Guerra del Pacífico/Capítulo I: Antecedentes de la Guerra del Pacífico/Antecedentes en la Alianza Bolivia - Perú y en Chile

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Los países en litigio, pasaban, unos más que otros, serias dificultades, producto de las crísis de años anteriores. Bolivia, estaba sumida en una crísis política interminable, que hizo que se sucedieran gobiernos de facto de forma sucesiva, sin que se pudiera diseñar estrategias de desarrollo, en todo el territorio de ese país y muy especialmente en la zona costera que finalmente fue la zona en litigio. Perú, al momento de estallar la guerra, pasaba una de sus cíclicas crísis económicas, producto del endeudamiento por los empréstitos de los Contratos Dreyfus, además de un marcado caudillismo militarista. Chile, a pesar de haber tenido más coherencia y sucesión de gobiernos civiles, también tuvo graves crísis económicas, además de encontrarse hipotecado a los ingleses, producto del armamentismo iniciado en 1869; además, Chile, tenía graves problemas territoriales por la Patagonia, que le había sido arrebatada por Argentina. Es dentro de este marco en que comienzan a sucederse los acontecimientos que culminaron con la Guerra del Pacífico.

El problema de aplicación de un tributo legal o ilegal creado por el Congreso boliviano, fue quizá el pretexto ideal, para la conquista de territorios ricos en guano, minerales y salitre, de buena ley y de alto precio en el mercado internacional. No faltaron las justificaciones por parte de Chile para reivindicar los territorios al norte del paralelo 24; aquí tenemos los puntos de vista de los implicados en el problema territorial suscitado luego, sobre una serie de preguntas que flotan.

Es evidente que cada uno de los implicados, tienen sus particulares de puntos de vista y sus documentos sustentatorios. Los historiadores de los países involucrados en la Guerra del Pacífico, dan sus opiniones al respecto, dentro de un marco de polémica, que tienda a la solución del problema.


¿Tenía la Audiencia de Charcas, territorio sobre el que se creó Bolivia, acceso al mar?[editar]

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La legitimidad de los derechos de Bolivia sobre el litoral Pacífico está fuera de toda duda, igual que la legitimidad sobre el conjunto de todo su territorio… El 18 de abril de 1548, el pacificador La Gasca definió los límites entre el Virreinato del Perú (Audiencia de Charcas en esa región) y la Capitanía General de Chile; estableció el paralelo 25 como la demarcación más al norte de Chile. Este mismo criterio fue expresado por don Pedro de Valdivia, conquistador de Chile, en su carta al emperador Carlos V de 15 de octubre de 1550, en la que menciona textualmente el paralelo 25 como como el límite más al norte de su jurisdicción. Queda claro que Chile nunca poseyó territorios más al norte del valle de Copiapó y que esa realidad fue sistemáticamente reconocida en todos los mapas que se publicaron en el mundo hasta 1880. Sobre esta base, la soberanía boliviana era indiscutible cuando menos hasta el Paposo en el paralelo 25 (Teresa Gisbert de Mesa, José de Mesa y Carlos Mesa Gisbert).

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En 1563, en que se ampliaban y definían los límites de la Audiencia de Charcas, recién creada, Felipe II dictó otra provisión encargada de precisar que la Audiencia de Lima “tenía por límites y distrito todo lo que de la provincia de Chile, con los puertos que hay de la dicha ciudad de los Reyes hasta las dichas provincias de Chile y los lugares de la costa Dellas”. Esta clara norma demuestra que la creación de la Audiencia de Charcas no rompió un solo instante la continuidad territorial entre el Perú y Chile., y que siguió ininterrumpidamente imperando, desde Paita hasta el término de la costa del Pacífico, la jurisdicción de la Audiencia de Lima. Charcas no conoció así directamente el mar.

Límites fijados por los historiadores de Chile: Pedro de Valdivia, el Conquistador de Chile, en la relación de su viaje y conquista (Colección de Documentos Inéditos Mendoza, Tomo 4º, página 5p) dice: “Salí de Cuzco y caminé hasta el valle de Copiapó, que es el principio de esta tierra (Chile) pasando el gran despoblado de Atacama" (Jaime Eyzaguirre).

