Cibercultura/Nuevas tecnologías y espiritualidad
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[editar] Nuevas tecnologías y espiritualidad
P.- Las tecnologías computacionales se han relacionado tradicionalmente o con equipos y máquinas sofisticadas más o menos impenetrables (hardware) o con programas de cálculo y rutinas algorítmicas que exigen un alto grado de abstracción (software) o con eficiencia de procesos (aplicaciones). Todo esto: máquinas, abstracción matemática, eficiencia, se encuentra muy alejado de lo que conocemos como prácticas espirituales. ¿Hay lugar en las tecnologías computacionales para lo espiritual?
R.- Muy buena pregunta. Creo que sugiere exactamente la disyuntiva contemporánea, ésa que Sven Birkerts señala como el dilema “alma vs. tecnología”. Me gusta el término alma, cuando se lo entiende como el principio inmaterial que explica de alguna manera la fuente de la sensibilidad y del psiquismo del hombre o ánimus, en contraposición a ánima, el principio vital. En este sentido, podemos hablar indistintamente de alma, de mente humana, o también de espíritu, como lo veremos enseguida. Voy a empezar sintetizando la crítica que hace Birkerts a la extensión de una “cultura electrónica” y según la cual, por efectos de la expansión de las NTIC, se está produciendo una pérdida del “alma”, es decir, se están generando efectos negativos sobre la sensibilidad y la psique humana —Birkerts no duda incluso en caracterizar nuestro tiempo como el de un nuevo "pacto fáustico", por el cual habríamos vendido nuestra alma a la tecnología—. Avanzaré luego a explicar la idea del no-cuerpo —o, lo que es lo mismo, el deseo de ceder todo el poder a la mente humana, eliminando el cuerpo— como una posible perspectiva de lo “espiritual” en la cibercultura —y mencionaré el sorprendente caso del movimiento extrópico—. Finalmente pasaré a glosar lo que Philippe Quéau llama la presencia del espíritu, es decir, la forma como el espíritu —esto es, la racionalidad, el pensamiento, la sensibilidad, los afectos y la voluntad, en tanto responsables de la tendencia humana a ir más allá de sus límites— se ha potenciado hoy gracias a la extensión de “lo virtual”. Veamos:
[editar] Alma vs. Tecnología
Cito a Birkerts: Me parece evidente que el proceso [paso de una cultura de la imprenta a una cultura electrónica] ya se ha iniciado y es probable que no se detenga... me siento como si un tren hubiera pasado a toda velocidad por la estación dejándome en ella viendo el revoloteo de las envolturas de papel de los caramelos... aceptar el microship y toda su magia supondría separarme de gran parte de mis costumbres y actitudes, aquéllas que me definen... tendría que despedirme de determinadas formas de ver el mundo, ligadas a un conjunto de suposiciones sobre la historia y la distancia, sobre la dificultad y la soledad y el lento proceso de realización del yo, todo lo cual choca frontalmente con las premisas de la instantaneidad, la interacción, el estímulo sensorial y la comodidad que hacen del mundo de Wired tan atractivo para tantos... pienso en términos de enfrentamiento, lucha o guerra; pero se trata en gran medida de una guerra que se libra en mi interior... (1999)
La segunda parte del ya mítico libro de Sven Birkerts (Elegía a Gutemberg), titulada "El milenio electrónico" incluye varios artículos que proponen una mirada crítica a las consecuencias de la creciente incursión de la cultura electrónica en la sociedad; efectos que en últimas demolerán el concepto y experiencia de lo que occidente ha venido denominando bajo el término: alma. En la introducción de esta segunda parte, Birkerts inicia con la siguiente observación: toda una cultura basada en la palabra impresa ha empezado a transformarse, generando fuertes cambios que se evidencian a través de distintas señales, como la gran difusión de y gusto por los medios electrónicos y las dificultades que encuentran muchos educadores en los estudiantes que han perdido su capacidad para leer, analizar o incluso escribir con claridad y decisión. La aparición de estos nuevos medios de comunicación se superpone a los anteriores generando una situación comparable históricamente con la época de transición de la sociedad de la Grecia antigua. Según Birkerts, lo que para los griegos fue la poesía oral, lo es ahora el libro impreso para nosotros. Sin embargo, esta transición no exigirá un periodo de tiempo muy largo, sino a lo sumo unos 50 años, durante los cuales se van a presentar algunos "síntomas patológicos" del cambio.
