Cibercultura:La experiencia de lo virtual en la universidad
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[editar] La experiencia de lo virtual en la universidad
La comunidad educativa parece llamada a evolucionar ante el apremio de una demanda inquieta que rechaza los modelos heredados. Todo parece indicar que los métodos de docencia superior y la propia institución universitaria precisan una profunda transformación. Pero esto puede afectar de lleno su naturaleza y afectar directamente su papel histórico y cultural.
Juan M. Otxotorena
Propongo aprovechar este raro momento en el que se anuncia una nueva cultura. La alternativa es simple. O el ciberespacio reproduce lo mediático, lo espectacular, el consumo de información comercial y la exclusión a una escala todavía más gigantesca que la existente hoy en día, o bien acompañamos las tendencias más positivas de la evolución en curso y nos planteamos un proyecto de civilización, centrado en los colectivos inteligentes.
Pierre Lévy
P.- Se habla mucho de la educación virtual y del impacto —negativo o positivo— que tendrá una extensión del uso de las nuevas tecnologías en el aula. Incluso algunos han planteado un escenario futurista en el que al aula desaparece a favor de una sociedad “enseñante”, sin la clásica intermediación de lo escolar como institución autónoma y separada. La universidad empieza a sentir fuertemente las presiones sociales que exigen una educación continua, profesionalizante e Interdisciplinaria en contravía de lo que la educación superior ha instaurado como su modus operandi. ¿Usted que maneja actualmente el tema y administra los apoyos para la incorporación de las nuevas tecnologías en la vida académica de la Universidad Javeriana, como ve el futuro de la institución universitaria?
R.- Se me ocurre en primera instancia que un buen contraste sobre el tema se podría lograr mediante dos frases que bien podrían hacer el papel de epígrafes de este aparte. Son dos frases que llaman la atención sobre asuntos y formas distintas de ver las cosas. La primera, del profesor de la Universidad de Navarra, Juan M Otxotorena; advierte sobre los efectos perversos que la presión social del mercado está generando sobre las funciones tradicionales de la Universidad. La segunda, de Piérre Lévy, filósofo francés, estudioso de la cibercultura, propone tomar una posición más proactiva —si se quiere “política”— frente al fenómeno de aceleración de la virtualidad en el mundo contemporáneo.
Ahora, creo que una respuesta cabal a la pregunta que usted plantea exige el desarrollo de tres temas: en primer lugar, el análisis de esos factores de presión sobre la universidad que tanto preocupan a Otxotorena. En segundo lugar, el tema de la virtualidad, para el cual me gusta apoyarme en la propuesta a la vez filosófica, antropológica y política de Pierre Lévy. Y finalmente, cómo entender los procesos de virtualización en la universidad, de qué maneras concretas se puede alcanzar esa virtualización.
[editar] El espíritu universitario en entredicho
Respecto a lo primero, quisiera hacer una introducción sobre lo que algunos llaman “espíritu universitario”, es decir, el conjunto valores y actitudes que la actividad universitaria ha venido consolidando desde el medioevo y que hoy, a pesar de las presiones sociales y de las necesarias actualizaciones que se requieren para su funcionalidad, conservan su significado. El espíritu universitario implica sobre todo una actitud crítica y de apertura mental. En la medida en que las actividades académicas universitarias asumen la verdad como meta y objeto de búsqueda, el universitario abre la mente al conocimiento, pero también a las incertidumbres y a las posibilidades; esto lo prepara para estar adecuadamente informado y para seguir la evolución de las artes, de las ciencias y de las aspiraciones sociales en general. A pesar de que el conocimiento se especializa y en la universidad esa fragmentación se refleja en las divisiones académico-administrativas de su organización, el espíritu universitario aspira a una visión de conjunto. La sumatoria de todas estas características es la que le da al universitario una suficiencia y una independencia de gran valor para la sociedad que siempre ha apreciado esa capacidad, y por eso mantiene la opinión y el juicio del universitario como termómetro “moral “ de su progreso. Incluso una sociedad como en la que hoy estamos inmersos, la sociedad mercantil, aprecia competencias que sólo adquieren los universitarios: cultura general, capacidad analítica, inquietudes sociales y visión de conjunto. Pero este recuento de los significados del espíritu universitario es también un llamado personal a asumir un tema tan inquietante y novedoso como el de la virtualidad con ese espíritu, es decir, con suficiente distancia, pero también con la conveniente apertura mental y sobre todo con una visión de conjunto.
