Cibercultura:Humanismo humanidades y cibercultura
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[editar] Humanismo, humanidades y cibercultura
P.- Con frecuencia se escucha que la tecnología afecta negativamente lo humano o, de otro modo, que la tecnología des-humaniza. ¿Hasta qué punto el hecho de que la llamada “Sociedad del Conocimiento” dependa en gran medida de una infraestructura tecnológica tan potente como la del Internet, podría estar afectando el proyecto humanista? ¿Cuál debe ser el papel de las humanidades en este escenario? Al hablar de cultura digital o de cibercultura, ¿estamos hablando de un nuevo humanismo o de su desaparición´?
R.- Empecemos por aclarar términos. Entiendo por humanismo ese proyecto que consiste en la reivindicación del hombre como dueño de sí mismo y de su historia. En este sentido, el humanismo exige la rebelión contra los “poderes ajenos”, esto es, contra las ideas, mitos, “dioses”, condiciones, circunstancias o hechos que puedan afectar su principio más radical: la secularización.
Ahora, las humanidades son el corpus de conocimientos organizados que estudian sistemáticamente las ideas, condiciones, circunstancias y hechos que favorecen el proyecto humanístico y, desde ese punto de vista, son un dispositivo de promoción del humanismo y de vigilancia de los factores que pudieran afectarlo o destruirlo. Las humanidades así entendidas, se concretan en aquellas materias y asignaturas que en las escuelas y centros universitarios transmiten, investigan y entregan el conocimiento humanista. De otro lado, las humanidades tienen un carácter histórico, y su desarrollo depende por eso de las condiciones de época y de las circunstancias concretas en las que se instauran. Pero, además, no son el único mecanismo de promoción y de difusión de las ideas humanistas.
Entiendo por “cultura digital”, las costumbres, valores, usos y maneras de ver el mundo, que se empiezan a imponer en la actualidad, dada la expansión de una nueva situación cognitiva que se configura básicamente por procesos como la digitalización de todos los contenidos, la interconexión de todas las redes y los efectos globalizadores de Internet y en general de las nuevas tecnologías de la comunicación —satélites, telefonía celular, etc.
Detrás de la cultura digital —o cibercultura— existen tres condiciones: la interactividad, la hipertextualidad y la conectividad. La interactividad es la relación entre la persona y el entorno digital definido por el hardware que los conecta a los dos. La hipertextualidad significa acceso interactivo a cualquier cosa desde cualquier parte. Mientras que la digitalización es la nueva condición de producción de contenidos, la hipertextualidad es la nueva condición del almacenamiento y entrega de contenidos. Finalmente, la conectividad es la tendencia humana a juntar lo que está separado, mediante un vínculo o relación, es entrar en contacto y aprovechar cualquier medio tecnológico para potenciar la colaboración. Internet —en la medida que, gracias a su estructura hipertextual, ha enlazado el contenido almacenado a su comunicación— es el medio conectado por excelencia, la tecnología que hace explícita y tangible esta condición natural de la interacción humana.
[editar] Condiciones tradicionales del conocimiento humanístico
Ahora, tradicionalmente, el conocimiento humanístico —las humanidades— ha estado soportado en cuatro factores: 1) El libro, como sistema operativo básico, esto es, como el dispositivo que permite “operar” dicho conocimiento, facilitando su creación y sobre todo su divulgación. 2) La tecnología de la impresión, como infraestructura, es decir, como el medio para la producción de sus artefactos. 3) El texto autoritario, como fuente ideológica de sus conocimientos. Y 4) Una perspectiva depositaria, como su modus operandi. Con esto último quiero decir que las humanidades tradicionalmente han mirado más hacia atrás —hacia la recuperación de lo antiguo, de lo consolidado— que hacia delante, hacia lo porvenir. Las humanidades, así descritas, en su rol tradicional, mantienen hoy su vigencia y su función. Basta mirar alrededor: los libros se guardan en las bibliotecas, la propiedad intelectual del autor se protege, los textos crean una autoridad natural, basada en la palabra “sagrada”, y la enseñanza se centra en el autor —a través de sus libros— y en el profesor —como autoridad académica y agente de difusión.
