Religion, educacion e identidad
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==Introducción: La Cárcel Invisible==
Con este extraño título, la periodista Marianne Ponsford presentaba en Bogotá, Colombia, en su columna del periódico El Espectador correspondiente a la semana del 24 al 30 de Septiembre de 2006, su pensamiento relacionado al poco interés del pueblo colombiano por saber qué pasa más allá de sus fronteras. Afirma la periodista que en Colombia pareciera que el mundo no existe, o parece no importar que exista. “Es posible que Colombia sea uno de los países más cerrados del mundo” (Ponsford, 2006). Pero lo más preocupante es que su población parece ignorarlo.
Me uno al pensamiento de la periodista para insistir en la escasa curiosidad del pueblo colombiano por encontrar el origen de su realidad, su identidad y su presente, dejándose sumir en la retórica política, mediática y confesional que enmaraña la mente del pueblo a diario sin permitir un receso que cuestione de dónde somos, dónde estamos, para dónde vamos, porqué somos así. Estamos sumidos en la retórica populista, en la literatura barata, en los medios de comunicación que irrumpen en nuestro diario vivir con un discurso alusivo a la “noble labor” de un gigante que ejerce el mal uso de su libertad para invadir la de aquellos que por una u otra razón la naturaleza ha dejado en vilo. Un gigante que con su proyección de bienaventuranza ha evolucionado en el desarrollo del hombre y se reencarna a lo largo de las civilizaciones con nomenclatura ecléctica: romanización, cristianización, europeización, norte-americanización: democracias acomodadas para conjugar el pensamiento simplista al culto de la practicidad.
Habiendo podido descubrir y escudriñar de cerca otras culturas en Europa, [[Medio Oriente]] y América, me atrevo a concluir que somos un país extremadamente conservador, temeroso, reprimido y manipulado por frecuentes discursos confesionales que, sobre un pueblo maltratado moral y físicamente, no puede sino dejarse arrastrar por la corriente teocrática impulsada por nuestro “país modelo del norte”. Rescatando mi historia personal y la de mi país, corroboro junto con diferentes autores que la religión ha contribuido en buena parte a nuestro aislamiento y a nuestra carencia de espíritu crítico e investigativo. Con este trabajo, me propongo, entonces, escudriñar muy brevemente la razón de la religión que domina nuestra querida Colombia y hacer un sobrevuelo de cómo ha afectado nuestra historia y nuestro presente educativo colombiano. Para reconstruir nuestro pasado religioso, resulta imprescindible dirigirse a las cunas de la antigüedad. A partir de allí, reluce la herencia que domina nuestro presente.
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[editar] Egipto: una Herencia Misteriosa
Para hablar de los orígenes del cristianismo conviene remontarse a los orígenes mismos de la religión madre del antiguo testamento: el judaísmo. Cada morada en Egipto tenía su dios. El mundo Egipcio se bañaba en una religiosidad infinita donde el culto politeísta representaba el común denominador. Sin embargo, durante el reino de Amenofis IV (1350-1334 a. c.), Egipto experimentó por primera vez en la historia de la humanidad la adoración monoteísta: Aton, la representación humana del dios creador, el sol. Esa innovación cargada de revolución religiosa, pues ya el faraón imponía su idea monoteísta, terminó con su asesinato y con una persecución sangrienta a sus seguidores. Es aquí cuando comenzamos a hablar de Moisés. A partir de este momento la historia del pueblo hebreo o judío se disuelve en la historia del monoteísmo. Huyendo de Egipto y vagando durante 40 años por el desierto del Sinaí como pueblo nómada, extranjero a donde llegara - gitano en términos modernos - este pueblo logró instalarse