P.- Y esos síntomas son...
R.- Birkerts hace una especie de balance de lo que constituye esta época de transición, comparando el orden de lo impreso con el orden de lo electrónico. El orden de lo impreso es lineal y sujeto a la lógica por los imperativos de la sintaxis. La sintaxis constituye la infraestructura del discurso y la comunicación impresa. Exige el compromiso activo de la atención del lector, pues la lectura es en esencia un proceso de traducción y un acto privado sobre un material estático, preparado en forma sucesiva para que sea el lector quien avance sobre él. En la mayoría de sus aspectos el orden electrónico es lo contrario: la información y el contenido no se trasladan simplemente de un espacio privado a otro sino que viajan por una red de amplia conectividad. La comunicación electrónica puede ser pasiva o interactiva y sus contenidos siempre parecen evasivos. Estos pueden ser modificados o eliminados con un golpe en el teclado y generalmente están integrados a los medios visuales, generando la sensación de una predominancia de la imagen sobre la lógica y los conceptos, sacrificando los detalles y la secuencia lineal y acelerando el ritmo de lectura. Todo esto actúa en contra de la percepción histórica que depende de las nociones opuestas de la lógica y de la sucesión secuencial.
Pero lo más grave para Birkerts, es que esta transición tecnológica se da sin una reestructuración de la red social y cultural que acompañe el proceso. Así mismo, Birkerts cree que la promoción de la tecnología electrónica tiene como base ideológica el movimiento de la posmodernidad, según el cual ha llegado el momento para cuestionar el canon académico y las ideologías establecidas por las élites blancas masculinas, intentando así superar la hipótesis misma de la proyección histórica.
Desde un punto de vista práctico, Birkerts observa una tendencia generacional a aprovechar estos medios y despreciar los anteriores, por parte de los jóvenes, generando una especie de sometimiento de las pautas culturales y de la educación al gusto generacional, sin que los jóvenes tengan la oportunidad de apreciar las bondades y valores de medios anteriores. Para este autor se hace necesario denunciar la pérdida que significaría una extensión masiva de los medios electrónicos sin una crítica adecuada y describe tres de esas pérdidas culturales: En primer lugar, lo que él llama la degradación del lenguaje. Según Birkerts, la cultura de la comunicación electrónica alterará radicalmente los modos de uso del lenguaje. Su complejidad y matices serán sustituidos gradualmente por una forma más telegráfica y sin complicaciones de modo que aspectos valorados y realizados en la cultura de la imprenta como la ambigüedad, la agudeza, la paradoja, la ironía y la sutileza desaparecerán rápidamente. El lenguaje se empobrecerá y como consecuencia, el número de personas que puedan enfrentarse a las llamadas obras maestras de la literatura y el pensamiento se reducirá ostensiblemente.
Otra pérdida que denuncia Birkerts consiste en la homogeneización de las perspectivas históricas. La historia se verá inevitablemente modificada. Una vez que los materiales del pasado sean desalojados de sus páginas, por la transferencia al medio electrónico, significarán otra cosa. El corpus histórico se convertirá en un cuerpo de datos sin relación, listo para su recuperación y manipulación ideológica. De otro lado, el medio electrónico enfatiza exageradamente el valor del presente, lo que puede conducir a la no-creencia de que las cosas hayan sido alguna vez de otra manera.
