El viaje de los cantos...
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[editar] Un río y una catedral 500 años atrás…
Marta Álvarez Jiménez
[editar] Introducción
Hace 500 años, el sábado 10 de octubre del año del Señor de 1506 se cerró el cimborrio de la Santa Iglesia Metropolitana entre las once e las doce de la mañana. Era la culminación, provisional, de las obras de construcción de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla. Con la colocación de esa piedra postrera, la última del edificio, conseguía el Cabildo hacer realidad una de sus principales aspiraciones: “que se labre otra iglesia tal e tan buena que no haya otra su igual, y que se considere y atienda a la grandeza y autoridad de Sevilla y su Iglesia, como manda la razón”. Se construye así la más grande de las catedrales góticas de Europa (Guinness Libro de los Records 1986:251) y la célebre frase que los eruditos del siglo XVII recogen, "Hagamos una Iglesia tan grande, que los que la vieren acabada nos hagan por locos", deja de ser una aspiración para convertirse en una realidad.
Pero si la extensión y la grandeza habían sido dos objetivos básicos, no lo era menos la materia prima del edificio y aquí está quizá lo más extraordinario del hecho: en una ciudad sin piedra ni madera ¿cómo fue posible llevar a cabo semejante obra? ...
La solución a este misterio la trajo el Guadalquivir que era, junto con el Ebro, el único río español navegable. Se convirtió en el nexo de unión entre la ciudad y las fuentes de material pétreo que procedían, de forma casi exclusiva, de las canteras de la Sierra de San Cristóbal. Actualmente, se ubican en el término municipal de El Puerto de Santa María (Cádiz), sin embargo, fueron vecinos de Jerez de la Frontera quienes la extrajeron. De ahí, que el material se llamó siempre cantos de Xerez. Aún hoy día se pueden ver cavidades subterráneas de 22 metros de altura libre que evidencian las grandes cantidades extraídas. Los cantos, de 18 a 20 toneladas en cada viaje, se embarcaban en navíos, los carracones, que en un mes bajaban el río Guadalete, salían a la bahía de Cádiz, remontaban el Guadalquivir hasta la Torre del Oro y regresaban para volver de nuevo cargados. En sentido opuesto, bajaban el río desde la sierra de Segura (Jaén) enormes almadías llamadas piaras de pinos. Pero esta travesía merece otro capítulo.
La piedra de El Puerto de Santa María no era apta para la decoración, por lo que hubo que recurrir a otros materiales. Para las portadas, se trajo piedra desde más lejos y, por lo tanto más cara, que fue transportada en carros o en barcos. Para toda la estatuaria ubicada en los exteriores se recurrió a la cerámica local; para las solerías, a las piedras portuguesas ornamentales; para la escultura de interior, al alabastro aragonés traído por vía marítima; así como a otros materiales de construcción, como la cal o el yeso, de origen comarcal. En varias ocasiones (1467, 1497, 1498 y 1499) se documentan importantes compras de tiestos de cerámica defectuosos a alfares locales para formar las pendientes de las azoteas, prácticamente horizontales.
Los cantos tenían que recorrer un largo camino desde que eran extraídos de las canteras de la Sierra de San Cristóbal hasta que atracaban en el muelle, junto a la Torre del Oro y eran desembarcados por el ingenio -una grúa con un sistema de poleas- para más tarde ser llevados en carretas de bueyes hasta pie de obra. En definitiva, una larga travesía la de los cantos…
[editar] Un río de cantos…
Desde que los cantos salían de la Sierra de San Cristóbal hasta que llegaban a pie de obra pasaban por diferentes medios de transporte. Primero, eran las carretas de mulas las que los llevaban por un terreno escarpado hasta el embarcadero de El Portal, construido por el cabildo. Allí los cantos eran embarcados en los carracones, un tipo de navío del que se tiene constancia ya en 1433, en el testamento del canónigo Juan Martínez de Vitoria, en el que se hace referencia a la construcción de dos barcos para traer cantos desde el Puerto de Santa María. Estos datos están recogidos en el Cuaderno de la Clauaçon, iniciado en junio por el propio canónigo, en el que también se habla de los constructores y cómitres.