P-. Pero... Efectos de la cultura digital sobre la organización del conocimiento humanístico.
R.- Pero la aparición de la información electrónica y los multimedios ha mostrado que, al lado de la palabra, puede existir otro tipo de información, especialmente visual, pero también auditiva, que al complementar la información tradicional del libro, también la relativiza. La información electrónica ha empezado a deconstruir la estabilidad del texto, introduciendo formas volátiles y deteriorando el sistema de autoridad. Todo esto afecta la forma tradicional de ser de los estudios humanísticos, que se ven obligados a asumir las consecuencias de esa "volatilidad intrínseca" del texto electrónico digital.
Las transformaciones de la información digital están ya en marcha, los cambios serán inevitables y sus efectos se pueden sintetizar así:
- Afectará el artefacto humanístico central del libro impreso.
- Afectará nuestra idea de autor.
- Socavará la idea básica de originalidad, glorificada por el movimiento romántico.
- Cambiará la idea que tenemos de texto.
- Cambiará la idea de autoridad del texto.
- Transformará el mercado del discurso humanístico.
- Socavará la substancialidad de los estudios humanísticos.
P.- ¿Podría extenderse un poco en estos “efectos”?
[editar] Reconfiguraciones del sistema humanístico
R.- En su artículo: "La incidencia de las redes de comunicación en el sistema literario", Joaquín María Aguirre Romero (sf.), define el sistema literario como una práctica social integrada por varios sectores: creación, producción, distribución, educación, clasificación y consumo; y analiza los efectos que las NTIC producen sobre cada uno de esos factores. Me parece que su planteamiento se puede extender a lo que he llamado las condiciones del conocimiento humanista. Al fin y al cabo la literatura es la expresión más depurada del conocimiento humanista tradicional. Veamos:
El sector denominado creación es el encargado de la producción intelectual de los textos. El sector productivo-distributivo se encarga de la elaboración del material, de su inserción en soportes determinados y de su distribución y venta. Durante los últimos cinco siglos, el libro ha sido el soporte privilegiado de los textos y la empresa que se encarga de su producción y distribución es la editorial, cuya función es establecer canales que le den salida a los productos textuales. En cuanto a la distribución, es la librería el espacio especializado para su depósito y adquisición.
Junto a estos sectores se encuentran otros que regulan el tráfico o circulación de los textos y las condiciones de consumo. Aguirre distingue entre el ámbito escolar y el académico. En el primero, los libros son estructurados de acuerdo a unos niveles establecidos para la adquisición gradual de conocimiento. El segundo es un sector más especializado y generalmente produce su propio corpus de textos. De otro lado, y aunque no necesariamente vinculada al mundo académico, la crítica constituye una institución muy importante del sistema literario. La crítica se vincula al desarrollo de los medios de comunicación y al aumento de difusión de textos.
Un sector de importancia decisiva es el sector documental. Con este término se envuelven las funciones e instituciones que se encargan del manejo de documentos, y entre ellas principalmente la biblioteca. El público y los lectores constituyen el sector de consumo. Los lectores adquieren los textos a través de librerías, bibliotecas, préstamos personales y otros sistemas de circulación.
Ahora: ¿cómo inciden las redes electrónicas de comunicación sobre este sistema? O, de otro modo: ¿cómo afecta la cultura digital el sistema tradicional de las humanidades? La respuesta se fragmenta dependiendo de cada sector. Así, sobre el sector “creativo” se generan básicamente los efectos que tiene el paso a una escritura con la computadora y el uso extensivo de sistemas hipertextuales que abren posibilidades estéticas y expresivas, generando alternativas interesantes a las ofrecidas por el tradicional soporte "libro". La integración de recursos disponibles como los multimedia, conduce a nuevas formas expresivas y se suma a la mayor posibilidad de autonomía del escritor.
