Explicatum, explicandum
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[editar] Explicatum, explicandum
Por: Carlos Moreno Rodríguez, Neurostar (c) 1999 carlos.moreno@hispalinux.es
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[editar] PREFACIO:
No se ha tenido noticia de que Sócrates y Jesús de Nazaret escribieran documento alguno. El porqué de este suceso excepcional en el pensamiento occidental es tan extraordinario como los personajes que lo sugieren. Este hecho no es el único paralelismo que se puede establecer entre estas dos figuras singulares e influyentes: ambos son éticos de una profundidad en choque frontal con los intereses de poder, ambos buscan en el interior del hombre valores universales a los que adherirse, ambos realizan una función pedagógica de gran efectividad, ambos tienen seguidores y detractores, ambos son perseguidos y, finalmente, ambos encuentran la muerte bajo circunstancias no naturales. Este paralelismo es, probablemente, fruto de la casualidad; o tal vez, los hombres nos parecemos tanto que, en contextos análogos, nos hacemos semejantes. La diferencia y la similitud son un filo hilo que se cose o se corta, a tenor de la mente que construye tales conceptos y los pone cara a cara en acontecimientos determinados. La confrontación razonable de hechos y fenómenos es lo que da origen a la explicación y, por ende, a las presentes líneas.
Miguel Servet también fue perseguido y condenado a la hoguera por defender, ante Calvino y la Inquisición, un pensamiento esencialmente ecléctico, la circulación de la sangre o ideas que ponían en tela de juicio el Misterio de la Santísima Trinidad. Menos influyente que los dos prohombres anteriores, corrió su misma suerte con una sutil diferencia: Servet sí que dejó testimonio escrito de lo que pensaba. Tanto la religión como la filosofía se condimentan en la tradición oral, mientras que la ciencia lo hace por escrito. Los ejemplos son simplemente miradas panorámicas que recogen la anécdota de su detalle. Sencillamente porque ha habido otras personas que han tenido, en su denominador común, la fortuna que a los anteriores no les acompañó. Mahoma en la religión, Aristóteles en la filosofía o, el propio Newton en la ciencia, representan claros exponentes de que no es necesario ser mártires para pasar a la historia. Sin embargo, este nuevo trío tuvo la deferencia de dejar por escrito sus revelaciones o pensamientos más profundos.
La tradición oral tiene la ventaja del calor humano y su transcendencia en la acción de los individuos a la que tiene acceso; si bien, se pierde o se pule por el paso de las generaciones. La tradición escrita se mantiene pura en cuanto se accede a ella en sí misma, sin mediadores; pero pierde en participación de los actores del hecho comunicativo. Para la ciencia, la comunicación es un suceso más del conjunto del mundo; le importa el calor humano en tanto se trata de una variable más a tener en cuenta, y lo llama motivaciones y sistemas de almacenar, recuperar y procesar información. Para la religión, la comunicación y la comunión -lo común- tienen un marcado sentido místico donde se toma o se recibe la verdad revelada. Su transcendencia radica en el rito y la costumbre. Para la filosofía, la comunicación es un acontecimiento reflexivo y de confrontación. Su enfoque es el debate argumental.
Lo que está claro es que tanto Sócrates como Jesús de Nazaret utilizaron algún tipo de comunicación para que nos llegara tan diáfano su legado. Puede que éste fuera tan transparente que no necesitó nunca de intermediarios. Puede que si se pierde calor humano también se pierda comprensividad. También cabe la posibilidad que ocurra de otro modo. Mas el paralelismo o la perpendicularidad histórica no debe acomplejarnos a la hora de establecer su ambigüedad. El significado unívoco pertenece al dogma y a Dios. El hombre, sin ese sentido religioso, debe conformarse con construcciones semánticas endebles y mutables. Pero ése y no otro es el sentido de la evolución: la adaptación, la plasticidad de comportamiento ante nuevas situaciones, la resolución efectiva de problemas y conflictos concretos. Esa ambigüedad produce el caldo de cultivo del presente ensayo. Se trata del embrión de una teoría del conocimiento válida que sirva de puente entre concepciones tan dispares del mundo. En orden a que no versa de asuntos religiosos, el significado de lo que sigue está sujeto a la libre interpretación y revisión. Como tampoco utiliza el método científico en el análisis de sus presupuestos, cabe manifestar su tremenda improductividad efectiva sobre este campo. Sin embargo, acepta el hecho religioso y el conocimiento científico como punto de partida. Si lo que sigue es o no filosofía, queda a juicio del lector. Yo, por mi parte, me conformo con escribirlo y no morir por la cicuta, crucificado, en la hoguera o por cualquier causa que no fueran las naturales de mi edad.
[editar] RELIGIÓN, FILOSOFÍA Y CIENCIA. ( O EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD)
¿Qué nos ofrecen la religión, la filosofía y la ciencia en los albores del tercer milenio? ¿Son suficientes, como medios de pensar y actuar, para abordar con garantías el siglo XXI? En conjunto ¿ofrecen una visión del mundo al hombre actual? O bien ¿ofrecen al mundo un hombre a la altura de las circunstancias?
- Amigo Sancho, comprende que estas y otras cuestiones que por no mentadas no son de menor enjundia, no tienen respuesta fácil. Mantén, así pues, la mente alerta para que cualquier cambio que nos pudiese afectar, no pase desapercibido (mutis por el foro).
Empecemos por el principio. Al hombre le ha acompañado un sentimiento religioso durante milenios. Semejante sentimiento ha sufrido transformaciones a lo largo de la historia; con lo que la idea de Dios ha variado con el paso y el peso de los siglos. Inicialmente -remontándonos a los hombres prehistóricos- el sentimiento religioso se sintetiza en cuestiones mágicas propiciatorias de la caza, así como de enterramientos funerarios de distinto grado. Ambas manifestaciones, en conjunto, abrazan la dualidad de la vida y de la muerte; moviendo a estos primigenios humanos a establecer, probablemente, ritos y comportamientos simbólicos y artificiales. He aquí una primera prueba de la transformación de la realidad que hace el hombre convirtiéndola en una representación mental: la capacidad de abstracción de referentes y su simulación cognitiva convergiendo en poderosas fuerzas mágicas que sensibilizan a nuestros antepasados notablemente. Este nuevo "poder" se muestra en representaciones pictóricas, acaso primera manifestación lingüística que narra las escenas de caza que ellos mismos vivieron y que han llegado hasta nuestros días.
Paralelamente a este sentimiento (que no es más que un significado a su vida y a su muerte) se desarrolla y se extiende el uso generalizado de herramientas y útiles de diversa índole. Se trata de una protociencia que está basada en técnicas de lascado de pedruscos, trabajos en hueso y el uso de conchas. Estos científicos del pasado se asemejan más a ingenieros que resuelven problemas concretos a necesidades específicas, que a individuos que proponen modelos teóricos de alto grado de abstracción. A decir verdad, estos ingenieros primitivos precedieron en el tiempo a las manifestaciones rupestres que narraban algo de sus vidas: primero vivieron y después filosofaron según vieron, oyeron y entendieron. Se dio fe de su existencia.
La filosofía surgió como explicación global del acontecer del mundo. Pero sería ininteligible llegar a su significado sin antes comprender la idea de Dios y la ciencia que se había legado unos centenares de años antes de Cristo. El salto del Paleolítico al Neolítico no es simplemente temporal; la agricultura, el trabajo con metales y el perfeccionamiento de herramientas son sucesos de extraordinaria magnitud. La revolución neolítica produjo cambios substanciales en el modo de vivir de nuestros antepasados, donde se concatenaron hechos de magnitud perdurable: la agricultura hizo un poblamiento sedentario y supuso nuevas necesidades que agudizaron el ingenio de los hombres del neolítico. El trabajo con metales se invirtió en los nuevos aperos de labranza, armas, joyas y ornamentos, así como en monedas y sellos que confirmaron un salto cualitativo en el engranaje social. La mampostería hizo que los edificios adquirieran robustez y perdurabilidad, multiplicando junto a los nuevos hallazgos, los ingenieros y las soluciones, cada vez más avezadas y sorprendentes. La escritura y las matemáticas aplicadas dan un colofón de auténtico progreso en unos cinco mil años. Nunca antes se había hecho tanto en tan poco tiempo; pero es que además, nunca unos cambios artificiales perduraron tanto a lo largo de la historia. La agricultura, desde esta perspectiva, supuso, supone y supondrá más que la Revolución Francesa de 1.789; en primer lugar porque dio y dará de comer a cientos de generaciones, maximizando las probabilidades de éxito de la especie; en segundo lugar porque no depende de la política para que se entienda su necesidad.
Con respecto a la astronomía cabe destacar su entrelazamiento con aquel sentimiento mágico radical; teniendo que ver más con la astrología que con un modelo científico en sensu estricto. Eso nos devuelve al principio. ¿Cómo evoluciona la dualidad vida-muerte hacia la idea de Dios? Mediante un proceso de abstracción primero que evoluciona a un proceso de síntesis después. Este proceso de abstracción comienza con la pregunta ¿de dónde ha salido todo esto?; pues el hombre se enfrenta a animales, montañas, ríos, nubes y diversos fenómenos que él no ha creado ni causado. Percibe la existencia fuera de él mismo, pero ¿cómo la interpreta? Las fuerzas de la naturaleza, que es lo inmediato a sus sentidos, cobran especial significado y lo envuelve dentro del manto mágico que ha ido madurando durante milenios. Es la naturaleza, por tanto, el referente de primer orden a la hora de hilvanar una explicación coherente de lo que sucede. El porqué trata de aclarar el entorno vital en esos momentos puede resultar confuso. Entre otras hipótesis podemos sugerir que los ritos y costumbres dualistas (vida-muerte) fueron evolucionando de manera tal que, aquello que propiciaba la caza -y por tanto, probabilizaba la existencia de aquellos hombres-, se extendiera a otras actividades que guardaban relación con la supervivencia. Aún hoy, perviven ritos religiosos vinculados a la siega, a la cosecha o al nacimiento de una nueva criatura. Religiosidad y supervivencia aparecen vinculadas directamente. Otra hipótesis sugiere la posibilidad de una cantidad de alimentos excedentaria, ante la que los hombres reaccionan dedicándose a otras actividades distintas a la búsqueda de comida. Una de esas actividades puede ser la especulación acerca del mundo. Finalmente, se puede conjeturar que es el compendio de diversos fenómenos (semejantes a los citados) los que dan pie a tal especulación.