Mencionaré rápidamente tres factores que podrían estar afectando el espíritu universitario tradicional, como una manera de obtener esa visión de conjunto, para luego centrarme en el tema capital de la inquietud planteada por usted. El primero es el que se puede envolver bajo el tópico: nuevas condiciones del mercado laboral. Para satisfacer su demanda laboral, la sociedad siempre le ha pedido a la universidad la formación de profesionales idóneos y estos se mueven mejor en su trabajo en la medida en que esa idoneidad corresponda estrechamente a los quehaceres mismos del oficio. Pero la universidad no sólo forma profesionales, sino, sobre todo, personas integrales: sus capacidades y habilidades van más allá de las de un experto, se centran en la formación del pensar y del saber, de modo que el hacer y el obrar del experto sólo es una consecuencia, un subproducto, que la sociedad puede y suele aprovechar; no fines universitarios en sí mismos. Pero la empresa presiona cada vez más y ha logrado generar una nueva demanda de servicios de capacitación generalista, polivalente y permanente, que la universidad ha empezado a satisfacer, en contravía de sus estrategias y condiciones tradicionales. Ceder demasiado a esta pretensión de la empresa, puede conducir a una adecuación simplista de los contenidos y de las investigaciones universitarias a las necesidades empresariales.
Otro factor que está afectando de una manera muy fuerte el quehacer tradicional de la universidad, es el que configuran las nuevas condiciones del comercio internacional que ve en la educación, y muy especialmente, en la educación superior, un objeto más de comercialización entre los muchos bienes y servicios del mercado global. Al ser percibido como un objeto de comercio internacional, el servicio educativo puede perder la autonomía en aspectos tan característicos como la fijación de criterios de calidad y tendería por eso a homogenizarse, cediendo a la globalización en detrimento del carácter local del servicio. Otros campos tradicionales de su autonomía como el acceso a fondos de financiación o su función investigativa se ven también seriamente impactados. Desde esta perspectiva, son otros los que determinarían su calidad, sus objetos de interés y también sus posibilidades de sostenibilidad.
Actualmente el mercado de servicios de educación superior se configura bajo tres modalidades: la universidad internacional, la universidad transnacional y la universidad virtual. La primera será la encargada de exportación de los servicios, desde una sede local a una sede extranjera receptora. La segunda es una forma más agresiva de presencia comercial, por la cual, universidades “for-profit” invierten e instalan instituciones de carácter transnacional, y se mueven según modelos de franquicia o de sucursal foránea. La tercera, la universidad virtual, es más una estrategia que un modelo propiamente dicho, pero precisamente por eso se ve como un tipo de servicio de mucho futuro en este escenario de globalización.
Finalmente está el impacto de las nuevas tecnologías, que relativiza los cauces tradicionales de comunicación y distribución del saber, altera las relaciones de poder constituidas con base en una visión humanista y elitista y proporciona procedimientos alternativos que derrumban los filtros selectivos tradicionales. Este aspecto lo trataré más adelante en detalle. Por ahora me interesa mostrar la manera como estos factores, entre muchos otros, han invadido el espacio cultural universitario despojándolo de su seguridad y de su tranquilidad. Veo entonces tres opciones para la institución:
- Ceder: ingenuamente o con oportunismo a las demandas sociales, con el peligro de perder una de sus funciones culturales más importantes: la independencia intelectual y por tanto su capacidad de crítica social.
- Resistir: ya sea por inercia o por convicción, con un doble riesgo: 1) perder viabilidad y por la tanto influencia real, 2) caer en el resentimiento, el miedo y la parálisis.
- Construir y negociar: una resignificación de su valor social y cultural en un escenario inevitable de realidades cada vez más contundentes, en el que, sin embargo, aún podemos ser actores.
