Historia de Europa/Las reformas religiosas

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Introducción[editar]

Durante este periodo de la historia europea, la religión jugaba un papel fundamental tanto en los individuos como en la sociedad en general. Como la gente podía ver la corrupción y los problemas de la Iglesia Católica, empezaron a dudar de las bondades del sistema de la iglesia. Muchos comenzaron a rebelarse a la iglesia y ella misma tuvo que intentar una reforma interna (Concilio de Trento).

Causas de la reforma Protestante[editar]

La corrupción de la iglesia[editar]

La corrupción de la Iglesia era ya un problema evidente desde el año 1000 y así han de entenderse los intentos de reforma de Cluny y de Císter. En este momento fueron a más las entregas de dinero, las ventas de cargos eclesiásticos y otros casos de corrupción. La Iglesia recibía dinero por entrengar indulgencias para la salvación ante Dios. Papas y obispos fueron más figuras políticas que eclesiásticas, usando sus cargos siempre en su beneficio personal. Se ignoraban los principios de castidad y pobreza quebrando así la auotridad moral de la iglesia. Además, se daba un frecuente absentismo y la situación del bajo clero era tan mala como en la Edad Media, sin formación y sin medios suficientes.

Reacciones[editar]

La posición de superioridad de la Iglesia y su abuso de autoridad dio lugar a un fuerte resentimiento hacia ella. Los monarcas cada vez estaban más molestos al recaudar impuestos para enviar dinero a Roma y por el pago de diezmos. Las clases altas veían además una oportunidad de obtener las tierras de la Iglesia. La imprenta jugó un papel fundamental al permitir una circulación de autores ajenos a la doctrina oficial y de carácter nacionalista. En este contexto hay que entender la obra de Wickliffe que inició la primera traducción al inglés de la Biblia y por la gran transmisión que logra su obra se le considera el precursor de la reforma protestante.

Personas claves de la reforma[editar]

Martin Lutero[editar]

Martin Lutero, un joven monje alemán, fue el primero que se enfrentó directamente a los problemas de moralidad de una Iglesia corrupta. Desilusionado con la Iglesia, Lutero cuestionó la idea de las buenas obras para la salvación, incluyendo oraciones, ayunos y particularmente las indulgencias. En 1517 Lutero planteó sus 95 tesis, que clavó en la puerta de la Iglesia de Wittenbur. Esta tesis atacaban las ideas de salvación mediante las obras en vida, la venta de indulgencias, y la recolección de riquezas por el papado. Lutero solicitó formalmente un debate público para solucionar el problema de la Iglesia.

El Papa León X exigió a Lutero que concluyera con sus plegarios, pero éste se nego. Lutero se vio obligado a admitir que negaba abiertamente la autoridad del Papa, lo que conllevó su excomunión en 1520. Lutero quemó el anuncio ante una multitud que le vitoreaba. El emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V exigió también a Lutero su presencia en la Dieta de Worms en 1521. Lutero no acudió ni modificó sus tesis por lo que fue proclamado hereje. Los edictos de Worms lo declararón al margen de la ley condenándolo incluso a muerte aunque dada su popularidad esta medida nunca pudo llevarse a práctica.

Luteranismo[editar]

El Luteranismo presta especial atención a todos, incluidas las mujeres. De acuerdo con la doctrina luterna, el matrimonio es importante y se deben aplicar unos roles de género: la mujer debe quedarse en casa y controlar la economía doméstica mientras que los hombres controlan el hogar. Y como novedad, el clero puede contraer matrimonio.

La salvación se consigue simplemente a través de la fe en lugar de las obras realizadas en vida. Además cada hombre es su propio sacerdorte puesto que la autoridad religiosa es la Biblia no el Papa. En este sentido de acercamiento al fiel, los servicios religiosos se celebran en lengua vernácula, no en latín. Solo dos sacramentos permanecían: el bautismo y la comunión, negando en este último la transubstaciación. Este sacramento es válido al considerarlo el luteranismo "Palabra de Dios", es decir, una proclamación más del Nuevo Testamento.

Justificación por la fe[editar]

La idea de justificación por la fe ataca duramente a la doctrina de las "buenas obras" de la Iglesia Católica así como a las bulas y demás sistemas para obtener el "pase al cielo". Lutero considera que el hombre es imperfecto por naturaleza y que por tanto sólo se puede confiar en la gracia de Dios para la salvación. Así solo la fe es necesaria (y suficiente) para alcanzar la salvación eterna.