en la tierra prometida de Canan, actual Palestina. Para unos, jefe de tribu hebrea, para otros, seguidor de alto rango egipcio de la nueva religión ya condenada y en fuga, Moisés traslada al pueblo nómada hebreo de Egipto a Palestina, llevando consigo el legado monoteísta y toda una sabiduría sobre la cual reposa la enseñanza cristiana. Moisés llevó consigo imágenes e historias bíblicas procedentes del Nilo. Los egipcios pensaban que Dios formó al hombre a partir del barro, pensamiento encontrado también en el Antiguo Testamento. La idea misma del cobro de las malas acciones y la balanza de la justicia divina el día del juicio final se transmite a la religión cristiana con la idea de un juicio final venidero donde las almas de los justos alcanzarán la resurrección y las de los malos se hundirán en el infierno: los faraones ascienden al cielo antes que Cristo. El culto de Osiris influyó al cristianismo con sus enseñanzas sobre la muerte y la resurrección. Osiris asesinado por su hermano Seth (Caín y Abel en términos bíblicos) resucita gracias a Isis, diosa de la maternidad (la Virgen María). Los Egipcios narraban, igualmente, historias que se asemejan a la natividad bíblica: Isis, embarazada y perseguida, busca refugio y da luz en una humilde vivienda, a su hijo, Horus – “el infante Horus”, El divino Niño. La concepción del Dios cristiano guarda similitud con la concepción egipcia: el Cristo, cordero pascual, y la paloma del espíritu santo coinciden con la tradición egipcia donde los dioses toman aspecto animal. Con todos estos ejemplos, no pretendo en ningún momento poner en duda las enseñanzas cristianas. Sí pretendo, por el contrario, despertar la curiosidad del lector y hacerlo partícipe de acontecimientos de una historia común a la humanidad que la Iglesia no incluye dentro de su oratoria. Los datos históricos se ocultan en el olvido para imponer una palabra que promueve el cristianismo como única fuente de vida y de esperanza, presentando a un Dios como única posibilidad de creación: la Historia justificada únicamente a partir del profeta Cristo. Los creyentes, inconscientes de su religión, no reconocen las influencias externas del génesis de la cristiandad y se dejan llevar por discursos que, en manos astutas, adoptan un poder lingüístico que carcome la inocencia del hombre. Dejo por un instante esta parte del mundo para dirigirme a otro centro de culto: Persia o el mitraísmo En el año 1400 a. c., Mitra aparece como una de las deidades del imperio persa (Irán actual), dios solar de la cordura entendida como verdad que gobierna el mundo. Cuando empezó la romanización de Oriente Medio en el siglo I a.c., los romanos se encontraron con el mitraísmo, una religión parecida al cristianismo en muchos aspectos y que adoptaron paulatinamente en el imperio. Representa, al igual que el cristianismo, un culto revelado: Mitra representa al profeta de la humildad y el amor fraternal que vino sobre la tierra enviado por Dios para revelar la verdad a los hombres. Al revelar la verdad, Mitra se convierte en redentor, cargando con todos los pecados del mundo. El mitraísmo también introdujo el concepto del bautismo: cada nuevo miembro de la comunidad era bautizado con la utilización de agua bendita del mismo modo que lo hará más tarde el cristianismo. Al despedirse de los hombres, elevándose al cielo, Mitra pide a sus discípulos que en su memoria comulguen consumiendo el pan y el vino en representación de su carne y su sangre. El aporte más significativo de la religión mitraica lo constituía la creencia en la inmortalidad del alma, el juicio final y la resurrección de los justos. Como hecho significativo que atravesó los siglos, Mitra nace un 25 de diciembre día del solsticio de invierno, en un pesebre humilde, adorado por pastores, 1400 años antes de Cristo.