[editar] Lo virtual
Entro ahora al tema de lo virtual. Un tema a la vez complejo y simple o más bien simplificado por una especie de reduccionismo insólito. Propongo que lo virtual se aprecie como un nuevo paradigma que puede ser aprovechado para potenciar el ser universitario, pero también como ocasión para la renovación institucional y como referencia clave del proceso de hominización que siempre ha tenido en la universidad un escenario privilegiado. Empezaré por esto último. Afirma Lévy que la especie humana se ha construido en y por la virtualización. ¿Cómo es esto? En nuestro camino hacia la consolidación del homo sapiens sapiens, hemos ido pasando del pensamiento concreto al pensamiento abstracto, de lo fáctico a lo simbólico, de la conciencia refleja a la conciencia intencional.
De este modo hemos descubierto que el ser tiene al menos cuatro modos: el modo real, el modo potencial, el modo virtual y el modo actual. Los dos primeros modos hacen parte del orden fáctico u orden de la selección; los otros dos hacen parte del orden simbólico o de la creación. Y si bien lo real y lo actual constituyen lo manifiesto, todo aquello que podemos constatar y percibir, todo lo objetivo; y lo potencial y lo virtual constituyen lo latente, es decir lo que no está presente, lo que anuncia el futuro; sólo lo virtual es lo auténticamente subjetivo, en la medida en que lo potencial es más bien el conjunto de posibles predeterminados, mientras que lo virtual es una configuración dinámica de tendencias y fuerzas que pide objetivación. El conjunto real-posible del ser es la sustancia: registra, institucionaliza y cosifica; mientras que el conjunto virtual-actual es el acontecimiento: recupera el ser para lo humano.
Lo virtual, dice Quéau, disuelve la sustancia y dilata el espíritu. En esta afirmación están implícitas dos características de lo virtual: en primer lugar, el hecho de que en el ser virtual el lugar físico de la realidad se disuelve a favor de la información y el lenguaje, esto es, que lo virtual no tiene lugar y sus elementos son nómadas y dispersos —digitales, ya veremos—. Ahora, se sabe que la forma de acción propia de lo virtual es la interactividad, potenciada en la conectividad, esto es, la posibilidad de conectar todo con todo en cualquier momento. Pues bien, para virtualizar la realidad, para hacerla conectiva e interactiva, no basta con que las realidades estén ahí, dispuestas a conectarse, es necesario que el lugar físico de la realidad se disuelva y esto implica una segunda característica, llamada también el efecto moebius: el acabamiento de las fronteras. En lo virtual los límites no son evidentes, los lugares y los tiempos se mezclan, las fronteras desaparecen.
Virtualizar es, en síntesis, ir más allá del acto para llegar a los nexos de imposiciones y finalidades que inspiran los actos; es complejizar y desplazar los problemas. La virtualización por eso inventa preguntas, problemas, dispositivos generadores de actos, máquinas de devenir.
P.- Todo esto suena bastante complejo, ¿podría ilustrarnos con algunos ejemplos?
R.- Claro: comencemos por el que considero el más “universitario” de todos: la virtualización del texto. La virtualización del texto es quizá uno de los procesos de mayor impacto en la llamada cibercultura. Para comprenderlo es necesario dar cuenta de varios acontecimientos ligados a lo que atrás he llamado los cuatro modos del ser. En primer lugar, es necesario entender la lectura como un proceso de actualización del texto. Cuando nos enfrentamos a la lectura de un texto, nos enfrentamos a un problema particular: el problema del sentido, pero también a una tarea en particular: acceder a un objeto abstracto e independiente de un soporte material, es decir, a un objeto virtual. Varias son las posibles actualizaciones del texto: interpretación, crítica, traducción, edición, etc. En el proceso de lectura tejemos fragmentos, los relacionamos, vamos encontrándole un sentido a esas palabras puestas allí en un orden sólo aparente y mínimo, es decir, creamos, recreamos y reactualizamos el mundo de significaciones posibles que contiene el texto. Ustedes mismos, al leer mi texto, están atentos a un orden y tratan de develar las ideas que yo deseo que queden claras, pero seguramente ya han hecho relaciones con otros textos que han leído o han confrontado mis palabras con su propia experiencia, y de ese “choque” de expectativas surgirá un significado singular, una comprensión que ya no está bajo mi control. Por eso insisto y reitero tanto: para asegurar que lo que deseo sea mejor retenido por ustedes, tenga posibilidades de quedar registrado en su memoria.
