Diccionario de Psicoanálisis / Adopciones
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La indecisión del origen
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Si Freud pone en el centro de su doctrina el mito del padre, es claro que es en razón de la inevitabilidad de la cuestión |
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J. Lacan: "Maximen und Reflexionen" |
La primacía de lo simbólico en la primera enseñanza de Lacan facilita un cierto deslizamiento: dejar de lado la biología para centrarse en la función simbólica del padre muerto. Tratamos aquí de cernir la complejidad de la cuestión.
En su novela Ampliación del campo de batalla, M. Houellebecq cita el capítulo V del Dhammapada:
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El protagonista de la novela cuenta su versión sobre el momento de su concepción:
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La biología sola no hace lazo. Este sujeto separado del Otro, testimonia que para que cada uno se ligue al mundo se impone algo más, un acto verdadero de palabra: adoptarlo, en el sentido de que un deseo caiga sobre él. La función paterna siempre opera ad-hoc, según la jurisprudencia de cada época [1] y depende de la voluntad de un hombre. Salvo, actualmente, en las nuevas formas de la familia posibilitadas por las técnicas de inseminación ( familias monoparentales, parejas homosexuales), en donde no se trata justamente de la paternidad ligada a un hombre. O en las familias judicializadas en las que a veces se trata de ratificar la paternidad en contra de la voluntad de un hombre.
Por otro lado, la clínica muestra que los padecimientos que llegan a los consultorios y a las instituciones no hacen diferencia entre hijos propios o adoptivos. En unos como en otros, la transmisión necesaria para lidiar con la vida ha funcionado mejor o peor. Ahí no hay diferencia.
Adoptar, incluso a los propios hijos, implica velar por vía de los cuidados y/o del amor, el hecho de que el niño llega como resto de otra cosa: la relación con un partenaire. Incluso en las familias monoparentales.
En la adopción, en el sentido legal, al presentarse la hiancia entre biología y semblante, el velo se adelgaza y deja traslucir algo de ese ser de resto. Aparecen diferentes modalidades sintomáticas, mejor o peor logradas, que enganchan o desenganchan al sujeto del Otro.
[editar] La familia lacaniana
Para Lacan [2], la familia humana se separa de la biológica nada más reflexionar sobre el sentimiento de la paternidad.
Esto dice que la familia es una institución, cuya función primordial es la de una transmisión. El psicoanálisis ha mostrado que se trata de la transmisión de la castración, ella misma efecto del lenguaje.
La dimensión del Nombre del Padre, operador de dicha transmisión, tiene la misión de introducir la relación entre el significante y el significado [3] de tal manera que se pueda elucubrar un lenguaje a partir de los elementos de la lengua.
El deseo que anima la transmisión no es anónimo: las funciones encargadas de dicha operación deben estar encarnadas, soportadas por alguien.
Hasta los últimos desarrollos de Lacan la dimensión del Nombre del Padre opera en el marco del complejo de Edipo, garantizando el anudamiento de la castración.
Esto queda cuestionado a partir del Seminario sobre Joyce, que demuestra que el padre no tiene nombre propio, sino que tiene tantos nombres como soportes para su función de anudamiento de los tres registros. Lo simbólico, lo imaginario y lo real, he ahí los verdaderos Nombres del Padre.[4]
Hoy el padre tiene tantos nombres como los S1 que vienen a sostener su función. Es la respuesta de la época a la declinación de los semblantes clásicos del Padre que, al desengancharse de la función que sustentan, dejan vacante la representación del modelo de la función. Lacan [5] ya señaló la contracción de la familia moderna que, reducida curiosamente a lo que la biología exige, concentra lo irreductible en la transmisión del deseo. Contracción y declinación de los semblantes clásicos del Padre, dos características complejas de nuestras familias actuales.
Este padre que no tiene nombre propio; tiene función de nominación. No sólo de nombrar las cosas, sino fundamentalmente hacer entrar lo simbólico en lo real a través de su péreversion - según el modo que encuentra de nombrar el goce. Esta nominación es fallida, deja un resto, porque el padre siempre encuentra un punto de dimisión, y es por allí que retorna lo indecible del goce[6].