Una tercera pérdida es el desgaste del yo privado. Para Birkerts, actualmente nos hallamos en una fase de colectivización social que muy rápidamente puede conducir a una homogeneidad en la que el valor de la personalidad individual se va a perder, causando la destrucción del espacio subjetivo, pues la expansión de las funciones electrónicas se produce siempre a costa de la disminución de la esfera privada. Entre las dimensiones del yo autónomo que puede verse muy afectada, está la opción estética, en cuanto ésta es en gran medida privada.
De otro lado, aunque la oferta multimedia tiene aparentemente efectos positivos tales como la aparición de nuevos niveles de conexión e integración del discurso y también la promoción de la multidisciplinariedad, para Birkerts la ampliación de lo contextual puede generar la confusión y también una pérdida de la profundidad, en cuanto se sustituye la batalla propia de los enigmas del lenguaje por una simple revisión de datos. Incluso Birkerts llega a afirmar que los procedimientos de estudio basados en la incorporación de los nuevos medios van a afectar los procesos cognitivos, alterando la velocidad de las redes neuronales y disminuyendo la capacidad de retención de los mismos. Es muy posible que se produzca como consecuencia una atrofia de la memoria a largo plazo, así como otras modificaciones tanto de los hábitos como de las relaciones entre las nuevas tecnologías y el soporte mental humano. Los medios electrónicos estarían promoviendo una nueva manera de conocer que va en contravía de una "lectura profunda".
Las nuevas generaciones poseen nuevos reflejos y nuevas capacidades combinatorias que les permiten enfrentar sensibilidades multitarea, pero les impide realizar las tareas simples que exige la silenciosa página escrita.
P. Se trata entonces de un panorama más o menos sombrío para los valores tradicionales.
R.- En efecto. Los cambios son profundos: Mientras la palabra impresa es impersonal, la configuración de impulsos en una pantalla no lo es; lo impreso ocupa un lugar mientras que lo electrónico tiene un tipo de existencia distinta, tiene una localización en potencia, no real. La palabra impresa y la página participan de la materia, las palabras electrónicas han invertido su dirección comunicativa y han vuelto al pensamiento. Al confiarnos a lo invisible según Birkerts, le otorgamos poder; el invisible yo creativo del escritor se combina con la profundidad invisible de la tecnología y la autoridad del autor se debilita, esto es, se cambia el lugar de la adoración: ya no por el escritor, sino por la tecnología.
Fenomeológicamente, la palabra electrónica es menos absoluta, en cuanto flexible e incierta. Los textos electrónicos por lo tanto son inestables. Las dos principales funciones de lo impreso son: la fijación y la conservación del lenguaje; es decir, la permanencia. Estas funciones se desvanecen con el medio electrónico. La preocupación del escritor por la fijeza desaparece en su lucha diaria y las palabras llegan ahora a la pantalla bajo el aspecto de la provisionalidad. Las aparentes ventajas de la fluidez y de la modificabilidad, conducen en realidad a la pérdida de concentración en la frase lineal y al sacrificio de algunos de los refinamientos del estilo asociados a aquélla. Al escribir con ordenador se fomenta el proceso por encima del resultado; el escritor acepta la variación y tiende a ver la obra como una versión.
Al despojar al autor de su autoridad y al atenuarse el ideal estilístico, el énfasis en la escritura se transforma de producto a proceso. En síntesis, para Birkerts, nuevas formas de enunciación como el hipertexto constituyen algo más que una manera de sustituir el papel, son una forma de otorgar una función significativa en el proceso de la escritura a la pantalla, al software de los ordenadores y al módem.