[editar] El Cristianismo
El cristianismo nace en este caldo de cultivo religioso del cual recoge múltiples elementos para construir su propia doctrina. Cristo se convierte en uno de los profetas del judaísmo iniciado por Moisés. Su discurso imitaba las ideas ya propuestas por el mitraísmo y la religión egipcia, adaptándolas y redefiniéndolas en el marco de su judaísmo. El marco histórico del génesis de esta corriente de pensamiento corresponde a los años 30 de nuestra era en adelante. El Imperio Romano ejercía, entonces, su poderío militar sobre toda la cuenca del Mediterráneo apoderándose de un inmenso territorio que iba desde la actual Escocia por el norte, hasta el Sudán en el sur, y desde el Atlántico al oeste hasta la actual Irak en oriente. Tanto la religión egipcia, como el cristianismo y el mitraísmo tuvieron un éxito avasallador en el mundo greco romano cuya religión se apoyaba en una base esclerosada que no ofrecía a sus fieles una esperanza de vida después de la muerte. La religión tradicional de Grecia y Roma no aportaba ninguna esperanza espiritual para el común de los mortales.Buenos o malos en vida, se corría el mismo destino: ceniza después de la muerte. De ahí la acogida del mundo greco romano a todas esas religiones que comenzaban a pulular en su territorio. A pesar de las persecuciones, la comunidad cristiana creció paulatinamente durante casi tres siglos antes de convertirse en religión lícita entre los Romanos y después adoptada por su máximo representante Constantino en su lecho de muerte en el año 337 d.c. El triunfo del cristianismo sobre las otras religiones reveladas tiene su origen en la numerosa comunidad cristiana que ya se había conformado en una fuerza representativa dentro de la población. Para un golpista como Constantino, esta condición se convirtió en una valiosa herramienta de poder en el Imperio Romano en contra de sus competidores paganos o mitraicos: la religión como arma política y de poder.
[editar] La Conquista: el requerimiento
Así pues, ese cristianismo forjado en creencias egipcias y persas llega a suelo americano con los conquistadores españoles. La conquista se apoyaba en la tiranía y la depredación, justificadas en una evangelización forzada y sostenidas por un aparato inquisidor contra el cual los nativos no tenían ninguna defensa. Para apoderarse de las tierras americanas y quitar autoridad a los caciques indígenas, los reyes de España solicitaron a los teólogos elaborar un documento – el requerimiento – para imponer sus derechos sobre las nuevas tierras: “la Iglesia se había unido con demasiada intimidad a la suerte del Estado español” (Arciniegas, 1965, p. 302). Este documento se leía a veces en castellano o a veces con intérpretes. He aquí apartes de la lectura de Alonso de Ojeda a los Sinúes: “Yo, Alonso de Ojeda criado de los muy altos y muy poderosos Reyes de Castilla y León, domadores de las gentes bárbaras, su mensajero y capitán, vos notifico y hago saber, como mejor puedo, que Dios Nuestro Señor, uno y eterno, crió el cielo y la tierra y un hombre y una mujer, de quien vosotros y nosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes procreados…” (citado en Melo, 1989, p. 27). Otra fórmula de requerimiento decía: “Yo requerí de parte del Rey de Castilla, a dos caciques de estos del Cenú que fuesen del Rey de Castilla, y que les hacía saber cómo había un solo Dios, que era trino y uno gobernaba al cielo y a la tierra; y que este había venido al mundo y había dejado en su lugar a San Pedro; y que San Pedro había dejado por su sucesor en la tierra al Santo Padre, que era Señor de todo el mundo Universo en lugar de Dios…” (p. 29)
Bajo este marco confesional comienza a forjarse el pueblo criollo. La vida giraba y se edificaba en torno a las creencias impuestas por los españoles desde su penetración en suelo americano. No hubo alternativa: la educación, las artes y en general el pensamiento de la cuna de la futura Colombia yacían bajo la Santa Inquisición. Desde el inicio de la conquista, algunas tribus opusieron virulenta resistencia. Este fue el caso de La Gaitana, una indígena a cuyo hijo los españoles habían dado una muerte cruel. La rebelión se generalizó y fueron asesinados, según las crónicas, diez mil rebeldes. Otro ejemplo de resistencia lo protagonizó la tribu de los Pijaos, en las estribaciones de la Cordillera Central al sur de Ibagué. Las crónicas dan cuenta de la escabrosa violencia con que los españoles exterminaron esta tribu: otra depredación enmascarada en la evangelización forzada (Melo, 1989). Bajo esta dictadura centrada en propósitos confesionales se forjó nuestra querida Colombia. Nuestra identidad quedó delimitada, y digo bien delimitada, bajo la perspectiva de una sola posibilidad de vida y existencia. Nuestras tribus fueron arrasadas. La esencia armónica de la naturaleza bajo la cual se regían, quedó catapultada en la imposición de un Dios todopoderoso, desconocido, a imagen, rasgos y semejanza del amo español: un Dios inquisidor y ajeno que reemplaza la ley de la naturaleza que regía la evolución de la vida y el universo, la Pacha Mama.