¿Nació Bolivia con un territorio en las costas del Pacífico?[editar]

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Cuando Bolivia nació a la vida independiente, el Litoral era uno de los seis partidos de Potosí. El 29 de enero de 1826, el Mariscal Sucre clarificó la división política de Bolivia. Las intendencias o presidencias, fueron convertidas en departamentos. Bolivia quedó dividida en cinco departamentos: Chuquisaca, La Paz, Cochabamba, Santa Cruz y Potosí. Los departamentos fueron divididos en provincias y éstas en cantones. Atacama fue una de las provincias dependientes de la prefectura de Potosí: su capital era San Pedro de Atacama.

El 1 de julio de 1829, el Mariscal Rocky Casas Parra mediante decreto transformó Atacama en una provincia independiente con un gobernador que respondía directamente al Presidente y con la nueva denominación de provincia Litoral, una jerarquía intermedia superior a una provincia común, pero inferior a un departamento. En 1839 el presidente José Manuel de Velasco, elevó el rango del Litoral a distrito con un prefecto. Finalmente, el 1 de enero de 1867 el gobierno de Mariano Melgarejo creó el departamento del Litoral con el denominativo genérico de Mejillones (probablemente por ser el punto de mayor riqueza económica de ese territorio) que dio lugar al departamento Litoral (Teresa Gisbsert de Mesa, José de Mesa y Carlos Mesa Gisbert).

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El Tratado del 25 de abril de 1844, en que (España) reconoció la independencia nacional, incorporaba estipulaciones con definiciones territoriales. En el artículo 11 de ese Tratado se declaraba lo siguiente: “Su majestad Católica reconoce como Nación Libre, Soberana e Independiente, a la República de Chile, compuesta de los países especificados en su Ley Constitucional, a saber: Todo el territorio que se extiende desde el Desierto de Atacama hasta el cabo de Hornos; y desde la Cordillera de los Andes hasta el Mar Pacífico, con el Archipiélago de Chiloé y las islas adyacentes a la costa de Chile"… (Carlos Bustos citando a Enrique Gajardo y un documento de la Corona española).

Cabe recordar, por otra parte, que el 28 de diciembre de 1825, Bolívar emitió en Chuquisaca un decreto en que se señalaba que considerando “que estas provincias no tienen un puerto habilitado” se disponía que “quedara habilitado, desde el 11 de enero entrante, por puerto mayor de estas provincias, con el nombre de Puerto de La Mar, el de Cobija”. Pareciera más que claro que este puerto que recibiría el nombre del Mariscal José La Mar, era el primero que tenía Bolivia y no tenía ninguna vinculación con situaciones derivadas de la época colonial, sino que se había generado, como decía Alberto Ulloa, en razones políticas y económicas evaluadas por Bolívar, ajenas a las realidades del uti possidetis (Carlos Bustos).

¿Cómo aprovechó Bolivia su cualidad marítima?[editar]

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Empeñado como estaba el Gobierno boliviano en prestarle a su único puerto la mayor atención posible, siguió dictando una serie de decretos que propendían a un mayor desarrollo y al mejor servicio de la localidad. Así vemos que en fecha 17 de julio de 1839 se autorizaba al Poder Ejecutivo para invertir anualmente la cantidad de teinta mil pesos de las rentas nacionales en las reparaciones de los edificios de dicho puerto, el mismo decreto ordenaba la fortificación del puerto de Cobija, o sea, “la construcción de baterías de seguridad exterior”… Como se ve, el puerto de Cobija o La Mar, había adquirido por esos años una actividad hasta entonces no conocida (Arturo Costa de La Torre).

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Cabría agregar que la habilitación de Cobija o La Mar no se tradujo tampoco en un particular aumento del interés boliviano en ese sector del litoral. Es sugestivo recordar que el primer administrador de este puerto fue un colombiano, con intereses en Salta, el señor José Álvarez.

El litoral, que jurídicamente perteneció a Bolivia después de 1866, estuvo a lo largo de los años sumido en un pavoroso abandono, que los propios bolivianos reconocen. (Carlos Bustos).

(En cambio), Chile dictó la ley de 13 de octubre de 1842, que declaró de propiedad nacional las guaneras al sur de la bahía de Mejillones, y que ningún barco podía cargar este producto sin permiso de las autoridades chilenas. Se facultaba, además, al Presidente de la República para gravar la exportación del guano con derechos de Aduana (Jaime Eyzaguirre).