Otra consecuencia de la extensión del medio electrónico es que el escritor de hipertexto ya no requiere trabajar solo. De un lado la tecnología proporciona la opción de una escritura interactiva o en colaboración, de otro, la producción del hipertexto exige un conocimiento multidisciplinario, cuya práctica se resuelve a través de la constitución de un equipo. Birkerts es muy escéptico frente a las promesas del hipertexto tales como la interactividad real del lector o su inmersión reflexiva en el medio. En todo caso considera que una extensión del medio electrónico y de su sistema más prestigioso, el hipertexto, supondrá un duro golpe a la relación estática a largo plazo entre el escritor y el lector y afectará por completo el sistema de poder en que se ha basado la experiencia literaria. Esta situación no es superficial. Una vez que el lector esté capacitado para colaborar o intervenir en el texto, las suposiciones fundamentales de la lectura quedarían cuestionadas y su necesidad será destronada para instalar en su lugar la arbitrariedad.
Birkerts, termina afirmando que los nuevos medios electrónicos acabarán con la soledad y la intimidad que exige el libro, es decir, con la posibilidad de poner el yo al margen del mundo externo, en contacto con la espiritualidad....
[editar] Extrópicos: el no cuerpo
Veamos ahora el otro lado de la moneda: la idea de que las nuevas tecnologías nos permitirán liberarnos del “infierno de la carne”, promoviendo una preeminencia de la mente. Según Mark Dery, debido al avance de la tecnología actual, el cuerpo está dejando de ser la tradicional fortaleza de lo íntimo para convertirse en un campo de batalla donde se dirimen asuntos tan complejos como el uso de tejidos fetales, el suicido asistido, las madres de alquiler, la clonación y los alcances de la cirugía plástica. Simultáneamente, contemplamos el triunfo de una visión del cuerpo como máquina y del cerebro como computador. “Diferentes fuerzas amenazan —afirma Dery—, con desplazar nuestros cuerpos: prótesis de alta tecnología, ingeniería genética, cirugía plástica, cambio de sexo, cuerpo como fuente de repuestos, comercio de órganos” (1998). Somos ahora capaces de rehacernos como queramos y esto afecta esas ideas consolidadas acerca de la personalidad que se basaban en una estabilidad corporal —análogamente a como hoy se cuestionan maneras tradicionales de entender lo textual, precisamente porque ha perdido estabilidad.
Basta la experiencia de una inmersión prolongada en ambientes de simulación —videojuegos, navegar por Internet, experiencia de realidad virtual— para entender el drama de la separación entre mente y cuerpo que hoy se renueva. Volver al mundo real, después de una experiencia semejante, exige tiempos de recuperación, de re-incorporación, de retorno de la mente a un cuerpo vacío. Y la verdad es que cada vez pasamos más tiempo frente a la pantalla alienándonos de nuestro cuerpo, sintiéndolo irrelevante. Con esta alineación llega también el odio al cuerpo, “una combinación de desconfianza y desprecio —dice Dery—, hacia la incómoda carne, que representa el factor limitante en los ambientes tecnológicos”: ocurre que muchos de nuestros rasgos biológicos actúan inadecuadamente a los inventos salidos de nuestra mente. Sin embargo, la mente depende de nuestro cuerpo, es su límite natural; además, la religión y el psicoanálisis nos han enseñado que debemos aceptarnos tal y como somos. Cierto, pero, a su vez, en una época de alta tecnología como la nuestra, ¿no estamos tentados a solucionar el problema, ya sea acondicionando tecnológica o genéticamente nuestros cuerpos o deshaciéndonos definitivamente de él? Veamos esto último que suena tan espantoso.
La literatura y la cinematografía ciberpunk han promovido una cierta imagen de espíritus liberados de sus cuerpos; se trata de enchufes cerebrales que conectan la mente directamente a la red global de computadores (Matrix), versión laica de la visión trascendentalista (hegeliana) del yo unido a la Mente Suprema: cuerpo cáscara que permite la divagación absolutamente libre e infinita del espíritu. Pues bien, esa fantasía no sólo ha trascendido la ciencia ficción para convertirse en tema de controversia científica —debido a los avances tecnológicos que combinan el asentamiento definitivo de la red y las a veces inverosímiles posibilidades neurológicas—, sino que se plantea como objetivo concreto entre algunos grupos subculturales. El término que usan estos grupos es el de “descarga”: pasar las redes neuronales de nuestras mentes a la memoria de un computador, haciendo que el cuerpo sea superfluo. Así, la solución del problema mente/cuerpo, según esta lógica tan particular, sería la reducción de la conciencia a su pura quintaesencia.
