Diccionario de Psicoanálisis / Acto
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[editar] Introducción
La función paterna desde Freud a Lacan ha sufrido desplazamientos considerables,sin contar el pasaje de esta función por Melanie Klein, que desplegó la función materna y la noción de frustración hasta límites donde el padre quedo bajo la sombra omnipresente de la madre.
Se podría decir que el retorno a Freud apuntó a rescatar al padre y la castración, pero inmediatamente nos es evidente que este retorno no deja al padre freudiano sin mella. Precisar al padre como significante y como tal incluirlo en una metáfora, comienza por diluir un fenómeno esencial freudiano. Este fenómeno subjetivo que es la amenaza y su correspondiente miedo a ...Esto define la función sublimatoria del padre, en la medida en que es el significante que se sustituye a la Cosa, llámese esta Madre, el goce, etc. Para dejar un resto no sublimable, bajo la forma del objeto. Interesa destacar el destino de este resto no sublimable de la Cosa en la medida que es en él donde se dirimen los límites entre la sublimación y el Acto.
[editar] El Padre: de la amenaza a la sublimación
La presencia indudable del Padre a lo largo de la enseñanza de Lacan nos propone un movimiento que quiero precisar en particular en su función sublimatoria. La sublimación que la acompaña necesita ser reubicada en la perspectiva del final del análisis. El significante nombre del Padre tiene desde el origen esta función. En la medida en que hace posible sustituir el goce por el significante con la consecuencia que se lee en los efectos de significación. Esta sustitución se coloca en el lugar de la amenaza freudiana, para quitarle subjetividad y darle sujetidad. El sujeto no sabe de amenazas, pero si de articulación.
Sin embargo, se registra en esta operación una carencia para absorber el todo. Es la función del resto, cuyo destino hará posible el desplazamiento del nombre del Padre a la función de la escritura como articulador de ese resto. El reencuentro del significante con el goce marcará un pasaje de la sublimación a la elucubración de saber.
Es necesario encontrar las distancias entre al sublimación y la elucubración de saber y en particular la función del resto y sus consecuencias clínicas. Recordemos que el Lenguaje es una elucubración de saber sobre lalalengua y que por lo tanto desplaza al significante que mata la Cosa.
Es la distancia que encontramos entre el acto del nombre del padre y la versión del padre que deja al Lenguaje en tanto aparato de goce su función y su acto. Esta versión del padre tiene dos consecuencias dar un significante al goce y además hace emerger el núcleo elaborable del goce. Este movimiento permite el pasaje de la función de la amenaza y la prohibición dando lugar a lo imposible y a la separación.
[editar] EL acto: del seppukku a la nominación
Resulta la consecuencia ineludible de la carencia paterna, planteada como insuficiencia del significante para absorber el todo. Es en el límite de la sublimación que el acto encontrará su lugar. La Cosa es reformulada aquí como “resistencia del sujeto que deviene repetición en Acto”. El seppuku será el paradigma de este movimiento. El suicidio pone en evidencia el trabajo sobre el objeto, pero del lado no de la sublimación sino de la separación. La identificación del sujeto al significante no alcanza a captar al objeto que arrastra de esta forma al sujeto. De esta forma dicho Acto se constituye como fallido desde esta perspectiva. Es en el pasaje de la sublimación a la elucubración de saber donde encontraremos una regulación diferente.
Si el lenguaje ocupa finalmente el lugar de la función paterna para constituirse en elucubración de saber sobre lalengua, que reformulación sufre la sublimación en este movimiento que no se sustituye al goce sino que lo regula?
El borramiento del goce por el significante es el primer efecto sublimatorio, que queremos destacar. El Acto se inscribe así en los límites de la sublimación. En el Acto el significante ya no representa al sujeto sino que se funde con él. Cierra de esta forma una brecha por donde lo simbólico encontrará lo real. Pero al mismo tiempo dibuja al Acto como la forma de acceso a un goce imposible. El Acto entonces es el momento de atravesamiento de una barrera, son las figuras de la transgresión y el héroe. Es también esta brecha el lugar del síntoma. El seppuku en cambio es deudor de un momento donde la brecha entre significante y goce queda abierta.
La transgresión se reformula en términos de repetición significante que vale como repetición de goce. Aquí ya no podemos hablar de sublimación sino de elucubración de saber. La resistencia del sujeto devenía repetición en acto, ahora es la repetición de goce la consecuencia de la conjugación de significante y goce. “La verdadera identidad del Nombre del Padre es el lenguaje” [1], es cierto pero esto tendrá consecuencias que son muy diferentes a las que produce el significante.