He dicho memoria. Un texto escrito es, precisamente, la virtualización de la memoria. La escritura es el método que ha inventado el hombre para exteriorizar la memoria, para separarla del cuerpo, no sólo para prolongarla. Con la escritura se establece una separación entre el saber y su sujeto; se separa también el espacio y el tiempo de emisión del mensaje. Cuando publique este texto que he escrito para ayudarle a mi deficiente memoria, cuando ustedes puedan leerlo y releerlo “colgado” en algún sitio del ciberespacio, podrán reconocer las huellas y los hitos de mi propia memoria, pero también podrán acceder a una parte de mi mundo intelectual, seguramente afectado por errores y contradicciones. Podrán entonces dialogar no conmigo, sino con mis ideas, y no ahora, sino en “diferido”.
Y he dicho: cuando “cuelgue” el texto en Internet, para que no se me olvide anotar que un texto “colgado” en Internet es un texto potenciado digitalmente: va más allá de una versión impresa, que es una versión única y determinada. La versión digital, en cambio permite, al menos teóricamente, la intervención del lector, incluso hasta la misma deformación del texto, permite la entrada real de la subjetividad del lector, esto es, permite la virtualización de la lectura misma. Hoy existen lenguajes y programas que permiten al lector la alteración directa de textos, conectándose al servidor. Pero aunque éste no sea el caso de mi texto colgado, al que quizá no se le puedan hacer reformas tan directas, sí se encontrará ligado a un sistema de interacciones como los foros virtuales o el contacto virtual a través de mi correo electrónico, que potenciará a ese lector de texto hacia una actividad mayor y más expedita, también más creativa que la que realza un lector de texto impreso.
Todo acto de lectura es más que una realización del texto, es una actualización, pues implica operar en el orden creativo; pero una lectura en computadora es al menos una edición o un montaje singular del texto, es decir, una lectura en computadora potencia la actualización misma. Y cuando para el lector es posible recorrer el texto sin imposiciones o secuencias predeterminadas o incluso reformar el texto, es porque estamos ante una auténtica virtualización de la lectura. Eso es precisamente lo que permite el hipertexto: una virtualización del texto y, simultáneamente, una virtualización de la lectura, es decir, el texto se transforma en problemática textual.
El hipertexto, el hipermedia o la multimedia interactiva, constituyen la continuación del proceso de artificialización de la lectura. Si leer consiste en construir una red de llamadas internas del texto, en asociar datos e integrar fragmentos en una memoria personal, entonces los soportes hipertextuales constituyen la objetivación y virtualización de la lectura. Y aquí viene una afirmación sorprendente pero muy poderosa: un texto es una lectura particular de un hipertexto. Lo que pasa es que sólo hasta que tuvimos el soporte informático pudimos ser conscientes de este hecho. Y aún más: eso que apenas intuyeron los posestructuralistas se ha hecho posible con los soportes informáticos: que el navegador de hipertextos se convierta a la vez en autor, pues ahora puede participar y hacer una tarea análoga a la que se le encargó tradicionalmente a un escritor: estructurar texto y crear vínculos con otros textos. Esta práctica está en pleno desarrollo en Internet: hemos creado una poderosa herramienta de escrilectura colectiva.