“¿Para qué quiero yo cuerpo?” ha dicho, por ejemplo, Hans Moravec, director del Robot Mobile Lab de Carnegie-Mellon, quien no duda en asegurar, con insistencia, casi con desesperación, en sus escritos y conferencias, que en el futuro no necesitaremos cuerpo, pues podremos descargar en efecto nuestra mente en el computador. Uno de los grupos que promueve con más popularidad este objetivo es el grupo norteamericano de los Extropians, reunidos bajo la bandera del “transhumanismo” o humanismo tecnófilo, orientado a la transformación de sí mismo y de la especie a través de cualquier medio disponible: la descarga, la nanomedicina, los implantes, la ingeniería genética, las drogas inteligentes, la criogenización o la sicología de la autotransformación (http://www.extropy.com). Otro grupo: Mondo, comparte con los extropianos la promoción de formas mutantes interactivas humanas/tecnológicas y de las tecnologías de la potenciación cerebral, y ansían convertirse en ángeles biónicos. Todos ellos están dispuestos a invertir el dinero que sea para lograr sus objetivos.
Lo curioso de toda esta visión “neo espiritualista” es que esa pretendida trascendencia del cuerpo para lograr la inmortalidad no se instala sobre la tradición de una “disciplina espiritual”, sino que se orienta hacia el logro inmediato y fácil —bastaría un robot cirujano— de la condición de incorporeidad; superando, sin más ni más, la vieja oposición entre religión y ciencia —al menos entre ciencia y determinados tipos de espiritualidades— y, convirtiendo a la tecnociencia, en aliada inesperada de la trascendencia espiritual.
[editar] Quéau: la presencia del espíritu
Pero examinemos, para terminar, algo menos fantasioso y más serio: la idea de Philippe Quéau de que las nuevas tecnologías promoverán una efectiva presencia del espíritu. Según Quéau, el auge de la virtualidad, entendida como el surgimiento de un espacio de síntesis (el ciberespacio) donde es posible experimentar sensaciones físicas, incluso desconocidas o interactuar con mundos y seres no imaginados antes, constituye la condición para una potenciación del espíritu humano. A diferencia de lo que hemos visto con los extropianos, Quéau no plantea el problema en términos dualistas; para él es claro que el cuerpo no es virtual ni podrá serlo nunca: lo que se han virtualizado son los lugares, los espacios. Lo primero que advierte Quéau en su argumentación es que lo virtual anuncia y escenifica la desaparición de la categoría de lugar, y a la par con esta desaparición anuncia también una potenciación del lenguaje: lo virtual se sitúa casi por completo del lado del lenguaje.
La siguiente observación de Quéau se resume en su afirmación de que lo virtual no sólo modifica nuestras representaciones de la vida, sino que transforma las mismas formas de vida. Una de las aplicaciones de lo virtual es precisamente crear formas de cuasi vida, seres de síntesis capaces de evolucionar e interactuar —entre ellos los llamados agentes o seres digitales inteligentes que acompañan al navegante por la red, y también los avatares o máscaras electrónicas de personalidad—. Lo virtual se convierte así en un mundo propio junto al mundo real. Los mundos virtuales pueden ser metáforas del mundo real (simuladores) o mundos autónomos, pero lejos de oponerse a lo real juegan más bien a asociarse íntimamente a la textura misma de la realidad, proponiendo nuevos lugares, nuevos espacios, nuevas formas de ocupar el espacio, en fin, nuevas formas de ser. Claro: todo esto cambia nuestra relación con lo real, pero no nos aleja de lo real, más bien nos hace comprender que lo real —como el cuerpo— es en parte visible y en parte invisible o intangible.