Queda al sujeto operar con los recursos de la dimensión del Nombre del Padre, es decir, con los Nombres del Padre, para lograr un tratamiento de esos retornos, que se presentan bajo la modalidad del síntoma, de la inhibición, de la angustia y del acto. ¿Habrá un tipo de retorno particular en los casos de adopción?
[editar] La atipía del Complejo de Edipo y la autoridad
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Ninguna atipía del Complejo de Edipo puede definirse a través de efectos constantes. |
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J. Lacan: "La Familia" |
Cuando alguien es adoptado entra en una escena en donde hallará los distintos elementos que contingentemente se asociarán para él, dando como resultado una historia. Como se trata de elementos en principio sin relación, que se anudarán por la operación del Nombre del Padre, en esto está en la misma situación que un niño que vive con sus padres biológicos. La particularidad en la adopción es la diplopía entre los padres biológicos y los otros.
Si bien no hay un efecto constante para cada falla del Edipo, Lacan hará de la atipía en sí misma una constante. Es el punto de dimisión, de desfallecimiento del padre. Se trata aquí de disolver un prejuicio alimentado por lo social y por el psicoanálisis mismo: según el primer abordaje del Nombre del Padre por Lacan, si el padre es simbólico, si es una función más allá de quien la encarna, un padre o una madre adoptivos pueden funcionar igual de bien o de mal que los biológicos. En definitiva todos los padres son adoptivos. Ahora bien, si hay algo que permita preguntarse si hay una clínica de la adopción es, justamente, el retorno de lo que escapa a la función de nominación en la figura de los padres biológicos. De ellos, por lo general, nada se sabe. Nada que decir. Toman los atributos de la Cosa : innombrable a la vez que causa de toda la elucubración sobre el origen.
También ponemos en la cuenta de una clínica de la adopción el hecho de que el niño está más directamente tomado como objeto del deseo de uno o ambos padres. Se lo va a buscar,incluso a comprar, según algunas versiones fantasmáticas, que puedan tener que ver más o menos con la realidad.
Yo creía que me habían comprado. Ellos querían un hija, pero no sabían que esa iba a ser yo, dice una joven analizante. Si el neurótico no se quiere saber resto del deseo en la pareja parental, revistiéndose con las versiones del amor o del rechazo; tampoco parece arreglárselas fácilmente sin esa opacidad como referencia. En la adopción, dicha opacidad está deslocalizada, dislocada.
Si bien decimos con Lacan ninguna atipía del Complejo de Edipo puede definirse a través de efectos constantes, consideramos que la hiancia abierta entre lo biológico y lo social es imborrable, como lo atestiguan los embrollos de nombres, de fechas de nacimiento y de llegada al hogar, equívocos que se manifiestan a través de secretos que gritan, y más adelante por la vía de la conducta y del síntoma. Estos embrollos devienen envoltura formal del desfallecimiento del padre.
¿Cómo no ver en esa duplicidad –padres biológicos-padres adoptivos– un posible atentado contra la autoridad en la familia paternalista?
Lacan señala [7] que lo interesante de la forma reducida de la familia moderna, es la cercanía que el hijo tiene con la autoridad. Esto le da la posibilidad de enfrentarla y hasta subvertirla, promoviendo efectos de creación. A diferencia de las formas más antiguas de la familia en las que la autoridad era más lejana (un miembro del linaje pero no el padre, el tótem, Dios), y de la familia posmoderna (¿?), tocada por la declinación del semblante paterno y por la multiplicación de los lugares desde los que se profiere el ideal.
En este sentido, la adopción está muy en sintonía con la época en la que se constata una especie de desorientación de los sujetos como efecto de la multiplicación de los semblantes del amo. Una desorientación limitada.