Y al hablar de Internet, tenemos que referirnos necesariamente a la virtualización de la computadora. En la red, la computadora de cada uno ya no es un centro, sino un fragmento de la estructura, un componente más, pero a la vez sus funciones impactan cada elemento de esa red, y la red empieza a percibirse como un gran computador, en términos de Lévy, como “un computador hipertextual, disperso, viviente, inacabado, virtual, un computador de Babel, el mismísimo ciberespacio”. Y uno de los efectos más interesantes del ciberespacio entendido de esa manera es que, dado que cualquier punto es directamente accesible desde cualquier otro punto, existe la tendencia a reemplazar las copias de los documentos por enlaces hipertextuales: basta que el texto exista físicamente en una sola memoria de un computador para que sea conectado a la red, produciéndose así una auténtica desterritorialización, con efectos insospechados, de los cuales destaco el que se da sobre la interpretación del texto. La interpretación, es decir la producción de sentido ya no remite exclusivamente a la intención del autor, sino a la apropiación siempre singular del “navegador”. El sentido surge de la intersección de un plano semiótico desterritorializado y de un propósito de eficacia o de placer: “Ya no me interesa lo que ha pensado un autor ilocalizable —dice Lévy—; sino que le pido al texto que me haga pensar aquí y ahora. La virtualidad del texto, de hecho, alimenta la inteligencia” ( ). Lejos de acabarlo, la virtualización potencia el texto, primero al relativizar el poder de los soportes tradicionales —difusión unilateral de la imprenta, estaticismo del papel, estructura lineal y cerrada del mensaje—; segundo, porque la tecnología invita al desarrollo de nuevas formas de escritura y de lectura que hagan que todo lo que implica la cultura del texto: expresión diferida, distancia crítica en la interpretación, intertextualidad, evolucione de manera inédita.
[editar] La virtualización contemporánea
Mencionaré ahora otros dos ejemplos de virtualización: la virtualización de la comunidad y la virtualización de la empresa, como manifestaciones de esa impresionante carrera de la virtualización contemporánea que permite hablar también de una virtualización de la economía y hasta del cuerpo.
El primer ejemplo es la virtualización de la comunidad. Una comunidad virtual puede organizarse sobre una base de afinidades; sus miembros se unen por focos de interés de modo que la geografía deja de ser un punto de partida y a la vez un obstáculo. Pese a estar “fuera de ahí”, la comunidad que hace uso de sistemas telemáticos de comunicación se anima con pasiones, proyectos, conflictos y amistades. A cambio de la ausencia de un lugar de referencia estable, la comunidad reinventa una cultura nómada, creando un entorno de interacciones sociales donde las relaciones se reconfiguran casi sin inercia.
El segundo ejemplo es el de la empresa virtual. En la organización clásica, los empleados se reúnen en un mismo edificio y cada uno ocupa un puesto de trabajo y cumple un horario determinado. Una empresa virtual, por el contrario, hace uso extensivo del teletrabajo y la presencia física de los empleados se reemplaza por la participación en una red de comunicación electrónica. El centro de atención de una empresa virtual no es ya el conjunto de puestos de trabajo, sino la coordinación que redistribuye y reformula coordenadas espacio-temporales. Resulta curioso que virtualizar haya sido una tarea que el hombre siempre ha emprendido, pero creo que podemos entender mejor ahora esa tarea, al hacernos concientes de que el hombre, al inventar el lenguaje, ha extendido el espacio y el tiempo —el aquí y el ahora— más allá de su inmediatez sensorial; ha extendido su acción y sus funciones orgánicas a través de la técnica; ha virtualizado la violencia a través del contrato, es decir, a través de la inducción de vínculos sociales no violentos; y como hemos visto, ha virtualizado su memoria a través de la escritura al texto; a través del hipertexto; al computador a través de ciberespacio; y a la virtualización misma a través de las artes.
¿Qué es entonces virtualizar la universidad? A partir de todo lo visto hasta el momento, propongo que la virtualización de la universidad se entienda como la potenciación de al menos tres dimensiones: una nueva cultura del texto, que reinventa la escritura; nuevas formas de conmensurabilidad, que consolida la interactividad, la conectividad y los colectivos inteligentes como estrategias para crear comunidades virtuales de aprendizaje; y de nuevas formas de organización institucional, que obligan a reformular las coordenadas espacio-temporales de esa “empresa” llamada universidad
[editar] Sociedad del conocimiento
Pero, antes de pasar a los modos concretos de virtualización de la universidad, resulta no menos importante la pregunta: ¿Por qué virtualizar la universidad? Esta pregunta se ha venido respondiendo indirectamente con las exposiciones anteriores. La primera respuesta que doy es: “porque, siendo la Universidad un escenario privilegiado del proceso de hominización, es decir, de consolidación del hombre sapiens sapiens, mal haría en no atender estos fenómenos contemporáneos de la virtualización, aunque eso signifique un cierto grado de novedad y de inquietud”.