La Biblia como autoridad suprema[editar]

Lutero pone en tela de juicio la autoridad suprema del Papa para la interpretación temporal de los designios divinos. Para él la Biblia es la única autoridad suprema y todos los fieles debían ser capaces de interpretar las escrituras (de hecho, cada fiel sería su propio sacerdote). Por eso Lutero hizo un fuerte énfasis en la alfabetización universal para que todos los cristianos puedieran leer la Biblia y alcanzar así la salvación. En este sentido realizó una traducción al alemán para hacerla más accesible. Esta edición se convirtió en una versión muy popular y alcanzó una gran difusión.

Los Sacramentos[editar]

En estos momentos la Iglesia Católica contaba con siete sacramentos que apenas han variado en la actualidad. Lutero considera que solo dos de ellos son necesarios y entre estos dos que acepta (bautismo y comunión) solo considera al bautismo como una necesidad doctrinal. Lutero rechaza la doctrina cristiana de que el sacerdote convierte el vino y el pan en la sangre y el cuerpo de Cristo respectivamente. Al contrario cree que la presencia de Cristo está presente, de forma invisible, "con, entre y bajo" el pan y en el vino en el ritual. Esta "presencia real" la causa Dios, no el sacerdote que pierde por tanto su autoridad sobre el sacramento.

Ulrico Zuinglio, Zuinglanismo[editar]

El Zuinglanismo se originó en Suiza introducido por Ulrico Zuinglio. Zuinglio creía en los dos sacramentos del bautismo y de la comunión. La religión mantenía las principales claves de las creencias protestantes. Además situaban a la Iglesia como la autoridad última y rechazaba ritos católicos como el ayuno y otras ceremonias. Finalmente, planteó la reforma a través de la educación.

Calvino, Calvinismo[editar]

Juan Calvino fundó el Calvinismo en Ginebra, Suiza. El Calvinismo se extendió rápidamente por Alemania. Calvino fue un líder reformador de la segunda generación de la Reforma, sucedió a Martín Lutero como el principal referente del debate y la discusión teológica. Su obra más importante fue La Institución de la Religión Cristiana publicada en 1541 cuando tenía 26 años. Con el tiempo, tuvo un tremendo impacto, y muchos consideraron a Calvino como el equivalente protestante a Santo Tomás de Aquino. En esa obra, Calvino expuso las ideas centrales de la doctrina religiosa que lleva su nombre.

Predestinación[editar]

Una de estas ideas que desarrolla Calvino es la de la doble predestinación, más conocida simplemente como predestinación. Expone que los elegidos ya están predestinados para ir al cielo por lo que no hay que intentar ganarse la salvación mediantes bulas u otras obras. Los luteranos pensaban que quien iba al infierno lo hacía por su propia voluntad. Calvino lo niega y asume que también hay una predestinación para el infierno. Por tanto Calvino llega a la conclusión de que todo hombre está predestinado pero aun así no puede saber de antemano su destino.

Los Sacramentos[editar]

Al igual que Lutero solo se mantenían la Eucaristía (comunión) y bautismo. Sobre la primera Calvino intento llegar a una vía intermedia entre la transubstaciación y la simple presencia. Sin embargo, su punto de vista apenas tuvo trascendencia en la reforma y fue eclipsado por las opiniones de Lutero y Zuinglio.

Hugonotes[editar]

Con ese nombre se conocía a los habitantes de Francia, una nación mayoritariamente católica, que se incluían dentro de los protestantes. La rivalidad religiosa fue la base de muchos de los conflictos franceses, en especial el ciclo denominado Guerras de religión durante la segunda mitad del siglo XVI. El conflicto concluyó cuando Enrique IV un protestante accedió al trono y se convirtió al catolicismo "unificando" ambos bandos. Entre medias del conflicto hubo momentos de gran tensión religiosa como la Matanza de San Bartolomé.

Cuadro resumen de las religiones[editar]

La contrarreforma[editar]

Los católicos, preocupados ante el avance protestante y decidiso a recuperar su control sobre las sociedad europea, iniciaron un movimiento de reforma que cobró impulso en Italia en las décadas de 1530 - 1540. La Iglesia Católica trabajó para la reforma, reafirmando sus creencias fundamentales y defendiendo su ideología sin cambiar en absoluto sus creencias básicas.