A modo de ejemplo, el Genet de Sartre
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Sartre retoma los versos en que Genet se refiere al instante en que, a los 10 años, queda petrificado por la sentencia eres un ladrón: Una palabra vertiginosa, venida del fondo del mundo, abolió el buen orden.[8]. Y dice [9]:
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Esta sentencia, venida desde la indecisión de su origen, se fija a perpetuidad. No hay posibilidad de dialectizarla. No hay una autoridad cercana para subvertirla, para transformar esa maldición ontológica que provee de identificaciones al yo, en un efecto subjetivo de creación.
[editar] El Edipo-Síntoma
Edipizar la adopción podría ser el nombre de la respuesta sintomática a la hiancia entre biología y semblante, en el caso de una mujer joven que concurre al análisis por una seria dificultad en el lazo. No sabe nada de sus padres biológicos y siempre supo que fue adoptada.
De pequeña la atormentaba la pregunta: ¿cómo es que estoy aquí? Freud aisló la fantasía infantil en la que el sujeto construye un origen más noble que el que le deparó el destino, para recubrir la falla estructural del padre: soy hijo de otros padres más dignos que por accidente no pudieron tenerme. Lo que se intenta tratar de esta manera es el punto en que un padre pére- versamente orientado, falla para nombrar todo el goce. Nuestra analizante, como en un reverso, queda librada a las marcas de un padre que más que orientado por una mujer como causa, toma a su hija como objeto. Así restaura la imagen ideal de su padre, a la vez que goza nostálgicamente del rechazo de éste. De niña buscó en el parecido con algunos rasgos físicos de su padre y en un objeto de la familia de éste que recibió como regalo, la prueba de que por sus venas corría la sangre de esa familia.
Esta elaboración calmaba el vacío ante su pregunta ¿cómo es que estoy aquí? El recuerdo de historias sobre niños adoptados que le leían en su infancia la llevan a la idea que se generaba en ella en aquella época: esa no es mi historia, es de otros. Ocasión, bajo transferencia, para escucharse diciendo: escribir mi propia historia sería hacer la mía. Hacerla mía!
Escribir su propia historia, incluyendo ese resto innombrable. Hacer de la edipización de su adopción un síntoma, no en su vertiente autista –cerrado sobre sí mismo, que la deja cautiva, en posición de extranjera en su propia historia– sino abierto a la contingencia del encuentro.
En un análisis nos encontramos con la inevitabilidad de la cuestión del padre. Se trata de edipizar la historia de la adopción, construir el Complejo de Edipo, para poder ir más allá de él. Para ello es necesario algún jirón del Edipo de los adoptantes, para construir un saber sobre el lugar de un padre y de un hijo en el linaje. Sirviéndose del Padre, que siempre señala que la causa está afuera, el sujeto se desatasca de la hiancia padres biológicospadres adoptivos para habitar su historia de hijo marcado por un deseo incluyendo ese resto inasimilable.
Texto Original: Gustavo Stiglitz
- ^ Autores varios bajo la dirección de Jean Delumeau (1990). Histoire des Pères et de la Paternité. Larousse, Canadá.
- ^ J. Lacan (1975). La Familia. Ed. Axis. Rosario, Argentina. [950-9282-10-3]
- ^ J.A.Miller (Curso 2004-05). Pièces détachées. Inédito.
- ^ J.A.Miller (2005). "Presentación de: "Des Noms-Du-Père", de J. Lacan. Ed. Senil, Francia.
- ^ J. Lacan (1987). Nota sobre el niño", en El Analiticón No. 3. Correo/Paradiso, Barcelona.
- ^ J. Lacan (?). ¿Qué sustancia para el nombre del padre?. Papers del C. A. de la Escuela Una No. 4.
- ^ J. Lacan (1975). La Familia. Axis, Rosario. Argentina(Debo la atención sobre este punto a Fabián Naparstek). [950-9282-10-3]
- ^ J. Genet (2003). Poemas (Citado por J.P.Sarte en San Genet, comediante y mártir). Losada. Buenos Aires. [950-03-7816-7]
- ^ J.P. Sastre (2003). San Genet, comediante y mártir. Losada, Buenos Aires.

