinguió” en tal o cual momento de su vida, sino que es preciso reflejar cómo actuó, con datos significativos.

La técnica, pues, se complica; es difícil dar reglas. Porque una biografía exige dominar el arte narrativo, la descripción, el diálogo, la técnica informativa, etc.

Para redactar completamente una biografía, hace falta estudio y documentación. Tras la documentación viene el estudio característico del personaje deseado. Ver al personaje, figurárnoslo tal y cómo era, meternos en su piel, antes de lanzarnos a hacer su retrato. Aquí, como en la descripción, se seleccionará previamente los datos necesarios para elegir luego los que sean relevantes.

La documentación se obtendría de múltiples modos: si desconocimos al personaje en cuestión, se preguntaría a quienes le trataron íntimamente, familiares o amigos. Un buen archivo resuelve parcialmente este problema.

Reunido ya todo el material de trabajo, se ordenaría procedentemente: conviene decidir lo que irá al principio y al final. La biografía, como la novela, consta de introducción, cuerpo y final.

En la introducción convenientemente se capta la atención del lector desde el inicio. Una biografía se escribe para ser leída. El principio, el arranque, es de fundamental importancia. Por ello se recomienda no seguir el orden cronológico: resulta menos atractivo decir, por ejemplo. “Fulano de tal nació el año… en el pueblo de”. Conviene comenzar con algo atractivo para la atención del lector Ese “algo” sería una anécdota expresiva, reveladora del carácter del biografiado, o un dato personal de gran fuerza.

La anécdota es muy útil en la biografía; pero hay que manejarla sabiamente y en especial, asegurarse de su autenticidad. Rechacemos la anécdota falsa o insegura y la anodina vulgar o inexpresiva.

Veamos como ejemplo, cómo empieza Stefan Zweig, ese trozo biográfico de Dostoievsky titulado El Momento Heroico, y que forma parte de los Momentos Estelares de la Humanidad.

“El ruido de los sables, las voces de mando a lo largo de las casamatas, turbaron su sueño en medio de la noche. Por lo desconocido pasan sombras lúgubres y fantasmales. Estas sombras le empujan por un camino estrecho e inmensamente largo. Se oye el chirrido de un cerrojo. Se abre la puerta. Entonces columbra el cielo, y un viento helado le abofetea en el rostro. Aparece un carro, negro como el abismo. Y las sombras le empujan hacia aquel abismo…”

O aquel otro principio de Roman Rolland en su biografía de León Tolstoi.

Hizo sus estudios en Kazán. Estudios mediocres, Se decía que cada uno de los hermanos: “Sergei quiere y puede. Dimitri quiere y no puede, León ni quiere ni puede…”

Insistimos en que para la biografía, no se recomendarían sistemas fijos, ni s e hablaría de técnica predeterminada. Hay quien escribe inicialmente reflejando los últimos días del personaje, quien elige un momento de la adolescencia o quien empieza por darnos los rasgos físicos y espirituales más expresivos del biografiado.

Una biografía será debidamente el relato completo.

Como pintor, se exigirá al que escribe que el retrato se parezca al modelo. Dos requisitos se cumplirán: objetividad y sinceridad. No se caerá en el elogio desmesurado (lo que los pintores llaman “halagar al modelo”) ni tampoco en la tendencia caricaturesca. Jugar a un hombre es muy difícil. Por ello se recomiendan muy pocos juicios a cargo del que redacta la biografía. La biografía será necesariamente escueta, exacta y sin comentarios.

Para llenar estos requisitos el biógrafo actuará como buen periodista (notario de la realidad). El estilo directo se impone. Es preciso que los hechos hablen, para que el lector vea al biografiado auténticamente en su vida (los comentarios…ya los pondrá el lector por su parte). Técnica puramente informativa por ende. No adjetivar: no decir simplemente que Fulano de tal era “bueno”, “inteligente”, “trabajador” o “amistoso” sino demostrar con hechos reales que el biografiado era así; que se vean esas cualidades de bondad, inteligencia, laboriosidad, o longanimidad. Hay que contar cosas reveladoras del temperamento o carácter del personaje en cuestión. Si yo digo, por ejemplo, que “Zutano” era un hombre de “muy buen humor”, el lector se convencerá o no con mi afirmación. Depende de la fe que tenga en mí, en el autor. En cambio, si cuento alguna anécdota reveladora de ese “buen humor”, sin necesidad de que yo afirme nada, el lector dirá para sí: “Este hombre tenía muy buen humor. Le convencieron los hechos, no las afirmaciones, más o menos gratuitas, de quien escribe; forma aquella más efectiva de convencer.

NOTA: Recomendamos al alumno la lectura de buenas biografías. Por ejemplo: las escritas por Emil Ludwig, Stefan Zweig, André Maurois, Romain Rolland, Ludwig Pfandl, Gregorio Marañón, etc. Especialmente indicada, en especial como florilegio de semblanzas es la obra de André Maurois, titulada Destinos ejemplares (Ediciones GP Barcelona, “Libros Plaza”). Entre las biografías recientes, destacan Felipe España, de de Henry Kamer, (Siglo XXI, de España); La Reina de Pilar Urbano, o Don Juan, de Luis María Ansón (Plaza y Janés). La última es indudablemente, la biografía política, de mayor interés, publicada en España el último cuarto de siglo.

La Semblanza Biográfica

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La semblanza es un bosquejo biográfico, es decir, una biografía incompleta. Finalmente, LA SEMBLANZA se definiría como UNA BIOGRAFÍA INCOMPLETA. La semblanza no agota la historia entera de un personaje. En ella se eligen sólo aquellos hechos reveladores el carácter, los más salientes y significativos.

La diferencia que hay entre una semblanza y una biografía es la misma que existe entre un dibujo al carbón (un apunte expresivo) y un retrato al óleo. Lo cual no significaría que este procedimiento sea mejor o peor que aquél. Son diferencias de técnica, no de valor.

Realmente, toda buena biografía es también semblanza (debe serlo), como retrato al óleo iría precedido de algunos apuntes al carbón.

NOTA: Recomendamos al lector la obra de Indro Montanelli. Personajes, editada por Plaza Janés. La integran una serie de semblanzas realizadas sobre el entramado previo de una entrevista, muy en la línea de lo que exponemos al respecto en esta lección. Casi todas estas semblanzas se refieren a figuras de nuestros tiempos.