Historia de la Bibliotecología: Pasado, Presente y Porvenir/La bibliotecología como práctica

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Se define como ciencia un sistema de conocimientos que mediante la labor intelectual permite interpretar los enigmas que rodean al sujeto. Una de sus categorías son las ciencias sociales, que se encargan de estudiar al hombre como ser social y su relación con la sociedad. Se le ha dado el estatus de ciencia social y humana a la bibliotecología por su interacción constante entre información, documento, usuario e institución bibliotecaria, y su influencia social.

Para profundizar en la práctica bibliotecaria es necesario abordar su historia, según Linares en su texto “La bibliotecología en dos tiempos”, la práctica bibliotecaria inicia estrechamente ligada a la creación de la institución bibliotecaria, su origen se remonta 4000 o 5000 años atrás en Mesopotamia, las primeras bibliotecas en la historia, tradicionalmente localizadas en Ebla, Ur y Nínive, sus colecciones reunían documentos contables, administrativos y la escasa producción literaria de la época, anteriormente esta práctica se vinculaba únicamente a quehaceres técnicos.

La modernidad de igual modo potenció el campo bibliotecario gracias a la imprenta de Johann Gutenberg, generando un mayor acceso al conocimiento registrado (aún así dicho acceso era limitado).

En la construcción del campo bibliotecológico las corrientes anglosajona, francesa y alemana brindaron los mayores aportes, pese a las diferencias entre los postulados, cada una de estas influyeron en la concepción actual de la bibliotecología.

La bibliotecología denominada biblioteconomía en la tradición francesa, se consideraba como un conjunto de conocimientos técnicos, sin concederle el carácter científico. Aunque se interesaron poco en fortalecer el aspecto científico de la bibliotecología, sí procuraron fortalecer su sistema bibliotecario. L’Advis de Naudé, es el primer escrito formal sobre las bibliotecas; al ser una guía para la administración y organización de las mismas. Gracias a los aportes de Naudé la práctica bibliotecaria inicia un largo proceso de profundización, siendo el siglo XIX momento de mayor significación para la bibliotecología, puesto que se dio la consolidación de sus teorías y reglas de catalogación y los sistemas de clasificación bibliográfica.

La consolidación de una tipología bibliotecaria y el surgimiento de las bibliotecas nacionalizadas, públicas y especializadas impulsan el desarrollo en el campo. Puesto que el entorno conjugó cambios económicos, sociales, políticos, intelectuales y tecnológicos brindó condiciones para que ciertas prácticas e instituciones, incluyendo la bibliotecológica, intentaran reconfigurarse en los marcos de nuevas disciplinas, en consecuencia, entre 1808 y 1829 se comienza a identificar como un espacio de conocimiento autónomo a dicha práctica.

La bibliotecología alemana impulsada por la obra de Schrettinger, Versuch eines vollständigen lehrbuchs der Bibliothek-swissenschaft es considerada como una disciplina científico-técnica encargada de coordinar las fases de búsqueda del libro y su hallazgo, asimismo, propone entender a la biblioteca como una colección organizada de libros para su uso.

La naciente profesión bibliotecaria anglosajona en Estados Unidos recibió mayor impulso con la fundación en 1876 de la American Library Association (ALA), ya que permitió la cohesión y el fortalecimiento del gremio de los bibliotecarios y el surgimiento de iniciativas educativas para formarlos como profesionales, lo que se refleja en la publicación del primer trabajo de importancia sobre bibliotecas en Estados Unidos, The Librarian’s Manual, asimismo resaltando las aportaciones de Dewey con el movimiento de bibliotecas públicas. Luego de tres décadas del siglo XX se propuso en Estados Unidos el desarrollo de la bibliotecología, ligada estrechamente a las ciencias sociales es ahí cuando se funda La escuela de Chicago, propuesta que posteriormente daría entrada a formar futuros doctores en bibliotecología, hecho que permitiría que este campo de conocimiento siguiera en un continuo proceso de crecimiento.

De igual modo continuó el desarrollo de concepciones acerca de este tema provenientes de otras regiones del mundo como Asia, África, América Latina, entre otros. Luego con las dos Guerras Mundiales y la Guerra Fría se dan relevantes innovaciones científicas y tecnológicas, así como transformaciones informacionales significativas, lo que hace posible que la bibliotecología sea considerada como una disciplina científica.