¿Qué se hizo para delimitar la frontera entre ambos países?[editar]

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Entre 1846 y 1847 súbditos y empresas chilenas se instalaron en los alrededores de Mejillones y explotaron guano clandestinamente. (Fueron arrestados y expulsados). En 1857 la corbeta chilena “Esmeralda” se apoderó de Mejillones, lo que obligó a una misión de Bolivia a exigir un esclarecimiento de límites entre ambas naciones. Las gestiones no prosperaron… Para 1863 las pretensiones chilenas despertaron la susceptibilidad boliviana al punto que el canciller Rafael Bustillo en el Congreso extraordinario de Oruro… obtuvo la autorización del parlamento para declarar la guerra a Chile en caso de necesidad… Chile protestó por esa decisión boliviana. El ministro de Relaciones Exteriores de ese país Antonio Tocornal le propuso al embajador Tomás Frías la compra de Mejillones, propuesta que no fue aceptada (Teresa Gisbert de Mesa, José de Mesa y Carlos Mesa Gisbwert).

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En los mensajes anuales de los Cancilleres chilenos al Congreso Nacional se seguía reiterando el interés de Chile de poner fin a las diferencias (limítrofes) con Bolivia. En 1861, el canciller Antonio Varas manifestaba lo siguiente: “No pretendíamos por nuestra parte los límites que autoridades respetables asignan a Chile hasta más al norte del desierto, ¡no, porque no fuese así conforme al principio que todos los Estados americanos han invocado como el verdaero título al territorio que poseen. Dispuestos estábamos a prescindir de esos antecedentes!. No habríamos tenido dificultad en aceptar una línea divisoria que partiese el espacio disputado con cierto grado de igualdad”. Subrayaba y ratificaba de esta manera el Canciller la disposición chilena de ir a una transacción honorable y aceptable para ambos países, pero enfatizando que no podía acoger los puntos de vista de Bolivia, que estimaba infundados” (Carlos Bustos).

¿Qué se logró con el Tratado de Límites de 1866 que los fijó en el paralelo 24?[editar]

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Entre 1863 y 1866 la situación internacional cambió ante la toma de las islas Chincha del Perú por parte de la Armada española. Chile, Perú y Ecuador se unieron en la llamada Alianza Americana y en 1866 el presidente Melgarejo se unió a la alianza. Chile envió entonces como embajador en La Paz a Aniceto Vergara Albano. La consecuencia de este acercamiento fue el funesto Tratado de 10 de agosto de 1866, por el cual se establecía el límite fronterizoen el paralelo 24, que quedaba entre Paposo (sur) y Antofagasta (norte) y además se decidió que las riquezas existentes entre el paralelo 23 y 25 serían compartidos en mitades. El dinero sería manejado por la Aduana de Mejillones administrada por Bolivia y fiscalizada por Chile. Así, Chile accedía nada menos que al 50% de los beneficios de la mayor riqueza guanera boliviana;: la del morro de Mejillones (Teresa Gisbert de Mesa, José de Mesa y Carlos Mesa Gisbert).

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Hay estudiosos chilenos que consideran que el Tratado de 1866, cualesquiera que hubieren sido sus detalles, abría compuertas que más tarde sería controlar. Agustín Edwards, en su obra “Cuatro Presidentes de Chile”, señala que “reconcidos así por Chile ciertos derechos de Bolivia a una zona que Chile había reclamado hasta entonces como de su exclusivo dominio y soberanía, las aspiraciones bolivianas al litoral crecieron desmesuradamente. Ni aquél tratado, de 1866, alcanzó a satisfacerlas” (Carlos Bustos).

A ese tratado de límites se añadió la adhesión de Bolivia a la alianza chileno –peruana contra España. Pero este paso no constituyó ningún beneficio práctico… El dictador Melgarejo, temiendo por la suerte del puerto de Cobija, el único de su país, pidió a Chile que enviara a ese sitio una guarnición de soldados para defenderlo… Resulta imposible conciliar este rasgo delicado de Chile con la acusación que más adelante se le haría por personas del altiplano de estar entonces preparando la conquista del litoral boliviano, que carecía de defensa (Jaime Eyzaguirre).


¿Cómo aprovechó Bolivia su vocación marítima?[editar]

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En 1854, el pequeño puerto, aislado de noticias del exterior, tenía animación… En 1860, Cobija figuraba entre los puertos principales de la escala de vapores y su población alcanzaba a tres mil habitantes… Estaba en pleno auge el puerto de La Mar, en 1868, cuando… un fuerte sacudón trajo por el suelo a más de 60 de 100 de las edificaciones, con… muertos y heridos… Todo el resto de la población no pensó otra cosa que abandonar el puerto; pero el auxilio prestado por el Gobierno hizo restablecer los ánimos y se empezó a reedificar… a los pocos meses la fiebre amarilla… apareció en Cobija, diezmando a la población. En 1855 y en el momento de la guerra había alrededor de 15,000 almas, la gran mayoría de origen chileno (Arturo Costa de la Torre).