[editar] Resistencia: mártires de la independencia
Cansados de tanta opresión, el pueblo comienza a levantarse. Se hizo la guerra de independencia después de tres siglos de religión católica exclusiva. Los revolucionarios no la negaron. La guerra comenzó en nombre de Dios: en Caracas se invocó a la Inmaculada Concepción en el juramento de independencia; en Méjico, Argentina y Colombia las banderas portaban imágenes de sus respectivas vírgenes (Guadalupe, Luján y Chiquinquirá); Belgrano y San Martín hacían rezar el rosario a sus tropas en la noche. Pero detrás de estas devociones, la ideología de la revolución se apoyaba en las ideas liberales de Francia, en el pensamiento protestante de Inglaterra, y en la libertad de cultos de los Estados Unidos. Las logias masónicas y la ilustración de la Enciclopedia que tanto habían servido a la independencia, no cargaban en su seno sino protestantes, librepensadores y ateos. Ibero América tenía ya bastante tarea con independizarse de España como para pensar en salirse de la tutela de Roma – una oportunidad perdida para liberarse definitivamente del grillete de la colonización española. En cambio, proliferó el anticlericalismo, siguiendo el movimiento revolucionario francés. Antonio Nariño, traduce al castellano La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano en 1794 para darla a conocer en el continente americano. Por estos hechos fue encarcelado y desterrado. Uno de los artículos traducidos por él aclara aún más el hilo conductor de este trabajo: “Artículo 10. Ninguno debe ser inquietado por sus opiniones, aunque sean religiosas, con tal de que su manifestación no turbe el orden público establecido por la ley.” (Nueva Historia de Colombia, 1989, p. 295)
A partir de este momento se puede hablar del inicio de dos corrientes fundamentales en los ideales del pueblo colombiano: una corriente liberal inspirada en las ideas de la Revolución Francesa, con fondo de laicidad y de libertad de pensamiento y separación entre la Iglesia y el Estado, y una corriente conservadora que continuaba con la propuesta española e insistía en la unión de la Iglesia y el Estado. Dada la vinculación estrecha del conservatismo con la Iglesia y del liberalismo con la laicidad el debate acerca de la educación coincide con frecuencia con enfrentamientos partidistas entre los cuales se destaca la intervención liberal en la constitución federalista de Rionegro en 1863. Esta fecha abre uno de los períodos de reforma educativa más destacados del siglo XIX: la corriente liberal crea la escuela pública laica, obligatoria y gratuita. Pero aún más significativo es el hecho de exigir la separación del poder civil y eclesiástico en el sistema escolar, sistema que había sido controlado por la Iglesia desde la dominación hispánica. Sin embargo, la corriente opositora conservadora rechaza esta reforma encontrándola sospechosa de tendencia antirreligiosa y lucha en su contra hasta conseguir su victoria en 1886, con la nueva constitución centralista.