Paro la segunda respuesta me parece aún más apropiada. Y esta respuesta es: “porque la virtualización contemporánea constituye una oportunidad para concretar algunos ideales que han estado a la espera de escenarios convenientes”. Tres de esas ideas son: las de escuela nueva, la de los saberes necesarios de Morin y la de una Sociedad del Conocimiento ya pensada, pero no totalmente construida. Sobre esta última me extenderé un poco más, pero quiero mencionar rápidamente los otros dos conjuntos de ideas.
En el siguiente cuadro se sintetizan lo que podríamos llamar los pecados de la educación tradicional detectados por el movimiento escuela nueva y las virtudes de los nuevos escenarios de virtualización, entendida la palabra virtud aquí como la oportunidad que dan las nuevas tecnologías de la información y la comunicación —las llamadas NTIC— a la encarnación de soluciones para los pecados del paradigma tradicional. Veamos rápidamente esos pecados: Pecados.
- Aislamiento del entorno: la escuela tradicional se centra demasiado en sí misma, olvidando su entorno como referencia y como escenario de su impacto.
- Ciencia como sistema cerrado: la escuela tradicional toma la ciencia como un sistema autosuficiente que no entiende ni escucha otros saberes.
- Libro de texto como fuente exclusiva: existen fuentes de conocimiento que no son necesariamente documentos o libros de texto y que la escuela tradicional no utiliza.
- Oferta educativa homogénea: una educación que no tiene en cuenta las diferencias y es por eso inflexible.
- Rol protagónico del maestro: la figura del maestro es tan potente que cierra la entrada a otros actores, incluido el alumno mismo.
- Contenidos informativistas: más que contenidos que promuevan la participación e incluso la co-creación.
- Comunicación ineficiente: el proceso educativo es asumido en la escuela tradicional sin tener en cuenta las condiciones de una comunicación eficiente
A estos “pecados” contrapongo las virtudes del nuevo escenario tecnológico:
- Construcción social del conocimiento: la virtualidad, lo hemos visto, facilita la interactividad y la participación, y le da valor a los aportes de los distintos actores del proceso.
- Flexibilidad: con la adecuada aplicación de las TIC, la oferta académica se hace más abierta y personalizada y facilita los procesos de Retroalimentación/personalización/acompañamiento.
- Educación centrada en el alumno: al darse una alta interactividad, el maestro pasa a ser un facilitador y así el proceso de aprendizaje se puede centrar en el verdadero sujeto: el alumno.
- Visualización de lo aprendido: no sólo en el sentido de una educación más audiovisual, sino en el sentido de una constante conciencia y aplicación inmediata de lo aprendido
- Acercamiento: conocimiento/comunicación. La aplicación de las TIC ha permitido sobre todo entender el proceso de aprendizaje como un proceso de comunicación.
Por otro lado, de los llamados por Edgard Morin saberes necesario, destaco algunos que estarían favorecidos por la virtualización académica:
- La capacidad para plantear y resolver problemas, de modo que podamos enfrentar las “ilusiones del conocimiento”.
- La contextualización de lo global y de lo multidimensional, para llegar al conocimiento pertinente.
- La “inteligencia general” o los colectivos inteligentes.
- Una perspectiva planetaria e integral.
El saber asumir que “navegamos en un mar de incertidumbres con archipiélagos de certeza”. Pero quizá la razón más importante que podemos asumir para afrontar una virtualización de la universidad, es que lo virtual cataliza la construcción de una nueva sociedad en proceso: la sociedad del conocimiento.
Por “sociedad de conocimiento” se puede entender un tipo de sociedad en la que el conocimiento es fuente principal de producción, riqueza y poder; también como un paradigma de organización y funcionamiento de la sociedad, destinado a que la gente pueda pensar, sentir y actuar de una manera nueva, más libre e interactiva, pero igualmente como un escenario en el que las nuevas tecnologías son las portadoras de ese nuevo modo de pensar, sentir y actuar. José Silvio propone las siguientes 12 características de la sociedad del conocimiento:
- El conocimiento como el elemento más valioso.