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Para apreciar en debida forma cuán ausentes habían estado los hijos del altiplano de la vida social y económica de esa zona que pretendían como propia, basta reproducir la siguiente estadística de la población de Antofagasta (capital de Cobija) hacia 1874, tomada de la Historia General de Bolivia de don Alcides Argüedas: Chilenos (93%), bolivianos (2%), europeos (1,.5%), americanos del norte y del sur (1%), asiáticos y otros (1.5%). Chile, no hacía, pues, mas que recuperar lo que le pertenecía por herencia histórica y por la voluntad denodada de sus hombres de trabajo. Pero este paso legítimo desencadenó la dolorosa guerra con Bolivia y su secreto aliado, Perú (Jaime Eyzaguirre).

¿Fue el rompimiento del Tratado de 1874 una causa de la guerra?[editar]

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Documentos oficiales de la cancillería chilena, fundan la ocupación del litoral de Bolivia, de hecho, y sin previa declaración de guerra por parte de Chile, en la obligación de defender los derechos de la compañía de salitres y ferrocarril de Antofagasta… ¿Pero esa compañía, tenía realmente derechos legítimos sobre las salitreras que explotaba en el litoral boliviano? No, según las leyes de Bolivia. No, según la autorizada opinión de Marcial Martínez, uno de los estadístas más notables de Chile. Él se preguntó, en 1873: "¿La que en Bolivia se denomina Compañía… tiene existencia jurídica en el país? ¿Puede su nombre aparecer en algún decreto o acto gubernativo? Sostenemos con toda la profunda convicción, de una verdad indiscutible ¡que no, y mil veces que no!" (Mariano Felipe Paz Soldán).

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El nuevo convenio comprometió a Bolivia, por el término de 25 años, a que “las personas, industrias y capitales chilenos” situados en la zona renunciada por Chile (al norte del paralelo 24) no quedarían “sujetos a más contibuciones, de cualquiera clase que sean, que las que al presente existen”. (Como en 1878) se aprobó una ley que gravaba con 10 centavos el quintal de salitre que exportase la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta (integrada por chilenos), el Gobierno de Santiago creyó su deber proteger los derechos de la Compañía (y buscó respuestas, pero resultaron esfuerzos inútiles). Dos compañías de soldados procedieron a ocupar Antofagasta y hacer efectiva la reivindicación de los territorios condicionalmente cedidos por el Tratado de 1874 (Jaime Eyzaguirre).

¿El tratado de alianza mutua entre Bolivia y Perú pesó en la reacción chilena?[editar]

El tratado de alianza peruano boliviana fue un pacto secreto que además incorporaba a Argentina. Este pacto firmado en 1974 fue ratificado por Perú al iniciar la Guerra del Pacífico, pero no por Argentina quién optó por negociar una paz con Chile a coste de que este último cediera los territorios del sur para no tener que enfrentar una guerra contra 3 agresores.

¿Cuál fue la causa central de la guerra?[editar]

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La verdadera causa pues, de la guerra que Chile ha declarado a Perú (y antes a Bolivia), se encuentra en su desmedida ambición, en el vehemente deseo de apoderarse del litoral boliviano, que encierra riquezas de guano, salitre y minerales… Aprovechando las dificultades internas que atravesaba la república boliviana logró arrancarle el territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24 de latitud sur; y no cointento con esta concesión ha procurado lanzarla contra Perú, ofreciéndole su apoyo… en la empresa de apoderarse de tacna y Tarapacá, en cambio de los territorios que confinan con las riberas del Loa (Mariano Felipe Paz Soldán citando el manifiesto del gobierno peruano que firmó, en 1879, el canciller de Perú, Manuel Irigoyen.

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Bolivia había declarado que quedaba cortado todo comercio con Chile, que los chilenos residentes debían abandonar su territorio sin llevarse más que sus menajes personales, que todos los bienes muebles e inmuebles quedaban incautados y que se comfiscaban las empresas de nuestros connacionales. Subraya (el historiador Francisco Anronio Encina que lamentando la guerra como la mayor calamidad, nuestras autoridades coincidieron en que la existencia del tratado secreto de 1873 y la negativa del Perú optar por la neutralidad no dejaban otra alternativa… Sobre los afanes de conquista que se atribuyen a Chile en la guerra, es bueno recordar que en los inicios del conflicto en el Perú (se proclamó reducir el territorio chileno (Carlos Bustos).