En cuanto a la industria editorial, se producen dos actitudes ante la irrupción de las nuevas tecnologías: ignorar el nuevo medio o incorporar a su producción el nuevo soporte. Desde el punto de vista económico, la edición en soporte digital es mucho más barata y esto permite introducir cada vez más información en las redes. Otros factores como la publicidad, inciden sobre la decisión de las editoriales para asumir el soporte digital. Los nuevos sistemas de impresión, combinados con la información a través de redes, permiten un nuevo sistema de edición: la impresión bajo demanda. Sin embargo, se plantean algunos problemas legales sobre el control de copias, ahora más fácilmente publicables. En síntesis, el sector editorial se ve altamente afectado ya sea por la aparición de la edición digital, por la necesidad de combinar la edición digital y la impresa, o por la producción de nuevos tipos de texto multimedia.
El sector de distribución, dado que las redes de comunicación posibilitan la distribución de productos en forma instantánea, se ve afectado negativamente. Un efecto interesante es el que ocurre con el sector librero, que deberá especializarse en nuevas formas de venta utilizando también la red como medio. Dado que las librerías son un "lugar" y que la categoría del lugar está afectada seriamente por la extensión de lo digital, la librería deberá adaptarse a estos efectos. Sin embargo, la convivencia entre formas digitales e impresas, le permitirá a las librerías asumir sin demasiada exaltación los cambios venideros.
El sector de la enseñanza tanto en el ámbito escolar como académico universitario, se ve altamente afectado. La computadora y las redes culminarán un proceso renovador en las escuelas que comenzó con la introducción de materiales audiovisuales, para complementar la adquisición de conocimiento a través de los libros. En las universidades, el eje del conocimiento, es decir, el libro, dejará de serlo para incluir otros posibles centros, ofrecidos por las redes informáticas. Las universidades empiezan a comprender las posibilidades de divulgación y acceso de investigaciones y otros trabajos académicos que facilita la red. En el sector universitario también se verá una extensión interesante de la edición electrónica de textos, como una forma muy adecuada para la circulación específica del conocimiento en las universidades.
En cuanto al destino de la crítica, es necesario distinguir entre función e institución. En cuanto función, la crítica se verá afectada debido al cambio en las condiciones y prácticas en la circulación de los textos, que dejará sin privilegio la figura tradicional del crítico. Sin embargo, la crítica se verá afectada negativamente más que en las funciones, en las condiciones de su labor.
El creciente desplazamiento de lo impreso hacia lo digital implicará para el sector documental el reconocimiento de nuevos mecanismos y herramientas para la recuperación selectiva y para la clasificación de una información que será cada vez más abundante. El sector bibliotecario se ha venido preparando desde hace un tiempo para asumir la incidencia de las nuevas tecnologías y por esto es previsible que las bibliotecas puedan adaptarse rápidamente para manejar un servicio combinado de manejo de libros impresos y ediciones digitales, así como para ofrecer simultáneamente el servicio individual tradicional y al acceso universal a la información. En cuanto a los lectores y el público de textos digitales, se emprenderá un entrenamiento a las nuevas generaciones para dominar las características de este tipo de textos.
P.- La situación no se presenta nada fácil para quienes han vivido y han definido sus actividades y valores bajo el sistema tradicional basado en el libro. ¿Cuál es la actitud del estamento humanista tradicional ante esta revolución de cosas tan caras a sus afectos y a sus relaciones de poder?
[editar] Una arena ideológica
R.- Básicamente responder con la reacción. La extensión de una cultura electrónica, en realidad pone en escena una nueva relación entre técnica y sociedad; una nueva faceta sociocultural de la tecnología en la que el hipertexto funciona como un nuevo paradigma, en un proceso que va desde la cultura del códice, pasando por la imprenta, hasta llegar al texto digital, el cual se encuentra íntimamente relacionado con los avances en la comunicación, los procesos de globalización y la generalización de la alfabetización.