El salto de convertir tales fuerzas de la naturaleza a divinidad nos resulta oscuro. Es factible que la costumbre se elevara a rito y éste, por generalización del éxito de supervivencia, prevaleciera como veneración. Tanto el rito como la veneración han de tener el consenso y el compromiso de los participantes; ya que es una autoafirmación del grupo ante unas fuerzas naturales que no han sido generadas por ninguno de sus miembros. Esta 'comunión' resalta la comunicación entre los actores y la naturaleza, siendo el vínculo que los une en su existencia. El vínculo ha sido interpretado de diferente modo por las religiones pasadas y presentes; si bien es inexplicable la idea de Dios (desde un punto de vista estrictamente razonable) sin comprender el principio de identidad. Estos hombres buscaban su identidad, su proyecto de vida, su destino. Unas veces se identificaron con la propia naturaleza, sintiéndose parte integrante de ella en una interacción satisfactoria; otras, se sintieron predestinados a dominar esas fuerzas caóticas casi indomables.
El vínculo es el constructo cognitivo que potencia el proceso de abstracción. De un lado está la naturaleza no creada ni causada por los hombres, de otro está la posibilidad de transformar aquella en beneficio de la supervivencia de éstos. Y ¿cómo se transporta ese vínculo entre el grupo? Aunque la respuesta religiosa radica en el alma, la humildad de nuestros argumentos se centrarán en la mente; o mejor dicho en las mentes que componen el grupo. Y estas mentes se comunican para compartir su destino. El grupo simboliza las probabilidades de supervivencia y, por ende, el vínculo que los une, los identifica y los explica. Aquellos hombres utilizaban un lenguaje que comprendía su existencia. Habían descubierto la realidad virtual y, desde entonces, ya no la abandonarían jamás.
El hombre puso nombre a las cosas que percibía y hasta a las que no lo hacía; siendo los referentes más usados en esa realidad virtual cuanto más significativos fueran en sus vidas. ¿Y qué referente hay más importante que su propia existencia? A las fuerzas naturales les puso nombre y les dotó de identidad, pues no habían sido generadas por la mano del hombre. Esta identidad se convierte en voluntad propia cuando el clan se ve desbordado en comprender a los elementos. Dotar a las fuerzas de la naturaleza de identidad y voluntad propia es un salto cualitativamente incomprensible sin una realidad virtual que simule que ocurre de tal modo y no de otro. Si esta idea nos parece peregrina, pensemos en los miles de hombres que la debieron tener; y es equivalente a la creencia de que la tierra era plana en el siglo X d.d.C. ¿Cómo se podía creer que la tierra era plana sino es sobre la base de una simulación de la misma?
El proceso de abstracción consiste en diversas simulaciones de la realidad que son evaluadas en virtud de sus resultados; atribuyendo grados de credibilidad a tenor de éstos. Si la costumbre, el rito, el compromiso, el vínculo, la realidad virtual... les mantuvieron vivos, entonces había que seguir con ellos y generalizarlos. Todo lo demás era indiferente. Es difícil entender que individuos tan dependientes de motivaciones primarias (comida, cobijo y relaciones sexuales) que encontraron soluciones harto pragmáticas para satisfacerlas, se dedicaran a una especulación tan poco relacionada directamente con sus necesidades; a no ser que tal especulación se considerase especialmente útil para propiciar cuestiones de supervivencia. Por la misma razón que no puede dominar esas fuerzas (aunque sí minimizar o maximizar sus efectos), se atribuye a lo desconocido un origen divino, ora bueno si repercute beneficiosamente, ora malo si perjudica de algún modo. Simple pero efectivo.
Como en la realidad virtual las fuerzas naturales tenían identidad y voluntad propia, de ahí a la idea de Dios hay sólo un paso. Una vez que un dios tiene identidad, se le puede representar; y eso es exactamente lo que hicieron sobre la base de las estatuillas, figuras e iconos que se han encontrado en las excavaciones. Así, la independencia existencial de estos seres virtuales no sólo procedía de referentes naturales, además esas fuerzas divinas eran quienes los generaban y creaban en mayor o menor grado. A unos dioses con existencia y voluntad intrínseca se les añadía el haber sido creadores de su misma fuente referencial: una diosa del agua habría creado los mares y los ríos a los que mantenía con diversas artes, tan extrañas como las utilizadas para su creación. Se simulaba elaborando una historia similar a la del clan (al que estaba vinculado) que difería de éste en un origen allende los tiempos y no natural. La ascendencia mágica de los seres virtuales a los que aludimos es lo que les da la impronta de inextricable y atrayente a la par. Una vez explicado de dónde había salido todo esto, quedaban varios saltos que dar en el proceso de abstracción.
Los dioses explicaban el origen del mundo y regulaban las fuerzas en distinto grado. Asimismo, beneficiaban o perjudicaban a tenor de los efectos y estragos que causaran. Si tales dioses eran beneficiosos, se les hacía protectores del clan al cual quedaban vinculados. Los santos patronos de los pueblos y ciudades del mundo son vestigios de este dato. El vínculo ha sido transformado en virtud de que, lo que une, compromete y comunica, es el dios o dioses protectores. El destino de un pueblo está directamente vinculado a su dios o dioses y, cuando cae uno, cae el otro. Sus destinos están entrelazados y unidos per se.
El salto cualitativo siguiente fue el considerar a los dioses creadores de los hombres. Puesto que ellos fueron los creadores de lo que había a su alrededor, ¿qué impedía que fueran ellos mismos (u otros inventados para tal fin) los que habían hecho al hombre tal y como era? Al no existir explicación mejor -al menos que conozcamos-, los hombres aceptaron ésta como la más probable. Es decir, durante este periodo no se admitía la evolución si no es a partir de un acto de creación del mundo. En orden a esta creación, los dioses intervienen en el destino de la totalidad de los objetos componentes de la realidad, incluida la virtual. Es más, se cita a esta última como mediadora en la intervención divina, pues ya que la realidad virtual es una creación de los dioses, así lo han de ser sus derivados. La realidad virtual adquiere, de este modo, naturaleza divina y de argumentación sobre la transformación de la realidad sensible.
Y ya tenemos el proceso de abstracción completo. Los dioses son creadores del mundo y de todo lo que existe. Parten de la realidad sensible para darse a conocer, vinculándose a un grupo de hombres concretos. Influyen directamente sobre los actos de esos hombres, haciéndose previsibles en la realidad virtual aludida. Este pudiera ser el resumen de la primera teoría que explicaba al mundo. Dios, los dioses, nacen como una hipótesis de trabajo sobre la concepción de la realidad y del mundo. Curiosamente, este modelo está basado en lo sensible y lo observable, dando una explicación completa y coherente de porqué estamos aquí. Tiene un punto de partida en la dualidad vida-muerte y en el índice de supervivencia aunque no se hicieran estadísticas. Aclara, asimismo, que los actos de los hombres están vinculados a ese mundo de la divinidad mediante diferentes tipos de modalidades.
La ciencia de entonces no tenía un modelo tan potente que explicara la totalidad del mundo de una forma tan explícita. Se dedicaba a cosas tan prácticas como el arado, la domesticación de animales, el transporte sobre ruedas, la construcción de casas, palacios y templos, la fabricación de herramientas de diverso tipo y fin, etcétera. La imagen que podemos tener hoy de la ciencia de ayer consiste en decir: lavadoras, frigoríficos, tractores, cosechadoras, rascacielos, televisores u ordenadores. La ciencia realizaba la transformación de la realidad sensible en un producto también sensible y útil. Radicalmente opuesto a la transformación de la realidad operada por la mente humana; quien aboga por explicarlo todo. La ciencia de estos tiempos no trataba de interpretar la naturaleza sino en utilizarla. Puede que, los resultados más exitosos a lo largo de la historia de la ciencia, hayan sido esas transformaciones que han supuesto no sólo cambios materiales sino también, cambios en los modos de pensar. La ciencia es, sobre todo, formas de transformar la realidad sensible en productos con fines pragmáticos. La especulación sobre el mundo ha sido -históricamente- campo de la religión y de la filosofía. Acerca de esta última, hablaremos a continuación.
El proceso de abstracción sobre la idea de Dios ha sido simplificado por mor a una descripción comprensiva de la cuestión. Lo que realmente ocurría es que los panteones divinos se iban aumentando por personajes secundarios, amén de alcanzar cotas de complejidad prácticamente indescifrables para los no iniciados. Se necesitaba de sacerdotes y de oráculos que interpretaran los designios divinos y tradujeran a los simples mortales los signos del destino. La voluntad divina era interpretada de distintas formas: mitos, sacrificios, ofrendas, ritos, etc. Mientras, la mitología alcanzaba una complicación que olvidó la esencia de la que partió: la supervivencia del grupo. En cuanto la supervivencia de tribus y clanes peligraba, la existencia de sus dioses lo hacía también. Muchos hombres debieron pensar que el futuro de su prole era más que incierto si se depositaba en dioses que no los entendían. La desmemoria divina ya no contenía la maximización de probabilidades de éxito, sino que eran más importantes las ofrendas y las matanzas hechas en su nombre que la protección que les debía proporcionar. El vínculo se había roto.
El hombre se encontraba de nuevo desnudo frente a una realidad sensible a la que interpretar de manera global. Puesto que los dioses son indescifrables e incomprensibles; lo inmediato, lo accesible, sí que puede tener un engranaje que, una vez descodificado, explique convenientemente el mundo. Surge así la búsqueda del principio generador de todo. Esta búsqueda iniciática tiene un mismo comienzo: la naturaleza. El agua, la tierra, el aire, el fuego, el movimiento, los átomos... son los principios priores enunciados por diversos hombres. Llegó el momento de la especulación filosófica, cuyo proceso de abstracción es paralelo -diacrónicamente- a la idea de Dios. Primero intenta explicar de dónde ha salido todo esto, segundo se centra en el hombre y, finalmente, busca sentido bajo la perspectiva ética de aquel. Como las religiones y los dioses que los hubo de diversos tipos, fines y nombres; en la filosofía coexisten diferentes tendencias y actitudes, demostrando, a la postre, la confusión y la ignorancia del hombre al respecto. ¿Acaso la ciencia seguirá el paralelismo citado? ¿Explicará de dónde ha salido todo esto, para tomar decisiones sobre los hombres y sobre lo que está bien o mal? Al fin ¿habrá distintas concepciones de ciencia que complicarán el éxito de la supervivencia de la especie en vez de probabilizarlo? ¿Qué nuevo conocimiento, si sucede de este modo, surgirá de la impotencia de la ciencia para explicar los comportamientos humanos ante el mundo? ¿Será la política? ¿Acaso la antropología o la interpretación de las culturas?