En la actualidad, la bibliotecología continúa evolucionando siendo una construcción conjunta de hechos y acontecimientos. Al ser considerada una disciplina científica con énfasis social se empiezan a implementar programas académicos en los cuales se forman los futuros bibliotecólogos incluidos en el campo de las ciencias de información, todavía más se empiezan a formar las principales tendencias científicas y profesionales de la bibliotecología.

Con el paso del tiempo se han generado subáreas en la ocupación profesional, como estudios métricos de la información, representación y análisis de la información, gestión cultural, estudios de desigualdad de información, entre otros. Esto de paso para profundizar los estudios en áreas más específicas de la bibliotecología que a su vez les permite cubrir las necesidades de formas más adecuadas.

Con las constantes innovaciones tecnológicas la bibliotecología debe de tomar las mismas como herramientas para impulsar el conocimiento en la sociedad, para esto puede plantearse una formación profesional que brinde mayores herramientas a sus futuras generaciones, más allá de aprender la actividad vista desde un ámbito técnico que tengan la capacidad para enfrentarse con el contexto que brinda cada realidad social, y de igual forma estos profesionales tengan la facultad para no solo quedarse con la información adquirida, sino transformarla a conocimiento y poder aplicarla en relación con su entorno, logrando beneficiar a las diferentes comunidades, sobre todo a aquellas que tienen acceso limitado a la información, siendo promotores de la digitalización, asimismo generando proyectos sociales para enseñar el uso adecuado de dichas herramientas y su protección, herramientas que no implican únicamente equipos electrónicos, en lugares donde probablemente no se tenga acceso a cierto tipo de conexión, sino herramientas nuevas y con mayor alcance, bibliotecas o espacios de información con energías alternativas que se adecuen dependiendo las características de cada territorio, que solventen problemas como la falta de luz para los equipos, siendo auto sostenibles. Igualmente el bibliotecólogo, y de hecho muchas más áreas relacionadas con la educación, deben plantearse, cómo mejorar la calidad de enseñanza y aprendizaje para las futuras generaciones de nuestro país y aún más importante, qué tanto acceso le permitimos que nos brinde o limite el estado en oportunidades educativas.

Conclusión.

Las bibliotecas son instituciones culturales reconocidas desde la antigüedad, la construcción de las bases de su quehacer ha sido una preocupación constante, pero gracias a las distintas corrientes bibliotecológicas se fue consolidando lo que hoy conocemos sobre este campo, que sigue en continua transformación.

Cambios en la sociedad generaron condiciones ideales para que ciertas disciplinas se impulsaran hacia el campo científico, incluyendo las ciencias sociales y humanas dentro de las que se ubica la bibliotecología, por lo que hoy retomar las bases históricas puede permitirle crear una identidad sólida al margen de los cambios que hayan en las políticas del país  a través del tiempo.

Los continuos avances de la tecnología hicieron cada vez  más necesario para controlar el gran flujo de información personas capacitadas que se ocuparan del naciente problema y si bien la bibliotecología empezó como quehacer empírico, en la actualidad es muy grande el espacio que abarca esta profesión, tanto así que tiene algunas subáreas de trabajo, su función sigue relacionada directamente con el sistema informativo documental, ligado a los sujetos que tiene una necesidad informacional y los bibliotecólogos deben estar a la altura respondiendo a los grandes desafíos que las nuevas tecnologías han creado.

Los bibliotecólogos debemos conservar nuestra esencia humanística y cuestionarnos constantemente sobre cómo influimos en la sociedad desde nuestra profesión, qué bases éticas posee el profesional y qué nos da el criterio para tomar decisiones que quizás puedan influir en el sujeto, por ejemplo, la limitación de la información, estaremos en la facultad para elegir a qué información puede acceder alguien,  acaso pondremos nuestras posiciones ideológicas por encima del bien de cada usuario.

Ahora bien, asumiendo un punto de vista crítico, a nuestra percepción no creemos que la bibliotecología esté subordinada a la ciencia de la información, porque la bibliotecología conserva su posición de ciencia social y humana, en cambio la ciencia de la información mantiene su postura en aspectos técnicos de nuestra labor.


Referencias bibliográficas.

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