[editar] La Educación en Colombia: 1886 – 1991
Aunque esta constitución representa la iniciación de Colombia como Republica, normalmente debería inscribirse en nombre del pueblo soberano. Sin embargo, la primera página original de la Constitución de 1886, conservada aún en el Archivo Nacional, dice: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad…” La Constitución de 1886 declara de esta manera, desde su encabezamiento, el catolicismo como religión de la nación. La religión representa un “elemento esencial del orden social” y determina “que la educación pública será organizada y dirigida en concordancia con la religión católica” (Nueva Historia de Colombia, 1989, p. 68). Esta entrega de la enseñanza en manos de la Iglesia fue reforzada un año más tarde con la firma de un concordato entre la Santa Sede y el gobierno colombiano. El control eclesiástico sobre la educación con el soporte institucional y del concordato aseguraban, en resumen, la enseñanza obligatoria y excluyente de la religión católica, el acatamiento de las prácticas piadosas correspondientes, la imposición unilateral de textos de religión, filosofía y moral, el derecho de denunciar y excluir a todo docente sospechoso de creencias religiosas o morales diferentes a las impuestas por el estado, y la censura vigilante del clero sobre todo contenido literario o científico en la enseñanza. “En el punto concreto del sistema educativo, la Iglesia era la única institución poseedora de un aparato burocrático centralizado doctrinaria y organizativamente, con la ascendencia y el respeto que las grandes masas de un país culturalmente atrasado le profesaban y en donde nunca el anticlericalismo radical había sobrepasado los límites prudentes de una élite ilustrada, pero minoritaria y urbana” (p.70). Se creó, entonces una atmósfera más abierta de represión política e intelectual que no dejó de ser ajena en la educación.
[editar] La Constitución de 1991: una luz tenue al final del túnel
Las determinaciones de la constitución de 1886 no se alejan mucho del antiguo fervor e intolerancia de la Inquisición española. Cuando se piensa que el país vivió durante 105 años bajo este régimen totalitario, inquisidor y obscurantista (a pesar de un paréntesis liberal de 16 años 1930-1946 cuando la tasa de analfabetismo bajó del 63% al 57% de la población) se explica la cárcel invisible de la cual habla la periodista Ponsford. Colombia ha estado sumergida (y sigue sumergida) en la intolerancia por lo ajeno, por las ideas renovadoras y las reformas, siempre adversa al cambio y a la investigación. No ha habido una voluntad política profunda y continua que promueva la educación de las masas y la oferta de diversidad. Solo ha prevalecido el inmovilismo que asegura el dominio de esa pequeña élite que no quiere dejar su poder y sus privilegios y beneficios inmediatos, aunque el propio país se hunda en la pobreza, en la miseria, en la guerra y en el retraso moral e intelectual. La Constitución de 1991 a pesar de encabezar su voz en nombre del pueblo colombiano, aún hace mención de una protección divina, no pudiendo laicizarse por completo. El preámbulo de la Constitución dice: “El pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latinoamericana, decreta, sanciona y promulga la siguiente:…” En el papel, la Iglesia no ejerce más ningún control sobre al educación, pero bien digo sobre el papel, porque la ley de educación laica promovida por la constitución está siendo desviada. Según el diario El Espectador, en su edición correspondiente a la semana del 24 al 30 de septiembre de 2006, publica un artículo denominado “Clases de religión al tablero” (p. 7A). El artículo resalta que el Ministerio de Educación divulgó en septiembre del mismo año el tercer intento de decreto que reglamenta, nuevamente, la enseñanza religiosa obligatoria en los colegios. Aunque la Ley 115 aclara que el establecimiento educativo debe respetar la libertad religiosa de los estudiantes y garantizar la opción de asistir o no a la clase, también la evaluación de esta área hará parte de los informes periódicos de desempeño académico de los alumnos. Cuando en el título de este párrafo menciono la palabra tenue, me refiero a las contradicciones de la nueva ley en donde aparentemente se promueve la libertad pero se advierte de todas maneras que habrá evaluación y controles sobre el tema. ¡Se impone, además, que los docentes en esa materia no podrán dictar clase de religión sin una certificación expedida por la respectiva autoridad eclesiástica! ¿En qué país vivimos? Un paso hacia delante y dos hacia atrás.