Ni la religión ni la filosofía han desaparecido ni en la teoría ni en la práctica. Ambas han ido adaptando progresivamente (de mejor o peor grado ante las evidencias y avances técnicos) sus presupuestos a los conocimientos científicos que se han ido abriendo paso poco a poco. Sin embargo, la ciencia no ha dado explicaciones de tanto alcance como la religión. Tampoco ha logrado comprender al ser humano en su dimensión ética y política en una estima que pueda abandonar la especulación filosófica. Los vestigios de la religión y de la filosofía se asemejan a las pirámides y a la acrópolis; permaneciendo pese a quien pese, resistiendo los embates temporales. Ese es el hecho. Obviarlo es tan anticientífico como suponer que la ciencia no es un conocimiento profundo.
Sin embargo, nuestro viaje es de ida y de vuelta. A un proceso de abstracción, le continúa otro de síntesis. Hemos visto como la idea de Dios fue complicándose hasta alcanzar panteones y mitologías que tenían que ver más con la poesía que con la supervivencia directa de los hombres. Puesto que el vínculo se había roto, la realidad virtual buscaría la interpretación del mundo y del hombre bajo su propio análisis, sin suponer existencias independientes con una voluntad difícil de predecir. En el terreno religioso, la realidad virtual optó por simplificar las cosas; es decir, el número de dioses, concentrando en un solo ser - en Dios- la única fuente de creación del mundo y de influencia sobre la vida y muerte de los hombres. La monolatría es la concentración en un único ser la esencia explicativa de la globalidad; no obstante, admite la posibilidad de que otros grupos veneren a otro dios o dioses distintos. De nuevo aparece el vínculo que une a los hombres con su Dios; pero este vínculo se estrecha si ese Dios es único para todos los hombres, sean del pueblo que sean. Es el monoteísmo: un solo Dios para todos igual. Ese es el gran triunfo de la síntesis religiosa. Se acabaron las trifulcas entre divinidades y entre hombres por ver quien tiene el poder del universo. Aquí sólo manda uno y ese uno lo explica todo: diciendo Dios, nunca se dijo tanto con tan poco. Se explica la creación, el hombre y su transcendencia en el comportamiento. El universo ha sido desvelado y descifrado: es Dios.
Dejémonos por el momento de las interpretaciones filosóficas de esta idea y, centrémonos en cómo y porqué tuvo éxito el monoteísmo. Ya se ha dicho que concentró bajo su concepción toda la noción de divinidad y religiosidad que se había tenido hasta el momento. A su vez proporcionó a los hombres un vínculo y un proyecto de vida. Para los hombres de entonces, como para los de hoy en día, supone un esquema cognitivo fácil de transportar en nuestras neuronas y con objetivos y metas conductuales concretas y válidas para la supervivencia general. La belleza de la idea monoteísta radica en su simplicidad y economía de esfuerzos. Pero ¿quién fue el primer pueblo que inventó el monoteísmo? Es difícil dar una respuesta válida a esta pregunta. En oriente y en África, probablemente hubo respuestas de este tipo. Lo que nos ha llegado hasta la actualidad es que el budismo se funda en el siglo VI a.d.C., la religión islámica de Mahoma es posterior a Jesucristo, a Confucio se le sitúa entre el 551 al 479 a.d.C., el Taoísmo entre los siglos V y IV a.d.C., el sintoísmo es politeísta y naturalista, lo mismo que el hinduismo. Por último, la tradición judeo-cristiana arranca con la figura de Abraham que, en la Biblia, se sitúa el abandono del paganismo y de la idolatría. Esto sucede más allá de un milenio a.d.C. Los primeros vestigios de la civilización judía antigua, se remonta a la edad del bronce (3300-2200 a.d.C.) en las tierras de Canaán. El resto de la historia es harto conocida. Lo que nos importa es que la tradición judeo-cristiana es la más antigua concepción monoteísta que se conoce y que se ha mantenido incólume hasta la actualidad. Puede que haya religiones monoteístas que sean más antiguas, pero o bien han desaparecido, o bien tienen un numero de seguidores demasiado bajo para ser consideradas. El éxito de la tradición monoteísta judeo-cristiana abraza mucho más de mil millones de correligionarios practicantes o no; con mucho, la mayor religión en número de simpatizantes.
El pueblo judío, después de Abraham, defendió a capa y espada a su Dios; pero su influencia, por el número y los medios era más bien baja. El contacto con los griegos y romanos fue lo que activó el transporte de la concepción monoteísta a través de occidente. Y he aquí donde interviene la filosofía. De siempre, ésta ha intentado aglutinar los primeros y últimos principios y causas del mundo. Aunque sus presupuestos nunca se fundamentaron en el dogma o en la revelación, su especulación era tan abstracta como la idea de Dios. A fin de cuentas, se buscaba lo mismo: una aclaración sobre el mundo y el hombre. Los romanos habían tenido un estrecho contacto con la filosofía griega durante siglos. Habían comprendido muy bien sus presupuestos aclimatándolos a su modus vivendi. De otro lado, la religión politeísta romana hacía aguas por todas partes, pues a una profunda crisis de identidad, se le añadía un colapso en los augurios divinos. La falibilidad de semejantes métodos, dispuso a los pragmáticos romanos a buscar soluciones más factibles y útiles; deseosos de encontrar una fuente de conocimiento verdadera y auténtica. En contacto con una suma importante de pueblos y tribus, sólo dos de éstos habían hallado una realidad virtual superior a la romana: la especulación filosófica griega y el monoteísmo hebreo. Todos los demás pueblos eran inferiores en su capacidad de explicar al mundo o al hombre en todas sus dimensiones. Y aquí aparece la figura de Jesús de Nazaret.
Del Yahvé vengativo de rayos e iras turbulentas de Abraham al Dios dadivoso, perdonador y pacífico de los cristianos va un abismo. El Dios primitivo de los hebreos era un Dios violento que descargaba su ira por menos de nada. Los hombres le obedecían por miedo y temor (de ahí la expresión "temerosos de Dios"). Con Jesús de Nazaret está idea cambió radicalmente: Dios es amor. Desde luego el vínculo es mejor establecerlo por amor que por miedo. Si tuviéramos que hacer un símil actual podríamos comentar que el aprendizaje ha de estar cimentado en el estímulo y refuerzo positivo en vez de en el castigo. Jesús de Nazaret acercó el vínculo al hombre y lo hizo comprensible: no hay que matar sino amar. Lástima que de sus palabras no cundiera el ejemplo, pues él mismo fue muerto y, las muertes se siguieron sucediendo en su nombre o en el de otros; albergando otros intereses. Para el conocimiento, este nuevo Dios amoroso para todos sin distinción de raza, rango, casta o condición era verdaderamente un Dios al que merecía la pena venerar. No hacía distingos entre pobres y ricos y prometía una vida mejor en el más allá. Eso sí que era bueno. Además, daba ejemplo a través de la figura de Cristo, quien cargó con todos nuestros pecados y faltas. ¿Qué más se puede pedir? Desde luego, esta era la solución más audaz que se había dado a la explicación del mundo y del hombre.
Entre quinientos y cuatrocientos años antes de Jesús de Nazaret, la filosofía griega experimentó un cambio en su especulación. De la búsqueda de un principio explicativo del mundo, se pasó a la búsqueda de comportamientos éticos de los hombres. Sócrates puede significar el colofón a esa búsqueda, dando autenticidad y veracidad a la misma. Diógenes de Sínope, el cínico, llevó su filosofía a un rigor ético cuya finalidad es la virtud a través de la conducta; algo así como "por sus obras les conoceréis" del evangelista Mateo. Otros autores, en fin, proponen la búsqueda de la felicidad y los métodos que la consiguen, creando escuelas para la difusión de sus ideas. Esa solicitud de felicidad preside al mundo romano que estuvo en contacto con el pueblo hebreo. Los romanos sí que tenían la influencia y los medios que aquellos carecían y fueron, a la postre, el vehículo de transmisión de mayor potencia. Los años de los primeros cristianos son de una efervescencia de ideas que provenían de distintas religiones y filosofías. En ese magma de confusión no es extraño que triunfasen -desde el punto de vista epistemológico- aquellos que lo tenían más claro y estaban dispuestos a sacrificar sus vidas por ello. El Dios cristiano tampoco tiene contradicciones que inviten a la ambigüedad. La conjunción entre la filosofía y la tradición religiosa judeo-cristiana era demasiado potente y densa para que religiones y creencias menores resistiesen la sabiduría acumulada de aquellas ideas. Esta conjunción ha tenido mayor influencia en la historia del pensamiento occidental que cualquier otra relacionada con la astrología. Las conjunciones planetarias no tienen influencia comprobada sobre el comportamiento de los hombres, pero la religión y la filosofía sí.
Esta conjunción se hizo de manera gradual, con un respeto mutuo y sin lucha; pues los pueblos que las promovieron estaban alejadas de las fronteras en las que se producían. La batalla se libraba en el interior de los hombres, en lo que pensaban sobre el mundo y sobre ellos mismos. La guerra era en una realidad virtual que necesitaba de un norte, de metas y objetivos, de toma de decisiones virtuosas y que hicieran felices a las personas. Y desde luego la felicidad y la virtud no entran dentro de los enunciados científicos más diestros. Sin embargo, por aquel tiempo, el mayor logro científico fueron las matemáticas y, en especial, la geometría. El teorema de Pitágoras o la geometría Euclidiana nos son tan cercanos que parece que son inventos nuestros en vez de personas que vivieron un par de milenios y pico atrás. La ciencia de aquella época seguía subsumida en oficios (herreros, fontaneros, constructores, médicos...) del tipo ingeniería y técnicas aplicadas. Con las matemáticas, se descubrió el método deductivo, cosa que es lógica en virtud del uso que se le había dado a la realidad virtual. La deducción es el hecho abstracto por antonomasia de la ciencia y, por ende, de la realidad virtual. Los sistemas inductivos y experimentales estaban en manos de oficios, técnicos e ingenieros de distinto tipo y grado de conocimiento; sin que éste supusiera un corpus integrado. Eran saberes dispares y sin conexión práctico-teórica alguna. El establecimiento de leyes a partir de los hechos hubo de esperar a Kepler y Galileo como una sistemática de la ciencia.