Concilio de Trento, 1545-1563[editar]

El Papa Paulo III y el emperador Carlos V convocaron un concilio general de la Iglesia en Trento que se reunió esporádicamente entre 1545 y 1563. No acudió ningún miembro del clero protestante. El Concilio reafirmó la supremacia de los eclesiásticos sobre los poderes laicos y se intentó reformar las indulgencias aunque sin grandes éxitos. También se intentaron eliminar el nepotismo, la simonía, el nicolaísmo y otros males de la igleisa. Se reafirmo el dogma de la transubstanciación, que exponía que durante la Eucaristía el pan y el vino se convertían en el cuerpo de Cristo. El Concilio puso de manifiesto que el cisma entre los protestantes y los católicos se había agravado tanto que se había disipado cualquier esperanza de reconcialición.

Intentos de reconversión[editar]

La Iglesia Católica utilizo el arte barroco para mostrar dramáticas escenas bíblicas. Este arte estaba orientado para que el espectador viera más agradable y cercana la religión. A la vez, en España y en Roma la Inquisición y otras instituciones trabajaban en la erradicación de las herejías. Además, la Iglesia creó el Índice de Libros Prohibidos que afectabas a las obras que se consideraban heréticas. Por último, la Iglesia envió misioneros por todo el mundo para difundir sus creencias y su fe.

Jesuitas[editar]

La orden de los jesuitas se fundó el 15 de agosto de 1534 en Francia como resultado de la Contrarreforma. Fue creada por el soldado y monje español, Ignacio de Loyola para convertir a los protestantes y otros cristianos no católicos, así como ampliar las fronteras de la cristiandad. Los jesuitas defendieron vigorosamnete la autoridad del papa y por extensión la de toda la Iglesia Católica por lo que se les conocía como los "siervos del papado".

Principales figuras[editar]

Las principales naciones que se preocuparon por la contrarreforma fueron el Sacro Imperio, España y Francia. Además destacaron algunos personajes clave:

Por otro lado, los principales dirigentes del bando protestante fueron:

Las reformas en España[editar]

Como parte del proceso de reafirmación y preservación del catolicismo en España, Fernando e Isabel endurecieron las políticas contras judíos y musulmanes. Contra los judíos se llevó a cabo una política de conversión al cristianismo más o menos forzada que condujo al problema del criptojudaísmo, es decir, la práctica del judaísmo en la intimidad en la población judeoconversa. Esa problemática aumentó con la definitiva expulsión de los judíos en 1492. La Inquisición que se creó en esta época fue el instrumento principal con el que se intentó acabar con el criptojudaísmo.

Contra los musulmanes también se realizó una política de presión, especialmente tras la conquista del Reino de Granada en 1492. Esa presión fue en aumento hasta su conversión obligada en 1502, dando lugar a la población morisca que mantedría los usos y costumbres musulmanes bajo un teórico catolicismo hasta su definitia expulsión en 1609.

Problemas religiosos en Inglaterra[editar]

En 1547 asciende al trono Eduardo VI, hijo de Enrique VIII y Jane Seymour, a la edad de diez años. Con un carácter frío, cruel, altivo e increiblemente inteligente y excepcional capacidad para su edad, fue representado por una regencia que controló la nación hasta su mayoría de edad. Hasta 1549, el regente fue Edward Seymour, desde esa fecha hasta 1553 fue John Dudley. Antes de la muerte de Eduardo en 1553, hizo un testamento legando el trono a Jane Grey dejando así fuera de la sucesión a su hermana María que prometía el retorno del catolicismo.

Juana Grey reinó nueve días, pero ella y Dudley fueron arrestados con el apoyo de María de Tudor que se sentía legitimada a tomar el trono tras la muerte de su hermano Eduardo. María, que recibió el sobrenombre de Bloody ("Sangrienta"), permaneció en el trono hasta 1558. La principal preocupación de su gobierno fue el retorno al catolicismo, lo que hizo oficial en 1554. A partir de ese momento, inició una agresiva campaña contra los Protestantes que le valió su sobrenombre. Para reafirmar su catolicismo se casó con Felipe II. Sin embargo, el matrimonio no dio hijos por lo que se vio obligada a reconocer como sucesora a su hermana protestante Isabel.