Lo virtual, según Quéau, ha potenciado finalmente esta conciencia: al permitirnos salir del mundo real, al permitirnos la entrada a mundos virtuales, a otras formas inéditas del ser, abre el camino hacia una más potente búsqueda espiritual; nuestra curiosidad intelectual se aviva y nuestra capacidad de trascendencia se amplía. La alternatividad y complementariedad de los mundos —el real y el virtual—, permite que el espíritu —esa juntura entre cuerpo y mundo— tenga más libertad, más posibilidades de movimiento: “el espíritu va a donde quiere, puede actuar a distancia, no está ni aquí ni allá, flota y vaga” con mayor espacio, con mayor libertad, se expande también él con la expansión del mundo —hacia lo virtual—. Ahora: “[el espíritu] vuela, pero sigue enganchado por medio de finos filamentos al clavo del cuerpo, sigue atado a la realidad del cuerpo”. Lo que sucede es que al tener más espacio para flotar, el espíritu —nuestra curiosidad intelectual, nuestra capacidad de trascendencia— crece; y si el espíritu crece, podemos ser más de lo que somos. Lo virtual nos invita a tomar conciencia de nuestra inconsciencia, nos invita a hacernos presentes en nuestra ausencia: en eso consiste la presencia —potenciada— del espíritu que promueve lo virtual.
Apreciemos brevemente la descripción que el propio Quéau hace de varios tipos de “mundo virtual” e imaginemos ese vuelo potenciado del espíritu que él nos propone:
- La realidad virtual: combina inmersión estereoscópica, interacción y tiempo real y ocasionalmente estímulos sensomotores que pueden dar la ilusión de entrar en un nuevo tipo de espacio, de propiedades arbitrarias. La realidad virtual consiste en la relación de ilusión óptica y auditiva con una sensación muscular háptica. Se trata de un pacto entre la ilusión virtual y el cuerpo real y móvil que hace funcionar sus músculos y articulaciones.
- La realidad aumentada: representa un grado más por su manera de combinar realidad y virtualidad. Consiste en añadir al mundo concreto una especie de capa virtual de informaciones; así por ejemplo al territorio virtual se le superpone un mapa virtual.
- La realidad virtualizada: propone una nueva interpretación de lo real y lo virtual. Se trata de completar la realidad con elementos de modelos matemáticos o lógicos; así por ejemplo, a partir de la secuencia de un vídeo, se puede reconstruir la totalidad de los modelos en tres dimensiones de las escenas así filmadas. Se aumenta nuestra percepción incompleta del mundo real, añadiendo elementos de información deducidos de modelos preexistentes o de datos acumulados.
- La telepresencia: permite estar presente a distancia en un lugar real. Se basa en la utilización de cámaras de observación e instrumentos de observación.
- La televirtualidad: Por el contrario se trata de la presencia a distancia en un mundo también simulado. Se ponen en juego los recursos de lo virtual —movilización, interacción—, y de las telecomunicaciones —separación respecto al emplazamiento geográfico original.
- Las comunidades virtuales: generalizan el concepto de televirtualidad a la escala de grupos humanos de diversas dimensiones. Estas comunidades virtuales pueden ayudarse en una representación gráfica en tres dimensiones o, por el contrario, les basta las conversaciones en línea (chat)
- El meta-mundo de la Web: es una generalización del mundo de comunidades virtuales al conjunto de las transacciones planetarias. La idea es que el tiempo real crea de facto comunidades de actores reales que trabajan virtualmente juntos. Su lugar de acción es el mundo, su lugar de encuentro el ciberespacio.
LA PERCEPCIÓN DE OTROS AUTORES M,F{B-.,BF.-