El problema al que nos enfrentamos cuando estudiamos los hechos es qué consideramos exactamente y cómo los cuantificamos. Este no es un conflicto intrínseco de los fenómenos, sino de la realidad virtual. Ésta hace representaciones de la realidad sin importarle mucho su comprobación empírica; su misión, dicho de otro modo, es de abstraerse y de representar; la adaptabilidad del modelo generado pertenece a otros. La idea de Dios representa coherentemente al mundo y al universo; no obstante, el modelo es difícil de comprobar. Con la filosofía se empieza a especular con la posibilidad de una realidad virtual un tanto 'engañosa' (Descartes), proponiendo métodos más 'seguros' de generar hipótesis. Los filósofos son los primeros que empiezan a simular las consecuencias de las representaciones de la realidad virtual, dándose cuenta que, dependiendo de las condiciones reales de la simulación, tanto más podemos comprobar la veracidad de nuestro modelo. Inventan, podríamos decir, la comprobación; aunque ésta se haga con métodos muy rudimentarios y con resultados, asimismo, dispares en la construcción de conocimiento útil. Se sigue confiando en la deducción, usando a los hechos como comprobaciones asistemáticas de la realidad virtual. La experimentación complementa el ejercicio de la comprobación, lo valida. Pero ha de llegar la ciencia para ayudar a realizar tal salto.
¿Forman parte la comprobación y la experimentación de nuestra realidad virtual? El objeto de la realidad virtual es representar razonablemente lo que ocurre y acontece en esquemas cognitivos transportables fácilmente en nuestra mente. Dios es un esquema muy simple y que representa la totalidad. Cumple todos los requisitos de la realidad virtual. Su desventaja radica en que no es comprobable ni experimentable por métodos científicos conocidos. Lo que está en el programa de la realidad virtual es la simulación, porque ésta ayuda a la representación del mundo; mas las condiciones que ha de cumplir semejante simulación corresponden a un consenso de las mentes que la realizan. Veamos un ejemplo. En el siglo X de nuestra era, la creencia de que la tierra era plana estaba bastante extendida. El modelo funcionaba en orden a que, todo aquel que se aventuraba más allá de los mares conocidos, no regresaba o pasaba penurias tales que no se le ocurría volver. Cuando los ingenieros mejoraron las naos, los aparatos de navegación y otros enseres, se pudo realizar la circunnavegación de la tierra y, como consecuencia, su comprobación y experimentación. Pero la optimización de estos procesos no perseguía la demostración empírica de la esfericidad de la tierra, sino que fueron configurados para otros fines mucho más simples y acomodaticios. Sólo la conjunción de las ingenierías dispersas pudieron establecer los principios de la demostración empírica. Y esta conjunción fue tan importante, al menos, como la que hicieron la religión y la filosofía occidental. Las herramientas, por sí solas, tienen fines concretos y definidos; un conjunto de ellas mediante una simulación adecuada, puede aplicarse a fines más complejos y con resultados que van más allá de lo que conseguirían una a una. No es una acción simplemente sumativa, sino de conjunto. Cuando la ciencia empezó a utilizar la realidad virtual como una actividad de conjunto, dio un salto cualitativo y pudo comenzar a representar al mundo bajo su perspectiva.
La comprobación y la experimentación son requisitos que incluye la ciencia para la simulación de la realidad, para que sus decisiones y resultados obtengan fiabilidad y validez. Probablemente, no se habría llegado a este punto sin una realidad virtual con amplias miras de representación y sin una especulación que ayudó a llegar a unos requisitos de simulación que optimizaran los resultados. La filosofía y la religión han influido más en la ciencia de lo que se imagina.
Los límites de la ciencia son los propios de la realidad virtual: es una representación. La representación de hechos repetitivos (como los que estudian la física y la química) se reduce a tablas de probabilidad de aparición. Por ejemplo, la meteorología forma parte del bagaje del hombre de la calle porque depende, en muchas de sus actividades, de la climatología que acontezca en un día determinado: la ropa que se pone, el salir al campo, el hacer algún tipo de deporte, etc. Los profesionales que se dedican al tema, saben que pueden predecir unas condiciones generales basándose en unos datos; sin embargo, desconocen la exactitud en sus pronósticos. Los hechos naturales no son exactamente iguales a la representación que tenemos de ellos. Como merece la pena reconocer, esto no es culpa de los hechos sino de la imperfección del modelo. Podemos establecer si va llover mañana en nuestra ciudad a un 90% de probabilidades que lo haga -valga el ejemplo-, pero puede suceder que lo haga a unos pocos kilómetros y donde nosotros estamos luzca un sol espléndido. La ciencia no es exacta. Y la exactitud es una pretensión de la realidad virtual y no de la ciencia. Negar ahora que la ciencia es un conocimiento válido, sería de estúpidos; por ello es imprescindible que la realidad virtual aúne sus esfuerzos de manera conjunta, en vez de hacerlo por separado.
Los hechos aislados; es decir, los de difícil repetición (como cuando Julio César cruzó el Rubicón y pronunció el consabido alea jacta est) no pueden ser objeto de la ciencia porque no se pueden verificar en orden a su repetición. Pero ello no es óbice para negarlos y obviar su existencia. Este conflicto sí que es achacable por entero a la ciencia, en el sentido de que es un requisito intrínseco a la propia concepción de ciencia. Los hechos irrepetibles no pueden ser científicos porque no se pueden extrapolar leyes, principios y generalidades de gran potencia predictiva. Pero, curiosamente, hechos irrepetibles pueden resultar los más influyentes en la marcha de los acontecimientos. Pensemos en el primer instante del universo y en una gran explosión. Tal instante es irrepetible, por lo menos en una concepción espacio-temporal razonable. Imaginemos el nacimiento de un hijo. El suceso de ese nacimiento de la persona concreta es irrepetible; no se puede nacer dos veces; con una es más que suficiente. Meditemos en que las condiciones de vida y las respuestas concretas de una persona ante aquellas son también muy difíciles de replicar. Sólo, una persona, vive una vez. La reencarnación es un hecho no comprobado científicamente y, además, tampoco reproduce idénticas condiciones. El hecho de la muerte también es irrepetible. Para un científico sería muy difícil explicar ante la comunidad, una experimentación sobre la muerte. En fin, el significado de ciertos hechos o acontecimientos irrepetibles es demasiado importante como para no ser tenidos en cuenta. Lo que hace la ciencia es generalizar: el nacimiento y la muerte de una persona son irrepetibles, pero todas las personas nacen y mueren. No se repite el hecho concreto, sino el hecho de nacer y morir. Con respecto a hechos como la primera chispa que generó el universo conocido, la ciencia ya no se pronuncia con tanta facilidad. La conducta concreta de Jesús de Nazaret es muy difícil de predecir científicamente, así como la de Sócrates o cualquier otro ser humano. Las variables y condiciones son tan distintas y múltiples que, analizarlas simplemente, es una simulación que escapa a una realidad virtual que economiza esfuerzos.
Ya que a la realidad virtual le interesa la representación, sería importante detenernos en ésta como medio de conocimiento. A parte de los procesos psicológicos que la permiten (percepción, memoria, cognición, etc.), la representación es significado. El término 'significado' será analizado con profundidad más adelante. Ahora nos atañe en su relación con la ciencia y con los hechos repetibles e irrepetibles. La representación de sucesos depende en gran medida de su significado. El significado es algo otorgado por la realidad virtual. El que una piedra caiga o se someta a la ley de la gravedad no quiere decir que la piedra tenga esa propiedad en sí misma. Ningún químico ha descubierto una piedra ni un átomo o molécula que lleve escrito su peso dentro de sus propiedades. Esa misma piedra en la Luna, pesaría otra cosa. El peso, como cualquier otra medida, se otorga bajo tales o cuales condiciones. Para lo que nos interesa, el significado es algo restringido, en interacción con ciertas variables. Si esas variables no se dan, el significado se pierde y, en consecuencia, la representación es endeble.
Supongamos que existen cuatro variables fundamentales para la supervivencia de la especie humana, a saber: alimentación, cobijo, relaciones sexuales y cuidados a la prole. Todo lo que probabilice la aparición de esos cuatro sucesos será significativo. También lo será aquello que impida su manifestación. Las cosas, hechos y acontecimientos que no tengan una relación directa con la alimentación, el cobijo, las relaciones sexuales o los cuidados a los hijos, no tienen significado o lo tienen subsidiariamente. La realidad virtual atenderá las representaciones mentales de esos sucesos o de los que provocan o no su aparición. En tanto nos alejemos virtualmente o sensiblemente de esas representaciones, cuanto más nos alejamos de un significado restringido; adentrándonos en la vaguedad conceptual.
Supongamos que la religión, la filosofía y la ciencia ayudan a la aparición de las cuatro variables citadas y a minimizar riesgos. Abundar en el significado de los dogmas, de las especulaciones o de las premisas que componen dichos campos de conocimiento, incidiría directa o indirectamente en las variables que nos interesan. Dicho de otro modo, si creer en Dios nos hace más felices y optimiza nuestras relaciones personales y sociales ¿qué obsta para no hacerlo? Sólo si la creencia en Dios pone en peligro la alimentación, el cobijo, las relaciones sexuales o el cuidado de los hijos. Lo mismo ocurriría para la filosofía y la ciencia. El significado de nuestro Dios nos daría pautas de comportamiento acerca de la búsqueda y consumo de alimentos o de la dieta, sobre la construcción de casas y la distribución de habitaciones, en cómo deben tenerse las relaciones sexuales o cuál es la mejor manera de proporcionar cuidados a los hijos. La realidad virtual construye objetivos mediadores para conseguir sus objetivos terminales. La religión, la filosofía o la ciencia no llevan conceptualmente la propagación y supervivencia de la especie; sin embargo, la apoyan y la ayudan. Los tres campos del conocimiento son mediadores en un suceso terminal.