- La información contenida en este conocimiento está dispuesta electrónicamente.
- El modo de ser primordial, es el virtual.
- Su modo de producción está desmasificado, se personaliza.
- El trabajo se realiza en red.
- Se eliminan los intermediarios en todas las áreas institucionales.
- Se da una convergencia tecnológica en los tres sectores claves de la economía: la computación, las comunicaciones y la industria de contenidos.
- La innovación emerge como el valor más importante del funcionamiento social.
- Un alto grado de interactividad permite un control más directo del consumidor sobre los medios de comunicación y sobre los procesos de producción y difusión del saber.
- Las comunicaciones se dan en tiempo real.
- Se consolida el lema: pensar globalmente y actuar localmente.
- Se da, sin embargo, una tendencia peligrosa a la disparidad de progreso entre países, creando la diferencia entre “inforricos” e “infopobres”.
Así mismo, Silvio describe la sociedad del conocimiento como un escenario en el que su espacio es el ciberespacio mismo, en los términos que hemos expuesto atrás; su modelo de organización corresponde al de una red cibersocial, es decir, al de una extensión de los colectivos inteligentes; su cultura concomitante es la cibercultura y su infraestructura está constituida por la informática, la telemática y las redes electrónicas.
[editar] ¿Cómo virtualizar la universidad?
A partir de aquí, entro a la parte final de la exposición. En esta parte continúo apoyado en José Silvio y en ella trataré de responder a la pregunta ¿cómo virtualizar la universidad? Con base en dos consideraciones: la virtualización como un proceso técnico y la virtualización como un proceso cultural que requiere ciertas acciones estratégicas. Desde el punto de vista técnico, virtualizar la universidad es sobre todo virtualizar sus espacios funcionales, esto es, disponer sectores del ciberespacio para apoyar o sustituir tecnológicamente las actividades académicas y administrativas realizadas físicamente en los espacios tradicionales, de modo que su virtualidad, en los términos arriba descritos, se potencie. Ejemplos de la nueva configuración de espacios virtuales son:
- Aulas virtuales.
- Laboratorios virtuales.
- Bibliotecas virtuales.
- Espacios virtuales de encuentro.
- Y oficinas virtuales.
Debemos hablar entonces de un campus virtual, cuyo esquema podría vincular y soportar espacios funcionales virtualizados: en el aula virtual, la transferencia de conocimiento; en el laboratorio virtual, la generación de conocimiento; en la biblioteca virtual, la conservación e intercambio de conocimiento, y en la oficina virtual, la gestión general del conocimiento. Pero así como se virtualizan los espacios, la virtualización de la universidad implica sobre todo apoyar tecnológicamente los procesos universitarios hasta potenciar su virtualidad. La enseñanza/aprendizaje, la investigación, la interacción con el entorno, la gestión y la codificación y recuperación de información.
Así mismo, se virtualizan los objetos: los equipos y materiales de clase, los equipos y materiales de laboratorio, los equipos y materiales de biblioteca y los documentos y materiales de oficina. Aquí es importante anotar que la virtualización de objetos no sólo consiste en su digitalización, sino, como se vio atrás, en la puesta de esos objetos digitados en un entorno interactivo e integrado.
Pero sobre todo virtualizar la universidad es virtualizar las relaciones que se establecen en una comunidad, en este caso la llamada por muchos, comunidad virtual de aprendizaje. Estas relaciones se distinguen por el alto grado de interactividad entre los miembros de la comunidad, el grado de focalización de sus temas de discusión y por su cohesión social. Ahora, la virtualización de la universidad no es sólo un asunto técnico, sino, sobre todo, un asunto cultural. Lograr que la comunidad universitaria se apropie de las dinámicas conceptuales y de las bondades de la virtualización, así como de sus manifestaciones tecnológicas, exige una combinación de estrategias, la primera de las cuales consiste en persuadir a los actores del valor que se agrega a su cadena de “producción” académica tradicional. A un nivel institucional suele ser útil realizar un análisis DOFA (debilidades, oportunidades, fortalezas y amenazas), para reconocer especialmente maneras concretas de convertir las amenazas en oportunidades. Pero las acciones más complejas suelen ser aquellas destinadas a deconstruir bloqueos y resistencias, generalmente asociados a desconocimiento, problemas de hábito y habilidad o brecha generacional. Una estrategia muy efectiva consiste en mostrar las bondades de las herramientas virtuales en la construcción de comunidades y en la promoción del trabajo en red, no sólo para los profesores, sino para los estudiantes.