[editar] Conclusión
Desafortunadamente, en Colombia, los ideales de apertura, libertad y búsqueda de la verdad han terminado con sangre desde la conquista. Además de nuestros indígenas anónimos que murieron defendiendo su identidad, otros hombres han contribuido con su vida a demarcar la razón de nuestro presente: Camilo Torres: fusilado en plaza pública. Policarpa Salavarrieta: fusilada en plaza pública. Jorge Eliécer Gaitán: abaleado en plaza pública. Guillermo Cano Isaza: asesinado, y tantos más. La lista continúa con todos aquellos ciudadanos que han tenido que emigrar para poder alzar su voz y denunciar.
La identidad se instituye en la medida de su diferencia, no en la medida de su sometimiento a una sociedad enferma y contaminada por el miedo y la miseria espiritual. La ansiedad, el descontento, la competencia y el excesivo individualismo hacen que las masas busquen refugio en el aislamiento, en los sentimientos hostiles, en la televisión del chismorreo estéril, del lenguaje vacío y la exaltación del vago y el parásito social. En esta letargia pretende ahogarnos el sistema de civilización imperante. El estreñimiento mental se ha convertido en su arma de destrucción masiva para socavar y violar la libertad de la humanidad. Profanar los valores milenarios, cosificando lo natural y el deseo del ser humano promueve el desprecio a los valores trascendentes y comunitarios. La honestidad, el gusto por las cosas bien hechas, el respeto por los demás, la serenidad de los modales y, sobre todo, la confianza en la vida, se han convertido en un reto diario para el ser humano.“La falta de fe en nuestro destino” (Arciniegas, 1965, p.X) nos hace vulnerables. La educación debe “entenderse como una empresa moral” (Claxton, 2002, p. 22, traducción propia), una educación orientada en la apertura y el cultivo de las mentes y no en la perpetuación de modelos oscurantistas. La capacitación, el estudio y la investigación son instrumentos para el encuentro con lo desconocido y la decantación de las ambiciones de poder de otros. Dejo al lector con apartes de un discurso de mi padre, quien, asumiendo el cargo de Contralor del Departamento de Cundinamarca de 1947 a 1953, fundó la revista de la Contraloría en donde manifiesta su preocupación por la falta de capacitación de quienes manejan el país. Con su infinita curiosidad y deseo de conocimiento, dejó su grano de arena en la historia de Colombia: “…a este mal de la burocracia improvisada, se agrega la falta de una escuela de especialización que capacite a quienes han de servir en puestos de mando…Hay que despertar una campaña de estudio y un sentir de investigación, para que el estado no se resienta en las partes básicas de su estructura. Luis Cano Jacobo
El maestro, teniendo en sus manos la educación del pueblo – el poder –, debe cuestionarse constantemente sobre su preparación para permitirse éticamente impartir educación.
[editar] Bibliografía
Claxton, G. (2002). Education for the Learning Age: A Sociocultural Approach to Learning to Learn. Learning for Life in the 21st Century (pp. 21-33). Bodmin: MPG Books. Clases de religión al tablero (2006, Septiembre). El Espectador, p.7A. .Hagen, R & R (2002). Egipto (R. Martinez, Trans.). Barcelona: LocTeam, S.L.(Publicado originalmente en 1999) Ponsford, M. (2006, Septiembre). La Cárcel Invisible. El Espectador, p. 17ª. Planeta Colombiana Editorial S.A. (Eds.). (1989). Nueva Historia de Colombia (Vol. IV). Bogotá: Editorial Printer Colombiana Ltda. Protagonistas (1995). Revista de la Contraloría General de Cundinamarca, p.33 Vermaseren, M. (1960). Mitra. Paris: Ediciones Sequoia.