El conocimiento no proporciona en sí mismo comida, casa, sexo o cuidados especiales. Se trata de un mediador para conseguir todo eso. La mediación es una actividad restringida de la realidad virtual; que sólo tiene significado y representación si consigue llegar a unos resultados como los conseguidos hasta ahora. La realidad virtual no compila hechos sino significados en conjunto, en bloque. Los hechos son una cosa y sus representaciones otra muy distinta. Cuando decimos ciencia, no decimos que los hechos son lo que la ciencia dice que sean; más bien expresamos la representación que tiene la ciencia del mundo y del hombre. Igualmente sucede con la religión y la filosofía. El mundo acontece sincrónicamente -a la vez-, no hay cosas que sucedan aisladas o a destiempo de las demás. La realidad virtual también tiene esa percepción, elaborándose sincrónica e interactivamente con lo que sucede. Ahora bien, la representación que hace la realidad virtual es una transformación de lo que acontece. El mundo de la ciencia, de la religión o de la filosofía es un mundo transformado, que es en potencia pero no en realidad.
El conocimiento del hombre se mueve en la posibilidad. Si de repente cambiaran las condiciones del mundo, como la gravedad, el aire, el sol o la composición del agua, el conocimiento científico sería inútil (no así su metodología). Probablemente la religión y la filosofía tampoco estarían preparadas para semejante cambio. Necesitaríamos bastante tiempo simplemente para aclimatarnos a las nuevas condiciones y, mucho más con el fin de elaborar un nuevo conocimiento que sustituyera al antiguo; si es que sobrevivíamos para contarlo. Entonces ¿es conocimiento toda posibilidad? No. Conocimiento es toda posibilidad que tiene un resultado óptimo. Por ejemplo, admitiendo la posibilidad de que exista Dios, tenemos mucho que ganar y poco que perder. A eso le llamo yo una posibilidad óptima. Por ejemplo, admitiendo que los hombres pueden ser felices y virtuosos, sólo tenemos que encontrar el medio de hacerlo y aplicarlo. Por ejemplo, si admitimos que la ciencia tiene la posibilidad de desentrañar nuestras lagunas cognoscitivas, podemos confiar en sus avances. Eso son posibilidades óptimas. No quiere decir que sean verdaderas o alcanzables; sencillamente se pone de relieve que, el conseguirlas (convertirlas en realidad) supone un gran logro.
La realidad virtual es una representación del mundo y de lo que puede ser el mundo. Para la religión, lo que puede ser el mundo es lo que 'debe' ser el mundo. Para la filosofía, la potencialidad se convierte en argumento de reflexión; siendo el bucle de toda su especulación. La ciencia no tiene una pronunciación clara al respecto. Admite la planificación de futuro y la previsión, la propia ciencia se entiende como un sistema de alto poder predictivo y, sin embargo, la potencialidad (la simulación cognitiva) sólo es valorada desde planteamientos formales, deductivos. Desde el enfoque inductivo, la posibilidad es mera fantasía. Los empíricos radicales podrán decir que todo lo dicho hasta ahora carece de sentido y que no es comprobable. Y esta misma afirmación es lo que hace que tengan una realidad virtual que construye significados más allá de los hechos, aunque sea para decir que no se tiene razón.
Como corolario y recapitulación de lo suscrito, se entiende que las tres fuentes de conocimiento principales que han sido legadas por nuestros antepasados (religión, filosofía y ciencia), participan de un denominador común que les ha dado vida: la realidad virtual. Antes que llegaran los computadores y los informáticos -que acuñaron el término- el hombre ya hacía gala de un pensamiento abstracto y de un lenguaje altamente formalizado en alguno de sus usos. La tesis sostenida hasta el momento es que, el conjunto de estos saberes, proporciona una representación de la realidad más enriquecedora que si lo hicieran por separado. Lo importante de esta visión de conjunto es la gran similitud explicativa entre los conocimientos aportados por ellos; siendo las diferencias de hoy, las soluciones del futuro. No es tan principal sus distintas concepciones, sino la realidad virtual compartida: el mundo y la posición del hombre dentro de él.
Capítulo 2:
[editar] LA TRANSFORMACIÓN DE LA REALIDAD Y LA REALIDAD TRANSFORMADA
El mundo nos es dado, en el sentido de que nosotros no lo hemos inventado. Esto, que parece evidente, es muy importante para lo que sigue; pues, en rigor, dependemos del mundo para sobrevivir. El que exista trigo, frutos o animales que podemos engullir, no ha sido generado -en principio- por los hombres. La dependencia del ser humano de unas condiciones ambientales previas es mucho mayor que la dependencia del mundo de la humanidad. El mundo ha sobrevivido sin hombres durante millones de años, la aparición de éste sobre la tierra aunque significativa, no deja de ser un tanto anecdótica. Sin embargo, la anécdota se ha convertido en un hecho constitutivo del mundo actual basándose en su posibilidad de modificar las condiciones previas. A semejante modificación de antecedentes priores podemos llamarla transformación de la realidad.
Bien es cierto que el mundo cambia por propia iniciativa. No obstante, esta iniciativa es ciega, no es intencional. La evolución; es decir, los cambios cuantitativos y cualitativos producidos en el mundo no tienen más finalidad que el de producirse; a no ser que consideremos una voluntariedad de la naturaleza y, por lo tanto, una intencionalidad concreta. Lo único que podemos decir de los cambios naturales es que son interactivos, en orden a que se afectan unos a otros; o bien, que todo cambio produce unos efectos. El que los cambios tengan una estructura o una sistemática susceptible de ser analizada por una forma de conocimiento es otra cuestión. Para lo que nos interesa, consideramos dentro de las condiciones previas esos cambios producidos por la propia naturaleza y por la evolución espontánea de las cosas.
La transformación de la realidad es el cambio intencional de las condiciones previas. La modificación no se produce en el fondo sino en la forma. Dicho de otro modo, los cambios afectan a la forma de manifestarse esa realidad y no a la realidad misma: los cambios introducidos por el hombre no afectan a la ley de gravitación universal, o a la química del carbono, o a la configuración general del universo. El lenguaje intrínseco de la evolución del mundo no ha sido modificado en su sistemática funcional. Sólo la forma en que los componentes interactúan entre sí, ha podido ser alterada. Esto no quiere decir que las transformaciones de la realidad efectuadas por el hombre obtengan resultados no naturales; así, por ejemplo, el bronce es una aleación de cobre y estaño que, si bien no está en las condiciones iniciales, sí lo están sus componentes. Aún más; las transformaciones de la realidad hechas por los hombres tienen como resultado un producto artificial; a no ser que se repliquen las condiciones priores. Y una de las bases del aprendizaje es la imitación. Imitar a la naturaleza y al mundo fue un punto de partida para el desarrollo de la ganadería y de la agricultura. La una, aprovechó el agrupamiento natural de ciertos animales; la otra, las crecidas anuales de los ríos.
La transformación de la realidad se entiende teleológicamente, dirigida a fin; mientras que los cambios naturales no se pueden comprender, con los datos disponibles, como una voluntad de acción. La voluntad de acción está reservada a los seres vivos (plantas y animales); pero en la inmensa mayoría de ellos, tal voluntad está restringida a movimientos tenues (caso de las plantas) y a instintos o aprendizajes simples (caso de los animales). Los simios y los hombres han demostrado que su capacidad de aprendizaje es muy superior a otro tipo de animales; ballenas, delfines y similares, también han confirmado habilidades parecidas. El hombre, entre ellos, se ha destacado notablemente en su capacidad transformadora de la realidad. Se supone que todo ello está relacionado con el tamaño relativo del cerebro y una evolución natural del mismo. En el caso del hombre, en virtud a su capacidad transformadora del mundo, es posible que se sume una evolución artificial que se ha ido incorporando poco a poco a las condiciones priores, hasta que ha sido diluida de un modo, en parte desconocido: ¿por qué nosotros, de entre todos los seres del mundo conocido, hemos sido consignados con tal capacidad? Si no nos atenemos a preceptos religiosos, la designación la ha hecho la evolución y nuestra voluntad de acción de modo conjunto. La intervención extraterrestre no ha sido confirmada en ningún extremo, al menos, de forma científica.
¿Qué supone la transformación de la realidad? Para la humanidad, desde un punto de vista funcional, la transformación de la realidad supone un fin adaptativo y de supervivencia; es decir, la búsqueda de comida y cobijo, el establecimiento de relaciones sexuales y, la continuidad de sus resultados: la prole. Esta simpleza funcional se sigue manteniendo en la actualidad. La vida de un hombre o una mujer en el mundo occidental, bien puede resumirse en lo que hace en un día: se pasa unas ocho horas trabajando (buscando y proporcionando comida), otras ocho durmiendo (relacionado con un cobijo) y el resto, se las pasa buscando pareja sexual -de no tenerla-, relacionándose sexualmente o dispensando cuidados a sus hijos. Cualquier hombre o mujer, según lo que esté haciendo en este momento, está encuadrado en este patrón de alto poder predictivo. Sin embargo, a semejante patrón de comportamiento, se le añade una variable cada vez más importante; esto es, el tiempo destinado al conocimiento. Muchos hombres y mujeres, sobre todo los más jóvenes de la especie, dedican grandes períodos espacio-temporales al aprendizaje y a la adquisición de conocimientos, cuestión que no está relacionada directamente con lo anterior. El tiempo destinado a la adquisición de aprendizajes varía substancialmente de unas culturas a otras; estando íntimamente relacionado con la incorporación de los individuos a la vida activa. Una apreciación sin rigor incontrovertible, nos daría una media de entre ocho y dieciséis años dedicados a tal actividad. Si la expectativa de vida se sitúa en torno a los 75 años, nos daría un margen situado entre el 10,7% y el 21,3% de nuestras vidas dedicados a la captación de conocimiento.
De vuelta a la idea genérica de la transformación de la realidad, caben dos cuestiones de cierta relevancia en el contexto. La primera se refiere al conocimiento de cómo se transforma y cambia la realidad; la siguiente, consecuencia de la anterior, es relativa a la tecnología empleada para dicha transformación. Mucho más que las ideas o que los modos de producción, lo que destaca en una cultura es su tecnología. A partir de su tecnología, se puede pronosticar la influencia de una cultura en un momento histórico. Este predictor no es el único que existe a la hora de determinar variables influyentes en la marcha de un pueblo, aunque sí es decisivo como un antecedente previo a su desarrollo ulterior. Una civilización sin tecnología obtiene un desarrollo mucho más lento y menor que otra, que tenga a su disposición una variada gama de recursos tecnológicos. Veamos un ejemplo.