Desde un punto de vista práctico, la universidad debe estar en capacidad de disponer la infraestructura física y lógica necesaria, así como los servicios telemáticos, pero sobre todo los contenidos y la capacitación de los actores en sus nuevos roles, así como estrategias de organización pertinentes, estrategias financieras y de costo adecuadas y también un plan de mercadeo para la extensión de su oferta.
P.- El panorama que usted nos presenta es a la vez fascinante, complejo y desafiante. ¿Cree usted que ese escenario puede tener un futuro más o menos inmediato? Mitos y desafíos
R.- Me parece que todavía debemos afrontar mitos, desafíos y oportunidades en este tema de la educación virtual. Algunos de los mitos que rodean la educación virtual tienen que ver con los procesos culturales. Así, el primero de ellos es aquel según el cual la Educación virtual es tan sólo un problema técnico. Hemos visto que el éxito de una virtualización de la universidad depende sobre todo del grado de apropiación de lo virtual y de sus objetos. Por esta razón es que no podemos afirmar que la educación virtual sea un agregado de fácil inserción, es necesario hacer conciencia del valor que se agrega a la cadena tradicional de producción académica. De otro lado, la educación virtual no es ni mucho menos una solución a problemas de cobertura: el hecho de que exija condiciones técnicas de acceso muy especiales y una apropiación cultural sólida de las herramientas, implica precisamente que no todos podrán aprovecharla. Ahora, si bien creemos que no hay vuelta a atrás, esto no quiere decir que una institución que decida no incluir la virtualización contemporánea en sus actividades, no pueda sobrevivir. Tal vez tenga que reformular su alcance y sus estrategias, pero podrá subsistir. El problema planteado no es el de una total sustitución, sino más bien el de una adecuada síntesis y articulación de modalidades.
Entre los riesgos que contiene una extensión de la educación virtual como modelo, el más importante es el de la ampliación de la brecha “norte-sur”. En la medida en que la Educación virtual exige condiciones técnicas y culturales sofisticadas no sólo del lado de la oferta sino del de la demanda, así mismo se puede producir una discordancia importante. El problema debe ser abordado en conjunto por las instituciones universitarias y el estado, pues de otro modo ésta será una limitante importante para la extensión de las nuevas prácticas. La atención crítica debe también afinarse para evitar el peligro de una sustitución total. Como se mencionó anteriormente, se debe evitar un totalitarismo tecnológico y para ello lo mejor es preparar valores concomitantes, esto es, valores que acompañen los procesos y muy especialmente el planteamiento de una renovada visión humanista de la llamada cibercultura.
Con todo, la educación virtual debe ser vista como una serie de oportunidades. A un nivel elemental, la educación virtual es una oportunidad para enriquecer la pedagogía y los currículos. A un nivel institucional, la educación virtual puede ser vista como una estrategia para agregar valor a la pertinencia, la cobertura, la calidad y la eficiencia, requerimientos propios de la educación superior. Y a un nivel colectivo, la educación virtual configura la oportunidad para potenciar modelos de colaboración no sólo académica, sino financiera y organizacional.
[editar] La cibercultura
Es también un problema de consumo de masas. Las universidades poyectan la necesidad de consumo en relación de crear nuevos trabajadores, para suplir la demanda del mercado. En la universidad, las proyecciónes a la cibercultura radica en el uso de los medios para ofrecer un mercado virtual. Las ventajas es que nuevos usuarios podrán consumir servicios virtuales con el pretexto de llamarse cultura. Es así que la cibercultura en una doble denominación, es la forma de consumo, y a la vez de cultura.