La Sublimación y la elucubración de saber. Este movimiento se corresponde con un desplazamiento del significante sublimatorio al campo de los objetos de la sublimación. Pero en la medida en que el goce se diversifica en el lenguaje deja de ser una cuestión de resto. "Todas las necesidades del ser parlante están contaminadas por otra satisfacción" [2]. Esto da lugar a pensar los “objetos de la sublimación” que se agregan a los objetos naturales, la industria, la cultura, es decir todo lo que puede colmar menos Φ aunque no sea de manera exhaustiva. Lacan dirá que si la sublimación tiene relación con el objeto es por intermedio de lo que Freud llama idealización [3], para agregar luego que la sublimación debe ser interrogada en su relación con el a[4] Es lo que Jacques A Miller a denominado “naditas”. Ahora no se trata del significante que negativiza la Cosa, sino de los objetos sublimatorios. La sublimación entonces es esa ganancia de goce, las naditas que ofrece la cultura.
Esto implica una suerte de sublimación sin el Otro, sin el significante como tal y sin que esto incluya el reconocimiento del Otro. Lacan dirá "cuando lo dejan solo el cuerpo hablante sublima todo el tiempo". Esta afirmación solo puede ser entendida en el campo del objeto y sus diferentes sustituciones en el cuerpo erógeno. “Todo lo que es de las pulsiones en el cuerpo como estando centradas alrededor del pasaje de un orificio a otro” [5]. Si el efecto de significación era el acto del Nombre del Padre, el Acto de aquello que pluraliza los nombres del padre será la nominación.
La nominación y en particular el nombre propio se constituyen entonces como el Acto del padre. Este Acto carece de efectos genéricamente llamados sublimatorios. “Nombrar, nombrar que ustedes también podrían escribir N’HOMBRAR, nombrar, decir es un acto” [6] Las consecuencias producen el desplazamiento de la llamada “resistencia del sujeto que se convierte en ese momento repetición en acto” [7]. Al desabonado del inconsciente que da lugar al síntoma. Pero la escritura del síntoma no tiene nada de sublimatorio salvo cuando produce un objeto para el goce de los otros.
[editar] El padre y el acto
¿Quién sostiene el Acto?. Es aquel que funciona como modelo de la excepción dirá Lacan. Pero también puede decirse que en oportunidades frente a la carencia del padre, es el hijo que constituye la función con sus propios instrumentos. El padre es reformulado por sus propios actos. Si bien Lacan hablará de la metáfora paterna, no debemos olvidar que el padre mismo es el metaforizado. Hacerse un padre, hijo necesario de la propia obra, a condición de servirse de él, más allá del padre parecen aludir no al acto del Padre sino al Acto del hijo. Recorremos así el camino que iba desde la amenaza como indudable ejercicio del padre, al Acto del hijo. Es cierto también que dicho acto orienta al hijo hacia el lugar del hombre y más allá de él al lugar del padre. Por principio sabemos que en verdad se trata del sujeto y sus semblantes, que sucesivamente encontrarán la articulación necesaria entre el semblante y lo real, que le permita sostener sus respectivas funciones.
Cuando Lacan divide el Acto analítico entre el hacer del analizante y el que autoriza el Acto de parte del analista la pregunta es ¿el Acto autorizado es el de quien? y la respuesta no descartada es que el acto que se autoriza es el del analizante.
[editar] Conclusión
La sublimación entonces se ha reformulado, de una satisfacción desplazada de la pulsión sin represión, a la sustitución de la Cosa por un significante para encontrar finalmente en el Lenguaje su formulación final. La Cosa, la resistencia del sujeto y lalalengua, serán sus diferentes puntos de apoyo. Será entonces el síntoma el resto no sublimable de la operación el que ocupará el lugar del Acto: la nominación.
Texto Original: Jorge Chamorro
- ^ J. A. Miller (1998). Seminario Le partenaire symptôme (Clase del 14 de Enero de 1998). Inédito.
- ^ (1997). El otro que no existe y los comités de ética (Clase del 4 de Junio de 1997). .
- ^ J. Lacan (1969). Seminario de un Otro al otro (Clase del 12 Marzo de 1998). Inédito.
- ^ (1969). Clase del 26 de Marzo de 1969. Inédito.
- ^ RSI (1975). Clase del 13 de Enero de 1975. Inédito.
- ^ (1975). Clase del 18 de Marzo de 1975. Inédito.
- ^ J. Lacan (1986). Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis(Seminario 11). Paidós. [950-12-3981-0]