En la antigüedad, Grecia y Roma disponían de una tecnología y conocimiento similar. Lo que les hacía diferentes era su potencial humano y la forma de disponer de ese potencial demográfico. Así, Grecia, siempre fue reacia a considerar dentro de su esfera política a los pueblos bárbaros; esto es, extranjeros (excepción hecha del periodo helenístico con Alejandro Magno); con lo que su órbita de influencia quedaba cerrada a sus fronteras. Cuando Grecia se abrió al resto del mundo, su imperio se ensanchó hasta llegar a la actual India. Es obvio que semejante apertura se obtuvo por los métodos de conquista y guerra; sin embargo, se optó por el intercambio tecnológico a favor de los conquistadores. Y esto supone una constante histórica; en el sentido que, una tecnología que conquiste a otra, aumenta su potencial, probabilizando nuevas conquistas tanto en el ámbito del conocimiento como en el aspecto territorial. Entonces ¿cuándo y cómo finalizan o han finalizado los imperios? Sencillamente cuando los recursos demográficos (entendidos en un sentido amplio) se colapsan de algún modo. Pero la tecnología que resulta del intercambio puede permanecer en el caso que continúen también unos recursos humanos suficientes para mantenerla. De este modo, sabemos de imperios que surgen, mueren y resurgen en el Próximo Oriente -en zonas geográficas cercanas-, durante toda la historia: los asirios, los hititas, los helenos, los turcos, los iraníes y, actualmente, los países petrolíferos del lugar. Esto, en definitiva, la hace ser una zona de eterno conflicto por dos razones fundamentales: la supremacía de tecnologías y la lucha por la administración de los recursos humanos de un modo determinado (con independencia de la justicia y equidad de tales modos).
Los romanos, desde un principio, no disponían de una tecnología punta que les lanzara a la conquista; no obstante tenían una administración de los recursos humanos muy superior a cualquiera. Su derecho; es decir, la forma de regular la vida de los hombres y su relación con el mundo circundante, tenía una organización muy superior a cualquier otra de la época. La gestión de recursos se entendía como una tecnología y, por ende, como una posibilidad de conquista exterior. Sí a eso le añadimos una cantidad de población disponible para el ataque, la consecuencia es lógica. Los romanos aprendieron de la tecnología de aquellos pueblos que conquistaron, dotándoles de la que ellos, por sí mismos, habían adquirido. Su victoria fue doble. Sólo cuando los recursos humanos no se gestionaron con eficacia, el imperio romano se fue a pique. Los bárbaros no tenían la tecnología del mundo romano; si bien, disfrutaban de una organización simple y efectiva con un objetivo claro. De hecho, los pueblos bárbaros adoptaron la tecnología romana en muchas de sus dimensiones; y los que no lo hicieron, obtuvieron una influencia efímera. Es curioso que se fracase por lo mismo que lleva a la gloria.
El imperio más grande a lo largo de toda la historia, al menos en el aspecto de extensión territorial, ha sido el español. Este imperio fue, en duración y significación, muy parejo al romano. La tecnología castellana del siglo XV y XVI era muy similar a la de otra nación puntera de entonces. El potencial humano disponible es lo que les hacía superiores. Los tercios españoles fueron temidos en el occidente europeo durante muchas décadas. Una organización muy específica -el ejército- mantuvo y extendió sus fronteras más allá de lo impensable. Cuando los tercios no pudieron mantener a ralla las diversas rebeliones, el imperio se resquebrajó. Lo mismo que construyó un imperio allende los océanos, fue su perdición.
La tecnología, o dicho de otro modo, los modos de transformar la realidad, no tiene porqué tener un enfoque exclusivamente materialista. Es decir, las tres grandes revoluciones tecnológicas -neolítica, industrial y cibernética- que han puesto de relieve diversos autores, son sólo parten del problema de la transformación de la realidad. La herramienta, característica material de la transformación, es una resolución heurística a una situación concreta. Para nuestras tres revoluciones, las herramientas significativas podrían ser las metálicas, el motor y el computador, respectivamente. Ahora bien, tales herramientas sólo ponen de relieve el producto de su aplicación; y no, su interrelación entre el hombre y el mundo. Esto solamente lo hace la realidad virtual.
Ha habido algunas otras revoluciones no materiales que han supuesto transformaciones de la realidad tan trascendentes, al menos, como las citadas. Los trabajos de Copérnico, Newton y otros de una larga lista, pusieron a disposición de sucesivas generaciones, un modelo del universo que se aproximaba -en cierto modo- a lo que puede ser en realidad. Einstein, relativizó con contundencia ese modelo. Ambas concepciones fueron revoluciones tecnológicas a su manera. Utilizaron como herramienta la realidad virtual, lo mismo que hicieron nuestros parientes prehistóricos a la hora de parir la idea de Dios. El conocimiento, producto de la realidad virtual, es una forma de transformar la realidad; o mejor dicho, la concepción que tenemos de la misma. El conocimiento es la tecnología de la realidad virtual y, sus transformaciones, se producen en ésta y no, como atribuyen algunos, sobre el mundo empírico. La gran mentira del conocimiento es que puede predecir y controlar el mundo. Conocer, como ya reconocía Sócrates, es saber que se ignora lo que realmente sucede. El conocimiento es especulativo, un concepto que nos hace creer que la verdad está contenida dentro de él. Sin embargo, y para no caer en escepticismos ingenuos, como expresaba el propio Newton, de lo único que podemos estar seguros es que no todo es mentira.
Que el conocimiento ayuda a encontrar estrategias (herramientas) de comportamiento adaptativas es innegable: se pueden mejorar las formas de encontrar comida, cobijo y relaciones sexuales, pero también nos tiene que ayudar a encontrar maneras óptimas de relación entre el mundo y el ser humano; y esa optimización, desde luego, no la da el uso de herramientas.
Antes de continuar, es interesante hacer mención a otro tipo de revoluciones tecnológicas que, por mor a su influencia en otros campos podrían incidir aún más en lo suscrito. Freud dio la explicación más completa del funcionamiento psíquico del hombre que se ha podido confrontar. La imposibilidad de demostrar empíricamente la existencia del inconsciente y gran parte de su teoría, la invalida como un modelo científico. Nadie ha podido tampoco decir que es un embuste. Si bien, nos explica todo independientemente de su veracidad. Desprestigiarla por su indemostrabilidad empírica -desde un enfoque que no sea rigurosamente científico- es como adherirse a ella sin ninguna reserva. Lo que se propone es aceptarla como una posibilidad óptima, en el sentido que explica mucho para lo poco o nada que sabemos.
Otro personaje importante para la psicología fue Piaget. Su punto de partida fue el opuesto de Freud. Si éste partió del conflicto entre instintos y cultura, el otro lo hizo desde el desarrollo de la inteligencia y sus procesos lógicos. Muchos de los experimentos de Piaget han sido la panacea para educadores y enseñantes del siglo XX; pero como suele suceder, no le faltaron críticos y detractores. Su explicación hay que aceptarla como una posibilidad óptima; lo demás es buscar fama a su costa. Negar o afirmar una hipótesis de cierta potencia explicativa, tiene que tener una argumentación y coherencia tan fuerte como lo que trata de aseverar o refutar.
La transformación de la realidad tiene como consecuencia una realidad transformada (sea empírica o virtualmente). Una vez que se produce, hay que adaptarse a esa consecuencia. Un prototipo de esta adaptación son los ordenadores personales que, en vez de adaptarse a los hombres, son éstos los que se adaptan a aquellos. Lo mismo ocurrió a las fábricas o a los útiles de metal. El ser humano ha aprendido tanto a adaptarse que le da igual el artefacto o el efecto natural ocurrente; simplemente se adapta. Se ha llegado a decir que la evolución es la evolución del cerebro y que, el próximo salto pasará del homo sapiens al sapiens sin más; sea hombre o máquina. La posibilidad óptima de esta explicación es más que dudosa. Aunque las máquinas -ordenadores- pudieran aprender (cuestión más que farragosa), los hombres se adaptarían a ello, con lo que irían un paso por delante. Si los saltos cuantitativos se producen bajo la tecnología material y empírica, los cualitativos acaecen en una tecnología virtual. Puesto que los computadores han sustituido a las fábricas, aquellos serán pasto de otra herramienta distinta y, el hombre, se adaptará a ella sin dilación (con sus respectivos adeptos y detractores, por supuesto). El que sean los instintos, el inconsciente, o bien, los procesos de maduración en estadios evolutivos, es una cuestión de enfoque. Si el sexo es un hecho que determina muchas conductas del ser humano, todo modelo que lo contenga en sus presupuestos no puede ir muy desencaminado y, los complejos de Edipo y Electra, pueden ser explicados en orden a las prolongadas relaciones de afecto y de apego entre padres e hijos. Lo mismo ocurre con la inteligencia. Los procesos lógico-deductivos y la forma de adquirir los mismos por parte del ser humano son muy importantes a la hora de abordar la ciencia y las matemáticas. Lo relevante del caso es que, la transformación de la realidad (virtual, en el ejemplo) operada nos da como resultado algo distinto y que aparece disponible para su uso o abuso. Esta nueva realidad es otra fuente de adaptación, desadaptación o readaptación. Dicho de otro modo, ¿consiguen los ordenadores hacer más felices a las personas?, ¿logra el modelo psicoanalítico un cambio sustancial en el comportamiento global de la humanidad?... El mundo de las telecomunicaciones hace las cosas más rápidas, más eficientes o con unos costes mínimos; pero eso no hace más felices a los hombres. Digamos que, cualitativamente, un hombre del siglo V a.d.C., tenía las mismas posibilidades de ser feliz que un hombre de hoy en día.
Las revoluciones tecnológicas importantes -virtuales o no-, no son el neolítico, la era industrial o el mundo del computador. Tampoco la Revolución Francesa puede considerarse como un hito de cierta profundidad. No obstante, son, desde el punto de vista didáctico, considerandos muy dignos y edificantes. Aproximan a lo que puede haber sido o a lo que es. Su significación puede ser extendida a un número de personas muy amplio; sin embargo, el paradigma tecnológico (a excepción de su vertiente didáctica) hay que incardinarlo en toda su dimensión virtual y experiencial. El vector no es el thecnos sobre el logos o viceversa, sino la interacción entre ambos. La resultante es lo verdaderamente transcendente. Cuando se inventó la carabela, la brújula o una navegación más segura, no llevaban inscritos tales descubrimientos el llegar a América. Eso, junto a la audacia de algunos y otros factores de igual fuerza, fue lo que hizo que aconteciera. Sólo la interacción entre logos y thecnos proporcionó vigor al hito. Herramientas, entusiasmo, política, ciencia, religión, audacia, perseverancia y un largo etcétera de una época concreta, alcanzan una resultante de tal magnitud.