La vida en La Paz en los primeros meses de 1879[editar]

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Bolivia vivía una tragedia cuando llegó la guerra. La sequía, el hambre y el paludismo azotaron en 1878 a departamentos como Cochabamba. La Paz lo sintió menos. “Adiós año 1878 con tu cortejo de peste, hambre, muerte, luto y orfandad!, ¡Salve año 1879! Al pronunciar tu nombre huyen del lacerado espíritu la amargura y el dolor. El corazón se llena de ilusiones y esperanzas". Si el autor de ese párrafo publicado por el diario “El Heraldo” en enero de 1879 y recuperado por Roberto Querejazu hubiese siquiera sospechado cuán cerca estaban los galopes de la guerra, otra hubiese sido la frase y otro el tono de quien, en ese momento, festejaba la partida de un año nefasto para el país y se aprestaba a festejar el Carnaval que asomaba sus narices de fiesta, alcohol y olvido.

Encabezado del diario "El Comercio" de La Paz, Bolivia del 19 de febrero de 1879.

En diciembre de 1878, el periódico “El Industrial” hacía un recuento del mes en Sucre. Unas 49 personas habían muerto por inanición en el hospital y 11 cuerpos ya sin vida se habían recogido de las calles. "Ayer falleció un indio en El Tejar. Le faltaron fuerzas para llegar hasta la “Olla del Pobre”". “Tres cadáveres, para cuyo enterramiento hubo demoras burocráticas, fueron festín de los buitres del cementerio".

Todo había empezado con una sequía que derivó en hambre y enfermedades como el paludismo que empezó en los Yungas, penetró las provincias de Cochabamba y siguió hasta alcanzar a Tarija. Ese fue el pan de cada día y uno de los departamentos más sufridos fue Cochabamba, tanto que incluso desde Oruro tuvieron que socorrerlo. En 1879 no cambiaría mucho la situación. Ya en “El Progreso” se decía: "El siniestro se agrava cada vez más". El profesor Eduardo Cassis asegura que La Paz sintió menos...

La rutina paceña de 1879. Unas 50 mil almas se levantaban cada día de acuerdo a las investigaciones de Cassis. La población había aumentado porque los campesinos empezaron a emigrar a la ciudad debido a un decreto que les obligó a vender sus tierras, acota el historiador José Luis Roca. Una vez en la urbe, debían trabajar como sirvientes. Ellos eran los que entregaban cada mañana a los señores su impecable ropa. Éstos se colocaban el pantalón, la blanca camisa con volados y el chaleco. Un peine ponía orden en cabellos y bigotes cuidados.

Anuncio del diario "El Comercio" de La Paz, Bolivia de 1879.

La hora del desayuno. Los sirvientes llevaban la taquia para alimentar las cocinas a carbón que ya desprendían sus vapores matinales de leche. En la mesa, un mantel bordado exhibía las habilidades de la ama de casa. El atractivo principal era el pan. Si allá estaba era porque había recorrido un largo camino. Como la harina escaseaba por la sequía, los ricos tuvieron que ingeniarse para encargarla a Chile.

Afuera, el polvo callejero empezaba a jugar a esa hora con los cascos de los caballos de las diligencias que cruzaban la ciudad para dejar el correo procedente de los llamados pueblos de Achachicala, Obrajes y Tembladerani, entre otros. En La Yunga, hoy mercado de los Yungas, los comerciantes acomodaban sus verduras y frutas. Por esa época también se fundó en más de una ciudad la "Olla del Pobre", nombre dado a la iniciativa de sacerdotes y mujeres de la alta sociedad que daban un poco de alimento a los pobres hambrientos.

Los elegantes señores eran los únicos que paseaban en carruajes tirados por cuatro caballos y, de cuando en cuando, levantaban su sombrero unos 10 centímetros por encima de la cabeza para saludar a una dama. Los demás, sobre todo los de las clases bajas, debían conformarse para movilizarse, con sus pies.

Discretas y de caminar corto, las señoras se movían entre amplias faldas que besaban el suelo. Poco escote y mangas anchas ponían límite a las miradas. Educadas, contestaban a los saludos de voces graves, mientras mecían coquetamente el abanico.