El surgimiento de este nuevo paradigma ha ocasionado la repartición de visiones entre utópicas y apocalípticas. El debate que esta situación ha ocasionado en la academia —y muy especialmente en el sector de las humanidades—; una fuerte reacción que se relaciona íntimamente con la preservación de estructuras de poder ya establecidas. La nota dominante del debate es la dificultad para una posible y deseable convergencia. Varias creencias se interponen en el camino. En primer lugar, la convicción de que el texto impreso será sustituido por el hipertexto o, desde el otro extremo, que el hipertexto constituye por sí mismo una promesa de liberación.
Desde el punto de vista histórico algo similar ocurrió con la aparición de la imprenta. En su momento esta innovación tecnológica produjo una conmoción cultural que duró mientras se impuso socialmente la nueva tecnología y concluyó con el reconocimiento a la soberanía del autor, la creación del canon literario y otras condiciones culturales que hoy precisamente parecen cuestionadas por el surgimiento de un nuevo paradigma. Pero la tecnología no es la única responsable de estos cambios. Sin un ambiente ideológico e intelectual propicio, sin una imagen anticipada en los discursos filosóficos, el nuevo paradigma no puede posicionarse. Es a partir de los discursos posestructuralistas y posmodernos que puede hablarse de una posibilidad de extensión de la cultura electrónica.
Destruido el simulacro de la estabilidad del texto, la humanidad entra en una dimensión dinámica donde lo importante es la posibilidad de una constante contextualización.
Inevitablemente el avance del hipertexto y de las tecnologías interactivas en general, irá debilitando instituciones como la cultura del impreso, la enseñanza, la biblioteca, etc. Entretanto, habrá inevitablemente reacciones, casi siempre vinculadas al mantenimiento del status quo. Esto puede apreciarse específicamente en el caso del libro académico que si bien ha sido siempre un intento de establecer relaciones intertextuales fluidas, también es una estructura de poder y de distribución de poder. La versión digital de textos traslada las estructuras del poder a lugares donde quienes lo disfrutan actualmente no pueden ejercer su control. De ahí, por ejemplo, la oposición a reconocer el valor de aquellos estudios publicados en la red.
La cultura electrónica genera un desafío a la cultura humanista y a una serie de asunciones fundamentales sobre el espacio social de la escritura. Objetos tales como la palabra impresa, el libro, la biblioteca, la universidad; las casas editoriales pueden sufrir consecuencias graves frente a un desarrollo amplio de los sistemas hipertextuales, lo cual exige de los "promotores" de lo digital y de lo virtual, una alta responsabilidad. Pero parece igualmente probable que el compromiso con los medios de comunicación interactivos será inevitablemente afectado y hasta bloqueado por el camino de la reacción.
P.- Se necesita pues una nueva mirada a las cosas...
[editar] Hacia un nuevo humanismo
R.- Como conclusión propongo que las humanidades deberían dirigirse hacia una promoción de la cibercultura, entendida como la nueva forma de humanismo requerida hoy, dada la cultura digital. Un humanismo que debería asumir ese escenario en el que la interactividad, la hipertextualidad y sobre todo la conectividad, se potencian al máximo.
Un humanismo que asuma la cibercultura como ese renovado “universal” que no lleva a cabo su empresa totalizadora a través del sentido último, sino que relaciona por medio del contacto, de la interacción general. Y este modo de relacionar ya no es totalizador, pero sigue siendo universal, innovadoramente universal. Lo universal propio de la cibercultura, y del nuevo humanismo sería, pues, el deseo, la necesidad y la concretización del conjunto y comunión de los seres humanos.
Adhiero a Pierre Lévy, cuando dice que debemos aprovechar este raro momento en el que se anuncia una nueva cultura.
La alternativa es simple. O el ciberespacio reproduce lo mediático, lo espectacular, el consumo de información comercial y la exclusión a una escala todavía más gigantesca que la existente hoy en día, o bien acompañamos las tendencias más positivas de la evolución en curso y nos planteamos un proyecto de civilización, centrado en los colectivos inteligentes. ( )