Cuando, finalmente, se descubrió América, esa realidad transformada supuso una nueva fuente de adaptación para la humanidad. Los esquemas del mundo cambiaron en la realidad y en la mente de los hombres. Y ni que decir tiene que la adaptación no tiene porqué ser justa o equitativa; simplemente unos mueren y otros sobreviven. En el caso de América, las poblaciones indígenas quedaron bastante esquilmadas a lo largo de los siglos. Una tecnología superior fue la causa de su exterminación o su mestizaje, en el mejor de los casos. Lo hicieron España y Portugal en el Centro y Sur de América, lo hizo Inglaterra en Norteamérica y lo hizo Francia y Holanda en sus áreas de influencia. ¿Acaso les preguntaron a los indígenas australianos, o a los comanches, o los polinesios, o a los mayas o los aztecas, o a los africanos de cómo debía ser la colonización? La leyenda negra es extendible a todas las naciones que mantienen una tecnología superior con afanes expansionistas. El intercambio es casi siempre desfavorable entre tecnologías de distinto grado de desarrollo.
La transformación de la realidad, exige en sí misma una readaptación ante el producto obtenido. Los efectos secundarios, en definitiva, son muy difíciles de predecir no ya por el producto, sino por las distintas formas de adaptación que genera el hombre ante ese nuevo producto. De otro lado, la comprensión del hombre de este fenómeno que va desde la mera (pero importante) supervivencia a los cambios efectuados sobre el mundo circundante, pasando por modelos de interpretación del hombre y del mundo, es una resultante tecnológica que cobra sentido con el paso del tiempo. Mas la Historia es un significado como resultado y no tiene en cuenta sus sombras: hombres y sucesos anónimos que, en diferentes direcciones, dieron ese resultado y no otro. La Historia se apropia de lo que cree que ha sucedido sobre la base de sus efectos, pero sus causas se van escondiendo entre personas y fenómenos que aparecen en penumbras. La comprensión de la historia del hombre y del mundo es, particularmente, difícil. Aquí se ha abordado una perspectiva tecnológica interactiva para interpretar los hechos. Esa misma interacción nos supone la endeblez de nuestros argumentos, pues eso mismo puede cambiar nuestro modo de pensar pero no a lo que realmente ha sucedido.
La realidad transformada condiciona una adaptación. En la realidad virtual, la adaptación sugiere un significado de lo que ha ocurrido. El significado es lo que maneja la realidad virtual; nuestra mente no puede manejar objetos si no es en virtud de sus cualidades abstractas. Entonces en la realidad virtual lo que se operan son cambios de significado. El que la realidad virtual se crea que el significado es lo que sucede no es más que un fantasma. Ya lo dijo Platón en su mito de la Caverna, aunque su interpretación fuera la opuesta que aquí se le da. Él lo llamó el Mundo de la Ideas; nosotros lo llamamos la realidad virtual. Él creyó que semejante mundo era el verdadero, aquí se mantiene que la realidad virtual se atribuye a sí misma que es verdad y, que tal atribución puede resultar nefasta. Lo mismo que nos ha llevado a la gloria, nos puede condenar al fracaso evolutivo.
La realidad virtual y los significados que ésta maneja pueden condicionar el comportamiento del hombre basándose en tal atribución. De hecho, ya lo hace. El lenguaje, máximo representante conductual de esa realidad virtual, implica comportamientos de alto nivel que transforman nuestra realidad virtual. Sin embargo, la realidad empírica es ajena a semejantes cambios, a menos que intervenga una mediación; es decir, el acto del hombre. Dicho de otro modo, ¿puede el hombre sobrevivir y ser feliz sin esa realidad virtual compleja? ¿Acaso hemos llegado a un punto sin retorno en el que no podamos desadaptarnos para adaptarnos mejor? ¿Será nuestra atribución cierta y, en su caso, estaremos en el camino adecuado para un futuro preferible? ¿Tal vez, serán estas reflexiones tan infecundas como sus posibles respuestas? En la comprensión de la transformación de la realidad y su resultante transformada, así como en la tecnología mediática para llevarla a cabo y, en el compendio de representaciones, símbolos y significados que intervienen para llevar a cabo, para interpretar o comunicar lo anterior, es posible que encontremos un resultado satisfactorio.
Capítulo III:
[editar] DE LA REALIDAD VIRTUAL AL LENGUAJE (O DEL SIGNIFICADO Y DEL HECHO Y DEL HECHO DEL SIGNIFICADO DE AMBOS)
Se ha dicho hasta la saciedad que el lenguaje tiene una función eminentemente comunicativa. Esto, con ser verdad, no nos dice mucho; porque lo que es relevante al caso son los interactuantes de la comunicación y sus respectivos comportamientos; y no, la comunicación en sí. Separar las componentes del hecho comunicativo es perder de vista la acción de conjunto. La resultante de las componentes es lo que verdaderamente nos interesa. La comunicación no deja de ser una herramienta de la realidad virtual, condicionando a la realidad empírica para que tenga unos efectos deseados: transforma la realidad.
La realidad virtual compila significados, con independencia de que estos estén o no basados en hechos o acontecimientos. Lo que le importa a la realidad virtual es lo que es significativamente válido para ella; es decir lo que la satisface: comer, cobijarse, mantener relaciones sexuales y repartir el programa genético para continuar la especie. Pero la satisfacción de dichos deseos no está en ella misma, con lo cual necesita dos cosas: una forma de compilar significados y un plan de acción. La forma de compilar significados más singular y potente es el lenguaje, mientras que el plan de acción se reduce a un programa comportamental. El error más común es creer que los significados compilados son verdaderos per se, y que el programa comportamental es el comportamiento que teleológicamente, se ha planificado.
Escénicamente, la realidad virtual asiste a una obra de teatro con la que interactúa y se siente protagonista. A su vez, va construyendo su argumento y cambiándolo a tenor de sus necesidades. El cambio de guión suele ser una catarsis en su sentido más radical; generalmente se produce de una forma violenta, por implosión, por seducción, por conquista o por temor. La liberación de unos significados, produce la superación de otros. Los significados son el código de la realidad virtual, pero son compartidos en virtud a la compartición de dicha realidad. Compartir un mismo destino, una misma realidad virtual y un mismo programa de acción son algo que, a continuación, se intentará explicar.
Compartir la catarsis, liberación y tragedia a la par, es lo que la realidad virtual propone. Su antecedente está en su programa genético: el intercambio sexual. Primero se comparten genes, y luego lo que esos genes han generado. Los genes de peces generan peces, los genes de generadores de realidades virtuales generan realidades virtuales y generadores de nuevas virtualidades. Es decir, los significados generan nuevos significados. El hombre se adapta a los nuevos significados, a las nuevas realidades virtuales.
La adaptación, la realidad virtual la sabe traumática, pues el cambio de esquemas y de significados es difícil y no siempre comprensible. Si una realidad virtual no pudiera compartir los significados que maneja, carecería de sentido, pues no necesitaría construir un significado multicompartido, sino un sólo significado, replicantes y replicantes de sí mismo. Evolutivamente, esto supondría que un hecho que no estuviera contenido y previsto en tal realidad virtual, podría constituir su extinción. La adaptación es un proceso compartido, una catarsis en la que participan todos en mayor o menor grado. Ya que compartimos genes (es decir, no somos replicantes), tampoco replicamos realidades virtuales, simplemente las compartimos.
Los seres humanos se componen básicamente de dos cosas: de genes y de realidades virtuales. Ambas cosas se comparten; el porqué ocurre de este modo es explicado en orden a variables adaptativas, en el sentido que algún gen o alguna realidad virtual de la variedad que existen se podrá a adaptar a aquellas condiciones priores o artificiales que se vayan sucediendo.
Para compartir el momento catártico de la realidad virtual se necesitan significantes (signos y símbolos) que transporten significados que compartir, lo mismo que el momento de transmisión de genes se necesitan otros genes complementarios. Estos últimos usan los órganos sexuales, la realidad virtual usa el lenguaje. El lenguaje no es ya una representación de la realidad, como se ha dicho, sino una representación de la realidad virtual que se comparte. Cuanto mayor es la compartición de la catarsis, mayor es el significado compartido. El lenguaje representa a la realidad virtual y, la catarsis, representa la creación de significados compilables por la realidad virtual.
Queda la segunda parte: el plan de acción. Igualmente que los genes, que necesitan de una forma de intercambiarse (un acto concreto y determinado, en nuestro caso el coito o modos artificiales que tengan sus mismas consecuencias), la realidad virtual necesita de planes de acción concretos para resolver contextualmente la catarsis significativa. Los programas conductuales son variados y de cierta complejidad, porque manejan diversas realidades virtuales al mismo tiempo, adaptándose y readaptándose en la compartición catártica. Eso lo hace de un modo concurrente o según las circunstancias lo requieran. La realidad virtual suele operar en modo de causa-efecto (estocásticamente); no obstante los planes de acción presentan un modus operandi concurrente, adaptativo y adaptable; pues los planes sin plasticidad, o no se pueden llevar a la práctica, o sus efectos secundarios tienen una consecuencia peor que la propia catarsis que los generó.