Tras dejar atrás el muelle del Puerto de Santa María, los carracones cargados con los cantos recorrían la bahía de Cádiz hasta llegar a Sanlúcar de Barrameda y subian por el Guadalquivir hasta alcanzar el muelle de Sevilla que estaba situado cerca de la Torre del Oro, en terrenos de las atarazanas. La construcción de esta instalación portuaria fue posible gracias a que el 30 de agosto de 1477, el cabildo obtiene de la reina Isabel la confirmación del privilegio otorgado por su padre, Juan II, para edificarla. Aunque estaba destinada a facilitar la descarga de los materiales para la obra, mediante un canon también se usaba para embarcar y desembarcar los productos de otros propietarios.
Respecto a los carracones hay que destacar que viajaban acompasados, pues lo habitual era que se descargasen en semanas consecutivas con un intervalo sin descargas. Quizá se quería evitar así acumular demasiado transporte en carretas por las calles de la ciudad o tener una tripulación ociosa a la espera de ser descargada su nave). El período sin descarga lo suponemos dedicado al tornaviaje, la nueva carga y el regreso de nuevo. Como mínimo fue de siete semanas y como máximo de once, siendo el lapso habitual de diez. No hubo interrupciones invernales.
Una vez que atracaban en el muelle, una grúa construida junto a la Torre del Oro era la que se encargaba de desembarcar la piedra. Esta estructura, de carácter giratorio, hallaba su elemento más característico en una gran rueda de madera de encina, que se incorporaba al mástil principal. Accionada por un hombre proporcionaba la fuerza necesaria para elevar los materiales con una cuerda de cáñamo. Se calcula que cada viaje sumaba de 18 a 20 toneladas de piedra. La grúa, así como el muelle, instalaciones sin duda valiosísimas, fueron la causa de que a Sevilla se le adjudicara la exclusiva del comercio con América.
Una vez en tierra, los cantos eran llevados por carros de bueyes hasta pie de obra. Hay referencias de estos portes que datan de 1436: “que traxo de la Ribera a la puerta del consistorio”, “del rio ala puerta del lagarto”, “del Rio ala puerta de maestre carlyn” o “desde el Rio hasta el arco del corral de los olmos”, referencias que apuntan a un único lugar, desde donde “metieron cantos de los de Xerez que estavan ante la puerta de maestre Carlyn” al interior de la obra; este punto final tan preciso implica que el recorrido desde la torre del Oro se efectuaba por la calle de la Mar (actual García de Vinuesa).
El Guadalquivir puso solución a la carencia de piedra que tenía Sevilla, pero no fue este el único material que llevó sobre sus aguas. Para la obra también se necesitó alabastro de Aragón, piedras ornamentales de Portugal y mármoles de Carrara.
[editar] Del río de cantos al de turistas…
Quinientos años después el recorrido del río es muy diferente al del siglo XV. Y es que desde fines del siglo XVIII se realizaron “cortas” o atajos que cegaron meandros y acortaron gran parte del camino. En la actualidad, el tráfico total del Puerto de Sevilla se encuentra entre los primeros en crecimiento de los 26 Puertos de Interés General del Estado. Se prevé que 2006 cierre con cifras históricas que dejarán muy atrás esas 20 toneladas de piedra que llegaban de las canteras de San Cristóbal. Ahora se alcanzan las 5 millones de toneladas al año. En este sentido, los cruceros turísticos juegan un papel destacado: desde principios de 2006 han desembarcado en Sevilla más de 6 mil personas y las escalas de cruceros rondan las 25. Del río de cantos se ha pasado al río de turistas…