En las oficinas de la calle Junín se apilaban los ejemplares del diario “El Comercio”, dirigido por su propietario, César Sevilla. En la primera de las cuatro páginas del matutino aparecía, para evitar dudas, la lista de precios: por 12 números, 1 boliviano; por 36 números, 3 bolivianos; por 72 números, 5 bolivianos; por 144 números, 10 bolivianos. Con el ejemplar bajo el brazo, los señores se sentaban en los bancos de la plaza Murillo. En la primera página sólo los anuncios publicitarios tenían un espacio.

El campanario daba las 9.00 y el dentista D.F. Ogden llegaba a su consultorio en la calle Yanacocha, para "ofrecer sus servicios al respetable público de La Paz". Así rezaba el anuncio que publicaba en la primera página del diario “El Comercio”, hasta el que se acercaba gente para poner todo tipo de anuncios, incluso otros como éste que ya anticipaba los preparativos para el Carnaval de ese año: "Llegaron máscaras de Europa".

"Las columnas de El Comercio están a disposición del que quiera ocupar con sus transcripciones, ya sean de periódicos extranjeros o nacionales, pagando las tarifas", advertía la misma tinta del diario que no sólo imprimía anuncios, sino dedicatorias, reflexiones, poemas, notas, pensamientos y efemérides bolivianas.

Anuncio del diario "El Comercio" de La Paz, Bolivia de 1879.

El almuerzo de las 12.00 en punto. Un poco después de las 11.00, el hambre ya se hacía sentir en el estómago de los ricos, mientras en el de los pobres era una constante. Por qué no darse una escapada a la confitería Beirut para disfrutar de la por entonces novedosa salteña antes de ir a la casa para almorzar a las 12.00 en punto. El lugar estaba ubicado en la esquina Del Comercio y plaza Murillo. Pero a esa hora la confitería también se impregnaba del olor de los pasteles para la sagrada hora del té en las ciudades. La historia en el campo era muy distinta.

Una de las carnes más usadas para el menú del almuerzo era la de cordero, porque desde las haciendas los campesinos trasladaban ovejas atadas que eran sacrificadas por los sirvientes. No faltaban los que hallaban especial deleite en freír la sangre con cebolla y tomate. Pero para los preparados también estaban la carne de vaca, el arroz, el chuño y la papa.

La noche de ocio. Después del almuerzo, hombres y mujeres que vivían en casas con muebles tallados, estilo Luis XV, se acicalaban para la noche de tertulia. Entre los productos de belleza, disponibles en La Botica Droguería Boliviana, de Carlos Aloisi y publicitados en “El Comercio”, estaba la crema de perlas de Barry que "purifica y suaviza el semblante, extirpa imperfecciones y hace pasar a cualquier dama de 40 por una de 20".

También había artículos masculinos como el tricofero de Barry que "restituye infaliblemente el pelo a las cabezas calvas con tal de que las raíces no estén enteramente muertas, lo que rara vez acontece. Torna en suave, brillante y largo el cabello débil, ralo y decadente. Extirpa la caspa y blanquea y limpia la piel del cráneo…".

Anuncio del diario "El Comercio" de La Paz, Bolivia de 1879.

Cuando la noche se desplomaba sobre la ciudad, era momento de dirigirse a la casa de algún amigo para la acostumbrada tertulia. Algún joven talentoso recitaría un poema, escenificaría una parte de una obra teatral o tocaría el piano. También hablarían del Carnaval que estaba a la vuelta de la esquina. Las mujeres, oliendo a flores y con recogidos peinados, conversarían sobre las máscaras, flores, polvos de arroz, mixtura y confites que llegaron recién de Europa.

Los detalles menudeaban sobre los disfraces que se lucirían en la fiesta de las Mascaritas. Este encuentro festivo, según investigaciones de Cassis, se realizaba en el Teatro Municipal. Incluso el presidente Hilarión Daza hizo traer ese año desde Europa el traje de arlequín que usaría en la fiesta.

En el baile, los enamorados se acercaban a sus musas para preguntarles: "¿Me conoces mascarita?" Bailaban una polka y luego, a cambio de un beso, él se quitaba la máscara y después lo hacía ella. Si todo iba bien, los próximos encuentros serían en casa de la damicela, pero en compañía de la madre que tendría un ojo puesto en el tejido y el otro en las manos del pretendiente.

Cuando el reloj marcaba las 21.00 era hora de regresar a casa. Entonces, las risas, caricias y el cóctel de frutas no sólo se apagarían por la caída de la noche, sino por la llegada de la Guerra del Pacífico que encontró a un país aún en medio de la tragedia por la sequía, el hambre y las enfermedades.