El campo de variables sobre los que se aplica el plan de acción de la realidad virtual es un contexto de resolución. Lo que realmente desea satisfacer la realidad virtual es tener comida, cobijo y relaciones sexuales, así como una descendencia portadora de parte del código genético. Aprender habilidades para tales cosas es también un campo a tener en cuenta en nuestra disertación. Así pues, el contexto de resolución es un escenario concreto con ciertos guiones compartidos y, en esencia, un momento catártico determinado. Alrededor de momentos catárticos de uso común, se crean escenarios (instituciones o similares) con protocolos de actuación estructurados o semiestructurados, con el fin de saber qué hacer, cuándo, cómo y dónde hacerlo. El porqué hacerlo, es decir su significado, puede resultar evidente o estar oculto, o no guardar una relación directa o inmediata con las cuatro o cinco cosas elementales tanto de la realidad virtual, como de las acciones del hombre. Desde este punto de vista, el derecho y la política, generadas virtualmente como pautas organizativas de un status específico, pueden perder el vínculo compartido si difieren en demasía con los planes inmediatos de las personas usuarias de semejente eventualidad. Dicho de otro modo, la realidad virtual quiere las cosas aquí y ahora, aprendiendo a diferir respuestas comportamentales y planes de acción, como consecuencia directa de catarsis que le son incomprensibles (al menos en parte). Esas mismas catarsis son las promotoras de los significados, pues éstos no son más que un prototipo más o menos estable contextualmente. Si un significado no guardara cierta estabilidad y equilibro con aquella parte de la realidad virtual que representa, carece de sentido; es decir de significado, es mera expresividad o transitividad, con lo que no se puede compartir ni participar del mismo.
Aunque el significado tiene parámetros espacio-temporales explícitos e implícitos, mantiene estabilidad y equilibrio con del fin de ser compartido. Asimismo, los hechos -su inmensa mayoría-, tienen la propiedad de repetirse si se dan contextualmente unas condiciones priores. Esto no siempre ocurre de tal modo, pero básicamente, un hecho es un momento de acción cuya transcendencia es la de acaecer; por lo demás es inconsecuente desde una epistemología radical. La transcendencia del significado radica en su compartición y en la realidad catártica en la que se basa. El hecho aislado no se puede compilar por la realidad virtual, es una mera inconsecuencia de un acontecer sin destino. El hecho cobra sentido en la interacción del mundo, en la propia catarsis cósmica. Y esa es la aspiración de la realidad virtual. Explicar la catarsis universal. Lo que compila la realidad virtual es el conjunto de hechos en interacción; es decir, el mundo.
La forma de compilar es integral, la realidad virtual no compila analíticamente; pues el análisis no pone énfasis en la interactividad de las partes del todo. La integración sí. Con el término integración se pone de relieve la interactividad de los componentes, la expresividad dialéctica de la síntesis reduce a la realidad virtual a un proceso psudológico; es decir se trata de una creación virtual de interpretación de la realidad atributiva. Expliquemos, la atribución con más detalle.
Los significados generados por la realidad virtual se atribuyen los hechos a los que se refieren. La manifestación atributiva es una característica de la realidad virtual y no del mundo en sí. La atribución más común a la hora de compilar hechos y significados es la atribución causal; cadenas infinitas de causas y efectos. La atribución concurrente o contextual, o aplicada; es una compilación de tipo pragmático y mucho más adaptativa. No contiene significados universales, sino significados parciales, relativos y plásticos. La interactividad de las partes del mundo es inaccesible a una sola realidad virtual, porque el significado de la virtualidad radica en lo restringido de la realidad que manipula. El sentido catártico es totalmente distinto para un indio del amazonas que para un inversor de Wall Street. De lo único que podemos estar seguros es que ambos tienen realidad virtual y que buscan comida, cobijo y relaciones sexuales con mejor o peor suerte en el empeño.
El resultado evolutivo del cerebro humano ha sido la construcción de una realidad virtual que se puede compartir. Esta realidad virtual resulta como un proceso de adaptación, o mejor aún, es lo que permite adaptarse al hombre. Ya que no puede cambiar las condiciones priores (la gravitación universal y cosas así), lo que va cambiando son los significados de la compilación virtual, mucho más fácil que crear otro órgano reproductor u otra cabeza, evolutivamente mucho más costoso. Lo que difiere en la evolución es la realidad virtual o la capacidad de significar escénicamente el mundo. Y lo mismo que la escena cambia, el significado así lo hace también.
Y lo consustancial a la realidad virtual es compartirla. La soledad de la virtualidad carece de sentido Una realidad virtual solitaria dejaría de ser virtual precisamente por su imposibilidad de compartirse; y, evolutivamente condenada a la extinción. Lo mejor de la virtualidad es su posibilidad de compartirse. Participar de la compartición de una misma realidad virtual es participar en la construcción de su significado y en la elaboración de esa misma virtualidad. Es ser actor, guionista y observador a la vez. La realidad virtual te propone un papel activo en la conceptualización y representación de la realidad, aunque esta representación no tenga nada que ver con los hechos que se manifiestan.
La integración actor-guionista-observador es una de la más difícil de encuadrar dentro de la realidad virtual, pues no se sabe muy bien qué papel (o rol) hay que representar principalmente al caso. Esa catarsis de identidad es una de las más profundas que tiene que solucionar un generador de realidad virtual. Otra catarsis importante es la forma de compartir y con quién compartir esa virtualidad. El momento catártico inicial corresponde a un núcleo semiestructurado que se ha dado en llamar familia. Esa es la primera realidad virtual compartida: padre-madre-hermanos. La realidad virtual compartida con amigos o con el otro sexo se corresponden a distintos momentos catárticos y, que a su vez, pueden tener o generar submomentos de liberación y trauma. Pero lo consustancial, lo relevante es la compartición. Para la realidad virtual, lo importante es compartirse.
En orden a que la realidad virtual compila significados, la imagen del mundo que ésta tenga estará, sin duda ,condicionada por el sistema simbólico. Lo que caracteriza, así pues, a una cultura es la compartición de símbolos: una representación compartida. Es algo así como difuminarse en la masa en el caso de que la representación del mundo esté equivocada. De este modo, los individuos generan un mecanismo de autodefensa de su propia realidad virtual; de ahí que sea muy difícil operar cambios drásticos a corto plazo en la realidad virtual. Dicho de otro modo, los significados y símbolos compartidos, necesitan un tiempo para compartirse, un periodo donde alcancen y encajen en los rincones interactivos de aquella. Y todo ello, con independencia de su justicia, equidad o equipolencia con el mundo real.
Digámoslo así: lo que se dice, no tiene porqué ser lo que es en realidad. Esta recapitulación encierra dos cuestiones esenciales sobre el conocimiento, a saber: a) los significados compartidos no aseguran comida, cobijo o unas relaciones sexuales favorables al sujeto que comparte significados; y b) compilar significados nos da mayores posibilidades de éxito de adaptación y, por lo tanto, de lograr comida, cobijo y relaciones sexuales fructíferas. Al compilar significados, lo que hacemos es tener la posibilidad de compartirlos (aunque sean inciertos o infecundos para la transformación de la realidad) y, por ende, de que nos compartan a su vez. No obstante, como ya se puntualizó, la compartición no tiene porqué ser equitativa o simétrica; es más, la inmensa mayoría de los significados compartidos obedecen a voluntades con un interés concreto que favorece a unos y no favorece tanto a otros. Para lo que sigue, interesa lo siguiente: hay quién puede decir lo qué es la realidad (aunque no se corresponda) y hay quién no lo puede o no le dejan hacer. Los que dicen que las cosas son así y así tienen que seguir siendo son, a lo largo de la historia, los que más comida tienen, los que mejores cobijos se procuran, los que tienen mayores probabilidades de éxito genético y los que mejores cuidados prodigan a su prole. Su herramienta para hacer esto es la realidad virtual compartida. Si a estos sujetos les quitas la realidad virtual quedan en la miseria. Un claro ejemplo es lo que ocurre con las estrepitosas bajadas de bolsa o las crisis financieras de alto nivel. Cuando la realidad virtual se desploma, la bolsa se desploma también.
Los cambios en la realidad virtual compartida suelen darse en orden a cambios radicales en la realidad, del tipo no-previsibles; es decir cuando la frase “las cosas son así”, carece de sentido ante una evidencia que dice “las cosas no son así”. La compartición de significados exige un cierto acuerdo, sin el cual, la realidad virtual queda desnuda y sin anclaje. El acuerdo (o la comunión) lo dan los individuos -de mejor o peor grado- por implosión, por seducción, por conquista, por temor... Y para que exista un cambio en la realidad virtual compartida establecida, tiene que existir un desacuerdo en los significados compilados. Y el desacuerdo en los significados se produce por la comida, el cobijo, las relaciones sexuales y los cuidados a la prole.
[editar] EPÍLOGO: CÓMO SALIRSE DE LA RATONERA
La realidad virtual puede ofrecernos la liberación o la esclavitud. Renunciar a la realidad virtual sería muy costoso desde el punto de vista evolutivo y necesitaría muchos siglos para implementarse una nueva opción evolutiva. Además sería un tanto primario negar los avances y las comodidades que nos ha ido proporcionando aquella. Sin embargo, ello no ha de ser obstáculo para comprender y compartir sus limitaciones. De lo que se ha tratado es de ofertar una compilación de significados para su reflexión y, porque no, su compartición.
Hay un tema que no he tratado y este es la forma o el modo de compilar significados por parte de la realidad virtual. Evidentemente, el proceso de compilación de significados puede ser múltiple y no existe una manera unívoca de hacerlo. La más extendida, por su efectividad lógica (y no deontológica u ontológica), es la atribución causal: todo hecho tiene su causa y su efecto, aunque no lo conozcamos. Este modus operandi puede llevarnos a la debacle cognoscitiva porque como vimos la atribución es una cuestión arbitraria y no siempre correspondiente con lo que sucede. Nuestro conocimiento está siempre en obras.
Y es desde este punto constructivista donde quiero hacer hincapié. Ya que la realidad virtual se construye, el modo de compartir ésta también puede construirse. La representación del mundo y la forma de acceder y modificar dicha representación es una tarea de toda la humanidad y no de unos pocos. Es insuficiente el dejar en manos de unos pocos la posibilidad de construir representaciones y significados; pues, como Dios, lo harán a su imagen y semejanza. Si usted, amigo lector, no se implica en la construcción de significados y de nuevas realidades virtuales alternativas, luego no se queje de que no tiene comida, cobijo o unas relaciones sexuales adecuadas. En ningún rincón de la naturaleza pone que no se pueda construir un mundo mejor para nuestros hijos. Y recuerde que navegamos todos en el mismo barco llamado Tierra. Curiosamente, tiene puesto el piloto automático desde hace millones de años y no necesita de extraños capitanes que saquen de órbita a los pobladores en general. Todos somos arquitectos y albañiles de un destino compartido en mayor o menor medida. Y recuerde que no es necesario escribir un libro para compartir el significado de su vida o de su muerte...

